CAPÍTULO 1 - "LA BODA"
"AÑOS MÁS TARDES..."
Hermione con veintiocho años, se encuentra a solo dos hora de contraer matrimonio con Ronald Weasley.
Pero ella, ya vestida con el vestido de novia y mirándose en el espejo sin pestañear, se dio cuenta de que no podía casarse con la persona a la cual quería más como un amigo, que como novio y mucho menos como marido. Pero aun así, ante sus dudas, ella se niega a seguir a su corazón, prefirió seguir a su cabeza que le decía todo lo contrario.
– Bien, Hermione, este es tu día. El día por el cual estuviste esperando más de... bueno muchos años... No te dejes engañar por unas dudas creadas por tu propia imaginación, tú amas a Ron más que a nada en este mundo... o no... –. Se decía una y otra vez, tratando de convencer a su corazón.
Hemione se agachó rápidamente y se abrazó a sí misma, tratando de calmar, de esa manera los fuertes dolores que sentía en su barriga por los nervios que tenía. Justo en ese momento entraban por la puerta Harry y Ginny de la mano.
– Herms, ¿qué pasa? –. Le preguntó Harry yendo a su lado para ayudarla a sentarse.
– Nervios... ¿No es así Herms? –. Dedujo rápidamente Ginny.
Hermione solo asintió con la cabeza. Estaba muy confundida. Quería salir corriendo, aunque sea por la ventana, en ese momento, se rio para sus adentro, al recordar la película "Novia Fugitiva". No sabía el porque de tantos nervios, sabía lo que quería, o al menos eso creía, pero aun así, su corazón se negaba a aceptarlo. Pero sabía que todas su dudas se irían una vez que ambos dijera que el ansiado SÍ
– No te preocupes Herms. A mí antes de casarme con Harry, me sucedió lo mismo. Te acordás que casi Harry se muere, cuando en vez de decirle que Sí, le dije que NO... Jajaj –. Le dijo Ginny, mientras observaba a su esposo como se sonrojaba.
– Como olvidalo, ese día fue muy agitado, por así decirlo –. Contesto Hermione.
Ginny y Harry se habían casado quince años, y ya tenían tres hijos: James Sirius Potter, Albus Severus Potter y Lily Luna Potter. Tres de sus amores...
– ¿Qué o mejor dicho, necesitas algo? –. Quiso saber su mejor amigo.
– No, Harry. Gracias, pero estoy bien. Me encuentro mucho mejor. ¿Ya llegó mi padre? –. Preguntó Hermione, sentándose en una silla para que Ginny le terminase de arreglar.
– Aún no Herms, pero ya le dijimos a Molly, que nos avise si llega a llegar –. Le contesto Harry, mientras su mujer le terminaba de colocar las últimas hebillas en forma de flores blancas que sostenía barios mechones de su cabellos, y le retocaba el maquillaje a Hermione.
– Estas muy hermosa Hermione. Tu madre estaría muy orgullosa de ti –. Dijo una vos detrás de ellos.
– Oh papá –. Ella se levantó rápidamente de la silla en donde se encontraba, y fue directo a abrazar a su padre.
– Ven Harry, hay que darles un poco de privacidad –. Le dijo Ginny a su marido en el oído, para que solo él la escuchara. – Hola señor Granger, me alegro muchísimo de verle –. Lo saludó ella dándole un abrazo en cuando se separó de su hija.
– Lo mismo digo Ginny, Harry –. Saludó el señor Granger, dándole la mano a Harry, pero que este rechazó para darle un abrazo igual que su señora. El señor Granger acepto este gesto muy agradecido por parte del mejor amigo de su hija.
– Bueno, si nos necesitan, estaremos a fuera arreglando un par de cosas. –. Dijo Ginny.
– Gracias Ginny –. Dijeron el señor Granger y Hermione al mismo tiempo.
Cuando se fueron y cerraron la puerta, Hermione miró a su padre, y se dio cuenta de que él estaba muy cansado. Se veía a simple vista, lo rápido que había envejecido desde la muerte de su madre, no hacía tan solo un año.
– ¿Cómo te estas preparando para tu día, hija mía? –. Quiso saber el señor Granger.
– La verdad, ando muy nerviosa. En la cabeza se me cruzan un millar de preguntas y dudas a las cuales no sé como actuar, ni que debo hacer. –. Le contestó ella mientras ambos se sentaban en el sofá en medio de la habitación.
– Los nervios y las dudas son muy comunes, hija mía –. La consolaba él. – Todo el mundo sufre esa "agonía". Recuerdo que tu madre también había sufrido lo mismo, y yo también. Pero nunca he dejado de decir que fue el mejor camino que pude haber elegido, así como yo formé mi familia, tú también la formarás, comenzando desde el día de hoy, hasta el día de tu muerte. Lástima que tu madre tubo que partir antes... –. Se interrumpió el señor Granger, ya que una cuantas lágrimas salieron de su rostro, asiendo que su hija se emocionara igual que él.
– Papá, la extraño muchísimo... –.
– Igual yo, querida mía... Ya, no llores. Disfruta tu día, hija mía, que aunque a tu madre no la puedas ver, ella siempre está presente –. Le decía su padre mientras la abrazaba.
Cuando se calmaron, empezaron a hablar sobre la familia Granger, ya que Hermione hacía mucho tiempo que no iba al mundo Muggles a visitar a su parientes, por el hecho de que se había mudado al mundo Mágico, para estar más cerca de Ron y así también poder trabajar en Hogwarts como profesora de Historia de la Magia.
Mientras hablaban de todo en general, las horas fueron pasando, hasta que Harry tocó la puerta para avisarles que la hora ya había llegado. El señor Granger le dio un último abrazo a su hija y un beso en la frente, una ves que llegaron a las puertas de la entrada de la iglesia, le hizo señas a Harry para que se acercarse a entregar a su hija a Ron.
Cuando el padre de Hermione, entrase a la iglesia para anunciar que ella ya entraría, agarró a Harry del brazo fuertemente asiendo que este la mirase sorprendido, pero luego de entender su actitud le sonrió dulcemente y le pregunto:
– ¿Estas lista? –.
– Eso creo –. contestó muy indecisa.
Primero entró Teddy Lupin, quién llevaba los anillos, escoltado por James a su derecha y Albus a su izquierda. Les siguió Victoire Weasley (la hija de Bill Weasley y Fleur Delacour), y Lily, quienes tiraban pétalos de rosas blancas en el piso. Por último, le llegó el turno a la novia, que mientras iba entrando, vio a Ron parado justo en el altar, esperándola, se dio cuenta de que en verdad lo amaba. No veía la hora de que dieran sus votos y así poder vivir como siempre quisieron...
Cuando llegaron al altar, Harry besó su mano y se la entregó a Ron. Este la recibió con una hermosa sonrisa en sus labios. Esa sonrisa que hacía que a ella le dieran ganas de desmayarse.
– Estamos aquí reunidos para celebrar la unión de esta pareja. Si alguien que se opone a este casamiento, que hable ahora o calle para siempre... –.
– Yo me opongo –.
