-¿Lista ya para irnos?
Cuando hubieron terminado con las fotografías en el backstage, Edward volvió al camerino, en donde Bella y Rosalie seguían cuchicheando.
-Dejen de conspirar en contra nuestra, mujeres.- Rosalie le rodó los ojos a su novio, y Bella soltó una carcajada.
-Adiós, Rose.-Bella se levantó y depositó un beso en la mejilla de su amiga antes de dirigirse a saludar al resto de los chicos.
-¿Vendrás al desfile de mañana?
-Oh… ¿Tú irás?-Bella se giró hacia Edward, que en ese momento se dirigía a saludar a Rosalie, y él negó con la cabeza.
-Tenemos ensayo mañana, pero puedo llevarte, si quieres.
-Oh, no, no te preocupes.
-Me queda de paso, Bells. Te llevaré.
-¡Y luego vienes a almorzar conmigo y con Al!
-Está bien…-Susurró Bella, sabiendo que no importaba cuanto discutiera, Edward la terminaría llevando de todas formas.
Una vez fuera del estudio, Edward caminó rodeando sus hombros con un brazo, mientras una horda de paparazzis los seguía a través del aparcamiento.
Bella levantó la cabeza para echarle una ojeada a su novio mientras una sonrisita se dibujaba en su rostro.
Estaba segura de que cualquier mujer soñaría con caminar bajo el brazo de ese hombre.
Llevaba sus Ray-Bans negros y su chaqueta de cuero negra sobre una playera blanca y unos jeans negros ajustados. Sus cabellos estaban despeinados y el cigarrillo que sostenía entre sus dedos y de vez en cuando se llevaba a la boca completaban el look de un espectacular bad-boy de Hollywood.
Una sonrisa torcida que te hacía pensar en malas intenciones y acciones lascivas se expandía por su rostro, y en cuanto notó la forma en la que Bella lo miraba, bajó la cabeza para observarla con sus increíbles ojos verdes escondidos por el vidrio oscuro de sus lentes.
Una sonrisa más amplia y dulce se extendió por su rostro, mientras se inclinaba para depositar un casto beso en los labios de la castaña.
-Hola, nena.-Susurró, y Bella le respondió con una enorme sonrisa antes de subirse al coche.
Nunca antes se hubiese imaginado que aquel hombre tan hermoso la iba a querer a ella, pero así parecía ser, y Bella no podía sentirse más feliz.
-¿Quieres ir a almorzar a algún lado, o prefieres volver a casa?-Preguntó Edward mientras ponía en marcha el coche.
-Volver a casa. No más cámaras por hoy, por favor.-Susurró Bella, y Edward torció la boca en una mueca irónica.
-Sabes que tendrás que acostumbrarte a ellas, ¿Verdad, Bells?
La castaña suspiró.
-Lo intento. De veras que lo intento pero no es algo a lo que pueda acostumbrarme de un día para el otro.-Respondió, cohibida, y Edward estiró la mano para tomar la suya y apretarla cariñosamente.
-Lo entiendo, lo sé.-Bella no pudo evitar sonreír cuando el cobrizo se llevó su mano a los labios y depositó un beso en el dorso antes de soltarla.
El camino al departamento fue rápido y una vez dentro, Bella se dirigió a la cocina.
-Yo cocino hoy, ¿Tienes verduras?
El cobrizo asintió con un sonrisita mientras la seguía a la cocina.
Una hora y media más tarde, Edward terminó de lavar los platos, algo a lo que no estaba muy acostumbrado, y se giró para sonreírle a su novia.
Las fajitas de Bella habían sido una grata sorpresa.
-Así que sí sabes cocinar.
-Por supuesto que sé cocinar, tonto.-La castaña se irguió sobre sus puntillas para devolverle el beso, y sonrió contra sus labios.- ¿Edward?
-¿Sí?
-Me encantaría tomar un baño.-Susurró, rodeando la cintura de su novio con los brazos.
A Edward el aliento se le atascó en la garganta, y volvió a respirar cuando se dio cuenta de que esa no era ninguna invitación a hacer el amor en la ducha. Ella se quería dar un baño. Sola.
-Por supuesto, ya te buscaré toallas.
-En realidad… Estaba pensando en ir a mi casa.
Edward frunció el ceño.
-Pero aquí tienes cuatro baños.
Bella soltó una carcajada.
-Pero allí tengo mi ropa.
Edward asintió lentamente.
-¿Y si la buscamos?
-¿Perdón?
-¿Si buscamos tu ropa y luego tú te quedas aquí?
-¿Aquí… contigo?-El cobrizo asintió.- ¿Y por cuánto tiempo sería eso?
Edward se encogió de hombros.
-No te estoy presionando para que vengas a vivir conmigo, Bells. Pero me agrada tenerte aquí y no quiero que te vayas. De todas formas, te llamaré al móvil todo el tiempo si no estás aquí, así que me parece lo más cómodo.
Bella soltó una risita.
-Eres un acosador.-Sonrió ampliamente, mordiéndose el labio, y Edward decidió que esa expresión entre divertida y traviesa que se instalaba en su rostro era una de sus preferidas.
-¿Qué dices?
-Digo que… Está bien.
-¿Bien?-La castaña asintió y Edward sonrió más ampliamente.-Vamos a buscar esa ropa.-Susurró, tomándola de la mano y caminando hacia la puerta.
Una vez que hubieron vuelto del apartamento de Bella con un pequeño bolso lleno de ropa, la castaña se metió al baño y se dedicó a ducharse, mientras Edward, sentado en la cama al otro lado de la puerta, se imaginaba cómo sería estar con ella allí dentro, viendo el agua recorrer su pequeño y hermoso cuerpo…
Oh, no, Cullen, no sigas por ahí, o tendrás problemas que no serán nada fáciles de solucionar.
Edward se frotó la cara con ambas manos antes de levantarse y quitarse los jeans para volver a la cama.
Quería hacerle el amor a Isabella. Necesitaba hacerle el amor. Pero dentro de él sabía que eso no sucedería hasta que ella le diera el sí definitivo, así que mientras tanto tendría que acostumbrarse al dolor que sentía en sus partes íntimas.
Cuando Bella salió del baño envuelta en una nube de vapor, Edward ya estaba dentro de la cama, tapado hasta la cintura, mostrando su increíble torso con una mano bajo la cabeza y sosteniendo un libro en la otra.
Bella se permitió acercarse un rato antes de sacudir la cabeza y caminar hacia el sofá en donde reposaba su bolso.
-¿Ya terminaste?-Murmuró Edward, mirándola unos segundos por debajo del libro. Bella asintió.
El cobrizo tragó saliva. ¿Acaso Isabella lo hacía para volverlo loco? Porque definitivamente, lo estaba logrando.
La castaña caminó hacia el sofá llevando sólo esa pequeñísima toalla que no llegaba a taparle el trasero, y rebuscó dentro de su bolso antes de volver a internarse en el baño.
Edward respiró hondo, mientras depositaba su ojeado libro sobre la mesa de noche y esperaba a que Bella volviera a la habitación.
En cuanto salió del baño, la castaña le sonrió y correteó hasta la cama para lanzarse sobre él. Literalmente, se lanzó sobre él.
Edward soltó una carcajada mientras abría las mantas para que ella quedara tapada también y la abrazó a su cuerpo, sintiendo como se le ponía cada vez más dura debido a la posición en la que se encontraban.
Bella estaba abrazada a su pecho con una pierna a cada lado de su cadera.
-Bells…-La voz del cobrizo se había vuelto una octava más grande debido a lo mucho que estaba intentando mantener el control.
-¿Mm?
-Nena, creo que deberías…-Edward se aclaró la garganta, mientras comenzaba a respirar más profundamente.- ¿Moverte?
Bella levantó la cabeza, que había escondido en el hueco de su cuello y lo observó con una ceja alzada.
-¿Porqué?-Preguntó, burlona, y Edward, a pesar de no ser tan bruto, no lo soportó más.
-Porque si no voy a hacerte el amor ahora mismo.
Bella sintió como se le cortaba la respiración, mientras observaba a Edward de hito en hito.
El cobrizo sonrió irónicamente, sabiendo que ahora ella se separaría de él de un salto, escandalizada.
Grande fue su sorpresa cuando en lugar de eso, la castaña se mordió el labio inferior durante un instante antes de responder con suavidad.
-Hazlo, entonces.
Edward abrió los ojos como platos, mientras intentaba procesar lo que su novia acababa de decirle.
-¿Tu quieres que…?-Bella asintió, aún mordiéndose el labio, y Edward inspiró hondo.- ¿Sabes lo que me estás pidiendo, Bella?-La castaña volvió a asentir, y Edward gimió bajito antes de girar con ella en brazos, dejándola atrapada en la cama bajo él.
Inmediatamente, sus bocas se encontraron y Edward suspiró mientras tomaba el control del beso e invadía la dulce cavidad de Bella con su lengua.
La castaña dirigió ambas manos hacia arriba, acariciando los cabellos del cobrizo con suavidad, y él le mordió el labio mientras sus manos acariciaban las caderas y los bordes de los pechos de Isabella.
-Te he deseado desde el primer momento en que te vi, Isabella.
La castaña sonrió en medio del beso.
-¿De verdad?
-Claro que sí.
Edward se separó de sus labios para besarle el cuello mientras con ambas manos comenzaba a levantar la enorme remera en la cual consistía el pijama de Isabella, para acariciar su vientre desnudo sin estorbos.
Bella se estremeció y levantó ambos brazos cuando Edward tiró de la camisa hacia arriba, quitándosela por la cabeza y dejándola sólo en bragas bajo él.
Con lujuria, observó los pechos, y subió ambas manos para acariciarlos, jugueteando con las puntas.
-Edward…-Bella se mordió el labio, saboreando las desconocidas sensaciones que recorrían su cuerpo.
El cobrizo sonrió traviesamente antes de bajar la cabeza y comenzar a pasar su lengua lentamente por los pezones de Isabella, haciéndola gemir más alto y aferrarse a sus cabellos con fuerza.
Edward siguió torturándola, e Isabella sintió que no podía más. Sentía las bragas húmedas y una bola de fuego dentro del vientre que iba a consumirla en cualquier momento.
-¡Ed-ward!-El cobrizo levantó la cabeza para observarla, y la besó suavemente en los labios.
-¿Sí, mi amor?
-Hazlo…
-¿Qué cosa?
-¡Lo que sea que tengas que hacer pero hazlo!
Edward sonrió.
Le encantó descubrir cuán apasionada parecía ser en la cama su Bella.
Depositando besos a lo largo de su estómago, Edward bajó hasta el borde de sus bragas, y besó su vulva por sobre la tela antes de quitárselas. La castaña lo observó escandalizada mientras él le abría las piernas y se las colocaba sobre los hombros, pero eso fue lo último que pudo hacer antes de que la boca de su novio invadiera aquella zona tan íntima, y un rayo de placer atravesara todo su cuerpo, obligándola a arquear la espalda sobre el colchón, aferrando una mano a las sábanas y la otra a los cabellos cobrizos de Edward.
Las sensaciones que sacudieron su cuerpo mientras Edward hacía su magia allí abajo, eran algo que Bella no se imaginaba que pudiera llegar a sentir.
Era como si… Algo, se formara dentro de ella, y se hiciera cada vez más y más grande, amenazando con explotar en cualquier momento y volarla a ella en pedazos también.
Bella lo sintió crecer y crecer, mientras de su boca escapaban palabras sin sentido y gemidos cada vez más fuertes, antes de estallar.
Y fue hermoso.
Edward se relamió los labios mientras levantaba la cabeza, observando cómo Bella alcanzaba el orgasmo. Él no recordaba haberse sentido tan satisfecho solo por darle un orgasmo a una mujer nunca antes. Pero, claro, ella no era cualquier mujer… Ella era el amor de su vida.
Bella gritó, y gimió y flotó en el cielo mientras todo su cuerpo se tensaba y relajaba repetidas veces, sin entender muy bien qué sucedía, pero deseando que durara para siempre.
Cuando pudo recuperar la respiración, abrió los ojos, mientras su pecho subía y bajaba con las profundas bocanadas de aire que tomaba, y observó a Edward con adoración.
-Eso fue…-Bella tragó, sacudiendo la cabeza.-Espectacular.
Edward sonrió, inclinándose para besarla, y Bella notó el sabor extraño en su boca. Su sabor extraño.
-Eso fue sólo el comienzo.
Bella sonrió.
-¿Otra vez?
El cobrizo soltó una risita mientras estiraba una mano hacia su mesita de noche y rebuscaba un preservativo allí dentro.
-¿Estás entusiasmada, pequeña?
Bella se encogió de hombros tímidamente, mientras acariciaba el abdomen del cobrizo con la punta de los dedos, sintiendo como los músculos del muchacho se tensaban bajo su tacto.
-Sigues con eso puesto todavía.-Susurró, echándole una ojeada a los bóxers negros, y Edward sonrió antes de arrodillarse frente a ella y quitárselos.
A Bella se le secó la boca, y deslizó la punta de la lengua por sus labios para humedecerlos.
¿Cómo carajos iba eso a entrar en ella?
Edward se volvió a acostar sobre ella y besó sus mejillas antes de volver hacia su boca.
-Tranquila… Iré despacio, lo prometo.-Bella asintió e inspiró hondo mientras Edward rompía el condón con los dientes y luego se lo colocaba con una sola mano sin dejar de besarla.- ¿Estás lista?
La castaña asintió y se dejó hacer mientras Edward le doblaba las rodillas hacia arriba y abría sus piernas, tirándola más para abajo hasta encontrar la posición perfecta.
Un beso más y él ya se estaba enterrando en ella.
Bella sintió como si un barco de carga estuviera destruyendo su pequeño puertecito, pero respiró hondo y enterró el rostro en el cuello de Edward, mientras lo sentía cada vez más adentro.
Cuando estuvo completamente dentro de ella, Edward suspiró entrecortadamente, sintiendo una ola de sensaciones inundándolo.
Debía mantener la calma, debía hacerlo.
Sin moverse, giró la cabeza y comenzó a besar el cuello de Bella, subiendo por su mejilla hasta llegar a sus labios.
-¿Estás bien?-Bella asintió con los ojos cerrados, y Edward le acarició el labio inferior con la lengua.-Abre los ojos, mi amor.
Bella obedeció, y su mirada se encontró con los ensombrecidos ojos esmeraldas del cobrizo.
-Estoy bien.
Edward sonrió levemente, besando la punta de su nariz.
-Ya está. No dolerá más…
Bella asintió, inspirando entrecortadamente.
Edward se dedicó a besar su cuello y jugar con sus pezones entre sus dedos, sin volver a moverse allí abajo. Comprendió que estaba esperando a que ella le diera señales de que ya no dolía.
Cuando Bella sintió que aquella puntada de dolor comenzaba a convertirse en fuego líquido, movió las caderas bajo las de Edward, y él levantó la mirada para trabarla con sus enormes ojos cafés.
Comprendiendo el mensaje, el cobrizo comenzó a moverse dentro de ella, muy suavemente al principio, mientras Bella enterraba las uñas en su baja espalda y gemía contra su hombro.
-Más…
Edward sonrió y aumentó el ritmo, sintiendo el orgasmo crecer cada vez más dentro de su cuerpo.
-Ven conmigo, nena.
-Edward…
-Vamos, hazlo, déjate llevar.
Bella soltó un gritito, el nombre de Edward deformado por el placer, mientras sentía como un demoledor orgasmo la volvía a llevar, haciéndola estallar en mil pedazos alrededor de Edward, que la siguió un par de embestidas después.
Ambos sudorosos y sin respiración, giraron por la cama, hasta que Bella estuvo acostada sobre el pecho del cobrizo, que la estrechó contra él mientras una enorme sonrisa se dibujaba en su rostro.
-Te amo, Isabella. Te amo tanto.
La castaña soltó una risita.
-Y yo te amo a ti, Edward. Eso fue genial.-Bella giró la cabeza para besarle el pecho.-Debemos hacerlo más seguido.
El cobrizo soltó una carcajada.
-Dalo por hecho.
.
¿Les gustó? ¿Sí, sí, sí? Perdón si es algo corto, es que de verdad no sabía qué más hacer en este capítulo. Me esforcé bastante en el Lemmon, cosa que me da bastante vergüencita, pero lo he intentado, y bueno… este fue el resultado ¿Muy horrible? Ojalá que no. Díganme que les pareció en un hermosisisimo review, amiguitas!
Ah, y posiblemente esté subiendo alguna especie de One-Shoot relacionado con algo de navidad algún día de estos, sólo para que sepan… ¡Y Felices fiestas a todos! Espero que la pasen bien, disfruten mucho, coman muchas cosas ricas y duerman un montón, igual que yo pienso hacer.
¡Un enorme beso a todas! Emma.
