Cuando ya estaban lejos del palacio donde el baile seguía su curso con las últimas personas presentes, el Doctor se detuvo y miró a Mina. ¿Qué había querido decir y que tenía que ver el con ello? La mujer le devolvió la mirada pero era una mirada entre distante y triste.
- ¿Mina?
- ¿Si, Doctor?
- ¿Me va a contar que quiere de mí?
- Es usted señor del tiempo, es inmortal…
- ¿Y? dijo el Doctor interrumpiéndola.
- Doctor, usted vive eternamente.
- No Mina, se equivoca. No vivo eternamente, no muero pero me regenero y eso equivale a morir.
- No Doctor, sigue viviendo, mire, cuando le dije de mirar en lo más profundo de su memoria, me encontró, recordó a aquella niña a punto de ahogarse en el gran canal. Si estuviese muerto no lo hubiese recordado.
- Si, tengo mis recuerdos, pero yo como persona cambio, dejo de ser el que era antes para convertirme en otro hombre. Por eso al regenerarme, muero.
- Aún así sigue viviendo aunque se convierta en otro hombre.
- Es la maldición de los señores del tiempo, la del último señor del tiempo. Y así hasta el final.
- Y por eso me puede ayudar Doctor.
- ¿Ayudarle?
- Si, ayudarme
- ¿Cómo?
- Permitiéndome beber de su sangre
- ¿Qué?
- Dándome de su sangre, volviéndome inmortal para siempre
- Mina, es imposible, por más que quisiera y no lo quiero, jamás podría llegar a la inmortalidad solo por beber de mi sangre. Porque ya le he dicho que no lo quiero y porque es imposible que la sangre de un señor del tiempo pueda mezclarse con la de un humano o de un ser vivo terrestre. Y porque ya está muerta.
- ¡Miente!
- No, Mina, no miento. Y si no quiero darle de mi sangre es por su propio bien. Aún recuerdo a esta niña a la cual salve y no quiero que por mi culpa sufra más de lo que ya está sufriendo.
- Doctor, pero así debe ser. Lo he visto y no quiero cambiarlo
- Mina, me ha dicho que hoy era el día en que moría. Por favor es un sueño, los sueños nunca son reales. Olvídese de él.
- Por más que quisiera mi final está ya trazado, no puedo cambiarlo.
- ¡Mina! Si quiere lo puede cambiar.
- Doctor, por favor no insista.
Siguieron caminando hasta llegar a una casa cercana a la playa del Lido donde el Doctor había dejado su TARDIS.
