Capitulo 1

Hola, mi nombre es Kurt Hummel. Estoy aquí para aplicar para el puesto de asistente personal -Eso se oyó malditamente poco convencional, Kurt pensó. ¿Por qué si estaba vestido con su maldito mejor traje, y estaba sosteniendo el currículo en su mano, la mujer mayor, en el escritorio lo veía como si fuera un completo retrasado mental?

- ¿Currículo? – la mujer pregunto de manera poco amable.

Kurt sintió un escalofrió recorrer su columna. Aún así le entrego el expediente a la mujer. Él hizo un gesto de dolor y rápidamente se chupo el dedo cuando una hoja de papel lo cortó. Una suave respiración de la secretaria captó la atención de Kurt.

Él arqueo una ceja cuando ella dirigió su fría mirada sobre las hojas que tenían unas gotas de sangre en una esquina. ¡Mierda! Esa es su última copia.

-¿Te cortó el papel? – la mujer preguntó levantando la vista hacia él.

El frunció el ceño, sintiéndose un completo retrasado. Asintió. – Si, lo siento, me temo que no tengo otra copia conmigo. Quizás ¿podría hacer una? – le preguntó esperanzadoramente.

La mujer le dio una sonrisa. Kurt estaba maravillado con la transformación, la sonrisa de ella parecía todo menos una comandante de campo de prisioneros, y era mucho más amistosa. Sintió incluso mayor el shock cuando ella le ofreció la caja de pañuelos desechables.

-Ten, cuida de tu herida – ella dijo. –Yo cuidaré de tu currículo.

-Uh, gracias – dijo Kurt mientras sacaba un par de pañuelos de la caja y los envolvía alrededor de su dedo. El corte de la hoja dolía como el infierno.

-Por favor, tome asiento señor Hummel – dijo la mujer. –Te llamaran por tu nombre cuando sea el momento de tu entrevista.

Kurt asintió y giro su cara hacia el resto del cuarto. Varias personas esperaban sentadas. –Hombres y mujeres –y cada uno vestido malditamente de gala. La competencia para ese trabajo al parecer sería fuerte.

Kurt no se sorprendió por la cantidad de personas que aplicaban para el puesto. Era un gran puesto, asistente personal del señor Blaine Anderson, propietario y gerente general de industrias Anderson, una de las mayores industrias farmacéuticas y de investigación del mundo.

Kurt no creía tener ni un infierno de posibilidad de conseguir el trabajo, especialmente después de ver a los otros solicitantes. Ellos parecían como si fueran de las grandes ligas y como si salieran cucharas de plata de sus traseros.

Kurt tenía un titulo de la Universidad Municipal en humanidades y una deuda por préstamos estudiantiles de trece mil dólares. Ni siquiera tenía un lugar propio porque no podía pagarlo. Dormía en el sofá de su hermanastro y esa bienvenida se estaba acabando.

Kurt comenzó a caminar en el cuarto hacia un asiento cuando tropezó. Él dio varios rápidos pasos para evitar caerse. Una vez que se habia recuperado él vio alrededor para ver con qué habia tropezado, su cara ardía. Con nada ¿Qué demonios?

Rodo los ojos mentalmente, cuando encontró un lugar vació cerca de la puerta y comenzó el largo proceso de esperar. Él era el decimo o más, de las personas en el cuarto por lo que estaría ahí mucho tiempo antes de que le llamaran.

Vio a varios solicitantes ser llamados y entrar al cuarto, uno a la vez. La mayoría salía con la cara pálida, eso no ayudó a los nervios de Kurt. Él no sabía quién lo iba a entrevistar pero debería ser más duro que la secretaria bulldog.

Sintiéndose más y más nervioso, Kurt se puso de pie y se dirigió hacia el escritorio. –Discúlpeme, madame, ¿podría decirme donde queda el cuarto de baño?

-Seguro, señor Hummel –dijo la secretaria, sonriéndole de nuevo. –Justo por el pasillo la segunda puerta a la izquierda.

-Gracias. –Kurt sonrió saliendo de la oficina y dirigiéndose al pasillo. No dañaría adular un poco. Quizás ella podría hablar bien de él ante el gran jefe. Y quizás los cerdos volaban.

Kurt rápidamente usó el cuarto del baño. Se lavó las manos, se secó con una toalla de papel, sorprendido de no estar sudando a mares. Apoyó sus manos en el borde del lavabo, se vio en el espejo.

Esto es una locura, él pensó. No hay manera en el infierno que él consiguiera el trabajo. Claramente casi todos los solicitantes, tenían una mejor clase que él, mejor educación y experiencia. Demonios, él ni siquiera había visto el interior de las grandes universidades.

La única cosa que Kurt tenía profundamente establecido era que quería ser mejor de lo que era ahora. El hambre por el éxito se le habia desarrollado después de ver a su padrastro saltar de un trabajo a otro casi toda la vida. Bueno, cuando el hombre no estaba usando su tiempo para cometer algún delito.

Desde que su padre Burt Hummel habia muerto por un ataque al corazón, su madre se volvió a casar con Ben Jackman, que era el ejemplo perfecto de todo lo que Kurt NO quería ser. Era el epitome del hombre perezoso, de mala fama, y simplemente molesto. Su único real pasatiempo era tomar cerveza con sus mugrosos compañeros y golpear a cualquier miembro de la familia.

Por su padrastro, Kurt nunca había tocado el alcohol –ni siquiera una copa de vino. En su experiencia el alcohol le daba a la gente la excusa para lo que ellos hacían. Kurt nunca se quería sentir fuera de control como para lastimar a alguien.

Aunque, él estaba muy cerca de sentir que perdía el control ahora. Sus nervios lo estaban agotando. La economía apestaba y parecía que nadie estaba contratando. Kurt tenía un título universitario y él no podía trabajar vendiendo hamburguesas.

Después de oír a su cuñada, Rachel, preguntándole a su hermanastro, sobre cuando se mudaría Kurt, Kurt había decidido aplicar para cualquier trabajo que encontrara, sin importar cuál.

Rachel no era mala persona, y adoraba al hermanastro de Kurt, Finn. Pero ellos apenas y lograban ajustar sus finanzas. Teniendo una boca extra que alimentar era difícil, incluso si Kurt trataba de ayudar en la casa tanto como le era posible. Con su anterior trabajo habia logrado tener algo de dinero pero no era suficiente. Kurt necesitaba encontrar su propio lugar.

El tomó una profunda respiración y la dejo salir lentamente. Reviso su apariencia en el espejo, gimiendo cuando el agua salpicó a su camisa blanca. Solo jodidamente perfecto. ¿Podría su día empeorar?

Tomó algunas toallas de papel y trató de secarse lo mejor que pudo. Negando con la cabeza lanzo las toallas de papel al bote de basura, entonces pasó los dedos a través de su cabello castaño. Su cabello tenía que estar perfectamente peinado.

Imaginando que no habia nada más que hacer para verse más presentable, Kurt regresó al pasillo hacia la oficina. Abrió la puerta y entonces se detuvo, viendo sorprendido alrededor. El área de espera que solo hacía unos minutos estaba llena con una docena de personas estaba totalmente vacía.

Kurt dio un paso al interior del cuarto, la puerta de la oficina se cerró detrás de él con un suave sonido. Su corazón comenzó a hundirse mientras veía alrededor del cuarto vacio y no escuchaba ningún sonido. ¿Habría alguien ya conseguido el trabajo?

Un fuerte ruido en el cuarto detrás de la secretaria alertó a Kurt. Curioso, pero también atemorizado, él dio un vacilante paso acercándose, entonces otro y otro hasta que pudo entrar por la entreabierta puerta.

Sus ojos se abrieron más y se quedó con la boca abierta cuando vio la destrucción de lo que habia sido una hermosa oficina.

Sillas volcadas, o hechas pedazos, contra el piso. Un gran escritorio de madera junto a una pared, marcos destrozados, libros desgarrados, documentos esparcidos por el suelo.

Aterrado de haber entrado ahí sin permiso, Kurt empezó a retroceder a la puerta. Un profundo gruñido detrás de él, congelo los pasos de Kurt. El bajo y amenazante gruñido hizo que la sangre de Kurt se helara.

Habia oido ese tipo de gruñido una vez antes, era de un perro rabioso que trato de atacarlo. Lucho por su vida entonces y ahora de sentía muy seguro de luchar de nuevo, solo que esta vez no estaba seguro de que el gruñido viniera de un perro rabioso.

Tan lentamente como pudo, Kurt giró para enfrentar a quien estuviera detrás de él. Él tuvo el suficiente tiempo para ver el brillo de unos ojos rojos devorándolo, antes de que un rápido movimiento lo lanzara al suelo con un fuerte golpe.

El dolor del golpe explotó en su espalda pero no fue nada comparado con el dolor que desgarraba su garganta. Trató de luchar, golpear, arañar, morder al cuerpo arriba de él, pero la cosa esa que lo sostenía con un agarre de muerte era demasiado fuerte.

La visión de Kurt comenzó a nublarse alrededor de los bordes, él distraídamente se preguntó sobre el extraño sabor en su boca. Sangre, obviamente, basado en el sabor a cobre, pero de manera más dulce, menos metálico.

¿Qué extraño era eso?