Edward observó a la castaña dormida junto a él, que apoyaba la cabeza sobre su regazo y una de sus pequeñas manitos sobre su rodilla, y siguió acariciando su larga cabellera con suavidad, ignorando por completo la película que emitía pequeños destellos de luz sobre el rostro de Bella.
Nunca, nunca en sus veintidós años de vida se había sentido así. Era como si todo su mundo girara alrededor de esa mujercita, sólo ella. Adoraba todo de Isabella. Su voz, su humor, su estatura, sus pecas, sus ojos, su risa, sus tonterías, su insaciable curiosidad y esa infinita ternura e inocencia que se reflejaba en cada parte de su ser.
Era hermosa.
Era suya.
Con una sonrisa, Edward se levantó cuidadosamente del sofá, sosteniendo la cabeza de Bella para que no se despertara. Apagó el televisor y volvió a tomarla en brazos para llevarla a la habitación.
Una vez arriba, corrió las sábanas como pudo y metió a la muy dormida Bella en la cama.
No sabía que se supone que debería hacer. ¿La dejaba con los jeans puestos o no?
Finalmente se decidió a quitarle las zapatillas, seguidas por las medias, y comenzó a desabrochar el botón del jean, pero se quedó duro cuando Bella comenzó a removerse.
Extrañado, la vio levar sus manos a su espalda, arqueándose hacia arriba y desabrocharse el corpiño, el cual salió volando por la habitación en cuanto estuvo fuera de ella.
-Odio esa cosa.-Murmuró Bella muy bajito, antes de suspirar y volver a acomodarse para seguir durmiendo.
Edward reprimió una carcajada y terminó de quitarle los jeans, mordiéndose el labio cuando las rosadas panties de Bella quedaron a la vista.
Sacudiendo la cabeza, Edward desasió de su ropa y, sólo en bóxer, se metió en la cama junto a Bella, que inmediatamente se giró hacia él y lo abrazó con fuerza.
El cobrizo sonrió todavía más ampliamente.
A pesar de la erección que crecía entre sus piernas, estaba feliz de tenerla allí, sin hacer nada más que sostenerla entre sus brazos y verla dormir.
Adoraba verla dormir.
Era inquieta y hablaba mucho, mientras enredaba sus piernas con las del cobrizo y murmuraba algo acerca de no querer irse jamás.
Edward inclinó la cabeza para besarla en la coronilla, mientras de a poco el sueño lo llevaba a él también.
.
A las diez y media de la mañana, Bella abrió un ojo, y luego el otro.
¿Dónde estaba? ¿Qué había hecho anoche? ¿Quién era-
Oh, cierto.
Bella sonrió adormiladamente mientras recordaba la película y finalmente, haber caído dormida sobre el regazo de su novio.
Él debía de haberla traído hasta su cama.
Desperezándose, Bella se giró dentro de los brazos de Edward, para encontrárselo durmiendo a solo uno par de centímetros de su rostro, mientras rodeaba su cintura con sus musculosos brazos.
Mordiéndose el labio, Bella levantó su mano y la deslizó con suavidad por la mejilla del cobrizo, bajando por su barbilla y finalmente apoyándola sobre su pecho.
Sin poder evitarlo, miró hacia abajo e inspiró hondo.
Tenía un cuerpo de pecado.
Todo planos duros, fuertes y hermosos. Deseó recorrer su torso con su mano, pero se contuvo, ¿Y si se despertaba?
Alzó los ojos hacia su rostro, sonriendo frente a lo adorable que era mientras dormía.
-Puedo sentir como me miras.
Bella sonrió, deslizando la punta de sus dedos sobre el labio inferior de Edward.
-Es que eres muy lindo.
Edward sonrió antes de atrapar uno de los dedos de Bella entre sus dientes.
-Tú eres hermosa.-Susurró antes de darle un pequeño mordisco a su índice y soltarlo.
Bella se mordió el labio y sonrió al mismo tiempo.
-¿Puedo preguntar cómo llegué aquí?
-Te traje en brazos.-Susurró Edward abriendo sus preciosos ojos verdes.
-Y me quitarte la ropa.
-Te quité los jeans. Y las zapatillas.
-Y el sostén.
-Oh, no, eso lo hiciste tú. Lo lograste sin quitarte la remera mientras decías algo como 'Odio estas cosas'.
La castaña soltó una carcajada bajo la atenta mirada de Edward, que le sonreía con adoración.
-Detesto dormir con el sostén puesto. En el viaje desde América hasta aquí, lo único que hice fue girar en mi asiento deseando poder quitármelo.
Edward sonrió todavía más, y bajó lentamente la mirada hasta la altura de los pechos de la castaña.
-Por mí, no hay ningún problema. Puedes dejar de usarlos cuando estés aquí.-Susurró, su voz volviéndose una octava más grave mientras sus increíbles ojos verdes brillaban.
Bella inspiró hondo, mientras sentía un cosquilleo en su vientre.
-No hagas eso.-Susurró, y Edward alzó los ojos para trabarlos con los de ella.
-¿Que no haga qué?
-Se siente raro cuando hablas así y me miras así.
-¿Raro?
Bella se encogió de hombros.
Nunca antes había sentido algo así. Especialmente, nunca con Mike.
Era como si su vientre se encendiera, cosquilleara y doliera al mismo tiempo, a la vez que sus piernas se convertían en gelatina.
-Raro.
-¿Cuándo te hablo cómo?-Susurró Edward, sin dejar de utilizar esa voz rasposa que tenía por las mañanas, mientras se inclinaba sobre ella y depositaba un dulce beso sobre el lóbulo de su oreja.
Bella sintió una sacudida por dentro.
-Ya sabes cómo.
Edward sonrió.
Por supuesto que sabía cómo.
Cuando los dientes del cobrizo mordieron su lóbulo con suavidad, Bella soltó un pequeñísimo gemido.
Edward sonrió.
Eso, deseaba eso.
Deseaba saber cómo sonaban sus gemidos, y su nombre en sus labios cuando se corría. Quería saber cuáles eran sus puntos débiles, esos que la hacían volverse loca de placer. Quería sentir la forma en la que se arqueaba bajo sus manos, cómo se mordía los labios de placer y la forma en la que sus ojos brillaban al mirarlo mientras él se enterraba en ella.
Todo eso, lo deseaba todo. Y mucho más.
-Son casi las once.
-¿Y qué?-Susurró el cobrizo sin dejar de besar el cuello de su novia.
-La entrevista de la que me hablaste ayer, ¿No lo recuerdas?-La voz de Bella no era más que un hilo tembloroso y Edward bufó contra su cuello.
-Lo había olvidado.
-Lo noté.-Susurró la castaña divertida, y Edward gimió, frustrado, antes de ponerse de pie y caminar hacia el cuarto de baño.
-¿Vendrás conmigo?
Bella sonrió desde la cama, estirándose.
-Bueno.-Susurró finalmente, y se puso de pie para buscar sus jeans.-Pero necesito pasar por mi casa.
-Está bien.-Edward apareció desde el baño con el cepillo de dientes dentro de la boca, y comenzó a rebuscar entre los cajones.
Bella lo observó, ya vestida y sentada en la cama, con una sonrisita en el rostro.
Su novio era demasiado sexi, para ser justos.
-¿Admirando las vistas?-Susurró Edward mientras tomaba algo del cajón y se giraba.
-Tienes mejor trasero que yo.-Masculló Bella, observando la ancha espalda y estrecha cintura de Edward al caminar hacia el baño.
Él soltó una carcajada.
-No creo que eso sea posible.
.
Bella se mordió el labio mientras seguía a Edward a través de los pasillos del canal de televisión en el que se encontraban.
Todo el mundo los miraba. Todas y cada una de las personas que pasaban caminando a su lado le echaban una ojeada a sus manos unidas y sonreían, o arqueaban una ceja o simplemente le comentaban algo a quien tenían al lado.
Era incómodo, y ella no entendía cómo hacía Edward para caminar tranquilamente, sin prestarles ningún tipo de atención.
-Relájate.-Lo oyó susurrar mientras abría una puerta con su nombre escrito en ella.
-Lo siento.
Él se giró para mirarla y sonrió, mientras se inclinaba para besar su sien con suavidad.
-No lo hagas.
El resto de la banda estaba dentro de aquella habitación, esperando a que los llamaran, y Rosalie también estaba allí.
Luego de saludar, Bella se sentó en un sillón de tres cuerpos entre Edward y Evan.
-¿Y Alice?
-Está preparando el desfile de mañana. Vendrás, ¿Verdad?
Bella se encogió de hombros.
-Seguro.
La puerta de abrió un segundo después, y una rubia platinada apareció.
-Chicos, al aire en tres minutos.
Edward suspiró, mientras el resto de los chicos le sonreían burlones.
-Cada día odio más estas cosas.
Bella sonrió, mientras le daba un beso de despedida en los labios.
-Te amo. No sufras demasiado.
Edward le mordió el labio inferior antes de ponerse de pie.
-Te amo todavía más. Lo intentaré.
Edward ignoró las miradas sorprendidas de sus amigos y se dirigió a la puerta con un suspiro.
Rosalie alzó una ceja en su dirección y soltó un pequeño gritito de alegría cuando los chicos desaparecieron tras la puerta, mientras corría a sentarse junto a ella.
-¡Dios, esto es absolutamente genial! Edward está tan enamorado, ¡Te adora! Nunca antes lo había visto así y esto es tan tierno, ¡Alice va a morir cuando lo vea!
Bella soltó una carcajada.
El entusiasmo de Rose era contagioso.
-Es lindo, ¿A que sí?-Susurró, mientras se mordía el labio.
-¿Edward? Supongo que lo es. Demasiado alto y flacucho para mi gusto, pero es lindo.
-¡Edward no es flacucho!
-Lo es.
-Sólo si lo comparas con el coloso de tu novio.
Rose soltó una carcajada.
-Bueno, tienes razón. Quizás no sea un flacucho.
Bella sacudió la cabeza, con una sonrisa en el rostro, y fijó sus ojos en la tevé cuando la presentación del programa comenzó.
-Gracias a Dios que es un show en vivo, sino deberíamos estar aquí como mínimo por tres horas.
-Oh… ¿Porqué?
-A veces las cosas salen mal y deben empezar todo de nuevo. Pero eso no sucederá hoy. Más les vale no decir nada fuera de lugar.
Bella sonrió. Sabía sobre eso.
A veces hacían comentarios subidos de tono en programas de horario para todo público o se enfadaban con el entrevistador o se negaban a responder alguna pregunta.
Eran chicos problemáticos. Eso era lo que la gente decía.
La presentadora del show era alta, rubia y extremadamente delgada.
Se llamaba Carrie y parecía muy simpática. Edward estaba sentado en el sillón junto a ella, con Emmett al lado. Luego estaba Jasper y finalmente Evan.
Dos minutos de entrevista y ya podías ver que Edward quería largarse de allí a toda prisa.
Estaba repantigando sobre su sillón, asintiendo y forzando sonrisitas cada tanto. Emmett se reía de todo, Jasper era muy cortés, y Evan, de llano, no hablaba.
-Esta pregunta va directamente dirigida a ti, Edward…-Carrie dejó la tarjeta sobre el escritorio, esbozando una sonrisita.- ¿Tienes novia?
Edward sonrió. Se podría decir que fue su primera sonrisa real desde que comenzó la entrevista.
-Tengo novia.-Murmuró con su voz grave en respuesta.
El público aplaudió y gritó, y Edward sacudió la cabeza con una imperceptible sonrisa en el rostro.
-Y su nombre es Bella Swan, ¿Cierto?-Edward asintió, comenzando a incomodarse. Hablar sobre su vida privada no era específicamente lo que más adoraba hacer.-Hay algo que nos ha estado carcomiendo, Edward. ¿Es Bella una menor?
El cobrizo bufó.
-No, no lo es. En una semana cumplirá diecinueve años.
-¡Oh, pues parece que tuviera dieciséis!-Carrie soltó una carcajada y Edward se limitó a sonreír.
-Lo sé. Son las pecas.
Bella, que había estado frunciendo el ceño, no pudo evitar sonreír.
Él recordaba hasta el más mínimo detalle de aquella audición.
-¿Quieres contarnos algo más sobre ella?
-No.
Carrie pareció algo descolocada por la frontalidad de Edward, pero finalmente asintió.
-La conociste en la audición, ¿Verdad?-Edward respondió con un asentamiento.- ¿Y es verdad que te besó allí mismo?
Edward suspiro.
-Prefiero no seguir hablando del tema.
-Pero el público quiere saber.
-Y yo no quiero contarles.-Rebatió el cobrizo en un tono demasiado dulce para las palabras que había pronunciado, mientras esbozaba una maliciosa sonrisita.
Bella sintió que lo adoraba más a cada segundo que pasaba.
Carrie asintió, y tomó otra de las tarjetas del escritorio.
-Bueno, y sobre el video de Songbird, ¿Cuándo será lanzado?-Edward se quedó callado, decidiendo no contestar, y Emmett volvió a hablar.
-Dentro de un par de semanas. Están terminando la edición, y pronto podrán verlo.
Luego de eso, la entrevista siguió cursos más profesionales, excepto por cuando Jasper y Emmett fueron interrogados por sus duraderas relaciones.
Ambos se desasieron de las preguntas rápidamente, aunque con mucho más tacto que Edward.
Bella sonrió mientras lo veía allí, sentado, arqueando una ceja ante alguna idiotez que Carrie dijo.
Era precioso. Y malo. Y muy bueno. Celoso y un total pervertido. Un idiota y un genio al mismo tiempo. Y ella lo amaba.
Con todas sus contradicciones, sus complicaciones e idioteces.
Lo amaba.
.
Amo, amo, amo demasiado esta relación. Tanto que me va a costar un montón arruinarla… (No, no me odien, saben que lo tengo que hacer, sino la historia sería aburrida). Y cambiando de tema… ¡Un millón de gracias por todo! Cuando digo que las amo, no es en broma. Las amo, de verdad. Cada vez que alguna de ustedes dice que les gusta la forma en la que escribo, me alegran el día, la semana y el mes (Soy exagerada, i know). De todas formas, no saben lo importante que es para mí que les guste todo esto, porque de verdad me esfuerzo bastante para hacerlo. Muchas gracias y espero que tengan una buena semana.
Un beso enorme. Emma.
