Capitulo 7
¿Sabes cuan extraño es esto? —preguntó Kurt viendo fijamente a Blaine.
—Tengo una buena idea, sí.
— ¿Básicamente me estás diciendo que el olor de mi sangre te atrajo hacia mí? ¿Ahora de algún modo estoy enlazado a un vampiro?
—Sí.
—Y tú necesitas mi sangre para sobrevivir.
—Sí.
—Y ahora que nuestras almas están enlazadas, podemos hablarnos el al otro mentalmente, y nunca me serás infiel. —Kurt arqueó una ceja hacia Blaine. — ¿Y eso lo cubre todo?
—Bueno, aparte de eso hay algo más. Yo te protegeré con mi vida, necesitaré emparejarme contigo a menudo así no perderé el control, y te necesito más que a mi siguiente respiración, pero sí, eso lo cubre todo.
—Guau, ¿ustedes chicos no juegan con esa mierda?, ¿verdad?
—No.
— ¿Que pasaría si yo te fuera infiel? –Kurt preguntó. Se estremeció cuando sintió la mirada sombría de Blaine.
—No dudare en asesinarlo —respondió, fríamente.
—Así, que ¿yo tendré dolor cuando no esté cerca de ti? —Kurt hizo la pregunta que estaba en su mente, para cambiar de tema.
—Te lo dije, me necesitas a mi tanto como yo te necesito a ti. Ahora que estamos enlazados, no podemos estar separados por mucho tiempo sin sentir la necesidad de estar juntos. Entre más tiempo pases sin ser tocado, más difícil será.
—Esto le da un nuevo significado a no irse a la cama enojados, ¿no es así?
—Preferiría que no, eso es cierto, pero sospecho que tendremos nuestras discusiones. Tenemos diferentes personalidades y necesitamos conocernos el uno al otro, comprometernos, si queremos que esto funcione. —La sonrisa que cruzó la cara de Blaine hizo que Kurt se estremeciera. —Eres afortunado. En la antigüedad, si nuestro Rajaaka era un ser humano, nosotros solo lo encadenábamos en una cama y lo manteníamos cautivo.
Kurt sintió que su cara se ruborizaba al pensar en que Blaine lo encadenara a una cama, para que el hombre tan firme y fuerte castigara su cuerpo mientras permanecía atado y era incapaz de resistírsele. Ese pensamiento envió una ola de lujuria que lo atravesó.
Levantó la mirada cuando oyó a Blaine inhalar profundamente. Los ojos avellana de Blaine estaban cambiando y el color marrón fue reemplazado por un vivido color rojo. El corazón de Kurt se aceleró, pero ¿era miedo lo que sentía ahora, o excitación?
— ¿Quieres ser atado? —Blaine gruñó.
La cara de Kurt ardía pero no pudo alejar la mirada de la intensa mirada de Blaine. Se encogió de hombros. —He pensado en eso.
Sin advertencia, Blaine lo levantó en sus brazos. Kurt gritó, el cuarto volaba mientras ellos recorrían el pent-house. Se rio cuando sintió el colchón en su espalda, y el cuerpo de Blaine presionándolo. Fuertes manos sostenían sus muñecas arriba de su cabeza.
—Rajaaka. —La voz de Blaine era profunda, gruesa y casi irreconocible. Sus ojos rojos brillaban. Kurt cedió a la repentina y abrumadora urgencia que sentía y arqueó su cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello. Gritó cuando Blaine encajó sus colmillos. Un destello de intenso y abrumador dolor desapareció rápidamente cuando Blaine comenzó a chuparlo. Kurt no pudo evitar empujarse hacia el hombre. Su pene se hinchaba mientras el dolor se convertía en placer.
—Petjya —gruñó sabiendo que a Blaine le gustaba oír esa palabra. Kurt separó las piernas y Blaine se acomodó contra él. Kurt colocó sus pies sobre el colchón y empezó a empujarse contra Blaine. Podía sentir sus duros penes frotándose juntos a través de sus pantalones.
Blaine chupaba duro. Kurt se empujaba duro. Las intensas sensaciones que recorrían su cuerpo eran abrumadoras. Él encajó sus uñas en sus palmas gritando cuando una inesperada liberación llenó sus pantalones. Una fracción de segundo después, sintió los dientes de Blaine salir de su cuello. Levantó la cabeza para ver a Blaine inclinar la cabeza hacia atrás y rugir. Sintió la humedad filtrarse a través de los pantalones de Blaine cuando el hombre se corrió.
Cuando Blaine lo miró, sus colmillos estaban totalmente extendidos. Kurt los veía fascinado, mientras una sencilla gota de sangre se deslizaba por uno de los colmillos. La lengua de Blaine la lamió.
—Rajaaka —Blaine siseó, sus ojos cambiaron lentamente del rojo a su color normal, avellana vivido.
—Te gusta la idea de dominarme, ¿verdad? —Kurt veía fascinado al hombre—que había vivido cientos de años y que probablemente había experimentado más diversidad sexual de lo que Kurt pudiera imaginar—ruborizado. Blaine apartó su mirada como si estuviera avergonzado. Kurt jaló sus manos liberándolas del agarre de Blaine y acunó la cara del hombre.
— ¿Si yo puedo admitir que me gusta estar atado, tu puedes admitir que te gustaría atarme, hmm?
Blaine se rio. —Supongo.
— ¿Puedo sentir tus colmillos?
Blaine dudó un momento, pero entonces lentamente abrió su boca, mostrando un juego de brillantes y blancos colmillos. Kurt acarició delicadamente con un dedo uno de ellos. Su mirada en Blaine. Se sobresaltó cuando el hombre gimió.
— ¿Te gusta que toque tus colmillos? —Kurt murmuró fascinado por el conjunto de emociones que cruzaban los rasgos de Blaine. Él podía ver el rubor de la excitación en la cara del hombre a pesar del hecho de que se había venido momentos antes.
Kurt tomó los lados de la cara de Blaine y lo jaló hasta que sus labios se encontraron. Intencionalmente sacó su lengua y acarició suavemente uno de los colmillos y luego el otro. Blaine gruñó y abrió más la boca, su cuerpo entero repentinamente se estremeció contra el de Kurt.
—Te gusta esto.
—Es muy íntimo —dijo Blaine —como acariciar mi pene con tu lengua.
A Kurt le gustó la idea. — ¿Puedo hacerte venir haciendo esto?
—Dios, si lames mis colmillos mientras te jodo. —Blaine se estremeció y gimió. —Creo que me moriría.
—Y yo que creía que los vampiros eran inmortales. —Kurt se rió.
—No, somos difíciles de matar, pero podemos morir.
Kurt lamió los colmillos de Blaine de nuevo, disfrutando los pequeños gemidos que hacía cada vez que él lo hacía. ¿Quién iba a saber que los colmillos de un vampiro eran una zona erógena?
—Rajaaka, por favor, tienes que detenerte —Blaine gruñó.
—Pensé que te gustaba esto.
—Me gusta. —Blaine sonrió. —Quizás demasiado.
— ¿Puede gustarte algo demasiado?
Blaine se rio. —Me vine dos veces durante la última hora, Rajaaka. Creo que necesitamos dejar algo para esta noche cuando te tenga desnudo.
Kurt sintió la pérdida de Blaine en el momento que se alejó de él. Se sentía como si la temperatura hubiera bajado varios grados de repente. Levantó la ceja y miró fijamente a Blaine.
—No estoy seguro que me guste mucho esto de la reclamación, Blaine.
Blaine lo miró con los ojos de par en par. — ¿Por qué no?
— ¿Cómo se supone que haga algo si no puedo separarme de ti? —Kurt frunció el ceño y se sentó a un lado de la cama. Pasó sus manos a través de su cabello, frustrado al sentir la necesidad de nuevo. —Tengo que encontrar un trabajo, mudarme de la casa de mi hermana. Gina y Ben esperan un bebé y…
—Tú eres mi Rajaaka —dijo Blaine mientras movía su mano en el aire con desdén. —Lo que es mío es tuyo ahora, como si estuviéramos en uno de esos matrimonios humanos. Mi abogado ya tiene los documentos. Solo necesitan tu firma.
Kurt se quedó con la boca abierta. No podía ni siquiera hablar, solo podía ver a Blaine en completo estado de shock. Se preguntó de nuevo si Blaine estaba loco. O quizás él había escuchado mal, o había entendido mal lo que el hombre le acaba de decir.
Nadie cedía tanto dinero como Blaine debía tener. Era el propietario de una de las más grandes compañías farmacéuticas del mundo. Él tenía millones, si no es que billones.
—Blaine, esto es en serio.
—Claro que lo es. Si estuviéramos casados a los ojos de tu gente, nosotros tendríamos que compartir todas nuestras posesiones materiales. ¿No es así?
Kurt frunció el ceño. —Bueno, sí.
—Ante los ojos de mi pueblo, cuando te convertiste en mi Rajaaka y nos enlazamos. Nosotros nos casamos.
...
Kurt estaba sentado en una silla justo al lado del escritorio de Blaine viéndolo trabajar. El teléfono parecía no parar de sonar, pero Blaine tomaba cada llamada como si tuviera todo el tiempo del mundo.
Cuando no estaba hablando por teléfono, estaba haciendo trabajo de oficina o en su laptop. Varias veces, gente vino a reunirse con él y Kurt se sentaba en una esquina observando en silencio como Blaine Anderson manejaba su emporio.
Parte de él hervía al ser ignorado. Nadie parecía darle más que una curiosa mirada, como si él no importara. Si alguien se le quedaba mirando demasiado tiempo, un bajo gruñido salía del pecho de Blaine.
Kurt encontraba la conducta posesiva de Blaine divertida. El hombre parecía intentar protegerlo del mundo. De hecho esa era la primera vez en tres días que a Kurt se le permitía estar en la oficina mientras otros entraban libremente.
Blaine lo había llevado a comprar un nuevo guardarropa y a cenar. Simplemente Blaine no le permitía salir sin él o sin el grupo de hombres fuertemente armados que lo protegía.
Kurt sonrió cuando el segundo teléfono comenzó a sonar. El hombre frunció el ceño viendo el ofensivo objeto. Rodó los ojos y se dirigió a contestarlo. Blaine levantó las cejas pero no se opuso.
—Oficina de Blaine Anderson, ¿en qué puedo ayudarlo? —dijo Kurt al teléfono.
—Soy Louis Redgrave—una gruesa voz respondió. —Necesito hablar con el señor Anderson.
—Espere un momento, señor Redgrave, mientras veo si él puede atenderlo. —Kurt no se molestó en cubrir la bocina, en su lugar él simplemente vio a Blaine. Louis Redgrave, dijo en silencio. ¿Puedes hablar con él o debo tomar el mensaje?
Blaine se rio y negó con la cabeza. Toma el mensaje. Le llamaré después.
Kurt asintió y se llevó el teléfono a su oído. —Señor Redgrave, el señor Anderson se encuentra en una conferencia telefónica en este momento y no puede atenderlo. Él quiere que le asegure que le devolverá la llamada en cuanto se desocupe. ¿Va a dejarle algún mensaje?
—Solo dígale que me llame, maldita sea.
—Estaré feliz de hacer eso, señor. Redgrave.
Kurt esperó a que el otro hombre colgara y luego hizo lo mismo.
Tomó una libreta y escribió el nombre, la hora y la fecha de quien había llamado, luego se la entregó a Blaine. Dejó el teléfono sobre el escritorio y regresó a su silla.
Realmente, Kurt estaba muy aburrido. De seguro, Blaine le contestaría cualquier pregunta que él le hiciera. El hombre se tomaba varios descansos y largos almuerzos, durante los cuales ellos ensuciaban la ventana de nuevo. Y al final del día, toda la atención de Blaine se centraba en Kurt.
Pero Kurt no era de esas personas que podían estar sentadas sin hacer nada. Había pasado los últimos cinco años estudiando con todo su corazón para obtener su título mientras trabajaba en uno, dos, y en ocasiones hasta tres trabajos al mismo tiempo, fue por eso que le tomó cinco años en lugar de uno terminar su educación.
Inquieto, Kurt se puso de pie. Fue detrás del escritorio, se inclinó sobre la espalda de Blaine y envolvió sus brazos alrededor del hombre. Y besando la mejilla de Blaine le habló. —Voy a ver a mi hermana. Regreso en un par de horas.
— ¡No! —gruño fuertemente Blaine.
Kurt se enderezó, dejando caer los brazos cuando dio un paso atrás alejándose de Blaine. —Dijiste que no era un prisionero.
—No lo eres, es solo… —Blaine pasó su mano por su cabello y luego la pasó por su rostro. —No eres un prisionero, Rajaaka. Solo que no puedes salir sin escolta.
— ¿Por qué?
—No es seguro.
Kurt frunció el ceño, cruzó los brazos sobre su pecho y caminó frente al escritorio de Blaine para poder mirarlo a la cara. — ¿Por qué no? Sigo siendo el mismo hombre de hace tres días. De hace una semana. ¿Qué ha cambiado?
—Eres el Rajaaka de Blaine Anderson, eso es lo que ha cambiado.
— ¿Y?
—Y hay gente allá afuera, de mi tipo y del tuyo, que no se detendrían ante nada para llegar a mí. Tomarte o dañarte es la manera más fácil de hacerlo.
Los labios de Blaine eran una línea mientras apretaba los dientes. —Daría todo lo que poseo para que regresaras a salvo conmigo y ellos lo saben.
— ¿Quiénes? —Kurt distraídamente se frotó los brazos para protegerse del repentino escalofrío.
—Cualquiera que me conozca —dijo Blaine en voz baja como si temiera a las palabras. —Cualquiera que sepa lo que significas para mí. Incluso cuando te alejaste de mi yo te vigilé. Tenía que mantenerte seguro.
—Petjya. —El corazón de Kurt se calentó al oír las palabras de Blaine. Caminó alrededor del escritorio y entró en los brazos que lo esperaban de Blaine. —No quiero causarte problemas, Blaine. Ciertamente no quiero que alguien me secuestre o me lastime, pero no puedo estar solo sentado aquí sin hacer nada. Me aburre.
— ¿Qué te gustaría hacer? —Blaine apartó el cabello de la cara de Kurt.
—Bueno. Tengo un título, sabes, y originalmente vine aquí a una entrevista para el puesto de tu asistente. ¿Por qué no me dejas intentar eso?
Blaine arqueó una ceja. — ¿Realmente quieres ser mi asistente personal?
— ¿Qué mejor asistente personal que tu propio Rajaaka, huh? — Kurt sonrió. —Nosotros hacemos todo juntos. ¿Por qué no deberíamos trabajar juntos? —Movió sus cejas sugestivamente. —Además, es una buena excusa para pasar tiempo a solas en tu oficina.
—Como lo desees, Rajaaka.
Blaine se apartó y tomó el teléfono y Kurt frunció el ceño. Él esperaba un beso o algo así, al menos una caricia. Ser inclinado sobre el escritorio sería agradable.
—Bella, quiero otro escritorio en mi oficina, un teléfono y una laptop. —Blaine miró a Kurt y le sonrió. —También necesito un teléfono celular, accesorios de oficina y una Blackberry llena con todas mis citas, números telefónicos e información pertinente.
Kurt parpadeó.
—Quiero todos esos artículos inmediatamente en mi oficina, pero toca primero. —Blaine dejó el teléfono y tomó a Kurt, jalando de regreso hacia su cuerpo. —Quiero que me prometas algo.
—Lo que sea.
—Ten cuidado con lo que ofreces, Rajaaka.
— ¿Por qué? —Kurt se rio. —Nunca me lastimarías, lo dijiste.
—Cierto, pero aún así necesito tu promesa.
—Bien. —Kurt suspiró. — ¿Cuál?
—Prométeme que no irás a ningún lado sin mí, ni siquiera al cuarto de baño a menos que sea el de la oficina. No dejarás esta habitación excepto para ir a ver a Bel a. Y nunca dejarás el edificio ni irás a ningún lado con alguien que no conozcas. Si hay algún problema y no puedes encontrarme busca a Bella. Ella te protegerá.
— ¿Bella también es un vampiro?
—Bella es mi madre.
—Estás bromeando, ¿verdad? —Kurt repentinamente recordó cada estúpida cosa que había dicho frente a la mujer, la manera en que tropezó. Sintió ruborizarse. Estaba muy seguro de que el rubor se extendía hasta la punta de sus pies.
—No te preocupes, Rajaaka, mi madre sabe quién eres. ¿Por qué crees que el a me trajo tu currículo? —Blaine acarició un lado de la cara de Kurt. —Ella olió tu sangre y sabía que podríamos tener una conexión.
—Ella sabe que soy humano, ¿verdad?
Blaine se rio y Kurt giró los ojos. Sabía la respuesta incluso antes de que el hombre hablara. Claro que Bella sabía que él era humano. Ella podía olerlo al igual que Blaine podía.
—Oh hombre, los días festivos van a ser muy interesantes por aquí.
— ¿Los días festivos? —Blaine preguntó.
—Usualmente yo trato de reunirme con mi familia un rato en los días festivos. Espero que podamos celebrarlos, con tu madre, tú, yo, Rachel, Finn, y el nuevo bebé, sin mencionar a mi madre, asumiendo que podamos alejarla de mi sucio padrastro. —Kurt frunció el ceño. — ¿Los vampiros pasan los días festivos juntos?
—Si ese es tu deseo, Rajaaka, entonces eso sucederá.
Kurt se derritió contra Blaine. El hombre tenía una manera de darle cosas a Kurt que hacía que su interior se derritiera. Se preguntaba sobre lo afortunado que era. Blaine le daba todo lo que quería: aceptación, sexo asombroso, respeto por sus capacidades. Todo eso parecía demasiado bueno para ser verdad.
Kurt apoyó la cabeza en el hombro de Blaine y jaló el nudo de la corbata de seda roja de Blaine. —Petjya, hay algo acerca de todo eso del lazo, que no entiendo, ¿hay algo que no me has dicho?
— ¿Por qué preguntas eso? —Blaine cubrió la mano de Kurt con la suya, presionándola contra su pecho.
Kurt se encogió de hombros. —Esto entre nosotros parece demasiado bueno para ser verdad. Siento que esto me va a traer consecuencias, ¿sabes?
—Ven, Rajaaka —dijo Blaine mientras apartaba la silla y se sentaba. Luego le señaló su regazo. Kurt arqueó una ceja hacia el hombre. No había mucha diferencia en su tamaño. Le parecía ridículo sentarse en el regazo de Blaine.
— ¿Por favor?
Kurt giró los ojos, sabiendo que no podía rehusarse, se sentó en el regazo de Blaine. Apoyó la cabeza en el hombro del hombre y esperó. Esa explicación seguro que sería extraordinaria.
...
Gracias por leer.
