Cubriéndola con su capa negra para que no cogiera frio, algo bastante irónico en el fondo ya que el cuerpo de Mina por mucho que lo calentara, estaba permanentemente frio. La vista de su cuerpo no le molestaba, le molestaba mas bien ver sufrimiento en el y no podía aceptarlo.

- ¿Mina, que le pasó?

- Fue hace muchos años doctor, acababa de cumplir los 20 años y vino a la cuidad un hombre con el que entable una relación durante la cual pasábamos horas y horas leyendo poesías y escuchando música. Hasta que un día sin yo poder hacer nada, sentí como sus fríos colmillos se clavaban dentro de mi piel y como su boca iba succionando mi sangre. Sentí como mi cuerpo se vacía, tuve escalofríos, retortijones. Fue una sensación horrible. Y poco a poco me fue educando en ser una vampiresa, pero yo me negué en matar a humanos, ni siquiera quería beber de su sangre y entonces conocí a Ariel que se convirtió en mi suministrador de sangre matando las ratas del Canal. Lo demás son solo banalidades comunes a todos los vampiros.

- Mina, siento lo que le ha pasado le dijo pensando que ya se había olvidado de su propósito pero...

- Yo, ya no, sobretodo sabiendo que puedo conseguir la eternidad. - Doctor, no hable por favor - poniéndole un dedo encima de la boca. Se abalanzó sobre el y agarrándolo con las manos se acerco a su cuello.

El Doctor no hizo nada para impedírselo. Sintió como los dos colmillos de Mina iban entrando dentro de su piel y su carne y como iba chupando su sangre. No hizo nada porque sabía lo que pasaría. Le había advertido.

- Doctor, ayúdeme, no quiero morir – dijo la mujer dándose cuenta que el mal estaba hecho.

- Lo siento Mina, lo siento mucho.

- ¿Doctor, que me está pasando?

- Mina, lo siento, le advertí, le dije que mi sangre no era compatible y aun así siguió adelante. ¿Porqué?

- Porque guardaba la esperanza que la premonición era falsa que no iba a morir pero que su sangre me iba a dar la vida eterna.

- ¡No!, mire, se está muriendo.

- Doctor, por favor, se lo suplico.

- Lo siento, no puedo hacer nada.

- Doctor, ¿se acordara de mi? - preguntó cuando ya se acercaba al momento final

- Siempre. Se lo prometo dándole un beso en la mejilla

Y entonces en el momento de que sus labios se posaron en su cara, el cuerpo de Mina empezó a descomponerse poco a poco y lo que era carne se convirtió en piedra y lo que era piedra se convirtió en polvo que fue cayendo sobre el suelo de madera. Mina había muerto como lo había predicho y el Doctor ya no podía hacer nada por ella. Salió de la mansión y se fue hacia la TARDIS. Cuando ya estaba volando sobre Venecia, vio un destello de luz salir de casa de Mina y unos instantes mas tarde el fantasma de Mina tal como la había visto por primera vez apareció en medio de la nave.

- Gracias Doctor, gracias por salvarme.

Y desapareció para siempre. Mina era por fin libre.