Chapter 3: Nix.
Disclaimer: La última vez que revise no era rubia, ni millonaria solo una chica tratando de mejorar su disclaimer y su ortografía...
¡Lo sé, he tardado bastante en actualizar, perdón enserio! Bueno, nos leemos abajo.
Era el segundo miércoles que pasaba en Hogwarts, o al menos éso marcaba el calendario. No sentía como si ya hubieran pasado once días desde que inició Hogwarts, los días habían sido geniales para ella: Hermione y ella se llevaban muy bien, aunque al principio Hermione se había resistido a tener una amiga; Ron siempre que podía se acercaba a ellas... O a Hermione, mejor dicho. Harry era genial, Ariana consideraba que se llevaba bien con él.
Ariana no sabe muy bien cómo llegó a estar sentada a lo indio en su cama a las dos de la mañana pensando en que estar en Hogwarts era genial, pues eso ya lo sabía incluso antes de ir, pero no tenía nada de sueño (cosa que, probablemente, no le duraría todo el día) y no quería levantarse.
En la habitación de las chicas de Gryffindor sólo se escuchaba la respiración acompasada de cuatro chicas y eso desesperaba a Ariana, tanto silencio...
Resopló y salió de la cama, bajó las escaleras dispuesta a ir a las cocinas a tomar café (lo necesitaba, sus nervios estaban alterándose) o hacer algo, lo que fuese.
Mierda. El fuego de la chimenea ya estaba apagado, sólo quedaban algunas cenizas y la Sala común estaba casi en completa oscuridad, pero Ariana lo vio, la Luna iluminaba partes de su cabello rojo. Gruñó, ella sólo quería salir y tomar una taza de café con mucha azúcar, no encontrarse a Ron Weasley.
— ¿Qué haces aquí? —Preguntó Ron, extrañado.
—No es tú asunto —Respondió Ariana sin voltear a verlo, caminando directo a el retrato de la Dama Gorda.
Ella y Ron habían quedado en llevarse bien y hacerse amigos, pero Ariana no estaba de humor.
—Somos un equipo, —Dijo Ron parándose del sillón y caminando hacia ella. — no podemos hacer nada sin que el otro no sepa.
Ron nunca le había parecido tan insoportable...
—Quiero café e iré a conseguir uno. —Ariana volteó a donde Ron estaba. — ¿Contento?
Ron no contestó y Ariana lo tomó como una señal de que dejaría que fuera por su café.
Salió por el retrato y no había dado veinte pasos cuando escuchó los pasos de alguien acercándose.
— ¿Ya has ido a las cocinas? —Preguntó Ron, cuando estuvo a su altura.
Ariana se sonrojo y agradeció que fuera de noche, ella lo había leído solamente...
—Uhm... No —Confesó después de unos segundos. — pero he leído como llegar, es fácil: bajas al vestíbulo, a la derecha de éste está la puerta al Gran Comedor, luego hay dos puertas al este una de ellas es un armario donde guardan las escobas que usan para las clases de vuelo y otra que lleva a las cocinas, hay que pasar por la puerta y continuar por un corredor hasta llegar a un cuadro de un frutero. Hay que hacerle cosquillas a la pera del frutero, la cual se convertirá en la manivela de la puerta. —Recitó lo que había leído en internet, sin tomar aire y luego observó a Ron, parecía sorprendido y eso la incomodo un poco.
— E imagino, que la señorita yo-conozco-el-castillo-mejor-que-nadie sabe cómo llegar al vestíbulo. —Dijo Ron, con sorna.
—No, pero quiero mi café y tú me vas a llevar al vestíbulo. —Contestó Ariana y le jaló del brazo para que caminara.
Los siguientes quince minutos Ariana se dejó llevar por Ron, aunque no se sentía completamente segura haciéndolo. Ron bien podría vengarse de ella pensando que era la causante de todo ese lio... Sacudió la cabeza. Si quería derrotar a Voldemort debía confiar en su único aliado, y dejar de pensar en cómo se escaparía si Ron la atacara.
Ron la sacó de sus pensamientos cuando se paró bruscamente y Ariana chocó con su espalda.
— ¿Qué dem...? —Ron le hizo una seña para que cerrara la boca y escuchara. La jaló para que se escondiera detrás de un tapiz.
Pasos. Se escuchaban un par de pies arrastrándose a pocos metros de ellos... Ariana perdió el color de su cara en pocos segundos y sintió el conocido nudo en el estómago que aparecía cada vez que estaba nerviosa.
—Sé que están aquí, asquerosos mocosos. —La voz de Filch cada vez se escuchaba más cerca y Ariana ni siquiera se atrevió a respirar. — Atrápalos, Señora Norris...
Por favor no nos encuentres, por favor no lo hagas... Váyanse, por favor. Suplicaba Ariana mentalmente, mientras Ron, por su parte, maldecía a todos los antepasados de Filch por hacerlo un squid amargado. Y a la bisabuela de su tatarabuelo, hijos de la fruta...
De repente todo era silencio, y sólo eran ellos cuatro: dos escondidos y los otros buscándolos. Ninguno se atrevía a moverse, como si estuvieran reconstruyendo una fina escultura hecha de pequeños pedazos de cristal y cualquier movimiento la destruyera. El ruido de las reparaciones se confundía y eso ayudaba bastante a que no descubrieran a Ron y Ariana.
¡Bom!, ¡Zap!, ¡Crac!, ¡Tolón, tolón! y demás onomatopeyas que se les ocurran...
El ruido probablemente había sido un par de pisos más arriba pero se había escuchado como si se hubiera escuchado ahí mismo, Ariana tuvo suerte de que su grito-chillido fuera amortiguado por la mano de Ron.
— ¡Peeves!, —El grito de Filch asusto a los dos chicos. — ¡te atraparé!, ¡esta vez no te escaparas!
Escucharon los pasos de Filch alejarse rápidamente, salieron de su escondite y comprobaron que él y la señora Norris se habían ido.
Ariana podría haber ido a besar a Peeves.
— ¿Y?, —Preguntó Ron. — ¿seguimos?
Tenía más hambre que nunca, así que asintió. Unos minutos después estaban parados, hombro con hombro frente al tapiz del frutero.
Ariana le hizo cosquillas a la pera y jaló la manija.
—dudimas... ernos —Dijo Ron con la boca llena de un pastelillo, aventando boronas a la cara de Ariana.
Ariana arrugo la nariz y se limpió, asqueada. —No hables con la boca llena. —Le reprendió.
Ron tragó. —Perdón, decía que deberíamos irnos.
Hacía ya media hora que estaban en la cocina y los dos se habían atragantado de todo lo que había ahí (Ariana con más educación que Ron), ya era hora de irse.
Los dos salían de las cocinas cargados de pastelillos que los elfos domésticos habían insistido que se llevasen cuando se escuchó un leve ¡Pop! y una silueta apareció enfrente de ellos. Ron y Ariana gimieron: Wonnie estaba enfrente de los dos, vestida completamente de negro y con su cabello pelirrojo cayendo desordenadamente a los lados, parecía que venía de un concierto de Rock o un funeral...
—Pensé que estarían más felices de verme, —Dijo Wonnie haciendo un puchero infantil.
— ¿Felices? Nos trajiste aquí en contra de...
—No me importa, —Cortó Wonnie, ignorando el tono enojado de Ron. — tengo información de sus épocas/dimensiones...
Comenzó a caminar dejándolos ahí, Ariana fue la primera en seguirla (¿Qué perder? Ni siquiera tenía sueño), y Ron la siguió (la información sobre sus épocas/dimensiones era tentadora).
Pronto estuvieron parados alado del tapiz de Bárnabas el Chiflado observando a Wonnie pasar tres veces frente a una pared. Ariana ya sabía que aparecería una puerta, pero igual fue impresionante ver como lo hacía, parecía estar siendo dibujada por una mano invisible, lentamente frente a sus ojos aparecía el dibujo perfecto de una puerta.
Los tres pelirrojos entraron a la sala... ese era un pensamiento extraño, parecían más tres Weasleys que un chicos fuera de su época, una chica con el cuerpo de otra y un extraño lo-que-sea que fuera Wonnie...
La sala estaba llena de cojines de diferentes colores, (Ariana se dirigió a uno azul y Ron a uno rojo).
Los tres pelirrojos se miraron entre sí, ¿qué decir?, ¿por qué empezar? Y, ¿quién empezaría?
Wonnie se aclaró la garganta. —Bueno, pregunten, lo que sea... —Ya se estaba hartando del silencio incómodo. Ariana fue la primera en abrir la boca.
—Cuando me atropelló ese coche…
— ¿Te atropellaron para traerte aquí?
—Sí, y no fue sólo un coche, te atropelló un Ferrari.
—Sí, eso es reconfortante. —Comentó Ariana con sarcasmo.
— ¿Qué es un Fertari?
—Ferrari. Es un tipo de auto muggle, es lujo...
—Oh, Merlín. ¡Cierren la boca! —Los dos se callaron. — Bien, como decía ¿qué paso desde ahí?, ¿quién me remplaza?, ¿desparecí?, ¿me están buscando?, ¿cómo está mamá?
—Te trajimos aquí, es como si te quitáramos el alma de tu cuerpo y lo pusiéramos en otro... —Ariana se estremeció. — Nadie; estás viva, sí, pero te atropellaron... Tú, bueno, quedaste en estado vegetativo...—Ariana perdió el color de su cara y Wonnie se apresuró a añadir: — pero no te mataran, tu familia tiene fe, (nosotros ayudamos un poco en eso) te mantendrán viva mientras tú estás aquí, enserio tranquila...
— ¿Cómo piensan hacerlo?, duraré años aquí, ellos son listos... ¡no me pueden pagar el hospital por siete años cuando no tengo esperanzas de sobrevivir!, ¡apuesto a que ni siquiera sabes... ¡MI FAMILIA NO ES RICA!
—Lo sabemos, los ayudaremos. NO te dejaremos aquí, a menos que... Los dos lo decidan así... —Wonnie parecía nerviosa, la chica de doce años tranquila, y juguetona que no mataría a una mosca que había observado (por meses) y elegido para esa misión parecía completamente diferente a la que tenía frente a ella mirándola como si le deseara una muerte lenta y dolorosa.
Ariana no le hizo caso y bufó, estúpidos seres superiores que habían planeado todo esto. Ellos tenían la culpa de todo, ni siquiera era Wonnie la culpable sólo ellos (aunque vengarse con ella era tentador), estúpidos, estúpidos, estúpidos. ¡Su familia no era estúpida!, ¿qué caso tendría dejarla vivir? ¡No todos eran tan estúpidos como ellos!
Chasqueo la lengua con irritación y se dejó caer en el sofá, no sabía siquiera a quien o a quienes llamaba estúpidos...
Wonnie comenzo a urgar en uno de sus bolsillos, Ariana se sorprendió cuando la vio sacar dos marcos de fotografías (uno rojo, y el otro azul), pero no fue nada cuando la vio sacar a su peluche favorito también: Alex era una perrita de peluche que usaba un suéter y moños color rosa pastel, ella había sido su amiga de la infancia, la que abrazaba por las noches cuando Drake le hacía alguna broma demasiado cruel y que desde hace cuatro años había estado abandonada en algún rincón de su desordenada habitación (¡Es la Sala de Menesteres del sexto libro, mamá!).
—Les traje estos regalos, son recuerdos de su época. —Dijo Wonnie, tendiéndoles las fotografías, la azul para Ariana, la roja para Ron, (junto con una cajita negra).
Ariana la tomó, era una fotografía reciente, de las Navidades pasadas, estaban todos juntos, su mamá, su hermano, la abuela y ella, abrigados hasta los dientes y mostrando una sonrisa a la cámara. Oh, cómo los extrañaba.
— Sólo lo pueden ver ustedes, tienen un hechizo, cuando alguien más lo veo sólo verá una foto de los Weasley de esta época y una foto de la familia Bones, en el caso de Ariana.
Los dos asintieron, y Ron habló, él no había hablado desde que Ariana le pidió no tan amablemente que cerrara la boca.
— ¿Qué me hicieron a mí?, ¿también estoy en estado vegelativo?
—Vegetativo...
–No, cuando derrotes a Voldemort y decidas volver o no volver a tu época...
—Claro que volveré.
—No habrá transcurrido ni un minuto desde que te fuiste. Todo seguirá igual.
Ariana se enfureció. — ¡Es injusto!, debieron hacer lo mismo con los dos.
—Cariño, si esto fuera justo ninguno de los dos estaría aquí. —Dijo Wonnie, y Ariana tuvo que darle la razón. — Además, Ron ya ha participado en esta guerra, los jefes tienen cierta preferencia y, repetir los métodos con los dos no sería original.
— ¿Original? Métanse su originalidad por donde les quepa...
— ¡No es justo!, los dos estamos aquí, sería bueno que nos trataran como iguales. —Dijo Ron. Bien, Ron. Tú me apoyas.
— ¡Yo no controlo todo lo que pasa!, ¡sólo digo y hago lo que me dicen! —Gritó Wonnie, desapareciendo.
Ups, habían hecho enojar a su mensajera.
A la mañana siguiente el Sol quemaba la nuca de Ariana, había dormido boca abajo llorando un poco abrazada a Alex, que era su más preciada y odiada posesión.
— ¿Por qué nos dan estás cosas? –Ariana había preguntado a Ron después de que Wonnie desapareciera.
—Para manipularnos, nos quieren recordar constantemente que tenemos otra vida además de ésta, si lo olvidamos, aunque sea un poco… Estarán fritos. — Ella había tenido la misma conclusión, sólo tenía la esperanza de que Ron tuviera alguna menos… Cruel.
Se sentó en la cama y vio a sus compañeras, además de Parvati y Lavender, ella y Hermione compartían habitación con Lucy, una hija de muggles que nunca había sido demasiado importante para ser mencionada en los libros.
Ariana gimió y deseó nunca haber despertado: ese día era la primera clase de vuelo de primer año, lo que significaba un día agitado.
Ella y Hermione bajaron a desayunar, Hermione no se había enterado de que había llorado toda la noche, o si lo sabía (que era mucho más probable) no lo comentó y si lo comentaba Ariana diría que había tenido una pesadilla o que extrañaba su hogar (lo cual era, en parte, cierto).
Durante el desayuno se sentaron junto a Harry y Ron. Hermione leía Quidditch a través de los tiempos, haciendo caso omiso de las miradas aburridas y exasperadas que le dirigían de vez en cuando. El correo llegó justo cuando Ron le comentaba a Hermione lo fácil que era volar y que no tenía por qué estar tan nerviosa y ella replicaba que no estaba nerviosa, sólo quería saber todo lo necesario.
Bee llegó con una carta hasta Ariana, era de los Señores Bones. Le desató la carta a la lechuza distraídamente mientras escuchaba la discusión que habían iniciado Ron y Hermione, una pelea al estilo Ronmione.
—El Quidditch no es algo que se estudia, Hermione. —Explicó Ron, con un tono paciente, como si le enseñara a un niño pequeño que dos más dos eran cuatro. Lo cual irritó más a Hermione.
—Claro que sé eso, Ronald. —Ariana estaba segura de que no. — Si fuera contrario tú de seguro no sabrías jugar.
Se oyeron carcajadas y varios "¡Ohh!", los niños amaban las peleas. Ariana no se rio, ni abucheó.
—Hermione, ¿no te estás pasando un poco? Weasley sólo te estaba tratando de tranquilizar.
— ¡No estoy nerviosa! — Qué terca…
—Por supuesto que no, yo nunca dije eso. —Replicó Ariana, abriendo la carta.
—Sólo intento ser amable… —Dijo Ron, con las orejas escarlata.
Querida Susan:
Estamos orgullosos de que seas Gryffindor, si te soy sincero pensé que estarías en Ravenclaw. Yo también. Pero estamos orgullosos, tu mamá y yo. Ten cuidado con McGonagall, suele ser un poco estricta, pero ama a sus alumnos. Nos alegramos de que hayas encontrado una amiga tan pronto, y que sea hija de muggles, desde que dejaste de asistir a tu colegio muggle te alejaste de ese mundo. Oh, había asistido a un colegio muggle...Esperamos que te la pases bien en Hogwarts, el ajedrez mágico que nos pediste en la carta pasada llegará el fin de semana, no te preocupes. Estudia mucho, Hogwarts tiene una de las bibliotecas más completas sobre el mundo mágico. A lo lejos Ariana escuchó a Harry callando a Ron y Hermione.Te extrañamos.
Con cariño,
Mamá y papá.
Ariana dobló la carta y volvió a prestar atención al Gran Comedor. Ron y Hermione había parado de discutir, por lo menos se hablaban y Ron no se portaba como un patán. Neville se encontraba hablando sobre su recordadora.
—La abuela sabe que olvido cosas y esto te dice si hay algo que has olvidado hacer. Miren, uno lo sostiene así, con fuerza, y si se vuelve roja… Oh… —Se puso pálido. Neville era más adorable de lo que imaginaba Ariana. La recordadora se tiño de color escarlata. —… es que has olvidado algo…
Draco llegó a la mesa de Gryffindor y le arrebató la Recordadora a Neville, Harry y Ron saltaron de sus asientos, pero la Profesora McGonagall ya estaba allí. Fiel al libro.
— ¿Qué sucede?
—Malfoy me ha quitado mi Recordadora, Profesora.
Draco dejó rápidamente la Recordadora en la mesa. —Sólo la estaba mirando.
Y se alejó seguido de Crabbe y Goyle.
Cuando esa misma tarde a las tres y media Ariana se paró alado de una de las viejas escobas del colegio, sintió por primera vez nervios, Harry y Ron a su lado ya habían conseguido a su escoba, la de Hermione rodaba por el suelo y la de Neville, ella no hacía nada. Ariana no había gritado siquiera.
—ARRIBA —Repitió junto a algunos rezagados. Ella nunca le había temido a las alturas, la escoba no tendría por qué no saltar. La escoba saltó a su mano, sólo que sus torpes manos tardaron en poder sujetarla.
La señora Hooch les enseño a montar la escoba, y luego recorrió la fila, corrigiéndoles la forma de sujetarla.
—Ahora, cuando haga sonar mi silbato, den una fuerte patada. —Dijo la señora Hooch. — Mantengan las escobas firmes, elévense un metro o dos y luego bajen inclinándose suavemente. Preparados… tres… dos…
Y lo que paso todos lo saben… La señora Hooch se fue a dejar a Neville a la enfermería y les ordenó que se quedaran ahí y que no usaran las escobas, orden que no fue cumplida, por supuesto.
Malfoy se río a carcajadas. Eran repugnante.
— ¿Vieron la cara de ese gran zoquete?
Los Slytherins le hicieron coro.
—¡Cierra la boca, Malfoy! —Dijo Parvati.
—Oh, ¿estás enamorada de Longbottom? —dijo Pansy Parkinson. —Nunca pensé que te podían gustar los gorditos llorones, Parvati.
—Nadie ha pedido tu opinión, Parkinson. —dijo Ariana, con tono mordaz. Se escucharon algunos "Oohh", ¿mencione ya que a los niños les encantan las peleas?
— ¡Miren! —Dijo Malfoy, agachándose y recogiendo la Recordadora de la hierba—. Es esa cosa estúpida que le mandó la abuela a Longbottom.
—Trae eso aquí, Malfoy —dijo Harry con calma.
Malfoy sonrió con malignidad. —Creo que voy a dejarla en algún sitio para que Longbottom la busque... ¿Qué te parece... en la copa de un árbol?
— ¡Tráela aquí! —rugió Harry, pero Malfoy había subido a su escoba y se alejaba
— ¡Ven a buscarla, Potter! —Harry cogió su escoba.
Hermione trató de detenerlos pero sin mucho éxito. Harry se elevó y fue tras Draco. Todos estaban atentos a ellos, pero a la vez a la pelea de abajo.
—Apuesto dos galeones a que ese Potter terminará en la enfermería o expulsado. —Dijo con malicia Blaise Zabini.
—Cinco galeones a que Harry no hace ninguna de las dos. —Apostó Ariana, Hermione le dio una mirada de advertencia.
Y mientras Harry y Draco discutían, las apuestas iniciaron. Slytherins apostando a Draco, Gryffindors a Harry. Ariana era la encargada del dinero de los Gryffindors y Zabini de los Slytherins.
— ¡Atrápala si puedes, entonces! —El grito de Draco interrumpido el barullo de abajo. Todos vieron como aventaba la recordadora y como Harry descendía ganando velocidad hacía ella, como la atrapaba y bajaba suavemente, y ni siquiera sabía volar en escoba.
— ¡HARRY POTTER!
Ariana dio un brinco. La profesora McGonagall corría hacia ellos. Harry se puso de pie, temblando.
—Nunca... en todo mis años en Hogwarts...
La profesora McGonagall estaba casi muda de la impresión, y sus gafas centelleaban de furia.
—¿Cómo te has atrevido...? Has podido romperte el cuello...
—No fue culpa de él, profesora...
—Silencio, Parvati.
—Pero Malfoy...
—Ya es suficiente, Weasley. Harry Potter, ven conmigo.
Observaron en silencio, como la profesora se alejaba con Harry detrás. Los Slytherins parecían triunfantes, Zabini extendió su brazo hacía Ariana, esperando sus galeones.
—Espera. No sabemos para qué se lo han llevado.
—No seas ingenua, Bones. Lo castigaran o expulsaran, sólo dame el dinero. —Dijo Blaise, con expresión serena. Atrás de él Malfoy parecía confundido.
— ¿Apostaron? —Sí, no te pavones por ello.
—Te lo daré a la hora de la cena, cuando sepamos qué ocurrió. —Blaise accedió.
A la hora de la cena todos los Gryffindors parecían expectantes, y se sentaron cerca de Ron y Harry, dejando a Susan a su lado. Hermione se había enojado con ella por apostar y ahora estaba un poco apartada, (—Fue divertido. —No para mí, ¡apostaron por una pelea! —Pero lo fue…) Ron la había incluido a su conversación con Harry, él también había apostado. Harry había seguido hablando como si nada, Susan parecía de confianza y le caía bien.
— ¡Serás el buscador más joven en un siglo! —Lo sé, me lo ha dicho Wood. Tengo que empezar a entrenarme la semana que viene —dijo Harry—. Pero no se lo digan a nadie, Wood quiere mantenerlo en secreto.
Fred y George Weasley se acercaron.
—Bien hecho —dijo George en voz baja—. Wood nos lo contó. Nosotros también estamos en el equipo. Somos golpeadores.
—Te lo aseguro, vamos a ganar la copa de quidditch este curso —dijo Fred—. No la ganamos desde que Charlie se fue, pero el equipo de este año será muy bueno. Tienes que hacerlo bien, Harry. Wood casi saltaba cuando nos lo contó. —Luego se volvió hacía Ariana, quien imploró mentalmente que no se sonrojara. — Escuchamos por ahí que los de primero estaban apostando, —Le sonrió encantadoramente. — Bien hecho.
—Bueno, tenemos que irnos. Lee Jordan cree que ha descubierto un nuevo pasadizo secreto, fuera del colegio.
—Seguro que es el que hay detrás de la estatua de Gregory Smarmy, que nosotros encontramos en nuestra primera semana.
Fred y George se fueron. — ¿Apostaron?
—Sí, ¿te molesta? —Harry negó con un gesto de cabeza.
A ellos se acercaron Malfoy, atrás de él iban Crabbe, Goyle y Zabini, este último seguramente se quería asegurar de quien había ganado la apuesta.
— ¿Comiendo la última cena, Potter? ¿Cuándo coges el tren para volver con los muggles?
—Eres mucho más valiente ahora que has vuelto a tierra firme y tienes a tus «amiguitos» —dijo fríamente Harry.
— ¿O sea que te quedas? —Preguntó Zabini. —Por supuesto que sí.
—Quiero que Potter lo diga, Ravenclaw fallida. —Ariana estuvo a punto de darle un puñetazo a su estúpida cara italiana.
—No le digas así, y sí me quedo. —Dijo Harry — Paga la apuesta ya, Zabini.
Zabini a regañietes, le tendió a Ariana un pequeño saco lleno de galeones, tontos Slytherins ricos.
—Nos veremos cuando quieras —dijo Malfoy—. Esta noche, si quieres. Un duelo de magos. Sólo varitas, nada de contacto. ¿Qué pasa? Nunca has oído hablar de duelos de magos, ¿verdad?
—Por supuesto que sí —dijo Ron, interviniendo—. Yo soy su segundo. ¿Cuál es el tuyo?
Malfoy miró a Crabbe y Goyle, valorándolos. Pero Zabini habló primero. —Yo lo seré.
Malfoy pareció sorprendido pero asintió. — A medianoche, ¿de acuerdo? Nos encontraremos en el salón de los trofeos, nunca se cierra con llave.
Y se fue. — ¿Qué es un duelo de magos? —Preguntó Harry—. ¿Y qué quiere decir que seas mi segundo?
—Bueno, un segundo es el que se hace cargo, si te matan —dijo Ron y añadió rápidamente—: Pero la gente sólo muere en los duelos reales, ya sabes, con magos de verdad. Lo máximo que pueden hacer Malfoy y tú es mandarse chispas uno al otro. Ninguno sabe suficiente magia para hacer verdadero daño. De todos modos, seguro que él esperaba que te negaras.
— ¿Y si levanto mi varita y no sucede nada?
—Pícale los ojos con ella.
—La tiras y le das un puñetazo en la nariz
—Dale de palazos —Mejor patéalo…
—En el estómago. —Y en la ingle.
—Tira de su sedoso cabello, apuesto a que se echa a llorar. —Comentó una nueva voz, los tres se giraron, era Hermione, que se había sonrojado hasta la medula al ver que la observaban. Al parecer había dicho en voz alta lo que pensaba. Se aclaró la garganta. —No pude dejar de oír lo que tú y Malfoy estabais diciendo y no debes andar por el colegio de noche. Piensa en los puntos que perderás para Gryffindor si te atrapan, y lo harán. La verdad es que es muy egoísta de tu parte.
—Y la verdad es que tu idea es buena, la tomaré en cuenta—respondió Harry, haciendo caso omiso de la advertencia.
Jueves, 11 de septiembre, 1991. 10:15 p.m.
Esa noche Ariana le deseo buenas noches a sus compañeras de cuarto (incluso a Hermione, pero sólo recibió silencio), fingió ponerse la pijama y que estaba profundamente dormida.
10:30 p.m.
Ariana se incorporó en la cama y se sentó a lo indio en ella, según su reloj (Sí, el cuerpo de Susan incluía uno, completamente gratis) eran las diez y media, Harry y Ron bajaban a las 11:30, pero debía mantenerse despierta, no estaba segura de cuando bajaría Hermione.
Bostezó. Ojalá que bajara pronto...
11:05 p.m.
Ariana se encontraba casi dormida, con un pie en los brazos de Morfeo y otro (el más terco) escuchando atentamente cualquier sonido de la habitación.
Quedarse en vela esperando a que suceda algo es difícil, más si tienes como compañía sólo las respiraciones de personas profundamente dormidas, eso hará que te duermas más rápido...
¡Crac!
El sonido de la madera crujiendo despertó por completo a Ariana. Escuchó atentamente: pies descalzos caminando por la madera; un suave, casi imperceptible, sonido al abrir la puerta; el Cloc de la puerta al cerrarse. En definitiva: Ya era hora de que se levantara.
11:10 p.m.
Ariana bajó tratando de hacer el mínimo sonido, pero a media noche cuando casi todo el castillo estaba dormido (¡Hasta Fluffy!) cualquier nimiedad de sonido se multiplicaba por treinta y Ariana pensó que o Hermione estaba muy sorda, o enfrascada en la lectura del grueso libro que llevaba en sus manos.
Se sentó en los últimos escalones de la escalera de caracol, pasó su varita por sus dedos y esperó.
11:20 p.m.
Ariana se preguntaba por qué Hermione sentía la necesidad de estar allí a las once diez cuando sabía que el duelo era a la media noche; por qué no había aparecido ningún elfo doméstico y qué rayos estaba leyendo Hermione.
Se preguntaba si Hermione era sorda, o ciega o no muy observadora cuando esta comenzó a moverse, aparentemente se estaba impacientando.
11:32 p.m.
Ariana se preguntaba por qué Gryffindor era tan endemoniadamente rojo cuando escucho dos pares de pies bajando la escalera de los chicos.
Genial, pensó, hagan un poco más de ruido y hasta los Hufflepuff podrán oír.
Las siluetas de dos chicos aparecieron en la Sala Común.
—No puedo creer que vayas a hacer esto, Harry. —Dijo Hermione con el ceño fruncido.
— ¿Qué hacen aquí? —Dijo Ron, con un tono de fingida sorpresa. Demasiado fingida. Pasando la mirada de una a otra.
—Estuve a punto de decírselo a tu hermano —contestó enfadada Hermione—. Percy es el prefecto y puede detenerlos. Y sólo soy yo.
Harry señaló amablemente a Ariana, parada al final de la escalera de los dormitorios de las chicas. Hermione la fulmino con la mirada, Ariana sólo sonrió y levantó dos dedos en símbolo de paz.
—Vamos —dijo Harry a Ron. Empujó el retrato de la Dama Gorda y se metió por el agujero.
Hermione los siguió y en realidad sí parecía una gansa enfadada. Ariana se apresuró a seguirlos.
—No les importa Gryffindor; ¿verdad? Sólo les importa lo vuestro. Yo no quiero que Slytherin gane la copa de las casas y vosotros van a perder todos los puntos que yo conseguí de la profesora McGonagall por conocer los encantamientos para cambios.
—Vete. —Dijo Harry.
—Muy bien, pero les he avisado. Recuerden todo lo que les he dicho cuando estén en el tren volviendo a casa mañana. Son tan...
— ¿Irresponsables, tal vez? —Sugirió Ariana, Hermione le fulmino con la mirada, por segunda vez.
—Tú no te quedas atrás. —Dijo Hermione, retrocediendo hasta el retrato de la Dama Gorda para volver, pero la tela estaba vacía. Gracias, Dama Gorda...
— ¿Y ahora qué voy a hacer? —preguntó con tono agudo.
Nadie respondió. Harry y Ron casi habían llegado al final del pasillo cuando Hermione corrió hacía ellos.
—Voy con vosotros —dijo Hermione. —Yo también.
—No, no. Vuelvan. —Dijo Ron, tratando de parecer enfadado.
— ¡No me quedaré aquí, esperando a que Filch me atrape!
—Si nos encuentran a los cuatro, yo diré la verdad, que intentaba detenerlos y ustedes me apoyarán.
—No te creerán. —Dijeron Ariana y Ron al mismo tiempo.
— ¡Cállense, los tres! —dijo Harry en tono cortante—. He oído algo.
Neville. Ya estaban completos.
— ¿La Señora Norris? —resopló Hermione, tratando de ver en la oscuridad.
— ¡Gracias a Dios que me encontraron! Hace horas que estoy aquí. No podía recordar el nuevo santo y seña para irme a la cama.
—No hables tan alto, Neville. El santo y seña es «hocico de cerdo», pero ahora no te servirá, porque la Dama Gorda se ha ido no sé dónde.
— ¿Cómo está tu muñeca? —preguntó Harry
—Bien —contestó, enseñándosela—. La señora Pomfrey me la arregló en un minuto.
—Eso es genial, Neville. Bueno, nosotros tenemos que ir a otro lugar... Nos vemos más tarde.
— ¡No me dejen! —dijo Neville, tambaleándose—. No quiero quedarme aquí solo. El Barón Sanguinario ya ha pasado dos veces.
Nadie dijo nada, lo que Neville interpretó como un sí.
11:50
Harry los guío a los cuatro, era un buen líder, en verdad. Subieron rápidamente por una escalera hasta el tercer piso y entraron de puntillas en el salón de los trofeos. No había nadie. Harry empuñó su varita, e inconscientemente los otros cuatro lo imitaron. Los minutos pasaron.
Entonces un ruido en la habitación de al lado los hizo saltar. Harry ya había levantado su varita cuando se escucharon unas voces.
—Olfatea por ahí, mi tesoro. Pueden estar escondidos en un rincón. —Dijo Filch, hablando con la Señora Norris.
Harry gesticulo a los demás para que lo siguieran y juntos se escabulleron hasta la puerta más alejada a la voz de Filch.
—Tienen que estar en algún lado —lo oyeron murmurar—. Probablemente se han escondido.
— ¡Por aquí! —señaló Harry a los otros y, aterrados, comenzaron a atravesar una larga galería, llena de armaduras. Neville estaba a punto de gritar de terror cuando Ariana tapo su boca con sus manos, gesticulando desesperadamente que no lo hiciera.
Harry susurró que corrieran y todos obedecieron. Pasaron por el quicio de la puerta y corrieron de un pasillo a otro. Ron y Ariana sabían que Harry no tenía ni idea de a dónde iba, pero ellos sí, así que Ron hizo que pasaran a través de un tapiz que Harry casi ignoraba y se encontraron en un pasadizo oculto, lo siguieron y llegaron cerca del aula de Encantamientos, que sabían estaba a kilómetros del salón de trofeos.
—Creo que lo hemos despistado —dijo Harry, apoyándose contra la pared fría y secándose la frente. Neville estaba doblado en dos, respirando con dificultad.
Ariana tosía, tratando de respirar. Ella no era una aficionada a los deportes y no estaba en condiciones.
—Te... lo... dije —añadió Hermione, apretándose el pecho—. Te... lo... dije.
—Tenemos que regresar a la torre Gryffindor —dijo Ron— lo más rápido posible.
—Malfoy te engañó —dijo Hermione a Harry—. Te has dado cuenta, ¿no? No pensaba venir a encontrarse contigo. Filch sabía que iba a haber gente en el salón de los trofeos. Malfoy debió de avisarle.
—Ese rubio teñido...
Los cuatro medio sonrieron.
—Vamos. —Dijo Harry.
Apenas comenzaban a caminar cuando Peeves apareció. Dio un grito de alegría cuando los vio.
—Cállate, Peeves, por favor... Nos vas a delatar.
Peeves cacareó. — ¿Vagabundeando a medianoche, novatos? No, no, no. Malitos, malitos, los agarrarán del cuellecito.
—No, si no nos delatas, Peeves, por favor.
—Debo decírselo a Filch, debo hacerlo —dijo Peeves, con voz de santurrón, pero sus ojos brillaban malévolamente—. Es por vuestro bien, ya lo sabéis.
—Por favor, Peeves. Déjanos pasar. —Suplicó Ariana.
Peeves carcajeó y los torturó un rato más, Ariana se había dado cuenta de que esa vez Ron no había golpeado Peeves, ni le había gritado, probablemente para no alterarlo.
—Oh, está bien los dejaré ir, esta vez. —Dijo Peeves y se alejó.
Ni siquiera tuvieron tiempo para sentirse aliviados, tan pronto como Peeves dobló el pasillo gritó: — ¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA! ¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA, EN EL PASILLO DE LOS ENCANTAMIENTOS!
—Traidor —Mascullo Ron, antes de que pasaran debajo de Peeves y corrieran para salvar sus vidas, recto hasta el final del pasillo, donde chocaron contra una puerta...
— ¡Estamos listos! —gimió Ron, mientras empujaban inútilmente la puerta, Ariana sabía que fingía—. ¡Esto es el final!
—Oh, muévete —ordenó Hermione. Cogió la varita de Harry, golpeó la cerradura y susurró—: ¡Alohomora!
Ariana escuchó el Clic de la puerta y rápidamente todos entraron. Escucharon como Peeves le decía nada a Filch. Ariana fue la primera en voltear, ansiosa por ver a Fluffy. Y allí estaba, mirándola a los ojos, era realmente enorme y monstruoso, Ariana no pudo reprimir un "Oooh" asombrado.
—Él cree que esta puerta está cerrada —susurró Harry—. Creo que nos vamos a escapar. ¡Suéltame, Neville! —Porque Neville le tiraba de la manga desde hacía un minuto—. ¿Qué pasa?
12:20
Harry se dio la vuelta y su boca formó una O perfecta al ver a Fluffy. Harry tardó unos segundos en reaccionar, pero finalmente lo hizo. Abrió la puerta y todos salieron rápidamente por ella. Ni bien estaba cerrada la puerta cuando los cinco empezaron a correr, Ariana ni siquiera volteó para ver atrás hasta que llegaron al retrato de la Dama Gorda.
— ¿Dónde os habíais metido? —les preguntó.
—Nada, nada. —Dijo Ariana rápidamente. — Hocico de cerdo, hocico de cerdo.
Los cinco se desplomaron en los sillones, Ariana oculto su rostro entre sus manos, Fluffy era mucho más terrorífico de lo que pensaba y Hogwarts mucho más excitante.
—¿Y de qué profesor creen que sea mascota ese perro? —Preguntó Ariana, viendo que Ron no decía nada.
— ¿Es que no tenéis ojos en la cara? —dijo Hermione, enfadada—. ¿No visteis lo que había debajo de él?
— ¿El suelo? —Sugirió Harry—. No miré sus patas, estaba demasiado ocupado observando sus cabezas.
—No, el suelo no. Estaba encima de una trampilla. Es evidente que está vigilando algo. —Se puso de pie, mirándolos indignada. —Espero que estéis satisfechos. Nos podía haber matado. O peor, expulsado. Ahora, si no os importa, me voy a la cama.
Y, sin más, subió a los dormitorios. Ariana también se puso de pie. —Yo me voy, que tengan bonita noche, chicos. —Dijo con sorna. Y luego añadió: —Recupérate, Neville.
¿Mencione ya que lo siento? Prometo ser más constante, sólo que con las tareas, exámenes, y el endemoniado horario no he tenido tiempo de pensar en la historia, pero aquí les traigo este capitulo, es bastante largo porque abarque una de las visitas de Wonnie y el capitulo del duelo a media noche, espero que les guste. Gracias por los reviews que hasta ahora han mandado, y las personas que pusieron esta historia a favoritos, por ustedes subí este capitulo. Hum, el siguiente capitulo no relatará a Ariana, se enfocará en Hermione, haré varios así, que no enfoquen lo que Ariana vivió, supongo...
Oh, y puse a Alex porque Ariana es sólo una niña y quería poner algo que le recordara los buenos momentos con su familia, y no se me ocurrió otra cosa que un peluche y una fotografía, espero que les haya gustado. Dejen Reviews si les gusto, lo odiaron, quieren que deje de escribir, me odian, aman la historia, creen que estoy loca por escribir semejante basura, me quieren demandar por escribir, etc...
!Accio reviews¡
Con cariño,
Iris.
P.d: El capitulo se llama Nix porque es la diosa griega de la noche, y casi todo lo importante pasa en la noche, ¿a qué soy original? xD
P.d 2: Nos leemos pronto, espero.
