Himeko estaba finalizando los deberes de matemáticas todavía. Le hubiese encantado pasar más tiempo con Chikane, pero pensó que ésta tenía asuntos más importantes que hacer.

Después de sustituir un exponente por una raíz cuadrada, se le sonó el móvil. Himeko se sobresaltó un poco y cogió el móvil.

"¿Quién es?" Himeko preguntó.

"¿Ya no sabes consultar la pantalla, amiga? Soy yo, Makoto." Makoto respondió.

"¡Ah! No te vas a creer a quién he conocido, Mako-chan..." Himeko iba a explicarle que ha conocido a Chikane.

"Ah, lamento interrupirte, pero me queda poca batería y esto debe ser rápido." Makoto explicó rápidamente "Se me han olvidado los apuntes de Lengua Italiana en el aula. ¿Podrías ir a buscarlos y pasarte por mi casa? Tengo algunas galletitas para compensarte."

"¡Ah, con lo que a mí me gustan las galletas! Está bien, iré a buscarlo. ¡Hasta pronto!"

"Adiós Him..."

Se perdió la señal en ese instante, podría decirse que finalmente se le acabó la batería.

Himeko se puso una chaqueta y se calzó para ir a la escuela.


Chikane estuvo en las sombras, esperando a ciertas personas en el gimnasio, en una esquina donde nadie podía verla. Nadie más estaba en la escuela.

Esperó pacientemente a las chicas del club de baloncesto, aquéllas que tanto acosaron a Chikane durante días. A pesar de que recibió acoso por otras personas también, esas tres chicas fueron las que más perjudicaron a Chikane.

Chikane miró sus manos una vez más, sus manos cubiertas de guantes negros que se los puso mucho antes de regresar a la escuela. Estaba tranquila ya que pensó que no le va a pasar nada en la decisión que decidió tomar y que estaba a punto de aplicar...

Finalmente, las chicas llegaron al gimnasio. Se escuchó la siguiente conversación entre ellas:

"¡Os lo juro, parece como si él estuviera por hacerme una petición de mano!"

"¿Pero ahora estáis empezando a salir? ¡Qué bien! ¿Te va a dejar tocarte las tetas?"

"Todo a su debido tiempo, chica, tengo que ir con calma porque él está muy adinerado, como la zorra ésa del pelo azul."

"¿Chikane? ¡Claro!"

Chikane, sin ser vista, lograba mantener la paciencia al escuchar eso último; sin duda esperó que cuando llegaran estuvieran hablando de ella.

"Voy a abrir la sala de trastos donde están los balones. Luego me cambio con vosotras."

Una de ellas fue hacia un extremo del gimnasio y con las llaves que tenía ella abrió la puerta de la habitación de los trastos. Así, lo dejó abierta y regresó a los vestuarios a cambiarse.

"Ahora es el momento..." Chikane pensó.

Chikane, fue a paso ligero hacia esa habitación, teniendo cuidado de que no se le escucharan los pasos para ser descubierta. En cuanto entró en la habitación, vio montones de objetos típicos para utilizar en el gimnasio: barras, cuerdas, redes... Llegó a hallar los balones de baloncesto al final de la habitación, cubierta de grandes elementos perfectos para utilizarlos de escondite. Chikane decidió esconderse allí y esperar...

"¡Vamos, tortugas, que ni vosotras habéis salido de los vestuarios, parecéis lesbianas toqueteándoos vuestros misiles!"

Chikane sabía de antemano que una de ellas era muy rápida cambiándose y que sería la primera en salir de ahí. Chikane se estaba preparando mentalmente para lo que se avecinaba para ella. La espera cada vez fue más tensa.

Escuchó los pasos de la chica adentrando en la habitación de los trastos. Estaba a punto de llegar el momento.

"Jolines, si pillo al gracioso que volvió a cambiar los balones de sitio..."

Ella estaba buscando desde la entrada hasta el final de la habitación, y cuando había llegado a donde los balones, cogió uno de ellos.

"Anda, las demás que se fastidien, que cojan su propio balón..."

"Muy egoísta por tu parte..."

"¿...eh?"

En cuanto la chica se dio la vuelta después de coger el balón y de haber escuchado esa voz, recibió un fuerte martillazo en toda la cara. Perdió el conocimiento en ese instante, pero la atacante le golpeó varias veces con el martillo hasta rematarla y asegurarse de que estaba muerta. El suelo se estaba llenando de sangre de la víctima en ese escondite.

Chikane había acabado con la primera víctima.

(Nota del autor: por el bien de la sensibilidad de los/as lectores/as, no comentaré las partes enormemente explícitas.)

Chikane se adelantó hacia otra esquina ocultándose, más cerca de la puerta de la habitación, para que las chicas no vieran a tiempo el charco de sangre.

"¡Oye, cuánto tardas en sacar el balón, eh!"

"Sí, al final vamos a ser nosotras quien te llamaremos tortugas."

Las otras dos chicas se acercaban a la habitación, y en cuanto las dos se adentraban más en la habitación estaban a punto de ver el charco de sangre... y Chikane dio unos tres golpes fuertes y rápidos a una de ellas en plena cabeza.

"¡Ahh! ¡Asesina!" La chica pareció tan afónica que no gritó con mucho volumen. Chikane sabía que esa chica tenía problemas de afonía desde principios del curso y por eso decidió matar a la otra para evitar gritos más sonoros.

La última chica empezó a correr por su vida, saliendo de la habitación. Chikane, rápidamente cogió una de las cuerdas más largas que encontró y los sostenió únicamente por los dos extremos. En cuanto Chikane salió de esa habitación, vio a su víctima corriendo a unos 10 metros; Chikane empleó la cuerda, agitándolo hacia el frente de manera que el resto de la larga cuerda actuase de lazo y al alcanzar a la chica, echó un tirón hacia atrás de tal forma que la víctima recibía una violenta zancadilla que se dio de cabeza.

Chikane corrió y se abalanzó rápidamente sobre ella. Y le dio unos cuantos violentos martillazos en la cara de la tercera víctima hasta dejarla muerta y desfigurada.

Chikane volvió rápidamente hacia la habitación de los trastos a ver a la segunda víctima. Ésta sobrevivió y estuvo a punto de sacar el móvil, pero Chikane la detuvo y le dio demasiados martillazos como para contarlos. Oficialmente la víctima estaba muerta.

Chikane ya estuvo satisfecha con el resultado... Tanto tiempo planeando para hacer esta operación premeditada y finalmente ya lo había conseguido...


"Los apuntes de Mako-chan deben de ser importantes..."

Himeko estuvo en ruta hacia su aula, y sin problemas logró encontrar los apuntes de Makoto que le pidió ella.

"Qué raro, no hay nadie en la escuela..." Himeko dijo para sí misma.

No obstante, en ruta de vuelta a la puerta principal de la escuela, escuchó unos golpes bastante sonoros.

"Viene del gimnasio, son golpes... ¿Es que hay un partido?" Himeko dijo para sí misma.

Himeko entró en el gimnasio, estaba de paso y halló a la tercera víctima en mitad del gimnasio, con un charco de sangre increíble.

Himeko empezó a tener unas respiraciones irregulares, parecía que se iba a desmayar de un momento a otro. Se distanció de la víctima para evitar mancharse los zapatos de sangre y entró a la habitación de los trastos, donde provenían los sonidos de los martillos.

A Himeko se le cortó la respiración por un momento en cuanto vio a la autora de estos sucesos de espaldas...

"Chikane-chan..." Himeko murmuró, asustada.

"¡...!" Chikane se dio la vuelta y se sorprendió de ver a Himeko ahí.

"¿Has... Has sido tú...?" Himeko no podía creer lo que estaba viendo.

Chikane no dijo ni una palabra, y todavía tenía esa expresión vacía mirando a Himeko. De repente, Chikane empezó a acercarse caminando hacia Himeko. Ésta estaba paralizada, y Chikane presionó a Himeko contra el suelo (sin tocar ningún charco de sangre) fuera de esa habitación.

Himeko, una vez en el suelo, no sabía qué hacer, era toda una experiencia nueva para ella. No pasa nada si lo ves en las películas, pero la realidad supera a la ficción, y ofrecía una sensación totalmente nueva. Himeko todavía tenía esas respiraciones irregulares, Chikane se ponía encima de ella y puso lentamente su martillo contra su frente, sin llegar a golpearla. En cuanto Himeko notó el tacto del acero del martillo, sabía que le avecinaba lo peor... Pasaron un momento en silencio -excepto por las respiraciones de Himeko- hasta que Chikane murmuró algo...

"...di algo..." Chikane murmuró.

Himeko no dijo nada, estaba más asustada que nunca y ni siquiera ella sabía si estaba viviendo un sueño, una pesadilla, la realidad misma...

"¡Di algo!" Chikane exclamó.

Himeko podía hacerlo. Podía decir una cosa y firmar una sentencia de muerte o podía decir otra cosa y sobrevivir a ésta. Himeko no estaba demasiado segura sobre qué decir, hasta que unos segundos después ella dijo lo primero que se le pasó por la cabeza de las demasiadas cosas que le pasaron.

"No quiero morir..." Himeko dijo, más asustada que nunca.

Chikane pareció asimilar esas palabras con tan sólo apreciar su repentino cambio de gesto en el rostro. Antes pareció fría, pero tras las palabras de Himeko cambió su expresión a uno más natural, como tristeza. Chikane separó el martillo de la frente de Himeko y se pudo apreciar una pequeña manchita de sangre que no es de Himeko -esa sangre era de las víctimas y ya estaba en el martillo.

"Oh, Dios mío..." Chikane respondió "Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento..."

"¿Chikane-chan...?" Himeko no sabía qué preguntar.

"Tenemos que irnos de aquí ya. Vamos, luego te lo explico."

Sin decir ni una sola palabra, Chikane y Himeko salieron de la escuela por una de las puertas alternativas sin ser vistas.