Cuando Edward llegó el sábado a la mañana, Bella ya lo esperaba en la puerta del edificio vestida con unos jeans ajustados y un sweater beige de hilo, algo grande para su cuerpo, pero muy cómodo.

Ayer, cuando Edward la dejó en su casa, prácticamente no le había dejado opción. O salía de paseo con él o salía de paseo con él.

-Hola, Bells.-La castaña se estremeció cuando Edward la rodeó con los brazos y la estrechó contra él, mientras hundía el rostro en su espesa cabellera y depositaba un beso en su coronilla.

-Hola, Edward...

Él finalmente se separó, abrió la puerta del copiloto y la cerró tras ella.

-¿Cuál es el plan de hoy?-Preguntó Isabella una vez que Edward hubo puesto en marcha el coche.

-No estoy seguro. Comenzaremos en Picadilly Circus y Chinatown. Más tarde decidiré por donde seguir...

Bella se encogió de hombros, contenta con la idea.

Hacia semanas que vivía allí, y todavía no conocía las mayores atracciones de Londres.

Mientras Edward conducía por la ciudad, Bella se dedicó a observarlo. Había algo diferente en él aquel día. Seguía siendo igual de guapo, muy masculino y relajado, pero había una expresión diferente en su rostro, cierta determinación.

Edward condujo hasta Picadilly Circus sintiendo la mirada de la castaña sobre él. El no saber qué pasaba por la cabeza de su castaña cuando lo observaba lo ponía de malas. Él necesitaba saber qué pensaba ella sobre él. Si lo querría, le daría lo mismo, o si lo estuviera observando con tanta fijeza para no olvidarse de su aspecto cuando volviera a América. Ese pensamiento le produjo un escalofrío.

No, claro que no. Ella no se iría. Él estaba decidido a hacerla quedarse allí, con él. Ayer, lo único que se le había ocurrido era incentivar la a quedarse mostrándole lo hermoso que era Londres, lo mucho que podía llegar a amar esa ciudad, lo feliz que podría ser allí.

Sí tan sólo Edward hubiera sabido que lo único que se cruzaba por la cabeza de Bella cuando lo miraba, era cuánto lo amaba, y el deseo de no alejarse nunca, nunca de su lado.

-Es hermoso...-Susurró Bella un par de horas más tarde, mientras observaba el imponente Big Ben alzarse sobre ella.

Nunca se hubiese imaginado que llegaría a estar allí, con Edward Cullen parado a su lado, sonriendo mientras la miraba a ella.

-Sí, es lindo...-Respondió en un susurró el cobrizo.

Bella se giró para mirarlo, sonriendo e ignorando a la gente que cuchicheaba y revoloteaba alrededor de ellos, sin quitarles el ojo de encima.

-¡Quiero un recuerdo!-En menos de un segundo, Bella ya se había acercado a una de las tiendas cercanas, en donde se exhibían toda clase imaginable de chucherías, entre ellas pequeños Big Ben's de miniatura.

Edward sintió como sí le hubiesen robado todo el aire de los pulmones.

¿Recuerdos? Claro, recuerdos. Quería un recuerdo de Londres para cuando volviese a Estados Unidos.

Tragando saliva, Edward la siguió, intentando que nadie, ni Bella ni los camarógrafos y turistas que lo observaban con los ojos como platos, notara el dolor en su rostro.

.

-¿Podría ser esto más perfecto?

Edward suspiró, bajando la mirada hacia la castaña cabellera que reposaba sobre su pecho, mientras Bella se apoyaba contra él y observaba la increíble vista que el London Eye les ofrecía de la ciudad.

Sería más perfecto si te fueras a quedar.

A pesar del cansancio por haber estado todo el día recorriendo la ciudad, Bella se mantenía despierta y con una enorme sonrisa en el rostro.

La ciudad de Londres de noche, totalmente iluminada, era una de las cosas más bellas que había visto en su vida.

-Te gustó Londres.

Bella soltó una risita, haciendo que todas las personas a su alrededor intentaran prestar todavía más atención a la pareja.

-Amé Londres, Edward...

-¿Y entonces porqué te quieres ir?

Bella frunció el ceño, extrañada, girándose hacia Edward para observar su rostro bajo la escasa luz de la cabina.

¿Qué porqué se quería ir?

-¿Qué?

-¿Porqué te quieres ir, Bella? Eres feliz aquí, o eso parece. Amas la ciudad, tienes amigos, un trabajo, me tienes a mí... ¿Porqué te irás?

Bella frunció el ceño aún más.

¿Lo tenía a él? ¿Se iría? Bien, cada vez entendía menos.

-Edward... ¿De qué estás hablando? Yo no me iré a ningún lado.

El cobrizo bufó.

-Si, te irás a América.

-¿Se puede saber de dónde sacaste eso?

-Tú me lo dijiste.

La castaña ladeó la cabeza, todavía a tan solo unos cuantos centímetros de Edward, mientras intentaba encontrarle algún sentido a lo que estaba sucediendo.

-Nunca dije que me iría.

-El otro día en la playa me dijiste que extrañabas América, y cuando de pregunté si querías volver, te quedaste allí, callada, mirando hacia otro lado. Evidentemente quieres volver, y luego compraste esos recuerdos y yo...-Edward suspiró, mientras pasaba una mano por sus cabellos, nervioso.

Seguramente, Bella lo encontraba patético.

Todo nervioso y molesto por que ella se iría.

-Edward, yo... Nunca quise que pensaras eso. Cuando te dije que extrañaba América no... No era verdad.

-¿Cómo que no era verdad?

La castaña se encogió de hombros. Edward la tenía entre la espada y la pared.

-No lo era, simplemente no supe que otra cosa decirte, yo-Bella gruñó, estresada. Entre más se acaloraba la conversación, más se acercaban a ellos las personas que había allí dentro. Bella comenzó a hablar en un susurro.-No sabía que otra cosa decirte, porque la verdad es... Complicada, o algo así, supongo. Y sobre los recuerdos, Edward, adoro comprar chicherías, sólo eso.

El cobrizo frunció aún más el ceño.

-¿Cuál es esa verdad complicada?

-Edward...

-¿Cuál es, Bella?

El ruido de la cabina al detenerse los interrumpió, y Bella suspiró aliviada.

5 minutos más para evitar responderle.

Sin perder ni un segundo, Edward la tomó de la mano con fuerza, como si temiese que se le escapara, e hizo su camino hacia fuera, lejos del montón de gente.

No paró hasta que estuvieron junto al coche, y allí la hizo darse la vuelta, dejándola con la espalda contra la puerta del copiloto, y la encerró apoyando ambos brazos a los lados de su cara.

-¿Cuál es la verdad, Isabella?

-Edward, yo...

-¿Tú...?

Bella se mordió el labio nerviosa, desviando la vista.

-No puedo decírtelo.

-¿Porqué no? Se supone que soy tu amigo.

Bella esbozó una amarga sonrisa.

-Justamente por eso, no puedo decírtelo.

-No nos iremos de aquí hasta que no me lo digas.

-Edward...

-Bella, vamos.

La castaña lo observó desde su menos estatura, sintiéndose impotente.

-Yo te... Yo te amo.

Bella pensó que él no la oiría, ya que las palabras salieron en un muy bajo hilo de voz, pero lo hizo.

Lo hizo y una enorme sonrisa comenzó a expandirse por su hermoso rostro.

-Dilo de nuevo.

-No.

-Dilo.

Bella refunfuñó, pero finalmente, bajando la cabeza, lo repitió.

-Que te amo. Te amo.

Edward sonrió todavía más, y la obligó a levantar el rostro hacia él sosteniendo su mentón entre su indice y su pulgar.

-Yo te amo a ti, Isabella.

El ceño de Bella se frunció.

-¿De verdad?

-Por supuesto que de verdad, Bells... Te amo. Te amé desde la primera vez que te vi caerte al suelo frente a mí, nena.

Bella soltó una risita.

-No puedo creerlo.

-Yo tampoco podía. Bells, nunca antes he estado enamorado y cuando empecé a sentir que te convertías en lo más importante que tengo yo...Tuve tanto miedo, nena.

-Yo también tuve miedo...

-Y cuando pensé que te ibas a ir...-El cobrizo sacudió la cabeza.-Juro que planifiqué la forma de raptarte y no permitirte irte nunca.

Bella soltó una carcajada.

-Creo que te hubiera permitido hacerlo.

Edward suspiró, apoyando su frente contra la de ella.

-Debes saber que soy un desastre, Bella. No soy lo que te mereces, te mereces mucho más que un idiota vicioso, pervertido y problemático, pero no puedo dejarte ir, no puedo.

-No lo hagas, Edward. Sé que eres un idiota-Sonrió de costado, acercándose más a él.-Pero te amo.

-¿A pesar de eso?

-Por eso. Amar no es soportar los defectos de otra persona, Edward. Amar, en realidad es amar esos defectos. Amo todo lo que eres, incluidas tus tonterías.

Edward sonrió aún más ampliamente.

-No sé como hacer para llegar a merecerte alguna vez, nena, pero prometo hacerte feliz, lo prometo...

Bella sonrió, alzándose sobre sus puntillas para buscar los labios del cobrizo, que inclinó la cabeza y la besó lentamente.

Su primer beso real.

-Te amo.

.

Parece que al fin todo salió a la luz, pero... ¿Seguirán las cosas tan perfectas por mucho tiempo? Chan chan channn. (?) Bueno, me dejo de tonterías.

Muchas graaaacias por leerme, las adoro de verdad, a todas . Y gracias también por aguantar mis tardanzas, dentro de poco empiezan mis vacaciones y prometo que me pongo las pilas.

Un beso gigantesco. Emma!