-Señorita Swan, lo siento, pero realmente no podemos darle el puesto con tan poca experiencia.- Bella asintió, lo sabía.

Agradeció a la dependienta y salió del local cabizbaja. Dejándose caer sobre una banca, sacó el periódico del bolso y tachó otro clasificado más.

Ya había recibido la misma respuesta en otros ocho lugares, pero su fe no disminuía. Bella sabía que podría hacerlo.

Este era solo el comienzo.

La castaña se puso de pie con un suspiro, y abrió su paraguas rosa chicle por sobre su cabeza cuando las primeras gotas de lluvia rodaron por su rostro.

Al mudarse, no había tenido en cuenta el siempre encapotado clima de Londres. Y no es que le molestara, Bella adoraba las tormentas, la lluvia y esos días fríos, perfectos para acurrucarse en la cama con un café y leer un buen libro. Pero las aceras siempre mojadas y resbaladizas no eran para nada seguras para una persona tan patosa como ella.

Bella caminaba sobre Regent St., esquivando los charcos con sus coloridas botas de lluvia a lunares, cuando sucedió.

Su bota derecha se atascó en una de los adoquines que conformaban la acera, y antes de darse cuenta, ya estaba cayendo al suelo a toda velocidad.

Durante un momento espero que unos fuertes brazos rodearán su cintura y la alzaran, evitando que cayera al suelo, como siempre sucedía en las películas.

Pero esos brazos nunca llegaron, y el trasero de Bella dio de lleno contra la empapada acera.

-¡Mierda!-Exclamó la castaña, que a pesar de nunca jurar, no pudo evitar hacerlo en esta ocasión.

No se puso de pie de inmediato, sino que se quedó allí sentada, asegurándose de que estaba entera y no sangraba por ningún lado, porque ella, ante todo, era exagerada.

Una carcajada la hizo dejar de lado su auto-compasivo momento, y la castaña levantó la cabeza, enfadada.

-Idiota.-Masculló, fulminando con la mirada a la figura masculina encapuchada, que se reía a carcajadas un metro más allá.

El chico, tan alto que Bella tenía que echar la cabeza hacia atrás para mirarlo, iba totalmente vestido de negro. Unos jeans y botas negras cubrían sus largas piernas, mientras que una chaqueta negra envolvía aquellos anchos hombros. La capucha de la campera cubría sus cabellos, y llevaba puestos unos carísimos Ray Ban.

¿Quién usaba gafas en una ciudad que hacía días no veía el sol?

-Ya, cállate.

Bella esta enfadada. Muy enfadada.

Enfadada con sus botas, con el suelo de Londres, con su torpeza y con el imbécil que se burlaba de ella, y que ahora se acercaba a ella unos pasos.

-Lo siento, es que-Otra risa, y Bella consideró la idea de golpearlo en la cara ahora que él se encontraba de cuclillas frente a ella- el mohín que hiciste cuando caíste fue...-El muchacho sacudió la cabeza, todavía con una perfecta sonrisa torcida dibujada en su rostro. Una sonrisa que a Bella se le hizo extrañamente conocida.-Lo siento. ¿Te encuentras bien?

Bella bufó, poniéndose de pie con algo de dificultad, e ignorando con todas sus fuerzas la corriente eléctrica que la recorrió cuando el chico tomó su codo con fuerza, ayudándola.

-Lo estoy, y no es gracias a ti.-Refunfuñó.

-Lo siento.-Repitió él, y Bella por fin levantó la mirada de sus piernas, para observarlo con fijeza.

San. Ta. Mier. Da.

-Carajo.-Bella abrió los ojos como platos, mientras reconocía aquellas perfectas facciones.

Edward amplió aún más su sonrisa.

Adoraba que la gente lo reconociera. Y aún más cuando quien lo reconocía era una muchacha preciosa como aquella.

-Hola.-Murmuró el cobrizo, pasando su mano derecha entre sus cobrizos cabellos, dejando caer la capucha en el proceso.

-Eres Edward Cullen.-Murmuró la castaña, recorriendo el rostro del cobrizo una y otra vez con la mirada.

-Lo soy...-Edward reconoció los signos, y levantó una mano con rapidez, tapando la boca de la castaña justo cuando ella soltaba un agudo chillido.-Por favor, no grites.

-Es que, es que-Otro chillido. Edward rodó los ojos, pero sonrió al mismo tiempo.

Oh, como le gustaba hacer gritar a las chicas...

-Lo sé, pero no hace alta gritar, nena.

Bella sintió que moría. Nena. Edward Cullen acababa de llamarla 'nena'. Oh, cielos, estaba a punto de hiperventilar.

-Lo siento, es que... Esto es tan extraño.-Bella consideró el haberse golpeado la cabeza al caer. Quizás ahora estaba alucinando.

Pero la sonrisa de Edward lucía demasiado real para ser una alucinación de su para nada creativa imaginación.
-Lo es, cierto.-Sonrió el cobrizo.-¿Estás bien, verdad?

Bella sacudió la cabeza, y Edward por fin quitó la mano que todavía tenía apoyada sobre la boca de la castaña.

-No podré volver a sentarme en nos cuantos días, eso es todo.-Murmuró, y Edward, el siempre pervertido Edward, no tardó ni dos segundos en encontrarle un doble sentido a aquella frase, y en arquear una ceja burlón, mientras sus ojos brillaban llenos de picardía. Y Bella, siempre vergonzosa, no tardó ni dos segundos en ponerse tan roja como su sweater.-Me refería a...

Bella no completó la oración, pero Edward le sonrió, divertido.

-Ya lo sé.

-¿Edward, tú, podrías...Esto, tomarte una foto conmigo?- Terminó de preguntar Bella, insegura. La castaña odiaba tartamudear frente a él. Justamente frente al hombre de sus sueños, pero le era imposible no sentir un nudo en la panza cada vez que sentía aquellos ojos fijos en ella a través del cristal oscuro de los Ray Ban.

-Claro que sí, princesa.

Bella, haciendo acopio de toda su fuerza interior para no enloquecer, rebuscó dentro de su gigantesco bolso, sintiendo los preciosos ojos verdes de Edward fijos en ella.

-Ese tiene un parecido increíble con el bolso de Mary Poppins.-Comento divertido el cobrizo, haciendo referencia al gran bolso floreado de la castaña, y Bella soltó una risita.

-Créeme, no puedo guardar mi paraguas en él.-Comentó, mientras lograba localizar su teléfono celular, y lo ponía en modo cámara. Luego elevó sus grandes ojos hacia Edward, que comprendió enseguida.

-Dame eso. Tengo un máster en este tipo de cosas.-En un solo movimiento fluido, Edward se quitó los Ray Ban, tomó el celular de Bella con la mano izquierda y rodeó el cuello de la castaña con el brazo derecho, apretándola contra su costado.

De más esta decir que Bella casi sufre de un ataque al corazón.

Un solo flash, y Edward dejó libre a Bella, que observó la fotografía, mordiéndose el labio inferior con fuerza.

Mientras tanto, Edward no podía apartar la mirada de aquella niña, ni de su boca. ¿Cuántos años tendría? ¿16, 17?

Tenía un aire tan inocente a su alrededor, que a Edward le dio un vuelco el corazón. Semejante dulzura, ese aire de confianza hacia el mundo, le eran totalmente desconocidos.

-Es una foto preciosa.- Edward sonrió, de acuerdo con la pequeña castaña, justo cuando un grito masculino los obligó a girarse hacia la derecha.

-¡Mierda! ¡Es Edward Cullen! ¡Hermano!- un muchacho, de alrededor de 20 años, venía corriendo hacia ellos, seguido de otros dos.

-Creo que él grita más que yo.-Murmuró Bella, y Edward estuvo de acuerdo con un asentimiento.

Los próximos diez minutos fueron un borrón para Edward, entre papeles para firmar, flashes de fotografías y muchos halagos, pero cuando el cobrizo por fin se giró para volver a encarar a la pequeña castaña, ella ya no estaba.

Quedó allí parado, mirando como un tonto a su alrededor, sin encontrar rastros de la muchacha vestida graciosamente que hace un par de minutos estaba junto a él.

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Bella retorció los dedos sobre su regazo, mientras el muchacho de cabellos y ojos oscuros la miraba fijamente.

-¿Piensas vivir en Londres?

-Sí, por supuesto.

El muchacho se echó hacia atrás en su silla, y se balanceó de un lado al otro, sin despegar los ojos de Bella.

-Bueno, Isabella, te daré una oportunidad, pero sólo será una, ¿De acuerdo?

-¡Muchas gracias, Sr. Black!- Bella no pudo evitar esbozar una enorme sonrisa, agradecida.

Luego de alejarse de Edward y el grupo de fans, Bella había vagado por algunas calles, sin rumbo.

Estaba extasiada, había conocido a Edward Cullen, se había tomado una foto con él, y él la había llamado nena.

Definitivamente, podría morir ahora, y lo haría feliz.

Estaba soñando despierta cuando alcanzó a ver el cartel pegado contra el vidrio de un pequeño bar. Había un puesto de trabajo vacante.

Con una pequeña certeza de ser rechazada nuevamente, Bella pidió hablar con el encargado.

Y allí apareció Jacob Black, alto, moreno y apuesto.

Y ahora, su jefe.

Este fue el mejor día de mi vida, pensaba Bella un par de horas más tarde, al entrar a su nuevo hogar.

Sólo llevaba tres días en Londres y ya había conseguido un trabajo y conocido al amor de su vida.

Bueno, a su cantante favorito, para ser más exactos.

La castaña se dejó caer hacia atrás sobre su cama.

Cada día adoraba más su vida.
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Bueno, acá esta el segundo capítulo. Estoy muy feliz de que les haya gustado el primero. Muchas gracias por sus reviews, son geniaaales, de verdad.
Un beso enorme a todas!
Emma.