Disclaimer: Personajes Rowling. Historia mía. ¿Tu entender?

Nota autora: Tardé un mes en actualizar (claro, sí, pueden pegarme por mentir así). De verdad me gustaría poder haber actualizado antes, pero a veces escribía escenas y borraba todo de la nada porque no me gustaba como quedaba. Siempre hago eso, pero al no ser un OS es más complicado terminarlo. Prometo intentar con todas las fuerzas de Goku entregar el próximo capítulo más rápido. Espero les guste el capítulo, me esmeré haciéndolo, también espero recibir algún comentario porque es indescriptible lo bien que se siente saber que alguien lee tu historia y se toma su tiempo para dejarte uno. Gracias por los cinco agregados a favoritos y alertas. Y obviamente muchas gracias a Heidi2552, Nathy22, Afrodita Malfoy Black, Florfleur y Chica Nirvana. ¡Ahora sí, a leer! Espero disfruten.


Segundo capítulo: mala suerte, y cosas que no cuadran.

Esa mañana la mermelada de frutos rojos estaba realmente desabrida, y eso que no había nada que pusiera de mejor humor a Lily Potter que unas rodajas de pan suave con aquello untado. Por supuesto, y no por el hecho de la mermelada, sus familiares no tardarían en darse cuenta de que estaba desanimada gracias a su cara de cansancio, normalmente radiante por más temprana hora del día que fuera.-

—¿No pudiste acaso descansar algo, un poco siquiera? —preguntó Molly, no pudo evitar poner cara de disgusto por las ojeras que su prima tenía debajo de sus ojos.

—No la mires así Molly —dijo Dominique, mientras daba vuelta a la siguiente página de su diario sin prestar atención a la mirada punzante que esta le dirigió.

—Ni que tuviera popo de Gorros Rojos —murmuró Rose, con una sonrisa tierna para su prima menor.

Lily no reaccionó como ninguna de las únicas tres personas con las que estaba compartiendo su espacio esperaban, pero decidieron no meterle más púa al asunto, y sólo porque Molly encontraba realmente exquisitos a aquellos pequeños bocaditos y porque Rose parecía estar buscando algo debajo de sus waffles logró que no la siguieran indagando.

Efectivamente, Lily no había logrado dormir absolutamente nada (ni siquiera el poco tiempo que le quedó luego de la ronda nocturna). No admitiría, ni siquiera para sí misma, que Scorpius Malfoy también había sido el culpable de su desvelo: su voz, sus muecas, sus risas, todo tan narcisista y notoriamente dañino... Lo odiaba.

—Buenos días —dijo Roxanne, sentándose. Tenía esa sonrisa de siempre producto de vaya uno a saber qué razón. Levantó los hombros—; No contesten entonces.

—Hola Roxanne —se tomó el trabajo la más pequeña de las pelirrojas, mientras habría su cuadernillo sobre la mesa, haciendo a un lado de una vez por todas su desafortunado desayuno.

—¿Qué es esa cara larga, Lily? Vamos, ponle positivismo a la vida —la nombrada solo sonrió sin ganas—, no me refería a girar con más actitud y energía las hojas de tu cuaderno, pero es un comienzo.

Roxanne lanzó una risa y codeó de manera amistosa en el brazo a Lily, pero el acto que provocó que su cuadernillo fuera unos centímetros allá fue tan molesto que esta vez ella ni siquiera pudo fingir estar divirtiéndose. Rose había dejado de revolver el contenedor de la jalea con un pedazo de pan, buscando algo, y levantó su mirada despistada.

—¿Qué? Vamos Lily, no pudo haber sido tan malo —dijo Molly, parecía un poco harta de la mala onda de la chica de ojos pardos— ¿Qué pasó? ¿Anoche te insultaron de pies a cabeza o algo?

—Solo a Lily le puede doler que alguien le insulte... —murmuró Dominique, mirándola con las cejas levantadas de manera sugestiva.

—No, no, no es nada —aclaró con rapidez antes de que se arme un escándalo, lo que ocurriría con facilidad si Dominique hablaba. Lily no estaba completamente segura de que su prima se refiriera a Wood, de quien se había olvidado, o a Malfoy. Y no tenía ganas de averiguarlo.

—Ya, déjenla. Escucha Lily, ¿quieres que te acompañe a preguntarle al profesor Asclepius lo de Scorpius? —Dominique no debió haber dicho eso en aquel momento, pero ya estaba, así que Lily respiró profundo y asintió.

—Puedo ir sola, gracias, dentro de un rato tengo pociones...

—¿Qué ha pasado? —preguntó Rose, curiosa.

—¿Qué le dirás al profesor, Lily? —ahora Roxanne parecía preocupada.

—Le contaré que Malfoy me trató de mentirosa, nada más —resumir era bueno, a veces.

—No seas tan malcriada —le retó Roxanne.

—El profesor me dijo que Malfoy solicitó ayuda, y cuando yo se la quise dar me trató de mentirosa —no le gustaron para nada las palabras de Roxanne, así que ni bien terminó de decir aquello se paró para irse; además se encontraba muy cansada y necesitaba llegar temprano a su clase. Pero Roxanne escupiendo un pedazo de pan y la risa de Dominique por ello la detuvieron.

—¡Vamos Lily, no hagas eso! —dijo Roxanne— Sólo olvídate, qué estupidez, ya dejalo... Digo, ¿no? ¿No te traerá solo más problemas con Malfoy?

—Sí, eso creo —dijo, fingiendo estar pensativa. Ella tenía muy decidido el hecho de hacerlo, nadie le haría cambiar de opinión.

—Claro que sí, Lily, no lo hagas. Olvídate de Malfoy y listo —se limpió la comisura de los labios con la servilleta y sonrió.

—Ya, ella hará lo que quiere —Dominique volvió a prestar atención a su periódico— ¡Miren los pillines que se andan comiendo la boca!

Lily no alcanzó a escuchar los comentarios de sus primas acerca de cómo Albus Potter, su querido y casi antipático hermano, aparecía nuevamente en el periódico por besar a su novia. ¡Por Merlín! ¡Por besar a su novia! No lo dejaban nunca en paz. Por suerte ella hace tiempo que no aparecía en el periódico.

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Aritmancia había estado bien, a Lily realmente le encantaba esa materia y no le importaba que le fuera tan complicada. Lo único que realmente detestaba es que le tocaba con Slytherin, y no es que odiara a los de esa casa, pero había un grupo de su año que era realmente insoportable, dos chicas y dos chicos que se creían perfectos, era tan insufribles... Lily hizo una mueca, intentando sacárselos de la mente, a ellos y sus estúpidos comentarios durante toda la clase.

"Por lo menos no son Malfoy, Nott y Zabini" pensó, y eso la alegró. Sabía que Albus, Molly, Rose y Lucy tenían que soportarlos, aunque Molly se encontraba atraída extrañamente por Nott, algo que no le daba envidia en lo más mínimo. Pero Albus era inmune a esos trogloditas, como solía llamarlos, al igual que Rose, quien tenía a Lorcan Scamander para defenderla en todos lados, y Lucy... Ella era un caso aparte, si Lucy odiaba a alguien probablemente nunca nadie lo sepa más que ella y su genial unicornio amigo invisible.

—Buenos días, alumnos —el profesor Asclepius Stump entró al salón con una gran sonrisa, todo el mundo sabía cuánto este hombre amaba las pociones y que dar clases de la materia era algo que haría hasta gratis.

Se escuchó un coro de buenos días, algunos más energéticos que otros, y luego el sonido de los pupitres volviendo a sus lugares y de los cuadernos y libros apoyándose en la mesa. Lily ya tenía todo preparado desde hace diez minutos. Había llegado y se había sentado con la ilusión de que el profesor llegara antes que los demás alumnos para poder comentarle lo del estúpido de Malfoy, pero esta vez había llegado puntual, al igual que todo el alumnado. Maldijo su suerte.

—Saquen sus libros y ábranlos en la página 167, colóquense en grupo de a dos y búsquense un respectivo caldero para cada uno —el profesor daba las indicaciones mientras que, con su varita, limpiaba su mesa plagada de hojas y plumas.

Lily odiaba trabajar en grupo, principalmente desde que su primo Hugo, quien antes podía considerarse su mejor amigo, se puso de novio con una compañera Gryffindor del mismo año que ellos y había comenzado a hacer todo con ella. No había otro Weasley de la misma edad que ellos en ese año, eran los más pequeños, y para ser realistas Lily nunca fue de tener amigos aparte de sus familiares, era algo que nunca se le dio bien. Siempre se sentía utilizada, y veía cómo eran las chicas de ese año en mayoría: histéricas, irritantes, pomposas, problemáticas, y más.

Buscó con la mirada por todo el salón a alguien que aún no encontrara pareja, pero al parecer no había nadie. Lysander Scamander, el hijo de su madrina, podría ser una de las mejores elecciones, pero ya estaba en compañía de una bonita morena. Lysander no se parecía en nada a su hermano Lorcan, el cual era mucho más tranquilo, más romántico que cabrón sin dudas. Sonrió sin poder evitarlo, recordar que Rose tenía a alguien como Lorcan la ponía orgullosa, Lily sabía que Lorcan se la mercería con cara poro de su ser. Además, ambos tenían una extraña obsesión con criaturas mágicas, especialmente las mitológicas. Lily podía recordar a la perfección cómo en el último verano ambos habían viajado solos a una selva, y habían sido castigados por sus padres por no pedir permiso, fue realmente chistoso que a Rose la reprendieran por primera vez en su vida, y la cara del tío Ron había sido inigualable.

—Señorita Potter —Lily tragó saliva viendo la cara de sorpresa, y de reprocho, del profesor al ver que aún no estaba preparada— ¿Va a hacer el trabajo sola?

Los Slytherin la miraron sonriéndose entre ellos, murmurando cosas hirientes, de seguro. Los Gryffindor no lo hicieron, sintiéndose de alguna manera culpables por dejarla sola. Lily ya no sentía tanta vergüenza como antes frente a este tipo de situaciones, pero tampoco le hacían gracia.

—No tengo problema si usted me lo permite... —dijo. Sentía sus mejillas arder.

—Se puso colorada —murmuró alguien, y pronto un grupo de alumnos se largaron a reír.

—Basta, silencio, alumnos, silencio —el profesor volvió la vista hacia la pelirroja—. Claro que puede, búsquese un caldero por favor, y rápido.

El profesor, al terminar de decir esto, miró a sus alumnos con advertencia y se volvió hacia su mesa. Lily se levantó, mordiéndose la mejilla interna e intentando que sus manos no se cerraran, como siempre le pasaba cada vez que se sentía observada. Intentó ser discreta, pero ésta vez el destino se había puesto aún más en su contra: se había levantado apresurada y ni siquiera había escuchado cómo se rasgaba su ropa. Sólo le prestó atención a las risas femeninas que se largaron sin discreción alguna. Se detuvo cuando sintió una brisa demasiado parecida a las que sentía en las piernas en donde no debía sentir. Sus piernas estaban desnudas, pero su trasero no... ¿Verdad?

—¡Qué culo! —escuchó decir a un chico.

Bajó su mirada y vio aterrorizada como gran parte de atrás de la tela de su pollera yacía en la silla, agarrada con vehemencia por un estúpido clavo o tornillo mal puesto. Tenía la mitad del trasero siendo visto por todo el curso. Intentando taparse la parte de atrás, la única afectada, con rapidez, giró su pollera para que la tela que estaba bien obstruyera la vista. Pero ahora tenía la vista frontal de su bonita ropa interior con osos rosados.

—¡Pero qué bonita ropa Potter! —dijo una rubia, haciendo que las risas incrementaran.

Ningún hombre estaba riendo con ganas, excepto uno: Alexis Graham, el cual recibió un doloroso puño de parte de Hugo Weasley al instante, y sólo porque lo tenía cerca, de lo contrario se hubiera levantado para preferentemente pegar a los que estaban diciendo cosas pervertidas acerca de su prima.

—¡Ya basta, ya basta!

El profesor hablaba en vano. Lily ni siquiera podía seguir prestando atención a su alrededor, simplemente se sentó y dirigió sus manos a la parte afectada de la ropa para cubrirse lo que más podía. Sabía que estaba completamente roja, pero más le ardían los ojos que las mejillas o las orejas. Tenía ganas de llorar, tenía que admitirlo. Odiaba que se burlaran de ella, ¡y que la hayan visto semi desnuda!

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Miró el periódico con los ojos entrecerrados y su corazón latiendo más de lo que tendría. Cuando terminó de leer la nota, que finalizaba con un asqueroso "¿qué diría el famoso Harry Potter de este acontecimiento?", aboyó al papel con fuerza y lo tiró. Cayó en la esquina de la misma larga mesa en la que estaba sentada. Largó un fuerte suspiro y prestó atención a lo que tenía enfrente: dos libros encimados, unos cuantos pergaminos bien alisados y un tintero lleno con una pluma dentro. Y, detrás de todo eso, las increíblemente interminables montañas de libros en las estanterías. La biblioteca era un lugar muy cómodo, pacífico y confortable. Más aún a esas horas tan tempranas de la mañana, cuando el sol apenas comenzaba a salir.

—Soy una tonta... —fue lo primero que murmuró cuando, desanimada, reiteró en todos los deberes que tenía que terminar para las próximas horas. Todo por encerrarse ayer en su cuarto, por miedo a que el chisme de su trasero al aire corriera tan rápido. Fue tonto. El chisme estaría peor aún hoy.

—Tienes razón —y justo cuando ella giraba un poco su rostro para mirarlo, él descendía su mirada y agarraba con sus manos el diario maltratado.

—¿Qué haces? —pero, cuando recató en que eso no importaba, cambió—. Tengo muchas cosas que hacer, así que si tienes algo importante para decirme, dímelo ya y listo.

Porque solamente eso podía traer a Scorpius Malfoy, alguien que la odiaba tanto, frente a ella. ¿Verdad? Sólo una razón muy lógica podía hacerlo. Pero el rubio, que le daba una rápida revisada al periódico en la página abierta, miró a la pelirroja colérica sentada en la mitad de la gigante mesa.

—No tengo nada para decir —levantó el periódico—. Me lo llevo.

Dio media vuelta y se fue por el mismo lugar por el que vino. Lily lo miró alejarse con una mirada escéptica. Entonces ¿Scorpius le había reventado toda la mañana porque había querido llevarse el diario? Menuda porquería, y mala suerte que la única persona además de ella despierta a esas horas del día y en la biblioteca fuera ese tarado.

Nuevamente, suspiró. Agarró el primer pergamino de todos los que iba a tener que escribir y comenzó a buscar la información. A la segunda vez que se equivocó de letra mientras intentaba escribir de manera prolija, bufó. Hubiera preferido a que el clavo se le quedara enganchado en el trasero, así podría estar en la enfermería y sin tener que pasar lo de las tareas, Malfoy y todas las miradas y risitas que vendrían a continuación.

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—Ahora le doy un nueve.

La inspección,y los comentarios, de Aaron Zabini a la nota del trasero de Potter comenzaba a arruinarle el día a Scorpius Malfoy. No, corrección, su día había comenzado a arruinarse cuando se topó con esa tonta pelirroja en la biblioteca que nada tenía que hacer como para aparecer en lugares a los que él iba.

—Mira, Nott, lee esto y así tal vez te salga una sonrisa —Aaron pasó el periódico por la cara de Scorpius y luego a las manos de su otro amigo—. Para que se te de una sonrisa a ti también, Hyperion.

—Tu madre me saca sonrisas.

Teo sonrió con ganas y Scorpius se sintió un poco mejor, por fin. Aaron intentó comportarse y no hacerles caso, y para ello embulló tres tostadas de una sola vez. Su boca estaba llena. Para suerte del rubio.

—Pobre —dijo Nott, descolocando a su par de amigos—, debe ser horrible. Y está claro que es una santa.

Mientras Aaron masticaba y tragaba de manera impresionante a la comida para poder hablar, Scorpius miraba atentamente a Teo que no sacó sus ojos de la nota que eran puras letras. ¿Por qué demonios estaban hablando de Lily Potter? Ya bastaba con haberla visto esa mañana.

—Es una mojigata, sí, pero le doy un nueve.

—Sabemos que le das un nueve —dijo Scorpius, teniendo impetuosas ganas de golpear la mesa y cambiar de conversación— ¿Podemos hablar de otra cosa?

—Tiene un gran trasero. Y no tiene pecas en el, eso es lo mejor, ahora falta saber si las demás Weasley tienen —Aaron hablaba como si se tratara de un tema habitual. Pero no, jamás habían hablado del trasero y de la posibilidad de que hayan pecas en ellos de las Weasley, y mucho menos de esa Weasley en especial. Maldita Lily.

—¿Cómo sabes que no tiene pecas? Esa nota no tiene foto —lo que realmente sorprendió a Scorpius es la manera en que Teo lo dijo: queriendo arrebatar el diario de las manos de Aaron para percatarse de que así era.

Se habían vuelto, sus dos únicos amigos, unos completos depravados con mal gusto. ¡Era Potter Weasley! Por favor. El tendría que estar sentado en otro lugar.

—¿Conoces a Graham? El de un año menor, me dio con detalles el gran suceso.

—Ya veo.

En ese mismo momento, como si la hubieran llamado, Lily Potter entró por la puerta del Comedor. Gracias a Merlín todos sabían de su pequeño error, y él no resaltaría como un tonto al haberse girado a mirarla como un tonto. Dio tres, cuatro, cinco pasos y las mejillas de la pobre estaban tan rojas como su cabello. Quería disfrutar de ese glorioso momento en que una Potter se moría de la vergüenza, pero no pudo. Se veía... adorable.

—No me molestaría tirármela, ahora que la miro bien. Hasta tiene buenas tetas —Aaron asintió varias veces, como diciéndose que lo haría, y Scorpius no pudo evitar mirarlo fijamente.

—¿Hablas en serio? —preguntó, Teo los miró de manera suspicaz, especialmente al rubio.

—¿Cuando no lo hice?

—Hace un tiempo me dijiste que las pelirrojas eran horribles y te provocaban náuseas.

—Mierda, Scorpius, eso fue hace cinco años y estoy seguro de que en ese entonces ni se me paraba.

Teo sonrió y luego puso una mueca de asco imaginándose a Aaron masturbándose. Ese desayuno se había convertido en un desastre. Scorpius arrugó la servilleta que tenía en la mano y la tiró a un lado. Se levantó y se fue. Lo que le estaba pasando, lo que estaba sintiendo, no le gustaba nada. Y tenía que asegurarse a sí mismo por su propio bien que todo lo que sentía era por darse cuenta de la pérdida de gusto y razón de Aaron. Pero su malestar empeoró cuando, camino a la puerta, escuchó en la mesa de Slytherin decir a uno que Alexis Graham invitaría a Lily Potter al baile. Tal vez, era otra cosa lo que realmente le disgustaba.