-¡Isabella, la mesa cinco está sin atender!-Isabella gruñó para sus adentros, pero asintió con la cabeza y caminó hacia la pareja que acababa de sentarse allí.
Jacob estaba especialmente insoportable aquella mañana, y el que Ángela hubiese faltado sin dar explicaciones no ayudaba en nada.
-¿Ya hiciste el café de la siete?-Bella negó con la cabeza mientras le pasaba el último pedido a los chicos de la cocina.- ¡¿No lo hiciste?!
-Lo haré en un segundo.-Masculló.
-Hazlo ahora.
Jacob se encerró en su despacho pegando un portazo, y Bella pudo por fin respirar, dejando caer la cabeza entre sus manos sobre la barra.
Jacob estaba enfadado, y se descargaba con ella. Bella lo único que deseaba era que llegara el lunes para poder irse a algún otro lado, lejos de aquel café, y…Junto a Edward.
Lo extrañaba. ¿Cómo podría ser que lo hubiese visto ayer y ya lo extrañase? No tenía idea, pero lo hacía.
Se había dado cuenta de que estar con Edward la relajaba, la tranquilizaba. Como si fuera lo normal, lo correcto.
Era extraño, y no del todo sano, pero era verdad. Y era la primera cosa real que Bella sentía en años.
Inspirando hondo y decidió dejar de pensar. Ya tendría tiempo para eso en la última semana de grabación.
Este pensamiento la hizo sentir triste mientras atendía las mesas faltantes. No quería que aquello terminara…
¿Qué sucedería luego? Evidentemente, ella y Edward no tendrían más 'razones profesionales' para seguir viéndose.
¿Querría él seguir viéndola?
Su teléfono vibrando en el bolsillo trasero de sus jeans la hizo volver a la realidad, y lo sacó durante un segundo para leer el mensaje de texto.
Te has apropiado de mi sweater azul y lo noté hasta ahora. –E.
Isabella soltó una carcajada.
De hecho, sí, se había apropiado de él.
Hace algo así como una semana y media, el día se había puesto helado de la nada y Bella no lo había previsto, por lo que estaba tiritando mientras caminaban fuera del set. En menos de un segundo Edward se había quitado su sweater azul, que le sentaba tan bien, y se lo había pasado a ella. Bella, obviamente, había insistido en que no era necesario. Edward se había limitado a mirarla fijamente, sin hacerle caso, hasta que se puso el sweater.
No se lo había devuelto.
Era la prenda más cómoda que había usado en toda su vida, tan suave y grande y con un aroma tan exquisito, que no había podido quitársela en todo el día.
De hecho, lo hice. ¿Debería devolvértelo? Mmm… -B.
Sonrió y negó lentamente mientras volvía a guardar el celular y seguía atendiendo las mesas.
Durante unos minutos sin trabajo un rato después, volvió a revisar sus mensajes.
No, sólo quería saber si tú lo tenías. –E.
Sí, lo tengo. –B.
Apuesto a que duermes abrazada a él por las noches. –E.
Bella rodó los ojos.
Egocéntrico. En realidad, allí duerme mi perro. Dice que es muy cómodo (: -B.
Tú no tienes un perro… -E.
¿Cómo podrías tú saberlo? –B.
Porque me has contado prácticamente todos los aspectos de tu vida y nunca mencionaste ningún perro. Aparte no admiten perros en el edificio donde vives, Bells. –E.
Mierda.
Bueno, no tengo un perro. Pero no duermo abrazada a tu sweater por las noches, Edward. –B.
No lo sé, supongo que deberé comprobarlo algún día… -E.
Santa Mier-
-¡Isabella!-La castaña levantó la vista para observar a su furioso jefe mirándola desde el otro lado de la barra.- ¡Me voy por dos segundos y ya te pones a holgazanear!
-Pero si no hay nadie…
-¡Pues podrías hacer otra cosa!
-Pero mi trabajo es atender las mesas y no hay-
-¡Basta de excusas! ¡Ponte a hacer algo, ahora!
Jacob volvió a desaparecer detrás de la puerta, dejando a Bella confundida, mirando el lugar vacío si saber qué hacer.
Para no tener más problemas, la castaña se dedicó a limpiar por segunda vez las mesas, contando los minutos para que aquel día terminara.
Cuando por fin se hicieron las seis de la tarde, Bella acomodó todo con extrema rapidez, se despidió de la chica del turno tarde y salió pitando de allí.
Respiró hondo un par de veces, agradeciendo que todo hubiera terminado ya.
No comprendía el porqué de las actitudes de Jacob. Siempre había sido muy bueno con ella, hasta a veces demasiado amable, pero últimamente estaba hecho un gruñón.
Suspirando, sacó su celular del bolsillo y encontró otros mensajes más de Edward allí.
Ey, estaba bromeando. –E.
No te vas a enfadar conmigo… ¿O sí? –E.
Bella sonrió, mordiéndose el labio.
No me enfadé. Fue mi jefe quien se enfadó. –B.
¿Qué sucede ahora con ese imbécil? –E.
Bella soltó una risita. No tenía idea del porqué el odio de Edward hacia Jacob. Simplemente sabía que desde que s habían visto por primera vez, se detestaban.
No tengo idea. Estuvo insoportable todo el día, gracias a Dios ya terminé mi turno. –B.
¿Ya llegaste a casa? –E.
Estoy en camino. –B.
Avísame cuando llegues. No deberías volver sola a esta hora. –E.
Son las seis de la tarde, Edward. –B.
En invierno anochece temprano, Isabella. –E.
La castaña rodó los ojos.
El sobreprotector Edward, siempre al acecho.
Edward, no me va a pasar nada. Deja de preocuparte tanto o te saldrán canas. –B.
Edward, en su casa, se mordió el labio intranquilo.
No podía evitar preocuparse por ella. Le salía naturalmente, así como así.
Nunca antes le había sucedido el ser tan sobreprotector con nadie, pero Bella despertaba todos esos instintos que él se había olvidado de tener.
Temía por ella.
Era tan joven y confiada, tan…pequeña. Le parecía como si una ráfaga de aire pudiera llevársela volando de un día para el otro.
Ella era simplemente demasiado buena para su propio bien, y era por eso que él debería velar por ella.
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-Despierta, Bella durmiente.
-No.
-Vamos, ya estamos aquí.
Bella bostezó y se estiró en el comodísimo asiento del coche.
-No sabía que un coche pudiera ser más cómodo que mi cama.
Edward sonrió observándola una vez más antes de bajarse del coche e ir hacia su puerta para abrirla.
-Arriba, vamos, nena.
Bella se desperezó una vez más bajo la atenta mirada de Edward, que no pasó por alto cómo su sweater gris se pegó a sus pechos con el movimiento, y bajó del coche con cuidado, todavía con un ojo cerrado.
-Aquí hay mucho sol.-Masculló.
-Sí, eso suele pasar cuando es de día.-Ironizó el cobrizo cerrando la puerta y caminando hacia la parte trasera del Volvo para recoger los bolsos.
-Idiota.-Respondió Bella en un susurró mientras tomaba su mochila y se la ponía sobre los hombros.
Edward sonrió, rodeando el cuello de Isabella con un brazo.
-Nuestra última semana.-Inspiró hondo.-¿Estás feliz?
Bella asintió, forzando una sonrisa.
-Será lindo ver el resultado.-Susurró, cuando por dentro sólo quería echarse a llorar.
No sabía por qué, pero la asustaba que todo aquello terminase.
Como si su cuento de hadas estuviera llegando a su fin, y su príncipe azul se fuera a largar para siempre.
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¡Buenos días! ¿Cómo están todas por ahí? Les quería dejar un inmensamente gigante GRACIAS, por seguir ahí a pesar de mis desapariciones y capítulos cortos y metidas de pata. Son lo mejor que hay en este mundo y me hace muy feliz que les gusten todas estas cositas que escribo.
Un saludo gigante para todas. Las adoro.
Emma.
