-Santa mierda.- Isabella no podía apartar sus ojos de la revista.
Seis páginas completas hablando sobre su 'noviazgo' con Edward Cullen.
Demente.
Con dedos temblorosos, la abrió por la página 16, en donde comenzaba la nota, y contuvo el aliento.
Una gigante imagen de ella y Edward fuera del bar de la otra noche ocupaba dos páginas completas. Ella reía histéricamente, y Edward la miraba desde su superior altura, sonriendo torcidamente y sosteniéndola por la cintura para no dejarla caer.
Bella no se acordaba de esa escena, y se sintió una estúpida por eso.
'Cullen y su nuevo juguete.'
Oh, genial, ahora toda Europa la consideraría el nuevo 'juguete' de Edward.
Se decidió a no leer las largas columnas de la nota, que hablaba con sumo detalle sobre todas las actividades que habían llevado a cabo juntos, y siguió observando las imágenes.
Ellos en la puerta del Hotel, en un café cercano, en la calle caminando, en el Teatro The Swan, entrando a la casa de Shakespeare, en el jardín Bancroft y en el bar. Estas últimas fotos eran las más horribles. Ella parecía una loca, siempre riendo y pegada a Edward como una lapa.
-¿Lista para irnos, Swan?-Bella levantó la cabeza hacia Edward, que había entrado a su habitación sin llamar. En cuanto el cobrizo notó qué era lo que Bella sostenía entre sus manos, le frunció el ceño.-Te dije que no compraras esa mierda.
-Y no lo hice en toda la semana, pero la curiosidad me estaba matando, Edward. ¡Estamos en la tapa!-Abriendo los ojos como platos, alzó la revista hacia él para mostrarle la portada, en donde él rodeaba su cintura con un brazo, ayudándola a pasar por entre una enorme cantidad de personas con cámaras.
-Por supuesto que lo estamos. Y espera a llegar a Londres, será imposible.-Sacudiendo la cabeza, le arrebató la revista a Bella y ojeó un par de páginas.
-Dice que soy tu nuevo juguete.-Susurró Bella desde el sillón, echando la cabeza hacia atrás para poder mirarlo.
-Justamente por eso te dije que no la compres. Estas cosas no hablan más que pura mierda.
Bella se encogió de hombros y se puso de pie con un suspiro.
-¿A qué venías?
-A decirte que ya estoy listo para irme, ¿Tú lo estás?
-Claro que sí.
-Bien.-Edward se giró, tomó la valija verde manzana de Bella con una mano, mientras arrojaba la revista al cesto de basura con la otra.
-¡Eh! Eso me costó 5 libras.-Protestó mientras caminaba detrás de él hacia la puerta.
-Te lo devolveré si prometes no volver a leer eso nunca más.
Bella bufó, y lo esquivó para pasar por la puerta, cargando su mochila con ella.
-Quédatelos.
El cobrizo rodó los ojos, y siguió a la pequeña castaña fuera de la habitación.
Esa semana de grabación había sido simplemente increíble.
Había conocido más a Bella, y sabía que a pesar de su aspecto inocente y tranquilo, podía llegar a ser letal cuando estaba enfadada. Era la mujer más tozuda del planeta, y nunca, nunca se daba por vencida.
Habían estado yendo juntos a tomar un café todas las tardes a la salida del set, y Edward se había encontrado a si mismo contándole cosas a Bella que no le hubiera contado a nadie más. Cosas como su infancia, o el complicado e interminable divorcio de sus padres.
-¿Estás enfadado con ellos por eso?
-No lo sé, realmente. No me hubiera molestado si se lo hubiesen guardado para ellos, pero yo siempre fui el centro de todo. Estaba presente en cada discusión, cada desastre que hacían en casa, en todas las audiencias. Verlos tirarse mierda de esa manera era horrible.
-Seguro que lo era. Pero creo que deberías perdonarlos, Edward, eso fue hace mucho.
Edward se había echado hacia atrás y soltado un suspiro.
-Lo haré. Algún día.
Bella estaba más que feliz de su relación con Edward. Al principio pensó que él solo la buscaría para hacerle lo mismo que hacía con todas, pero ver a Edward tan amigable y abierto con ella era algo emocionante. Ella sabía cuán reservado podía llegar a ser el cobrizo, y el que él le confiara tantos pensamientos era extraño, y hermoso.
Edward era su amigo. Y por una extraña razón, si ser algo más arruinaría todo lo que estaban construyendo juntos, ella no lo quería.
-¡Cuidado con eso!-Exclamó la castaña cuando lo vio arrojar su valija dentro del maletero del Volvo sin ningún tipo de delicadeza.
Edward le rodó los ojos mientras cerraba la tapa, y tomó su rostro entre sus grandes manos, apretándole las mejillas y haciéndola torcer la boca en una mueca extraña.
-No-seas-pesada-Swan.
-No-arrojes-mis-cosas-Cullen.-Masculló la castaña como pudo, pues las manos de Edward en su rostro no le permitían modular correctamente.
Edward sonrió divertido.
-Tienes un parecido increíble con un pez globo en este momento.
Bella le frunció el entrecejo, y solo logró que Edward se riera todavía más.
-Suelta mi rostro.
Edward le dio un pellizco a ambas mejillas de la castaña, y luego la soltó, caminando hacia el haciendo del copiloto y abriendo la puerta para ella.
-Señorita…
Bella subió al coche, y luego de uno minutos ya se encontraban en la ruta, camino a Londres nuevamente.
El viaje fue rápido, o eso le pareció a Bella.
Edward estaba muy charlatán esa tarde, y no paró de hacer comentarios sobre todo lo que se cruzaba en su camino. Bella no podía hacer más que reír a carcajadas de las idioteces que se cruzaban por la cabeza del cobrizo.
.
El sábado a eso de las once de la mañana, Bella se encontraba sirviendo una tarta de manzana en la mesa quince cuando Edward cruzó por la puerta, y todo el mundo dentro del bar giró su cabeza como si estuviesen exorcizados, y clavaron su mirada en él.
Edward, totalmente indiferente a este hecho, se acercó a ella con una sonrisa.
-¿Cuál es tu sección?-La castaña le indicó con la cabeza el lado derecho del bar, y Edward le dedicó una sonrisita más amplia antes de caminar tranquilamente hacia ese lado y sentarse en una mesa contra la pared.
Todo el bar estaba en silencio, todo el mundo mirándolo, y Edward ni siquiera se inmutaba.
Bella sacudió la cabeza, soltando una risita, y terminó de servir la tarta antes de acercarse a él.
-¿Desea tomar algo, señor?
-Sí, desearía un cortado, un muffin de banana sin canela, y a mi amiga Bella aquí sentada conmigo, por favor.
Bella levantó la vista del papel y sintió que el corazón le dejaba de latir por un segundo.
'Mi amiga Bella.' Él había dicho que ella era su amiga.
Santo Dios.
-Bueno, señor.-Comenzó Bella con un carraspeo luego de unos segundos.-Creo que puedo ofrecerle las dos primeras cosas, pero la tercera recién estará disponible luego de las doce del mediodía, y sólo hasta las tres de la tarde.
Edward fingió un mohín, y Bella le rodó los ojos.
-Bien, entonces puedes traerme las dos primeras cosas, y esperaré aquí hasta que la tercera esté disponible.
-¿Lo harás?-Preguntó Bella, sorprendida.
-Claro, y luego te llevaré a cenar. Anda, tráeme ese muffin que muero de hambre, mesera.
Bella soltó una risita y se alejó hacia la cocina.
Edward la observó marchar sonriendo de costado, e ignorando la mirada fija de todo el mundo, sacó su BlackBerry del bolsillo y abrió twitter.
Últimamente lo tenían harto en todas las redes sociales, preguntando por su noviazgo y por Bella.
Él se había limitado a ignorarlos, sin aclarar nada, cosa que ponía a la gente todavía más histérica.
-Señor…-Bella depositó el muffin de banana y el café frente a Edward, y el cobrizo le sonrió ampliamente.
-¿A qué hora termina tu turno?
-Recién te dije que a las doce del mediodía.-Respondió Bella, cruzándose de brazos y mostrando su tendencia a enfadarse cuando alguien no la escuchaba, o la hacían repetir las cosas muchas veces.
-Lo sé, Swan, no saques tu genio conmigo. Hablaba de la tarde.
-Oh…-Bella soltó una risita, descruzando los brazos.-A las seis.
-¿Tienes en qué volver a casa?
-Transporte público.-Respondió ella, encogiéndose de hombros, como si fuera lo más obvio del mundo.
-Te llevaré yo.
-Edward-
-Swan, vuelve a trabajar, que tu jefe no está muy feliz con nuestra charla.-La castaña se giró sobre sus talones para echarle una mirada a Jacob, que estaba parado en la puerta de su oficina y los miraba fijamente, cruzándose de brazos.
Suspiró y murmuró un pequeño 'adiós', antes de girarse y volver al trabajo.
Edward odió a Jacob Black en el primer instante en que lo vio.
Odió su rostro engreído, su pose amenazante, odió la forma en la que observaba a Bella, como si fuese una presa, y odió todavía más la forma en la que lo miró a él, con desprecio, como si no fuese más que una piedra en el camino.
-Idiota.-Masculló entre dientes antes de darle un sorbo a su café.
Eso era seguramente Jacob Black. Un idiota. Y de los peores.
Edward lo observó receloso, mientras el jefe de Bella se acercaba al mostrador del bar y apoyaba ambas manos sobre él, inclinándose sobre la castaña, que estaba del otro lado, y hablándole suavemente.
-Preferiría que no coquetearas con mis clientes, Isabella.-La castaña abrió los ojos como platos al divisar en el enojo que destilaban los ojos de Jacob, y frunció el ceño levemente ante la acusación.
-No estaba coqueteando con nadie, Jacob, él es un amigo.
-¿Edward Cullen? ¿Un amigo?
-Sí.
Jacob espiró con fuerza, y la observó con algo parecido a la… ¿Pena? Bella frunció todavía más el ceño.
-Lo único que quiere contigo es llevarte a la cama, nena, deberías saberlo.-Extrañamente, Bella notó que se molestaba al oírlo llamarla 'nena', cuando con Edward sucedía todo lo contrario.
-Eso no es cierto, Jacob. Sólo somos amigos.-Farfulló mientras se giraba e intentaba ignorar a su jefe mientras preparaba un cappuccino.
-Luego no digas que no te avisé.-Murmuró Jacob entre dientes, y se giró rápidamente para volver a encerrarse en su oficina.
Bella observó la puerta cerrada con el ceño fruncido.
¿Y a este qué le pasaba?
Bella se encogió de hombros, decidiendo que lo ignoraría, y volvió a su trabajo.
A las doce y cinco minutos, Bella ya se había quitado el uniforme y tomó la mano de Edward para salir del bar, que para ese momento ya estaba repleta de personas tomando fotografías y gritando sus nombres.
-¿Cómo saben mi nombre?
Edward soltó una carcajada.
-Lo raro sería que no se lo supieran.
Almorzaron en un restaurant muy fino, y por descontado, caro. Por más que Bella se opuso a pedir nada muy ostentoso, Edward la ignoró y pidió una comida tan extraña que Bella ni siquiera recordaba el nombre completo. Estaba delicioso.
-Iremos a cenar todos juntos esta noche, y luego saldremos. Queríamos invitarte.-Le informó el cobrizo cuando estacionó el coche frente al departamento de la castaña a las seis y media de la tarde.
-¿Quiénes?
-Emmett, Jazz, Evan, Rosalie, Alice y yo. Las chicas son simpáticas.-Se encogió de hombros, nervioso.
Él no estaba acostumbrado a invitar a salir a chicas. Y ni siquiera era una cita a solar, era grupal. Normalmente, ellas se tiraban encima de él, y prácticamente lo arrastraban con ellas.
-Está bien, iré.
Edward respiró hondo, sonriendo.
-Te recogeré a las ocho y treinta, ¿Sí?
Bella asintió, antes de abrir la puerta y bajar del coche.
-Te veo luego.
-Adiós, nena.
Bella se mordió el labio mientras entraba en el edificio.
Saldría con los chicos de New Town y sus novias. Bella ya sabía quiénes eran Alice y Rosalie. La primera era una famosa diseñadora de modas de veintiún años, y la segunda era una preciosa modelo de veintidós.
Siempre le habían parecido simpáticas por la tele, pero la gente solía cambiar en la vida real. ¿Sería así también con ellas?
Bella estuvo histérica durante las dos horas que pasaron hasta que Edward la recogió.
No sabía qué ponerse, cómo actuar, qué decir, ni si encajaría en ese grupo.
Estaba prácticamente comiéndose las uñas cuando una bocina resonó fuera del edificio, y se apresuró a bajar.
Había supuesto que lo más apropiado para vestir sería su único vestido corto, negro y pegado al cuerpo, junto con una chaqueta de cuero negra y sus zapatos rojos.
Él único bolso de marca que tenía, color rojo sangre, complementaba el atuendo, y la expresión sorprendida de Edward cuando la vio bajar le ayudó a sentirse un poco mejor consigo misma.
-Estás preciosa, Bella.
-Gracias.-Bella le echó una mirada apreciativa a Edward. Camisa blanca, chaqueta de cuero, pantalones negros y botas negras. Todo un perfecto chico malo.-Tú estás sexi.
Edward abrió los ojos como platos, y soltó una risita antes de inclinarse y abrirle la puerta del copiloto.
Adoraba la boca de Isabella. Siempre decía lo que se le cruzaba por la cabeza, sin mucha vergüenza y prácticamente ningún filtro. Ella le había comentado que eso la había metido en muchos problemas a veces, pero a Edward no le gustaría que ella cambiara.
Le encantaba saber qué pasaba por su cabeza en cada momento, y su extraña pero adorable forma de ver el mundo lo volvía loco.
El trayecto hacia el pub fue corto, y al llegar, Bella no paraba de retorcer la correa de su bolso entre sus finos dedos.
-No estés nerviosa.
-Dime cómo.-Murmuró con una risita la castaña mientras Edward la llevaba de la mano dentro del lugar.
Mucha gente se giraba a mirarlos, y Bella no estaba acostumbrada a ser el centro de atención.
The Strokes* sonaba de fondo, y la castaña sonrió mientras era guiada hacia una mesa alejada de la vista del público. La voz de Casablancas* siempre conseguía animarla.
-Buenas noches.-Bella alzó la vista del suelo, en dónde la tenía clavada, cuidándose de no tropezar con sus propios pies, y miró hacia la mesa baja con sillones frente a ellos.
-Hola.-Susurró con una sonrisita, y todos se pusieron de pie para saludarla de a uno.
-¡Bella!-Alice Brandon la abrazó durante un instante.-Adoro como estás vestida.-Susurró al separarse de ella un paso.
-Oh, gracias.-Bella le sonrió tímidamente, sabiendo que recibir ese halago de Alice Brandon era simplemente de locos.
-Hola, Bella.- Rosalie se acercó y besó su mejilla derecha, con una suave sonrisa en su rostro.
-Hola, Rosalie.-Bella notó que la rubia era todavía más bella en persona, y su autoestima cayó al suelo de un golpe sordo.
Gracias al cielo, ambas eran tan simpáticas como parecían ser en los medios, y media hora más tarde Bella se encontraba manteniendo una animada conversación con ellas.
Luego de cenar, y de que Bella protestara con Edward por pagar su cuenta, todos se dirigieron al club más cercano, Red Door, un lugar al que ella nunca se imaginó ir, pues allí solo entraba gente famosa, rica e increíblemente apuesta.
La noche fue algo increíble, y cuando Edward la abrazó y depositó un beso en su mejilla, muy cerca de su boca, esa noche, Bella se vio repentinamente iluminada por el conocimiento.
Si las cosas seguían así, ella podría llegar a enamorarse perdidamente de Edward Cullen.
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*The Strokes: es una banda de indie rock de Nueva York, y son simplemente ge ni a les.
*Casablancas, vendría a ser Julian Casablancas, el vocalista de The Strokes.
Espero que les haya gustado el capítulo! Un millón de gracias por sus reviews, en serio, son hermosos. Un enorme saludo para todas.
Emma.
