CAPÍTULO 5 - "DIECISIETE MESES DESPUÉS"
UNA SEMANA ANTES.
EN LA MADRIGUERTA.
Hermione se encontraba sentada en la mesa familiar, en compañía de todos los Weasley, obviamente como casi todos los sábados en los que se podía salir del castillo Hogwarts.
Pero como desde hace tres meses, la silla a su derecha estaba vacía, ya que Ronald, no había vuelto más desde el incidente de la boda. Nadie sabía nada de él, pero no por ello, las cosas cambiaron para mal. No, sino, todo lo contrario. Las cosas para Hermione, mejoraron mucho, pudo dedicarse pura y exclusivamente a su trabajo como profesora en Hogwarts, y también a pasar más tiempo con su padre y familia Muggles.
Nadie hablaba de él, era como si nunca hubiese existido, pero por otro lado, todos estaban preocupados por él. Estaban en la misma situación que habían vivido haceaños atrás con Precy. Si bien, nadie le había perdonado aún, no podían dejar de pensar en Ronald, preguntándose si él estaba bien, o era feliz.
Más de una vez, el señor Weasley, había tratado de contactarse con Ron, pero por más esfuerzos que hiciera, no podía. Harry lo había ido a buscar también, pero no tubo éxito, y cada vez que lo encontraba, este desaparecía. Genny, estaba arrepentida de lo que le había dicho el día de la boda, al fin y al cabo, ella no era quién, para decirle que hacer o que decir. Él ya era lo suficientemente grade, para hacerse cargo de sus actos.
Hermione, por un lado estaba feliz por él, porque había encontrado al amor de su vida, o al menos eso creía ella. Yo y mis creencias Se decía más de una vez. Pero por otro lado, se sentía muy mal por ella misma. Se sentía vacía y triste, porque sabía que ya no podría encontrar a su "alma gemela", porque ese día, se dio cuenta de que el amor no era para ella.
– ¿Herms? –. volvió a preguntar Molly preocupada.
– Ah... Este... Lo siento –. Se disculpó Hermione, mientras que dejaba los cubiertos en el plato, y agarraba una copa que contenía vino, dio un sorbo y luego continuó. – Estaba perdida en mis pensamientos... Lo que pasa es que estaba repasando la clase que voy a dar el lunes, ya que vamos a tocar un tema nuevo, y quería que mis alumnos no tengan problemas para entenderme –. Comentó, aunque todos en la mesa sabían que era solo una simple escusa. – ¿Qué me habían preguntado? –. Quiso saber.
– ¿Cómo te esta yendo, con la enseñanza Herms? –. Preguntó Harry.
– La verdad muy bien. Los alumnos como todos los años, complicados, simples... en fin... adolescentes. –.
– ¿Y los de Slytherin? –.
– Bueno, ellos... A pesar de que se suelen meterse en problemas, como siempre, son buenos también. No son como lo fueron sus padre y/o abuelos –.
– Eso es bueno saber. Que los chicos del futuro, no están cometiendo los mismos errores que sus antepasados –. Comentó el señor Weasley con cierta admiración, aunque Hermione no sabía el porqué.
– ¿Son rebeldes nuestros niños? –. Quiso saber.
– Bueno... ellos... son muy buenos, y admito que también rebeldes... –.
– Como todos. –. Dijo Harry, sabiendo que lo de rebeldes, iba más para sus dos hijos varones, James y Albus, más que para Teddy o Victoire o Lily. ¿Peor que se iba hacer? Ellos son cómo él y como su padre.
Cuando terminaron de comer, Hermione se dirigió al cuarto que siempre ocupaba cuando iba a la casa de los Weasley, para terminar de arreglar sus cosas.
Mientras lo estaba asiendo, alguien golpeó la puerta. Ella se levantó de la cama y abrió. Allí se encontraba su mejor amigo Harry. Entró a la habitación y cerró detrás de él.
Harry sabía que a su amiga le estaba pasando algo, así que, antes de que alguien se diera cuenta, él fue a hablar con ella, pero como hacía siempre, se sentó en la silla que estaba en frente de una ventana, y esperaba hasta que ella estuviese preparada para hablar.
– Estoy bien, estoy bien Harry –. dijo ella, mientras le daba la espalda, y quedándose en silencio otra vez. Respiró profundamente, sabiendo que sería mejor decir lo que pasaba por su mente, antes de que se arrepienta. – Bueno, no, no lo estoy. Es muy raro todo esto. Es decir, no me siento mal por lo que me hizo Ron, sino, que me siento mal por mí. No estoy segura de mí misma. Y créeme cuando te digo que esta inseguridad la empecé a tener mucho antes de la boda. Eso solo me sirvió para darme cuenta de lo que me estaba pasando –. Escupió Hermione rápidamente, mientras seguía con sus cosas, para sí no empezar a llorar como un bebe al que le han sacado un juguete. – No sé lo que quiero, y si quiero una cosa, no me atrevo a "agarralo" por así decirlo... Y... Y... Tengo miedo Harry. Miedo a terminar sola en este mundo, miedo a TODO –. Ahora sí había empezado a llorar, tapándose la boca para reprimir un gemido.
Harry al escuchar todo esto, se dio cuenta de que su amiga necesitaba una ayuda, y muy grande. No era propio de Hermione sentirse insegura de sí misma, y mucho menos, a sentirse sola. Se levantó de su asiento y fue directo a abrazarla.
– Tranquila Herms, ya vas a ver que todo se va a solucionar. Esta es solo una etapa más de tu vida. Ya lo verás... –. Le consolaba Harry. – Tengo una idea, ¿por qué no llamas a Minerva y le dices que te de unos días de descanso. Así te venís con nosotros, a Roma. Será lindo Herms. Vamos, por ahí quien te dice, encontrás a alguien que realmente te merezca –. Le propuso Harry.
– No Harry, es muy lindo eso que dices, pero no puedo. Tengo una obligación que cumplir. No puedo dejar todo así como está. Mis alumnos me necesitan. Gracias Harry –. Le contestó Hermione con una sonrisa forzada, mientras se alejaba de él y se secaba las lágrimas, para, así poder continuar arreglando sus cosas. – Además, las vacaciones de invierno, no está tan lejos. Te prometo Harry, que cuando empiezan las vacaciones, nos vamos a ir a donde ustedes quieran, y esta vez, pago yo –. Dijo ella, y esta vez con una sonrisa con plena sinceridad.
– Esta bien, Herms. Pero recuerda lo que has dicho. Eh –. Contestó Harry.
Él sabía perfectamente, que lo que decía Hermione, era otra escusa más. Pero prefirió no seguir insistiendo, ya que sabía de ante mano, que a ella no le gustaba que le insistieran en nada.
– Toma, dale esto a James. Me mandó una lechuza esta mañana, dijo que el suyo se había perdido –. Le pidió, mientras le entregaba un libro de pociones.
– Sí. –. Le contestó.
AL DÍA SIGUIENTE.
– Hermione, justo te estábamos esperando –. Le dijo McGonagall ni bien la vio ingresar con su equipaje.
– ¿A mí? ¿Que sucede Minerva? –. Preguntó Hermione preocupada.
– O no nada grave querida, solo que organicé una reunión del último momento –.
– ¿Así? ¿Y cuál es el motivo? –. Iba preguntando mientras subían las escaleras que conducían al salón que utilizaban como lugar de reunión.
– Lo que sucede, es que el profesor Shinigat, al final tomo la decisión de alejarse durante un tiempo de sus obligaciones como profesor. Pobre, desde de la muerte de su única hija, no ha estado bien. Creo que alejarse de todo esto le sentará bien –. Le informó la Directora McGonagall.
– Tiene razón Minerva. La pérdida de alguien a quien queremos mucho, es muy doloroso e insoportable –.
Cuando ingresaron dentro de la sala, se encontraban ya todos los profesores esperando a Hermione y a la Directora.
– Bien, todos sabemos el motivo por el cual los he reunido acá –. Comenzó McGonagall, una vez que se sentó en la cabecera de la mesa. – El tema es que tenemos que decidir quién ocupará su lugar, como profesor de Defensa Contra las Artes Oscura. Aquí, tengo varios candidatos. Entre todos ellos, avaluaremos quien será el mejor –. Empezó a entregar una carpeta a cada profesor, que contenía todos los datos de aquellos que el Ministerio de Magia presentó como posibles candidatos a ocupar este puesto y otros en los cuales la Profesora McGonagall tuvo en cuenta.
Todos empezaron a leer los documentos, y a más de a uno, le costó creer que Draco Malfoy había sido elegido como candidato para tal cargo, pero no a Hermione, a ella no le llamó la atención, ya se lo imaginaba que él sería uno. Conocía de ante mano, que sin duda, era uno de los mejores para tomar este lugar, pero prefería a su viejo amigo, con el que solía pasar momentos muy agradables... Pero ninguno dijo nada.
A pesar de que había veintiocho candidatos, los profesores eligieron, a solo dos personas.
– Veo que hay un empate entre el señor, Malfoy Draco y el señor Finnigan Seamus –. Dijo la Directora, mientras se levantaba de su asiento y se dirigía hacía la ventana que se encontraba detrás de su silla, y se quedó observando el cielo debatiendo a quien debía o no elegir. Había dos personas, a lo cual, solo debía elegir a uno. Era una decisión muy difícil, ya que tanto uno como el otro eran los mejores cuando se trataba de Defensas Contra las Artes Oscuras, pero sabía que solo uno era el más apropiado para este trabajo. Se volvió a dar la vuelta y con vos profunda y decidida dijo. – Bien yo elijo a... –.
