-No sabía nada.
Bella alzó la vista del pastel que estaba cortando y observó a su jefe con cautela.
-¿Sobre qué?
-Tu noviazgo con este…tipo.-Bella arqueó una ceja, echándole una ojeada a la revista que Jacob mantenía alzada frente él. No había despegado la mirada de las fotografías para hablarle.
-Recién sucedió anoche.
-No mientas. Evidentemente, salían desde hace tiempo.
Bella frunció el ceño y Jacob dejó caer la revista sobre la barra.
Allí se veían fotos de ellos anoche, en el Big Ben, caminando por Londres, almorzando, en la cabina del London Eye, apoyados contra el coche, besándose.
Los habían perseguido por absolutamente todos los lugares a los que habían ido.
Bella suspiró, intentando con todas sus fuerzas alejar la vista de aquellas fotografías.
Ayer, luego de dejarla en su departamento, Edward primero le sugirió, luego le pidió y finalmente le ordenó no leer aquellas revistas.
La tentación era enorme.
-No sabía que te gustaban las revistas de chismes.
-Y yo no sabía que te gustaban los idiotas.
Bella abrió los ojos como platos, volviendo a levantar la vista hacia su jefe.
-Mi novio no es ningún idiota, Jacob.
El aludido bufó, poniéndose de pie.
-Luego no digas que no te lo avisé.
Sin más, se marchó hacia su estudio, dejando la revista de colores brillantes justo frente a ella.
Mierda.
Intentado distraerse, Bella reflexionó sobre los cambios de humor de Jacob.
El fin de semana pasado había estado insoportable, mal humorado y grosero. Estos últimos dos días había vuelto a la normalidad, aunque todavía había algo raro en él, como una especie de rencor hacia ella… ¿Qué demonios le sucedía?
Bella sacudió la cabeza, confundida y se encaminó hacia la puerta del bar con un borrador y un marcador negro para reescribir la lista de precios y especiales del día que colgaba frente a la vidriera del bar.
Estaba borrando todo cuando una mano tocó su hombro con suavidad, al girarse, una muchacha y un chico de unos dieciséis años la miraban con enormes sonrisas en el rostro.
-Eres la novia de Edward, ¿Verdad?
La castaña esbozó una sonrisa algo forzada.
-Hola…
-¿Podemos tomarnos una foto contigo?
-Eh… ¿Porqué?
La chica pareció confundida.
-Porque eres la novia de Edward.-Respondió el muchacho, como si fuese lo más obvio del mundo.
Bella se encogió de hombros.
-Como quieran.-Respondió, todavía sin terminar de comprender lo que estaba sucediendo.
La muchacha comenzó a dar saltitos mientras tomaba un celular exageradamente grande y ambos se acomodaban junto a ella.
Un flash y Bella les sonrió antes de murmurar un apresurado 'debo volver a trabajar' y entrar de nuevo en el bar.
Nunca antes le habían pedido una foto, y eso era raro. Raro.
Acaban de pedirme una foto solo por ser tu novia. Y esto se pone cada día más raro…-B
Le envió a Edward el mensaje y se propuso hacer para entretenerse, pero el trabajo estaba tranquilo, y lo único que podía hacer era sentarse en la barra a esperar que entrara alguien al lugar… y leer esa maldita revista.
Mordiéndose el labio, la castaña estiró la mano y la abrió por la mitad.
Y ahí estaban.
Todas sus fotos, sus salidas, las risas, los besos.
Sonrió bobaliconamente, pero la sonrisa se borró de su rostro cuando se acercó un poco más y comenzó a leer la nota.
"Edward Cullen parece nunca tener suficiente, y luego de una tanda de mujeres un tanto mayorcitas que él, el RockStar ha decidido variar un poco y se ha dejado ver recorriendo Londres junto a su 'novia' en el video a estrenar de Songbird, una jovencita de aspecto dulce que nada tiene que ver con las piernas largas y voluptuosos cuerpos con los cuales Edward suele rodearse.
Lo que más sorpresa ha causado es el hecho de que esta niña, aparte de no ser famosa, ¡Es tan sólo una adolescente! Nuestras fuentes no han podido descubrir su edad, pero se cree que oscila entre los dieciséis y diecisiete años.
Edward, querido, ¿No querrás meterte en problemas con la ley sólo por esa carita de ángel, verdad?"
Bella sintió vibrar en celular en su bolsillo, pero lo ignoró y giró la página, leyendo otra parte de la odiosa nota.
"Aparentemente, la relación comenzó cuando la bonita castaña se presentó en el casting –que finalmente ganó- para ser la cara del nuevo video de New Town, y nuestro rockero favorito se sintió inmediatamente atraído por la muchacha, tanto que se prestó para hacer la prueba de actuación con ella, una tierna escena en la que ella se lanzó sobre él como si se conocieran de toda la vida, dándole un apasionado beso enfrente de todo el equipo de New Town.
Aparentemente, el cantante se sintió tan impresionado por la muchacha, que la invitó a dormir a su casa esa noche y ella, obviamente, no se pudo negar."
No hace falta aclarar que para esa altura Bella ya se encontraba mirando la revista con la boca abierta como un pescado.
¿Que lo había besado en la audición? ¿Que se había ido con él esa noche? ¿¡QUE TENÍA DIECISEIS AÑOS!?
Sin dejar su indignación de lado, Bella sacó el celular del bolsillo y observó el nuevo mensaje de Edward.
Créeme, se pondrá todavía más raro, pequeña. –E.
No podrás creer lo que acabo de leer. –B.
En menos de un segundo, la respuesta del cobrizo ya vibraba en su bolsillo.
Ni se te ocurra leer esa mierda, Isabella, ya hablamos sobre esto. –E.
Bella estaba a punto de responder cuando levantó la vista y notó que dos mesas más estaban ocupadas, ¿¡En qué momento!?
Sin tardar, soltó el celular y se apresuró a tomarles el pedido y llevarle la cuenta a una pareja que se marchaba.
El resto de la tarde pasó rápido, quizás demasiado, y antes de notarlo, ya estaba guardando su uniforme, poniéndose su ropa y revisando su celular de nuevo. Tenía dos llamadas perdidas de Edward y tres mensajes.
¿Has estado leyéndolas, Isabella? –E.
Contéstame. –E.
Iré a recogerte a tu trabajo. –E.
Aguantando la respiración, Bella se despidió de los chicos de la cocina mientras caminaba hacia la puerta, comenzando a divisar ya las luces del Volvo azul oscuro de Edward.
-Adiós, Isabella.
-Adiós, Jacob.-Respondió distraídamente, sin girarse a mirarlo.
-Isabella.-La llamó su jefe.
Con un suspiro, Bella despegó la vista del Volvo y se giró hacia su jefe.
-¿Si, Jacob?
-Quería saber si aceptarías trabajar como efectiva, cinco días a la semana.
-¿De lunes a viernes?
Jacob asintió.
-Puedo pasarte el horario por e-mail, pero principalmente, estaba pensando pedirte que trabajes en el turno de la tarde.
-Pues… Déjame responderte mañana, pero creo que…Sí, Jacob.
Su jefe sonrió, y volvió a parecer ese hombre jovial y simpático que la había contratado hace un tiempo.
-Cuídate, Bella.
La castaña no se lo esperaba, pero de la nada, Jacob se acercó a ella y se inclinó para besarla en la mejilla, demasiado cerca de la boca.
Con una risita nerviosa, Bella se alejó y levantó una mano en forma de saludo.
-Adiós, Jacob.
Bella se apresuró a salir del lugar y abrió la puerta del Volvo.
Una vez dentro, se giró hacia el asiento del conductor, en donde Edward sostenía el volante con fuerza entre sus manos y la observaba con fijeza.
-¿Qué mierda fue eso?-No gritó, ni alzó la voz. Se mantuvo impasible, pero su tono bajo era de lo más escalofriante.
-¿Qué cosa?
-Ese imbécil te besó, Isabella, no te hagas la tonta.
Bella suspiró, mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.
-Fue un beso en la mejilla en agradecimiento por aceptar trabajar en el turno tarde como efectiva, nada más.
-¿Trabajarás toda la semana aquí?
-Sí.
Edward frunció el ceño.
-Ahora comenzaremos con las sesiones de fotos y la promoción del video.
-Ya veré que hago, lo arreglaremos. ¿Puedo preguntarte porqué luces tan enfadado?
El cobrizo bufó y puso en marcha el coche.
-Lo hablaremos en mi casa.
¿Quieres ir a mi casa? Sí, Edward, vayamos a tu casa.
Bella rodó los ojos, y gracias al Cielo, Edward no la vio.
El cobrizo no estaba de ánimos ese día. Primero Jules obligándolo a aparecer en uno de esos horrendos Talk Shows mañana, luego Bella leyendo toda es mierda que él no quería que leyera, y finalmente ese imbécil besando a su novia.
Está bien, era un beso en la mejilla, pero le importaba una mierda. Había estado demasiado cerca de su boca, y eso era algo inaceptable.
En menos de lo que pensaba, Bella ya se encontraba dentro del departamento de Edward, observando todo con mucha curiosidad.
Era justamente como se lo había imaginado. Masculino, moderno, y amplio. Perfecto.
-¿Qué leíste?
-¿Qué?-Bella, distraída, se giró para mirar al cobrizo, que pasó a su lado, tomándola de la mano en el proceso y llevándola hacia la cocina con él.
-¿Qué fue lo que leíste?
-Oh…-La castaña suspiró, mientras también inspeccionaba la plateada cocina con sumo interés.-Lo siento, sé que te prometí no hacerlo, pero la tentación fue insoportable.
Edward rodó los ojos mientras abría el refrigerador.
-¿Qué fue lo que leíste?-Repitió, sacando dos cervezas. Bella sacudió la cabeza, arrugando la nariz en su dirección y él no pudo evitar sonreír con ternura. Qué adorable era. Guardó una de las cervezas y tomó una lata de gaseosa, que le entregó a su novia.
-Una nota… Hablaban sobre muchas cosas pero decían tantas mentiras, ¡Decían que te besé en la audición y que esa noche me fui… me vine contigo a tu casa!-Se corrigió, sin perder el tono de indignación, y Edward sonrió durante un segundo antes de sacudir la cabeza.
-Te dije que no debías leerlas, sólo saben hablar mierda.
-Pero, ¿Por qué inventan cosas?
-Porque eso vende, Bells. Y no importa cuántas veces digas que eso es mentira, la idea de que es verdad ya estará demasiado mentira en las cabezas de la gente.
-Dijeron que yo era solo una adolescente, ¡Que tenía entre dieciséis y diecisiete años!
Edward sonrió.
-Bueno, no puedo culparlos por eso…
Bella le frunció el ceño, molesta, y él se acercó hacia el taburete en el que ella estaba sentada, obligándola a abrir las piernas para pararse entre ellas.
-No parezco de dieciséis años.
-Tienes cara de niña, Bells.
-Tengo casi diecinueve.
-Lo sé, nena.-Edward sonrió de lado, inclinándose para besarla por primera vez en la noche. Sus labios se movieron suavemente sobre los de la castaña, y se separó para susurrar-Prométeme que no leerás más eso.
-Edward…
-Bells, entiende lo que te digo, por favor. He visto como esa mierda ha arruinado las relaciones de muchos amigos, aunque no lo creas, te afectará. Deja de hacerlo, por favor.
Bella suspiró.
-Está bien.-Y antes de que él pudiera decir algo más, la castaña tomó su chaqueta con fuerza y lo empujó hacia abajo para que volviera a besarla.
Él sonrió contra sus labios mientras tomaba su rostro entre sus grandes manos.
-¿Estamos bien?
-Estamos bien.-Respondió ella entre medio del beso y él la besó una última vez antes de soltarla.
-Cenemos, ¿Quieres?
La castaña asintió mientras lo veía deambular por la cocina.
-¿Sabes cocinar?
-No, así que tienes dos opciones. O pido comida china o pido pizza.
Bella soltó una carcajada.
-Comida china.
Él asintió y fue a buscar el teléfono mientras la veía seguir chismoseando alrededor de la casa.
Edward necesitaba protegerla, protegerla de todo. Y sabía que si la dejaba seguir metiendo las narices en toda esa porquería de la prensa, terminaría lastimada, y eso era algo que simplemente no podía permitir.
No importaba que ella pensase que era exagerado, no pensaba exponerla a ese tipo de cosas, ni hablar.
Edward sonrió mientras la veía revisar su estantería de libros en la sala.
La quería. La amaba tanto, y estaba seguro de que nunca podría dejarla ir.
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¡Muchas gracias por leerme! Adoré sus reviews, son tiernísimas. Un saludo gigante a todas y muchas gracias por el apoyo y la paciencia.
Un beso gigantesco, ¡Emma!
