¡YAHOI! ¿Me habíais echado de menos? Yo elijo pensar que sí, que sin mí no podéis vivir (?).

Bueno, pues he decidido participar en este proyecto que me pilló desprevenida en el fb: ¡el omegacember!

¡Sí, habéis leído bien! Tooooooooooooooooooodo un mes dedicado al fascinante mundo del omegaverse. Por supuesto, con mi OTP como protagonista, cómo no podía ser de otra manera. Así que nada, espero que lo disfrutéis.

Ah, sí, casi se me olvida: van a ser capítulos diarios. Lo único que no sé cuándo publicaré. A veces será por la mañana, otras veces por la tarde y otras veces, por la noche. No puedo deciros un horario fijo porque no lo sé ni yo. Además, ahora en navidades voy a estar trabajando en una juguetería como personal de refuerzo de lunes a domingo, y no tengo ni idea aún de cuál va a ser mi horario.

(Y a los que queréis saber: sí, me viene bien ahora mismo trabajar por temporadas porque, como comenté, me estoy preparando un examen para funcionaria del estado, así que me viene de perlas para poder compatibilizar una cosa con otra y así sacar algo de dinero mientras tanto xD).

Ale, ya está todo lo que quería contaros (que seguramente a la mayoría os importa un pimiento mi vida o mi situación personal, pero ya sabéis que me gusta mucho hablar xD).

Prompt de hoy: voz.

Hora de publicación: 12:49. Hora peninsular española.


Dulce


―No te muevas de ahí. ―Se congeló en el sitio y suspiró, intentando por todos los medios parecer despreocupado y relajado.

―Solo iba al cuarto de baño'ttebayo.

―Sí, y yo soy una hermanita de la caridad.

―Bueno, podrías. ―La expresión cabreada de su interlocutor lo hizo levantar las manos a modo de rendición―. Vale, vale, ya vuelvo a ese muermo de fiesta… Joder, cómo están los ánimos. ¿Temari no te da bola o qué?

―No metas a mi compañera en esto―gruñó el receptor de su patético intento de broma―. Naruto, esto es serio. Es tu primera presentación oficial ante los medios de comunicación, los inversores y los consejeros delegados de otras empresas. Hemos luchado mucho por llegar hasta aquí. No lo fastidies ahora. ―Naruto frunció el ceño ante la reprimenda.

―Sé lo que hemos luchado, yo estaba ahí, en primera fila ¿recuerdas?

―Pues tómatelo más en serio, por favor. ―Naruto parpadeó.

―¿Shikamaru? ¿Te encuentras bien?

―Estaría mejor si mi jefe no se escaqueara cada dos por tres de sus obligaciones―masculló, metiendo la mano en el bolsillo de la chaqueta de su traje en busca de un paquete de cigarrillos y un mechero. Sacó uno y se lo colocó entre los labios, lo encendió y dio una larga calada.

Naruto suspiró. Shikamaru tenía razón.

―Lo siento. Es solo que… es demasiado… estresante. ―Shikamaru alzó una ceja.

―¿Qué pensabas? ¿Qué iba a ser un camino de rosas? Jiraiya lo hizo bien, manteniendo a flote lo que quedaba de la compañía. Pero somos nosotros los que tenemos que llevarla a hora a lo más alto. ―Naruto hizo una mueca al pensar en el hombre que lo había criado, que era su padrino pero que para él había sido su abuelo―. Mucha gente se ha dejado el lomo por ti. Y sé que esos que están ahí dentro son un grano en el culo. Pero son la élite, de los que vamos a depender en el futuro. Y si no apuntalas ahora tu posición… ―Naruto gruñó.

―Ya lo sé. No hace falta que me lo recuerdes. ―Shikamaru se puso rígido ante su tono de voz.

―Pues entonces entra ahí y empieza a hacer lo que sea que hagan los alfas para mostrar que son más dominantes y más machos que los demás. ―Naruto apretó los labios para no reírse.

―Estoy seguro de que Temari te ha mostrado eso más de una vez. ―Shikamaru puso los ojos en blanco.

―Es un fastidio, pero es mi mujer y la quiero―dijo Shikamaru, con toda la naturalidad del mundo, terminándose el cigarrillo y lanzándolo al suelo para pisarlo y así apagarlo con su reluciente zapato negro―. ¿Vamos?―Naruto respiró, resignado.

―Supongo. ―Shikamaru asintió y se puso tras él, esperando a que Naruto liderase la marcha. Arreglándose la corbata y la chaqueta, se pasó las manos por el cabello rubio corto―echaba un poco de menos los alborotados mechones que habían dado fe de su naturaleza impetuosa y rebelde―y ambos se encaminaron hacia el enorme salón en el que se realizaría su nombramiento oficial como nuevo presidente de la compañía Namikaze.

Era una formalidad por la que tenía que pasar, por mucho que odiara aquellos actos vacíos y sin sentido, que solo servían para apuntalar a las viejas generaciones alfas en sus puestos de poder y riqueza.

Pero por eso se había partido la espalda, para llegar adónde estaba hoy y poder así cambiar las cosas. La empresa Namikaze era una de las más prósperas y poderosas. Había estado de capa caída un tiempo, tras la muerte de sus padres cuando él no era más que un bebé, pero en los últimos años Shikamaru y él habían conseguido devolverle su antiguo esplendor.

Pero no había sido él solo. Shikamaru había estado ahí, ayudándolo en cada paso del camino. Sus mejores amigos, Sasuke y Sakura―un alfa malhumorado y una beta con muy mal genio que ahora era omega al haber Sasuke, al fin, aceptado sus sentimientos―también habían estado ahí, apoyándolo. Jiraiya, su padrino o el hombre que consideraba como su padre, Iruka Umino, un maestro omega que había tenido en primaria y que no lo había dejado solo incluso después de crecer y dejar de ser su alumno. Kakashi, su profesor de secundaria, que era como un hermano mayor molesto pero fiable.

Todas esas personas confiaban en él, y no iba a decepcionarlos.

Así que, echando a un lado sus reticencias, puso su mejor sonrisa y se adentró en la sala. Aspiró hondo y casi tuvo ganas de vomitar por todos los matices que captó. Como alfa, siempre había tenido unos sentidos más agudos que el resto, incluso dentro de los alfas, su olfato, su vista, su fuerza o su velocidad destacaban muy por encima de la vida. Aunque su punto fuerte era la resistencia, tenía energía para dar y tomar.

Así que decidió utilizarla para lograr su objetivo aquella noche: caerle en gracia al mayor número de gente posible y afianzar así su posición dentro de aquel mundo lleno de prejuicios.

Empezó a deambular entre los numerosos invitados, estrechando manos, dando palmadas en la espalda y prodigando sonrisas falsas por doquier. Estaba hablando con un político importante cuando Shikamaru se materializó a su lado como por arte de magia. Naruto se puso en guardia al sentir la tensión de su mano derecha. Se disculpó con el hombre con el que conversaba y se giró hacia Shikamaru, sin borrar en ningún momento la sonrisa de su rostro.

―Adivina quién acaba de entrar. ―Naruto se inclinó más cerca, para que así su amigo pudiese hablarle al oído sin que los demás se percataran de lo que decían. A veces, era un fastidio estar rodeada de gente con tan buen oído.

―¿Quién?

―Hiashi Hyūga. ―Naruto sintió que toda su columna se ponía rígida y tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no mostrar en su rostro la ira que de pronto sentía.

―¿Cómo-

―Es el dueño de la mitad de las empresas del país, Naruto, y está involucrado en los consejos de administración de las restantes. Prácticamente tiene el monopolio de casi todo. Somos la competencia, supongo que habrá venido a evaluarnos. ―Naruto apretó los dientes.

―No tiene ningún-

―Sé lo que sientes, pero es alguien importante, Naruto. Sé que lo de Neji es reciente y que le tienes ganas, pero no es el momento. Si quieres ir a por él, tendrá que ser en el mismo juego. ―Naruto arqueó una ceja al escuchar a su amigo. Shikamru se encogió de hombros―. Hiashi es un hombre orgulloso y de la vieja escuela. Nada le dolerá más que ver cómo alguien que según sus principios jamás debió nacer llegar a lo más alto y estar un peldaño o dos por encima de él. Ahora, sé un buen chico y ve a saludarlo. ―Shikamaru sabía cómo ponerle los puntos sobre las íes.

Haciendo gala de su mejor sonrisa, se encaminó con pasos largos y despreocupados hasta dónde se encontraba ahora Hiashi Hyūga, que parecía estar hablando con una jovencita que, a juzgar por el parecido, debía de ser una de sus hijas. Según la información que poseía Naruto tenía dos, y había decidido traer a una de ellas como acompañante. La postura y los gestos de la chica le indicaron a Naruto que también era una alfa.

―Hiashi. ―Naruto observó con perverso placer cómo la espalda del hombre se tensaba y tardaba un segundo más de lo que era apropiado en girarse para enfrentarlo. Su rostro parecía tallado en piedra.

―Naruto. ―El rubio sonrió de manera brillante, haciendo que Hiashi arrugara casi imperceptiblemente la frente.

―Me alegra que hayas podido venir. Espero que estés disfrutando de la velada. ―Antes de que su padre pudiese hablar, fue su hija la que contestó.

―Lo cierto es que es una fiesta encantadora. Gracias por invitarnos, señor Uzumaki. ―Naruto suavizó sus rasgos al dirigirse a la joven, quien no tenía la culpa de tener a un indeseable como padre.

―Le agradezco el cumplido, señorita Hyūga. ―La aludida sonrió.

―Con Hanabi llega, señor Uzumaki. ―Naruto amplió su sonrisa.

―De acuerdo, Hanabi. Entonces puedes llamarme Naruto.

―Así lo haré. ―Hiashi observaba el intercambio de saludos con mirada dura. Naruto supo, sin necesidad de indagar en su olor, que el hombre mayor estaba molesto, tal vez hasta incluso irritado.

―Si tienes hambre, te recomiendo los mini sándwiches. Al menos son comestibles. ―Hanabi alzó las cejas, divertida, ante el inesperado cambio de tema.

―Supongo que los canapés no son de tu agrado. ―Naruto no pudo ocultar su mueca de repulsión.

―Son horribles. ―Hanabi rio.

―Mini sándwiches será, entonces. Padre, voy a coger unos cuántos y llevárselos a-

―No. ―Hanabi calló y frunció el ceño. Naruto miró ahora para padre e hija, intrigado por la batalla de miradas.

―Voy a ir a buscarla―dijo Hanabi, en voz tan apenas inaudible que incluso a Naruto, estando al lado de ambos, le costó entenderla. Tuvo que agudizar al máximo su ya extenso sentido del oído―. Estará sola y asustada. Sabes que no le gustan las aglomeraciones. Pero tú te empeñas en traerla igualmente.

―Es una Hyūga.

―Es mi hermana―dijo Hanabi, imponiéndose ante su padre―. Y pienso cuidarla. ―Naruto vio cómo, sin siquiera despedirse, Hanabi se daba la vuelta con un movimiento brusco e iba hacia una de las mesas con comida y bebida, con paso firme y seguro.

Hiashi apretó los labios al ver que, una vez más, Hanabi lo desafiaba e imponía su propia autoridad a la de él. Sin duda era por la mala influencia de su hermana… Si tan solo pudiera…

Se volvió hacia Naruto, con el rostro pétreo, sin mostrar ni una pizca de emoción.

―Disculpa por la escena. Hanabi es joven y aún está aprendiendo. ―Naruto alzó una ceja.

―Es una buena alfa―comentó. Hiashi dejó salir una levísima sonrisa.

―Lo es. Solo debe aprender a respetar a sus mayores. ―Naruto captó la amenaza velada pero hizo como que no se había dado cuenta de nada. No valía de nada que se enfrentase ahora a Hiashi. Ya tendría su momento. Tenía que tener paciencia, solo eso.

―Entiendo… ―Por el rabillo del ojo vio a Shikamaru haciéndole una seña con la cabeza. Era el momento―. Si me disculpas, Hiashi, mi consejero delegado me requiere. ―Hiashi tensó el cuerpo. Así que había llegado el momento. Nunca pensó que algo así llegara a pasar jamás, que un niño nacido de una relación antinatural… Era impensable.

Pero lo hecho, hecho estaba. Ahora, solo le quedaba mover bien sus fichas para que no llegara más lejos.

―Que tengas suerte, Naruto. ―El aludido miró por encima del hombro a Hiashi y sonrió, ahora de forma arrogante.

―Siempre la he tenido, ¿verdad? Será que a la diosa de la fortuna le gusto'dattebayo. ―Hiashi tuvo que reprimir un gruñido ante el descaro de aquel niño.

Podría tener 28 años, podría ser un alfa de la más alta categoría, podría haber llegado dónde nadie pensó que llegaría jamás, viniendo de dónde venía.

Pero no era más que eso, un niño.

Y ya era hora de que aprendiera lo duro que podía llegar a ser el mundo adulto.

Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

―Gracias a todos. Espero que sigan cuidando de mí de ahora en adelante. ―Naruto esperó unos minutos a que cesasen los aplausos y con un último gesto bajó del escenario. Al fin el primer paso de su sueño estaba cumplido. Ahora que su nombramiento era oficial, nada ni nadie podría decirle que no se había ganado el puesto.

Shikamaru se acercó a él y asintió con la cabeza.

―Has estado magnífico.

―Bueno, no podía ser menos'ttebayo. ―Se pasó las manos por el pelo. De repente se sentía agotado. Shikamaru suspiró.

―Han sido muchas emociones. ¿Por qué no vas a despejarte un poco? Yo me haré cargo durante un rato. ―Naruto parpadeó, incrédulo.

―¿En serio?―Shikamaru cabeceó afirmativamente.

―Anda, ve. Parece que te hayan caído cien años de golpe. ―Naruto suspiró.

―Te lo agradezco. Solo serán cinco minutos. Te lo prometo. ―Shikamaru lo despidió con la mano y Naruto se escabulló hacia una de las salidas que había tras la tarima del escenario.

Encontró un balcón y dio gracias por el aire fresco y limpio de la noche. Aspiró, con fuerza, dejando que el olor de los árboles y las flores del jardín penetrasen en su nariz y lo relajasen.

Se permitió aflojarse el nudo de la corbata y quitarse la chaqueta, así como desabrocharse un par de botones la camisa.

―Mucho mejor'dattebayo―murmuró, dejando la prenda recién quitada sobre la barandilla del balcón y apoyándose en el mismo.

Miró hacia el cielo estrellado de la noche, sintiendo la melancolía invadirlo de pronto. Ojalá sus padres y su padrino pudiesen verlo ahora, en ese día… ¿Se sentirían orgullosos de él? Quería creer que sí, con todas sus fuerzas.

―… come más. ―Una voz femenina penetró en sus oídos. Naruto se giró, con el ceño fruncido. ¿Acaso no estaba solo? No había visto a nadie en el pasillo y el balcón también estaba vacío, a excepción de su propia presencia… ―. ¡Vamos, nee-sama, no seas cría! ¡Tienes que coger fuerzas!―Pestañeó al reconocer la voz de Hanabi.

―E-es que… n-no tengo hambre… ―Una segunda voz, mucho más sosegada, lo hizo ponerse en guardia sin saber muy bien porqué.

―¡Esto es ridículo! ¡Mirate, estás en los huesos! ¡¿Crees que a Neji-nii-san le gustaría ver que te dejas morir de esta forma tan cobarde?!―La mención de ese nombre hizo que a Naruto se le encogiera el corazón.

―E-estás siendo cruel, Hanabi... ―Aquella voz, de nuevo, hizo que su cuerpo reaccionara. Casi sin pensarlo se inclinó hacia el sitio de dónde provenía la voz, con los brazos tensos sobre la barandilla del balcón. ¿Izquierda? ¿Derecha? ¿Abajo? ¿Arriba?

―¡Alguien tiene que meterte algo de sentido común en esa cabecita tuya! ¡Y parece que yo soy la única dispuesta a hacerlo!―La voz de Hanabi se elevó varias octavas y Naruto bajó la cabeza, fijándola en las copas de los árboles que había justo debajo.

―Ha-Hanabi… ―Esa voz… ―… Lo siento. ―Naruto sintió la honda tristeza en ese tono lastimero y su instinto de alfa se alzó.

Quiso lanzarse hacia abajo, buscar a la dueña de esa voz y encerrarla entre sus brazos para consolarla, para susurrarle al oído que todo estaría bien, que él estaría ahí para ella, para protegerla y cuidarla.

Sus ojos azules se abrieron como platos ante sus propios pensamientos. ¿Qué demonios…?

―No… yo también lo siento. Pero es que… ―Escuchó una respiración―. Eres la única que me queda, onee-sama. No puedo dejar que tú también…

―Hanabi… Ven aquí. ―Escuchó ruidos de ropas rozándose―. No me iré, Hanabi. Nunca te dejaré. Solo… necesito tiempo… para reponerme. ―Un sollozo ahogado―. Lo sé...

―Duele…

―Lo sé… ―Aquella voz suave, relajante, tranquila…

―Nee-sama…

―Estoy aquí… ―De pronto, la voz femenina empezó a entonar una canción, una melodía que los profesores omegas solían cantar a los niños en las guarderías y colegios de primaria para tranquilizarlos o consolarlos.

Él mismo sintió el poder de aquella voz, metiéndose bajo su piel, recorriéndolo hasta llegar los rincones más recónditos y oscuros de su corazón, de su alma misma.

Gimió, adolorido, queriendo llorar él también. Se derrumbó en el suelo, con la espalda contra el balcón y un brazo tapándole los ojos, dejando que esa voz tan preciosa alcanzase lugares en su interior que ni él mismo sabía que existían.

Su alfa interior gimió, adolorido, y tuvo que echar mano de toda su fuerza de voluntad para no dejar que sus instintos se apoderasen de él.

Porque ahora solo quería ir en busca de la dueña de esa voz dulce y melodiosa para que a él también lo abrazase y lo consolase. Para que le dijese que todo estaría bien, que ya había pasado, que ahora solo habría felicidad en su vida.

Y algo le dijo que, si la dejaba, esa omega que ahora consolaba a su hermana pequeña podría ser lo que él llevaba toda su vida buscando. La única pieza que le faltaba para que estuviera completo.

Su compañera.

Fin Dulce


Bueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeno, pues aquí está. Se me olvidó mencionar arriba que van a ser capítulos interrelacionados entre sí: es decir, van a contar una historia, no van a ser oneshots independientes. Quise hacerlo de esta manera porque, bueno, es mi primera incursión en el mundo del omegaverse y quiero ver a ver qué tal se me da. Vosotros juzgáis xD.

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores, sí.

Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.