Al fin en casa
La noche parecía no tener fin, varias aves entraban y salían del nido de Blu llevando una y mil cosas, ya fueran hojas, hierbas o agua, era una lucha desesperada por mantener vivo a Blu, el lugar estaba cerca de parecer una sala de urgencias en un hospital humano Perla solo veía como los demás lo trataban sin ella poder hacer nada, la impotencia, al igual que la preocupación y el miedo la invadían de pies a cabeza, solo quería que esa horrible noche llegara a su fin y que Blu estuviera bien.
Pasaron las horas hasta que por fin todo terminó, las aves dejaron el lugar hasta que quedaron solo Eduardo, Perla y Blu, Eduardo solo se quedó ahí unos minutos más, hasta que se despidió de Perla y se fue del lugar, dejándola sola con Blu, quien parecía tener una voluntad lo suficientemente fuerte como para seguir vivo. Perla se quedó a lado de Blu toda la noche hasta que el cansancio le pudo y se quedo dormida junto a él.
Al día siguiente, pasado un poco el amanecer, Blu empezaba a recuperarse, aunque creía estar muerto, empezaba a despertarse.
-¿Qué?- Se preguntó Blu a sí mismo al notar que no estaba en la selva.
-¿Dónde estoy? Se volvió a preguntar mientras intentaba levantarse, lo cual no consiguió por el dolor que sentía, aunque se sorprendió al ver algunas partes de su cuerpo cubiertas con unas hierbas extrañas, Blu aun no entendía de que iba todo, hasta que volteo hacia otro lado y vio a Perla, quien al sentir el movimiento de Blu, despertó inmediatamente.
-¡Blu!- Dijo Perla abrazando a Blu con algunas lágrimas en sus ojos, a lo cual Blu ignoró el dolor y correspondió el abrazo también soltando algunas lágrimas, pues creía que jamás volvería a ver a Perla.
-Blu, despertaste- Dijo Perla mirándolo a los ojos.
-Hay Perla, te extrañe tanto…- Dijo Blu de igual manera mirándola a los ojos.
En eso, Eduardo entró al nido.
-Veo que despertaste- Dijo Eduardo con una sonrisa de aprobación en su rostro, a lo que Blu miró al suelo no algo apenado y no queriendo devolverle la mirada.
-Eduardo yo…- Pero Eduardo interrumpió a Blu.
-No digas nada Blu… Fue mi culpa… En primera no debiste escuchar es conversación- Escuchar eso, hizo sentir a Blu un poco mal.
-Y en segunda, jamás debí haber dicho esas cosas sobre ti…- Eso sorprendió a Blu. Eduardo decidió no decir sus razones para querer excluirlo del viaje, pues después de ver lo que Blu hizo por mantenerse a lado de Perla, Eduardo prefirió no provocar otro desastre como ese, pero había una duda que Blu no había aclarado.
-Blu… ¿Por qué te fuiste?- Preguntó Perla mirándolo a los ojos y con cierta angustia, a lo que Blu suspiró.
-Quería demostrarle a tu padre que podía sobrevivir en la selva por mi cuenta… Demostrar que soy capaz de adaptarme a la selva pero… Creo que todo salió mal- Respondió Blu con la mirada hacia el suelo.
-Pero ¿No pensaste en mí? ¿En tus hijos? ¿En cómo reaccionarían si algo peor te hubiera pasado?- Preguntó Perla muy exaltada.
-Claro que sí… En cuanto lo hice intenté regresar pero… No encontré el camino de vuelta a la tribu… Y las cosas se pusieron peores con Felipe y esos guacamayos rojos…- Dijo Blu, al escuchar la parte de los guacamayos rojos, Eduardo no se iba a quedar con los brazos cruzados.
-Blu… Espero mejores pronto, quisiera quedarme, pero tengo un asunto pendiente- Dijo Eduardo despidiéndose, Blu y Perla se despidieron y vieron como se iba del nido.
-Perla… Enserio lo siento- Dijo Blu bastante apenado.
-Eso ya no importa… Lo importante es que estás vivo y estas aquí- Dijo Perla sonriendo.
En ese momento los niños entraron en el nido, no pudieron contener las ganas de saltar a Blu en cuanto lo vieron despierto, a lo cual Blu contuvo el dolor, pues las ganas de ver a sus hijos podían más que cualquier cosa que le hubiera pasado en la selva.
-Papá, estas bien- Dijo Bia abrazando a Blu fuertemente.
-Pa, te extrañamos- Dijo Tiago sonriente y alegre de ver a su padre de nuevo.
Carla solo sonreía y abrazaba a Blu, esa escena no tenía precio alguno para Perla, anhelaba tanto ver a su familia reunida otra vez.
Eduardo al salir llamó inmediatamente a Roberto y a otro grupo de aves.
-¿Qué pasa Eduardo?- Preguntó Roberto algo confundido, pues estaban volando hacia quien sabe dónde.
-Tenemos un asunto pendiente con Felipe- Dijo Eduardo con determinación y algo de malicia.
-¿Entraremos a su territorio?- Preguntó Roberto algo sorprendido.
-Claro que no, lo que le hicieron a Blu, está prácticamente justificado, él entró a su territorio, pero ese tipo de cosas se resuelven en la fosa de la perdición, no por garra propia- Terminó de explicar Eduardo.
-¿Entonces qué haremos?- Preguntó Roberto intrigado.
-Felipe lleva unos días entrando en nuestro territorio para robar comida, lo había estado dejando, pues en nuestro lado la comida ha empezado a abundar, pero con lo que hizo, no solo le quitaré ese privilegio- Dijo Eduardo con una sonrisa maliciosa en su rostro. Roberto se quedó callado, pero de cierta manera sabía lo que Eduardo tenía en mente, Eduardo, Roberto y un par de aves más iban rumbo a una parte alejada de la tribu, alejada pero en el territorio de los guacamayos azules.
Después de haber hablado con sus hijos y de haber recuperado un poco de energía Blu se había puesto en pie, con la intención de salir a respirar, pero se percató de que su ala derecha estaba envuelta en hojas, clara señal de que no podría volar en un tiempo.
-Creo que no tuve tanta suerte con esto- Dijo Blu mirando su ala.
-Bueno, los demás dicen lo contrario, tuviste suerte de no romperte el ala, solo está lastimada, pero podrás volar en unos días- Dijo Perla acercándose a Blu quien sonrió y recargo su cabeza en Perla mirando el cielo, aunque a Blu aun le preocupaba una cosa, si no podía volar, era obvio que no podría ir al viaje después de todo, pero Eduardo tenía una solución para eso.
Felipe había ido con dos de sus amigos a robar comida del territorio de los guacamayos azules, como lo había hecho en días anteriores, lo que no sabía, era que en esa ocasión, lo estaban esperando.
-Se los digo, esas gallinas azules son más fáciles de engañar que un mono- Dijo Felipe a sus amigos con un tono de altanería.
-Véanlo con sus propios ojos, hemos estado robando comida de este lugar por días, y nadie se ha dado cuenta- Dijo Felipe aterrizando en una rama, se regodeaba en su supuesta genialidad, la cual se desvaneció en cuanto escuchó la voz de Eduardo.
-¿Seguro?- Dijo Eduardo aterrizando frente a Felipe quien se sorprendió de ver a Eduardo.
-¿Qué quieres?- Preguntó Felipe.
-Si mal no estoy, estás en nuestro territorio- Contestó Eduardo con firmeza.
-Sí, ¿Y qué? Ayer tú entraste en el nuestro- Dijo Felipe para intentar evitar la clara ira de Eduardo.
-Lo sé, no estoy aquí por eso- Dijo Eduardo acercándose a Felipe.
-Entonces ¿Qué quieres?- Preguntó Felipe algo preocupado.
-Una cosa es robar nuestra comida, pero otra totalmente diferente es lastimar a mi familia- Al escuchar eso, el pánico recorrió el cuerpo de Felipe de pies a cabeza, sabía que estaba en problemas.
-Sí, yo lo hice, pero dime ¿Pelearas tu solo contra nosotros 3?- Dijo Felipe con un tono de triunfo, el cual se desvaneció con las palabras de Eduardo.
-¿Cuáles 3?- Dijo Eduardo mirando detrás de Felipe, a lo cual él se dio vuelta solo para ver como las otras dos aves que estaban con él se iban volando el lugar para después regresarle la mirada a Eduardo, quien ya no estaba solo, Roberto y las otras dos aves rodearon a Felipe.
-¿Quién está solo ahora?- Dijo Eduardo, para que luego los demás guacamayos se abalanzaran sobre Felipe.
Habiendo terminado con la "lección" de Felipe, las 4 aves regresaron a la tribu, Eduardo fue de regreso al nido de Perla y Blu, al entrar los niños rápidamente lo saludaron, para luego dejar que Blu hablara con él.
-Señor, quería hacerle una pregunta- Dijo Blu acercándose a Eduardo.
-Es sobre el viaje ¿Cierto?- Preguntó Eduardo antes de que Blu lo hiciera.
-Bueno sí…- Eduardo interrumpió a Blu.
-Relájate, el viaje será hasta dentro de una semana, a partir de mañana, creo que será tiempo suficiente para que tu ala se recupere- Dijo Eduardo sujetando a Blu con un ala.
-Am… Está bien, creo que será suficiente- Dijo Blu con una sonrisa en su rostro, le aliviaba saber que al final todo lo que pasó no le impediría ir con Perla, quien de hecho estaba algo confundida con lo que dijo Eduardo.
-Papá, ¿Que el viaje no era en 2 días?- Preguntó Perla en voz baja.
-Sí, pero él no lo sabe- Dijo Eduardo guiñándole el ojo a Perla a lo que ella sonrió.
-Gracias papá- Terminó diciendo Perla.
-Bueno, tengo que irme, cuiden bien a su padre niños, ha demostrado ser uno de nosotros- Dijo Eduardo para despedirse e irse del nido, dejando a la familia que después de lo que se podría catalogar como una horrible experiencia volvía a estar junta.
Fin
