¡Hola! Ya estoy aquí otra vez ^-^ Muchas gracias por los favs y follows, y muchas gracias Erzebeth K por tu review. Me costo un poco terminar con este capítulo porque... He vivido un día algo dramático. Pero todo pasara. Me di cuenta de que no señale los nombres de los personajes en el primer capítulo, y aunque la mayoría de la gente los conoce, siempre esta bien ponerlos para principiantes, así que allá voy.
Islandia - Emil Týr Steilsson
Hong Kong - Jia Long Wang
Noruega - Lukas Bondevik
China - Yao Wang
Corea - Im Yong Soo
Tailandia - Kasem Chao
And if I may just take your breath away
I don't mind if there's not much to say
Sometimes the silence guides our minds
So move to a place so far away
- ¿Sigue viviendo aquí Emil Týr Steilsson? –un joven noruego de estatura baja, complexión delgada, cabellos rubios y ojos azul bebe se encuentra en la recepción de un orfanato de aspecto descuidado y antiguo. Su rostro no muestra ninguna emoción, pero si miras más de cerca y te fijas con determinación, puedes ver que sus ojos denotan ligeros ápices de preocupación. La secretaria que se encuentra frente a él parece confundida, se ajusta sus gafas una y otra vez y mira al chico que tiene delante como si fuera alguna especie de extraterrestre.
- No me suena que ningún Emil viva aquí –dice despreocupadamente, casi parece no tener ganas de ayudar– Pero puedo mirar en los archivos, si quieres.
- Si, por favor –le pide el noruego, cuyo nombre es Lukas Bondevik. La secretaria entra a otra sala por una puerta que hay en su despacho y desaparece durante un periodo de tiempo que hace a Lukas preguntarse si de paso ha ido a tomar un café. Cuando finalmente vuelve, su rostro expresa decepción.
- Lamento informarte de que ese tal Emil no vive aquí –y vuelve a ajustarse las gafas– De hecho, se marchó de este orfanato hace tres años –Lukas suspira con frustración. Tres años son mucho. Emil podría estar muerto, aunque tal vez pensar eso sea estar precipitándose.
- ¿Tiene idea de adonde fue? –pregunta, aun ligeramente esperanzado.
- Lo más probable es que fuera enviado a una familia de adopción –le contesta ella– Pero eso es información más privilegiada, no se puede facilitar tan rápidamente los datos de las familias que han adoptado a niños de este orfanato.
- Vera... –murmura Lukas– Creo que Emil es mi hermano, mi hermano menor.
- Siento decepcionarte, pero muchas personas vienen aquí en busca de sus hermanos –dice la secretaria, sin demasiado interés– Y te sorprendería saber cuántas de todas esas personas resultaron estar equivocadas.
- Pero yo tengo pruebas –contraataca Lukas– Sé que mis padres murieron cuando yo tenía cuatro años, sé que tenía un hermano dos años menor, sé que no teníamos familiares aparte de mis padres y que nos separaron, llevándonos a orfanatos distintos.
- Ya, pero—
La joven es interrumpida de nuevo.
- Me mude hace una semana, y en el proceso de la mudanza, encontré la partida de nacimiento de mi hermano. Emil Týr Steilsson, hijo de Elísabet Steilsson, mi madrastra, y de Jakob Nielsen, mi padre.
- Mira, sé que esto puede ser frustrante para ti, pero sí de verdad quieres encontrar a tu hermano te sugiero acudir a la policía –la chica ya parece ligeramente molesta por el comportamiento de Lukas– No hay nada que yo pueda hacer –Lukas permanece en silencio un par de segundos.
- Está bien, gracias por su ayuda –espeta con un deje de hostilidad– Supongo –y dicho esto, abandona el lugar con cara de pocos amigos. Así que abandono el orfanato hace tres años… Por lo tanto, ahora debe de tener dieciocho años.
Emil
Un fiero rugido proveniente de su estómago hace a Emil fruncir el ceño. ¿Por qué tengo que ser humano? ¿Por qué no puedo ser un ser inmortal que no necesita alimentarse para sobrevivir? Se acerca a la encimera de su cocina, polvorienta y poco utilizada, para mirar el contenido de su caja de cereales. Veinte dólares ¿Cuánto tiempo más podré sobrevivir con esto? Y es que, el alimentarse es solo la punta del iceberg. Emil también tiene que pagar el alquiler del apartamento en el que vive, el mes pasado no fue capaz de pagarlo y sabe que su casero se pasara por allí pronto para hacerse con su dinero. El islandés suspira, apoyándose en dicha encimera débilmente. Cansado, fracasado, miserable. No tiene a nada ni a nadie, vive en un apartamento barato de un oscuro callejón que ni si quiera es capaz de pagar, no le aceptan como empleado en ningún sitio porque no es bueno en nada excepto en escribir, puede que en un par de días se vea viviendo en la calle. Lo único bueno de no tener nada, es que ya no tengo nada que perder piensa, mientras sale de su apartamento para perderse en las frías calles de Manhattan.
Jia Long
- ¿Qué me aconsejas? ¿Udon o ramen? –una chica de exultantes rizos rubios y grandes ojos verdes mira a Jia Long con una sonrisa un tanto sugestiva.
- Creo que el udon está bien –contesta Jia Long, intentando sonar lo menos interesado posible. Lo último que quiere es a una estúpida americana ligando libremente con él y haciéndole perder su tiempo.
- Entonces pediré un udon tori nanban, y… Tu número de teléfono, si es posible –acompaña a esa frase con un guiño, sin borrar esa radiante sonrisa de su rostro.
- El udon estará en seguida –le informa Jia Long– Pero el número de teléfono… Bueno, será mejor que te olvides de el –y así es como abandona a la chica, perpleja, preguntándose que ha hecho para que el asiático la trate de esa forma.
- A este paso, vas a hacernos perder a todas nuestras clientas –le susurra Im Yong Soo cuando Jia Long se cruza con él en su trayecto a la cocina.
- Oh, vamos, ya os tienen a Kasem y a ti –le contesta Jia Long, sin molestarse en susurrar– Además, no estoy interesado en ellas.
- A veces me pregunto si eres gay… –murmura el coreano, casi hablando consigo mismo.
- Tal vez lo sea –Jia Long llega con zancadas largas y rápidas a la cocina, no quiere continuar con esa conversación– Udon tori nanban –les dice a Kiku y a Yao, quienes se encuentran en la cocina, después, vuelve con rapidez a la barra para seguir atendiendo a sus clientes. Se congela al ver a cierta persona haciendo su pedido a Kasem, y, rápidamente, interviene.
- ¡Yo me encargare de él! –exclama apresuradamente, interponiéndose entre Emil y Kasem. El tailandés se limita a asentir y a abandonar el lugar para atender a otra persona. Es entonces cuando Jia Long mira a Emil con una burlona sonrisa– Volvemos a encontrarnos –le dice, en su habitual tono seductor. Emil mira hacia otro lado, con una expresión de molestia en su rostro.
- Idiota, ese chico que me estaba atendiendo no estaba tan mal –musita Emil, con intención de hacer daño al hongkonés.
- Oh, vamos, no me hagas ponerme celoso, angelito –le dice Jia Long sin borrar esa tan molesta sonrisa de su rostro– Sabes que me prefieres a mí –Emil decide ignorarle e ir al grano.
- Te propongo un trato –le dice con seriedad, captando los curiosos ojos de Jia Long.
- ¿Un trato? –Emil asiente.
- Dame comida gratis e iré a una cita contigo –le dice, y por su rostro Jia Long es capaz de adivinar que no está bromeando. Al principio, el chino muestra incredulidad, pero después vuelve a su estado de siempre.
- Vaya, tenemos a un chico con bastante ego ¿No es así? –Emil emite un sonido parecido al bufido de un gato.
- No se trata de tener ego, es solo que desde que nos conocimos lo único que has hecho es intentar meterme en tu cama. Así que ahora te estoy dando una oportunidad para que tengamos una cita y para que tal vez, repito, tal vez me metas en tu cama –hace una pausa– Solo si me das comida gratis.
- Así que… ¿Eres de mi acera? –pregunta Jia Long, alzando una ceja.
- Sí, soy gay –contesta Emil con claridad, sin importarle las miradas a su alrededor.
- Genial. Entonces… ¿Te pongo lo de ayer? –el islandés asiente. Vaya, así que el angelito sabe jugar piensa Jia Long mientras se dirige a la cocina. Vuelve a cruzarse con Im Yong Soo.
- ¿Quién es ese? –le pregunta el coreano, sonriente.
- ¿De quién hablas? –le contesta Jia Long, haciéndose el tonto. Con Im Yong Soo siempre es mejor hacerse el tonto.
- Bajito, albino, ojos azules, pelo… ¿Blanco? Piel pálida, mejillas rosadas, adorable –le dice Im Yong Soo.
- No hacía falta que me dieras un retrato detallado de el –le espeta Jia Long– Se cómo es, y es un… Amigo.
- Pues me gusta –Im Yong Soo se pone las manos en las caderas y mira con descaro a Emil.
- ¿A ti no te gustaban las chicas? –pregunta Jia Long, pasándole el pedido a Yao.
- A mí me gusta todo –le susurra Im Yong Soo, y se marcha para seguir trabajando. Jia Long niega con la cabeza, ese chico es un caso perdido. A medida de que el coreano se marcha, sus pensamientos vuelven a Emil. Al tan callado y misterioso Emil. Aunque sea difícil de creer, Jia Long no se ha comportado de la forma en la que lo hace con Emil con nadie más en todo su paso por Nueva York. Tal vez sea porque no ha encontrado a nadie como Emil antes, por muy estúpido que suene. Cualquier persona se dejaría seducir por Jia Long, pero Emil, en cambio, se resiste; le evita y finge no sentirse atraído al hongkonés. Esa es razón suficiente para captar por completo la atención del susodicho. Jia Long vuelve en seguida con una bolsa de comida y se la entrega a Emil, sonriente.
- Ahí tienes.
- G-Gracias –murmura Emil– A las cinco en la entrada de los apartamentos –y sin decir nada más, abandona el lugar, dejando a Jia Long más que satisfecho.
Emil
Ya son casi las cinco. Emil se encuentra mirándose en el pequeño espejo de su baño con nerviosismo. Pero por supuesto, jamás admitiría que está nervioso. Ni en mil años admitiría que está nervioso porque va a tener su primera cita desde que… Nació. Si, desde que nació. Suspira y ajustando el cuello de su camisa, sale de su apartamento para bajar las escaleras con rapidez y llegar a la entrada. Jia Long ya está allí. Al oír los pasos, el asiático se gira y le da un repaso a Emil, para después sonreír.
- Vaya, si hasta te has puesto guapo –observa, y le guiña el ojo.
- N-No me he puesto guapo, simplemente me he vestido para la ocasión.
- Ya, para la ocasión… –Jia Long ríe– Bueno ¿Vamos? –el islandés asiente, y con timidez, sale junto a su pareja. Un silencio incomodo se forma mientras comienzan a salir del callejón, adentrándose en la luz diurna. Jia Long decide romper ese silencio.
- ¿Eres de los que besan en la primera cita? –pregunta, pero solo consigue hacer que el ambiente sea aún más denso e incómodo.
- ¿¡Q-Que?! –exclama Emil, asustado por la pregunta y haciendo a Jia Long reír.
- Es broma –sonríe– Aunque si quieres yo no me voy a negar.
- Olvídate de eso –masculla Emil, apartando la mirada. No quiere mirar a Jia Long, no quiere mirar a sus rasgados ojos color miel, teme que le gusten demasiado, teme que Jia Long le guste demasiado. Sabe que si se deja engatusar por el hongkonés, ya será demasiado tarde. Y no es porque Jia Long tenga algo especial que los demás no tienen, o tal vez si lo haga, Emil no lo sabe. Pero el islandés lleva tanto tiempo sin recibir ese tipo de atención por parte de alguien que sabe que hasta una mínima señal de afecto podría remover todo su interior. Y no quiere que eso ocurra, no quiere terminar vagabundo y encima con el corazón roto. Así que evita por encima de todo crear contacto visual con su acompañante.
- Y… ¿Qué te apetece hacer? –Jia Long camina con las manos en los bolsillos, a diferencia de Emil, Jia Long no ha dejado de mirar al islandés, y se pregunta porque él no quiere devolverle la mirada.
- Tú eres el conquistador. Tú decides –le contesta Emil con sequedad. Jia Long ríe de nuevo.
- Eres muy gracioso, Emil.
- ¡No lo soy! –se defiende este con rapidez.
- No estés tan a la defensiva –Jia Long suaviza un poco su voz– Tan solo te he hecho un cumplido.
- N-No quiero cumplidos, no quiero nada… –se interrumpe a sí mismo– ¿Por qué no me invitas a un café?
- Esta bien, café sea entonces –Emil y Jia Long entran en un establecimiento Starbucks. Hay millones en las calles de Manhattan, pero Emil jamás ha estado en uno. Todos los tipos de cafés, frappuccinos y cacaos que aparecen en las luminosas pantallas se le hacen muy apetitosos a Emil, pero no sabe que elegir.
- ¿Necesitas consejo? –le pregunta Jia Long, viendo el indeciso rostro de Emil, quien asiente.
- Hm… –Jia Long se acerca peligrosamente a Emil, para después acercar sus labios a su oído y susurrar, en un tono más que seductor– El frappuccino de chocolate está muy bueno –los vellos de Emil se erizan cual gato, y con un salto, se aleja de Jia Long bruscamente.
- ¡N-No hagas eso! –le grita, llamando la atención de todas las personas en la cafetería y haciendo contacto visual con Jia Long por primera vez en toda la cita. Jia Long suelta una sonora carcajada.
- Tus reacciones son lo mejor que hay –le dice al islandés. Emil termina por escoger el frappuccino de chocolate, mientras que Jia Long escoge un chocolate caliente de vainilla. Se sientan en una mesa de dos algo apartada, en un rincón bastante acogedor del lugar. Emil le da pequeños sorbos a su pajita con las mejillas furiosamente sonrojadas, mientras Jia Long bebe de su chocolate mirando a Emil con ojos divertidos.
- Quiero secuestrarte –le dice, de repente. Emil levanta la mirada, alzando sus cejas con incredulidad.
- ¿Q-Que dices? Deja de ser tan embarazoso –le ordena.
- No estoy siendo embarazoso, estoy siendo sincero.
- Deja ese tema –le murmura Emil, y piensa en otra cosa de la que puedan hablar con rapidez– A-Ahora que lo pienso, sé que eres asiático, pero no sé de qué país exactamente. Y… Tampoco se tu edad.
- Parece que quieras formalizar nuestra relación –ríe al ver el desconcertado rostro de Emil– Es broma. Soy de Hong Kong, China, y tengo veinte años –Emil asiente, esperaba que Jia Long fuera algo más mayor que él– Yo… Sé que eres de Islandia y tienes dieciocho años, pero no sé qué haces en Nueva York siendo tan joven.
- Vine aquí en busca de… Oportunidades, supongo –susurra Emil, no queriendo contarle el resto de la historia– ¿Y tú?
- No me gustaba vivir en Hong Kong, digamos que mi familia era… Desagradable. Así que quise mudarme a la gran ciudad –le da un sorbo a su chocolate– Me costó adaptarme, pero conseguí hacerlo –los ojos de Emil brillan con esperanza. Puede que le ocurra lo mismo que a Jia Long, puede que le cueste adaptarse, pero finalmente lo consiga. Puede que Jia Long haya estado en su misma situación en algún punto de su mudanza a Nueva York, ese simple pensamiento, por muy egoísta que suene; le consuela. Se permite mirar a Jia Long. Sus ojos son muy bonitos. Muy, muy bonitos. Su piel también. Su pelo, su pelo… Emil quiere tocarlo. Una corriente eléctrica atraviesa todo su cuerpo. Y aunque decida ignorarla, no es capaz de quitarle los ojos de encima a Jia Long durante el resto de la tarde.
One love, two mouths
One love, one house
No shirt, no blouse
Just us, you find out
Traducciones para las estrofas de la canción: "Y si debo hacerlo te quitare el aliento, no me importa que no haya mucho que decir. A veces el silencio guía nuestras mentes, así que mudate a un lugar muy lejos de aquí." y "Un amor, dos bocas. Un amor, una casa. Sin camiseta, sin blusa. Tan solo nosotros, te dejo adivinar."
