De mal en peor


En cuanto el sol se deslumbró sobre la selva, Eduardo tenía a una fila de aves en el aire lista para empezar la búsqueda de Blu.

-Atención- Dijo Eduardo con un tono militar.

-Tenemos que buscar y encontrar a uno de los nuestros, se perdió en la selva hace ya 3 días a partir de hoy… La prioridad de esta búsqueda es demasiado alta como para darle un nombre, tenemos…- Pero Eduardo no pudo terminar, pues una de las aves frente a él lo interrumpió.

-Disculpe señor, pero ¿No se trata de esa ave doméstica cierto?- Preguntó con cierto tono de decepción, al escuchar esto las demás aves empezaron a cuestionar y a criticar el significado de esa búsqueda, hasta que Eduardo se hartó de escuchar las discusiones.

-¡Silencio!- Gritó Eduardo, y al instante todas las aves volvieron a la postura que tenían.

-No importa el pasado que tenga, ahora es parte de la tribu… Y de mi familia… Al igual que todos aquí, tiene un lugar especial en la tribu, y precisamente por ser un ave doméstica es importante encontrarlo, no sabemos durante cuánto tiempo logrará sobrevivir solo en la selva, así que si alguien lo encuentra, no avisa a los demás… Si alguien lo encuentra, lo trae de regreso a la tribu… Y luego avisa a los demás, quedo claro-

-Sí señor- Contestaron todos los guacamayos frente a Eduardo para luego salir volando hacia la selva en busca de Blu, Eduardo se quedó viendo como los demás se iban, para después ir a buscar a Perla quien aun dormía en el nido, pero despertó en cuanto escuchó a alguien entrar.

-¿Papa? Me quede dormida, ¿Qué pasó?- Preguntó Perla algo preocupada.

-Los demás ya empezaron la búsqueda y…- Perla interrumpió a Eduardo.

-¿Y por qué no me despertaste? Blu es mi esposo y también debo ir a buscarlo…- Empezó a decir Perla un poco histérica por no haber ido con los demás, pero antes de que pudiera seguir con su discurso, Eduardo la tranquiliza.

-No te llamé… Porque nosotros buscaremos juntos- Dijo Eduardo sujetando a Perla de los hombros y con una sonrisa determinada en su rostro. Al escuchar esto, Perla no pudo contener las lágrimas, inmediatamente abrazó a Eduardo tan fuerte como pudo para luego separarse y empezar su propia búsqueda, aunque en el viaje hacia una de las partes más alejadas de la selva una duda, aunque pequeña, invadió a Perla.

-¿Y Roberto?- Preguntó Perla mirando a su alrededor.

-El fue con los demás, Esta búsqueda por nuestra parte es solo entre familia- Dijo Eduardo con la mirada fija en el horizonte, Perla solo sonrió y ambos continuaron el viaje.

Las demás aves llegaron a ciertos puntos de la selva, y empezaron a buscar a Blu por todas partes, gritando su nombre, buscando entre las ramas, desde al aire, en todas partes, pero no lo encontrarían en esos lugares, pues solo estaban buscando en su lado de la selva, a nadie le pasó por la mente que podría estar en el dominio de los rojos, y ciertamente preferirían que no fuera así, por la crisis del territorio y de la comida, y agregando que esas aves eran bastante territoriales.

Pasadas algunas horas de la mañana, Blu al fin despertó, en cuanto lo hizo no recordaba muy bien lo que había pasado la noche anterior, hasta que intento levantarse apoyándose en sus alas, un inmenso dolor le recorrió el cuerpo, el cual se originó en su ala derecha, haciendo que cayera al suelo, quejándose del dolor.

-¡Pero qué…!- Exclamó Blu mirando su ala, al hacerlo se llevo una muy desagradable sorpresa, al verla lastimada por completo. En ese momento Blu recordó lo que pasó la noche anterior, lo que Felipe y los demás guacamayos rojos le habían hecho. La primera reacción de Blu, fue sentir enojo hacia ellos, pero luego fue reemplazado por preocupación al analizar bien su situación, estaba solo en la selva, no podía volar y todo su cuerpo estaba herido y golpeado, sumando su conocimiento de la selva y de los depredadores que la habitaban, Blu se inundo en pánico el cual intentó disipar.

-Muy bien tranquilízate Blu… Esto no es nuevo para ti, ya has vivido 15 años sin volar, pienso que puedo vivir así otro tiempo más… Suponiendo que tenga suerte…- Dijo Blu algo asustado y mirando a su alrededor, pues, aunque la selva se viera tranquila, uno nunca podía saber qué clase de depredadores podrían estar al asecho. A duras penas Blu se puso por completo de pie y empezó a caminar cojeando y tomándose el ala derecha con la izquierda, con la esperanza de encontrar el camino de regreso a la tribu antes del anochecer.

Pasaron algunos minutos hasta que Blu empezó a resentir las heridas y los golpeas haciendo que empezara a marearse, por lo que se detuvo a descansar en la sombra de un árbol, aprovechó el tiempo para ver bien sus heridas, aunque la mayoría eran solo raspones, tenía una que otra herida de gravedad, al igual que varios golpes, de hecho, tenía prácticamente un ojo morado, está de más decir que esto solo lo alarmo más, pues además de no reconocer el lugar, empezaba a escuchar ruidos entre la selva, pero lo que más le alarmaba era escuchar gruñidos, inmediatamente lo invadió el temor de que una pantera lo estuviera siguiendo, temor que se confirmó en cuanto el furioso felino salió de entre la maleza para atrapar a Blu, quien juntó todas sus fuerzas y empezó a huir lo más rápido que podía, intentando elevarse aunque fuera un poco, logrando solamente lastimarse más el ala, Blu usaba como obstáculo para la pantera cualquier cosa, ya fuera subirse a una roca o trepara a una rama cercana, lo cual solo lograba retrasar levemente al felino quien cada vez se acercaba más a Blu. Al pobre guacamayo azul se le acababan las fuerzas hasta el punto que empezaba a ver borroso, empezaba a perder la esperanza hasta que por su estado no se percató de frente a él había un pequeño risco, por el cual cayó repentinamente, y aunque lastimándose aun más, logró escapar de la pantera hambrienta, Blu sintió alivio por un momento, pero dicho alivio se desvaneció al sentir aun más cortes en el cuerpo. La pantera terminó yéndose del lugar, mientras que Blu recobraba el aliento y el ritmo cardiaco, en cuanto se levantó y miró a su alrededor creyó reconocer el lugar, por lo que decidió continuar su camino después de haber descansado.

-Si logro sobrevivir a esto no volveré a entrar a la selva yo solo- Dijo Blu para sí mismo mientras seguía avanzando a un paso más lento debido al gran esfuerzo que había hecho al escapar de la pantera, pero seguía persistente, pues tenía 4 razones muy importantes por las cuales regresar a la tribu.

La búsqueda de Blu aun no daba resultado alguno, ni por los rastreadores ni por Eduardo y Perla, pero no perdían las esperanzas, había llegado un punto en el que empezaron a preguntar a los animales si habían visto a un guacamayo azul en los días anteriores, algunos respondieron que no y otros dijeron haber visto a un guacamayo cubierto de lodo con sangre en las garras y el pico, y otros dijeron haber visto a un ave azul poniendo agua en hojas, todo indicaba que era Blu, pero ninguno sabía hacia donde había ido, habiendo recopilado toda esa información Roberto fue a buscar a Eduardo, a quien encontró no muy lejos del lugar donde estaban buscando los demás guacamayos.

-Roberto, ¿Encontraron algo?- Preguntó Eduardo inmediatamente al ver a Roberto.

-Muchos animales afirman haber visto a uno de los nuestros actuando de manera extraña- Respondió Roberto.

-Ese tiene que ser Blu- Dijo Perla un tanto entusiasmada.

-¿En qué Zona fue eso?- Preguntó Eduardo con intriga, pero Roberto se tardó un poco en contestar, y tenía un aire de angustia.

-Cerca del territorio de los rojos- Contestó Roberto un poco angustiado, Perla se quedó callada al escuchar eso.

-Eduardo no crees que podría haber entrado en su territorio- Dijo Roberto algo nervioso, Eduardo frunció el seño.

-Por el bien de Felipe… Más vale que no… ¡Vamos!- Exclamó Eduardo emprendiendo vuelo hacia el territorio de los guacamayos rojos.

-Blu… ¿En qué te metiste?- Susurró Perla con angustia, pensando en lo que los guacamayos rojos pudieron haberle hecho a Blu, quien estaba cada vez más débil caminando en la selva, caminó y caminó hasta que su cuerpo cedió, al final no pudo seguir adelante y se recostó en la sombra de un árbol.

-T… Tengo que descansar…- Dijo Blu para sí mismo mientras se acomodaba en el suelo quejándose por sus heridas.

-Bueno, al menos no ha anochecido… No puedo quedarme mucho tiempo… En este estado no sobreviviría la noche…- Dijo Blu mirando sus heridas con preocupación.

-Y por eso las aves duermen en los arboles… Hay Perla… Te extraño…-