-¡Bella!-Edward rodeó la cintura de la castaña con un brazo, evitando que diera de lleno contra el suelo, y ella soltó una carcajada mientras caminaba torpemente hacia la puerta de su habitación.
-Oh, gra-gracias Eddddward.-El cobrizo no pudo evitar reír entre dientes.
Isabella no había tomado más de un vaso y medio de cerveza cuando ya había comenzado a hablar tonterías y a reírse de todo lo que veía. Parecía ser que la muchacha no estaba demasiado acostumbrada al alcohol.
-Hemos llegado, señorita.-Susurró abriendo la puerta de la habitación.
-Muchas gracias.-Respondió Bella con una sonrisa bobalicona en el rostro antes de entrar a la habitación.
-¿Puedes sola?
-Claro que sí, no tengo cinco años.-Respondió riendo, y cerró la puerta. Edward frunció el ceño en el pasillo, y no pasaron dos segundos antes de que oyera un fuerte golpe contra el suelo y luego la vocecita de Bella rezongando.
Rodó los ojos y entró en la habitación, para encontrarse a Bella tendida en el suelo junto a la cama, riendo tontamente.
-Bella…-Edward la tomó por los hombros y la levantó del suelo, sin que se le pasara por alto cómo el cuerpecito de Isabella se amoldaba perfectamente al suyo.
Con decisión, abrió la cama y recostó a Bella sobre ella, para luego quitarle las zapatillas con cuidado.
-¿Edward?-Preguntó Bella un segundo más tarde, mientras él subía la manta hasta su mentón.
-Dime.
-¿Acaso tú…Acaso tú estás jugando?-Su voz sonaba tan ingenua y esperanzada que es pecho de Edward se partió en dos.
-¿Jugando?
-No te hagas el tonto… Quiero saber si todo eso que haces… La forma en la que me tratas-La castaña soltó un bostezo antes de seguir hablando.- ¿Es un juego? Porque sí lo es, sólo…Déjalo, ¿Sí?-Terminó Bella, acomodándose bajo las mantas y cerrando los ojos para dormir.
Edward la observó con el corazón en la garganta durante unos segundos, y finalmente se inclinó sobre ella y besó su frente con un imperceptible roce.
-Buenas noches, Bella.-Susurró antes de levantarse e ir a su habitación, sintiéndose culpable de algo por primera vez en su vida.
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A eso de las siete de la mañana, Edward tocó la puerta de la habitación de Isabella con insistencia, siendo recibido por una preciosa, rezongona y despeinada castaña unos minutos más tarde.
En cuanto Bella le echó un vistazo al aspecto de Bella, y luego se observó ella misma, un desastre de arrugas y cabellos revueltos, abrió los ojos como platos y cerró la puerta con fuerza antes de girarse y salir corriendo hacia el baño.
-Creo que no quería verte.-Se carcajeó Emmett detrás de él, yendo hacia el ascensor.
-Más bien creo que enloqueció por lo de la resaca. Y va a odiarme.-Edward sonrió traviesamente mientras seguía a su amigo hacia el comedor.
Estaban los cuatro sentados en la mesa desayunando cuando Bella apareció, completamente vestida e intentando parecer tranquila.
Edward la vio elegir un tazón de cereales, mientras una sonrisita bailaba en su rostro.
Luego de elegir su desayuno, Bella se giró sobre sí y miró hacia las mesas, intentando reprimir una sonrisa cuando Edward palmeó el asiento de la silla junto a él.
Inspirando hondo, se sentó a su lado, echándole una mirada avergonzada al pasar.
-¿Estás bien?
-Claro que no.-Masculló, antes de hacer estrellar la cuchara llena de cereales contra su boca.
Edward reprimió una carcajada.
-¿Qué te duele?
-La cabeza. Todo el cuerpo, de hecho. No puedo creer que tendré resaca en mi primer día de trabajo. He esperado tanto por esto y cuando por fin llega hago semejante idiotez, si Jules se da cuenta seguramente me correrá a patadas, oh Dios…
Edward no lo pudo reprimir más y soltó una risita.
Bella le frunció el ceño, pero el resto de los chicos lo siguieron.
-¡Eres solo una niña!-Emmett soltó una carcajada, y Bella lo miró con el ceño todavía más fruncido, sin comprender qué sucedía con aquellos cuatro idiotas.
-¿¡Qué!?
-No sucede nada, es solo que… Te torturas demasiado, Bells.- Edward apoyó un brazo en el respaldo de la silla de Isabella, rozando los cabellos de la castaña con la punta de los dedos.
-Nena, hemos dado recitales enteros completamente borrachos, está todo bien.-Bella rodó los ojos ante el comentario de Evan.
-Ustedes son famosos, nadie les cuestionaría sobre eso, no es lo mismo conmigo.
-Bells, te prometo que todo estará bien, no te correrán ni nada por el estilo. Fue solo una pequeña resaca, nena, ni siquiera lo aparentas.-Soltando un suspiro, y queriendo creer las palabras de Edward, se dejó caer hacia atrás en su silla, haciendo que su cabeza reposara sobre el ante brazo del cobrizo.
Instantáneamente, sintió una un estremecimiento recorrer su espalda, y se mordió el labio nerviosa.
¿Habría hecho alguna estupidez estando borracha? La idea la carcomía.
Lo último que recordaba era estar parada en el centro de la pista de baile del pub, rodeada por los brazos de Edward mientras la música la aturdía.
¿¡Y si la había besado!? Los flashes que se le venían a la cabeza eran casi todas imágenes de Edward. Edward subiéndola al coche, Edward tomándola de la mano en el lobby del hotel, Edward rodeando su cintura para no dejarla caer.
Si Edward la había besado, y ella no lo recordaba, Bella decidió que se suicidaría allí mismo.
-Debemos irnos, castaña.-Bella levantó la cabeza con rapidez, y cerró los ojos con fuerza sintiendo un dolor insoportable en la frente.-Ven conmigo, te daré algo para eso.-Antes de haberlo notado, ya estaba de pie, tomada de la mano de Edward y caminando junto a él hacia el lobby.
Edward tomó su mochila de un sillón y rebuscó en ella hasta dar con una pequeña cajita de pastillas, y tomó una antes de dársela a Isabella.
La castaña lo miró con desconfianza y Edward rodó los ojos.
-No te voy a intoxicar, Isabella, es solo un analgésico. Te hará sentir mejor.-Bella le echó una última mirada y tomó la pastilla antes de volver hacia la habitación en la cual habían desayunado para buscar un vaso de agua.
Diez minutos más tarde, Bella se encontraba sentada junto a Edward en su Volvo, de camino a la antigua casa abandonada, ahora estudio de filmación para el próximo video de New Town.
-Edward, ¿Puedo…Puedo hacerte una pregunta?
El cobrizo dejó de tararear una de sus canciones en voz baja y la miró expectante durante un segundo antes de volver la mirada al camino.
-Por supuesto.
-Anoche, yo… Realmente no recuerdo mucho. ¿Dije o hice algo… demasiado estúpido?-Murmuró, cohibida bajo la mirada que le dirigía Edward.
Se sentía una tonta por preguntar eso, pero la duda era demasiado grande, y ella ya no podía seguir cargando con ella.
-Bueno…Estuviste a punto de darte contra el suelo algo así como siete veces. Tienes suerte de tenerme al lado.-Comentó burlón con una sonrisa, y Bella se sonrojó, pero a la vez se alegró de que eso sea lo único estúpido que haya hecho.
-Eso lo haría estando borracha o no, no es algo muy fuera de lo normal.
Edward soltó una carcajada, pero luego se quedó callado.
-También me hiciste una pregunta.
Bella casi se ahoga con su propia saliva, y lo miró de hito en hito.
-¿Qué…Qué te pregunté?
-Preguntaste si yo estaba jugando.
La castaña vaciló, frunciendo el ceño.
-¿Jugando?
-Con esto…Nosotros.
-¿Nosotros?-Bella decidió desviar la mirada, y se dedicó a estudiar el paisaje que pasaba a su lado por la ventana.
-Ya sabes de lo que hablo, Bella. Tú misma me lo dijiste anoche.
-Estaba borracha.
-Los borrachos siempre dicen la verdad. Te parezco atractivo, lo sé.
La castaña rodó los ojos.
-Eso es algo obvio, Edward.-Masculló mordaz, en un arranque de valentía.- Le pareces atractivo a todo el mundo.
-Te gusto.-Susurró divertido, y Bella le frunció el ceño.
-Qué egocéntrico eres.
-Te gusto.
-Quizás.
-Bien. Yo pienso que tú eres adorable.
-¿Ado…-La castaña frunció el ceño.-…Adorable?
-Adorable.
Bueno, adorable es mejor que nada, se dijo a sí misma la castaña.
-Bueno.-Murmuró, desviando la mirada. Luego de un par de minutos en silencio, la castaña cayó en la cuenta de algo y se giró hacia el cobrizo.-Espera. No has respondido a la pregunta.
Edward se mordió el labio inferior, y le dedicó una mirada a la castaña.
¿Qué podría responderle?
Él no quería algo serio… ¿Verdad? Claro que no. Claro que estaba jugando.
A pesar de esa certeza, la idea de dañar a Isabella no le agradaba. No le agradaba para nada.
Pero él era quien era. Nunca había amado ninguna mujer aparte de su madre, y no creía poder llegar a hacerlo. E Isabella se merecía saberlo.
Edward consideró su respuesta durante unos segundos, pensando si debería contarle la verdad, que él nunca podría amarla como seguramente ella quería, y se merecía, ser amada, o si simplemente debería mentir y dejarlo pasar.
Finalmente, hizo una de las cosas que mejor sabía hacer.
Le mintió.
-No estoy jugando.
El pecho le dolió cuando sintió el palpable alivio de la castaña a su lado, y frunció el ceño, molesto consigo mismo.
¿Qué mierda le pasaba? Él no se sentía culpable.
Nunca se había sentido culpable de nada, ni de romper corazones, ni de echar mujeres de su casa, nunca.
Y esa enana de allí, vestida con ropa de colores tan chillones que le aseguraban no perderse nunca jamás, lo hacía sentir como la peor persona del mundo.
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Isabella inspiró hondo, abrumada ante la cantidad de manos que revoloteaban alrededor de ella, sacudiendo sus cabellos, acomodando su pequeño vestido blanco y colocando un mínimo de rubor en las mejillas.
-Creo que ya está bien, señoritas.-Las tres muchachas que revoloteaban a su alrededor se dispersaron al oír la voz de Iveth, la directora del video.
Iveth rondaba los cincuenta y cinco, y era alta, rubia y rolliza. Era estricta, ruda y a Bella le daba miedo.
-Tú siéntate en ese sillón, frente a la banda, rápido.-La castaña obedeció sin rechistar y se dejó caer sobre un sillón de un cuerpo color marrón, que estaba ubicado frente a los instrumentos de los muchachos.-Debes limitarte a lucir inocente y adorable, sonríele a Edward y ríete, ríete mucho, ¿Comprendes?
Isabella asintió con la cabeza e Iveth se marchó.
-¿Lista?-Bella asintió, sonriéndole a Edward, y el cobrizo fue a ubicarse a su lugar, justo frente a ella, unos dos o tres metros más allá.
Una vez que todos estuvieron en su lugar, Iveth gritó un par de veces más y la música comenzó a sonar.
Bella no pudo evitar sonreír ampliamente.
Otro más de sus sueños se había cumplido. Estaba escuchando a su banda favorita en vivo, y esto se parecía demasiado a un concierto privado.
Edward le guiñó un ojo mientras comenzaba a cantar las primeras líneas de Songbird, y Bella se permitió fantasear durante un rato que esa preciosa canción de amor iba dirigida a ella.
Cruzó las piernas, sonriendo tímidamente mientras se mordía el labio, y no pudo ignorar la penetrante mirada de Edward sobre ella.
Por su parte, Edward se estaba muriendo allí mismo.
Nunca había deseado tanto hacerle el amor a nadie.
En realidad, nunca había deseado hacerle el amor a nadie. Siempre había sido sexo. Pero por primera vez, al ver a Bella allí, enfundada en un angelical vestido blanco, sus largas ondas caoba enmarcando su precioso rostro y su sonrisa que derrochaba inocencia, Edward sólo deseo poder cargarla, llevársela de allí y hacerle el amor lentamente durante todo el día, hasta estar repleto de ella.
Ese pensamiento lo asustó, pero a pesar de todo, no se opuso a él.
Edward no era un cobarde, y le haría frente a lo que sea que comenzase a sentir.
Pero si eso que comenzaba a sentir era algo que podría llegar a destruirlo… ¿Estaría dispuesto a hacerlo?
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¡Buenos días a todas! Perdón por la tardanza, pero aquí llega el próximo capítulo. Esta historia me encanta, pero tengo un problemita con ella. Yo primero voy armando el capítulo en mi cabeza, pero cuando lo comienzo a escribir me doy cuenta de que no me entrará todo en un solo capítulo, así que voy como algo lento… Igualmente, ya voy a ponerme bien las pilas, lo prometo, sisisi. Espero que les haya gustado, de verdad. Y un millón de gracias por sus reviews, me hacen tan tan tannn feliz.
¡Un beso gigante para todas!
Emma.
