Edward le dio otra calada a su cigarrillo mientras observaba a su novia dormir al otro lado del cristal.

El sol que entraba a raudales por los amplios ventanales lo habían despertado, y luego de pasar media hora viendo a Bella dormir, el cobrizo salió a la terraza para fumar su primer cigarrillo de la semana.

Con un suspiro, levantó la pequeña mierdecilla que tenía entre los dedos, preguntándose como carajo haría para dejarlo.

Las drogas no habían sido demasiado difíciles, pues según el psicólogo, él no tendía a tener una personalidad adictiva. Pero aquellas pequeños contenedores de nicotina eran un tema aparte. Simplemente... No veía la manera de dejarlos.

Aunque tampoco quería terminar postrado en una cama con un respirador artificial por culpa de ellos. Suspiró y volvió a llevárselo a la boca.

Tiempo al tiempo.

Edward observó con fijeza como su novia se desperezaba lentamente en la cama, y sintió que se le volvía a poner dura.

No tenía idea de que le pasaba con ella. Cada vez que la tenía cerca se comportaba como un maricón, sabiendo que haría lo que sea con tal de verla sonreír.

Con sólo pensar en ella se le ponía dura, y deseaba enterrarse en ella una y otra vez, hasta que Isabella sólo pudiera verlo, sentirlo y pensar en él. Ayer había sido malditamente increíble, y Edward se sorprendió de sentirse tan posesivo con respecto a ella.

Él había sido el primero. Y sería el último. Ella era suya, y al que se le ocurriera pensar lo contrario, se las vería con él.

Sonriendo, Edward apagó el cigarrillo contra el suelo y caminó dentro de la habitación, en donde Bella lo observaba despatarrada sobre la cama con una sonrisita somnolienta en el rostro.

Mierda, era demasiado hermosa.

-Hola, nena...-Susurró mientras se sentaba en la cama junto a ella, y Bella le sonrió más ampliamente.-¿Cómo estás?

Bella arrugó la nariz encantadoramente.

-Algo adolorida, pero bien.

-¿Estás segura?-Bella asintió.-¿Dónde te duele?

Mordiendose los labios, Bella se sonrojó. Edward sonrió enternecido. No había una porción de su cuerpo que el no hubiese visto ya, pero seguía sonrojandose tímidamente.

-Ya sabes donde.

-Yo creo que no.

Bella inspiró hondo.

-Allí abajo.

Edward apoyó una mano sobre el vientre de Isabella, haciendo círculos lentamente sobre su suave piel.

-¿Aquí?-La castaña negó, y él bajó la mano hasta tenerla apoyada sobre su monte Venus, y Bella negó con la cabeza. Sonriendo lascivamente, el cobrizo metió la mano entre sus piernas, abarcando todo si sexo con su gran mano. Bella se mordió el labio, sintiéndose cohibida.-¿Aquí?

La castaña asintió levemente y Edward se inclinó hacia adelante para besarla con suavidad.

-Mi pobre pequeña...-Susurró contra sus labios, y Bella sonrió irónicamente.

-No lo sientes ni un poquito.

Edward se alejó un poco para observarla con una ceja arqueada.

-¿Cómo lo sabes?-No lo negó, y Bella soltó una carcajada.

-Eres tan posesivo que seguramente adoras la idea de que yo recuerde que tú fuiste el primero cada vez que me siente.

Edward contuvo el aliento ante las inesperadas palabras de su novia, y finalmente, una sonrisita se formó en su rostro.

-Definitivamente, soy una mala influencia para ti.-Susurró finalmente, y Bella sonrió mientras movía las caderas, haciéndole notar que todavía no había quitado la mano de su entrepierna.

-Lo eres... y quiero hacerlo de nuevo.

Edward sonrió, con los ojos brillantes mientras se inclinaba para besar la punta de su nariz.

-¿Qué cosa?

-Ya sabes. Lo que hicimos anoche.-Susurró , y Edward contuvo el aliento mientras levantaba la cabeza.

-Estás dolorida.

La castaña se encogió de hombros.

-No importa.

Edward la observó fijamente durante unos segundos, antes de sacudir la cabeza.

-Demonios, ¿Qué me has echo?-Susurró antes de volver a besarla.

El saber que lo que hicieron a continuación fue mucho, mucho más que sexo, lo dejó sin aire.

Él nunca antes se había sentido así. Nunca antes se había sentido como sí necesitase enterrarse en una mujer y no separarse de ella nunca más. Como sí aquello que hacían con tanta pasión fuese algo sagrado.

Bella se encontrada vistiéndose, unos cuarenta minutos más tarde, cuando el teléfono de Edward comenzó a vibrar junto a ella.

Dudosa, le echó una ojeada a la puerta del baño.

Bella había visto demasiadas películas y leído demasiado libros románticos como para saber que el desastre y las confusiones comenzaban cuando la chica atendía una llamada de la ex de su novio, así que prefirió dejarlo sonar.

Cuando aquel aparatito del demonio no dejó de sonar y Bella gruñó.

-¡Edward, alguien te está llamando!

-¡¿Puedes contestar tu?!-Bella casi que no oyó la voz del cobrizo por el ruido de la ducha que opaca a su voz, pero sonrió ante aquella muestra de confianza.

Mordiéndose el labio, deslizó un dedo por la pantalla y se llevó el teléfono al oído.

-¡Edward, por fin atiendes! Debemos hablar sobre la entrevista de la semana que viene, definitivamente, debes dejar de ser tan antipático con todas las entrevistadoras, ¡Si te piden que hables de tu maldita noviecita, hablarás de tu maldita noviecita! Ni que fuese una santa, por todos los Cielos, bájala de ese puto pedestal y pon los pies en la tierra, déjala de defenderla como sí fuese tan importante, porque no lo es.

Bella contuvo el aliento durante todo el tiempo que Jules gritó en su oído, y finalmente susurró.

-Edward está en la ducha, le diré que te llame cuando salga.

Un largo silencio se produjo en la línea, y Jules finalmente maldijo por lo bajo.

-Oh, demonios, Bella lo siento...

Bella no quería seguir escuchándolo, así que cortó la llamada y depositó suavemente el teléfono sobre la mesa de noche.

No entendía nada. ¿Iban a regalar a Edward por haber intentado mantener en privado su vida privada? ¿Qué tan idiota era esa gente?

Bella bufó. Tu maldita noviecita.

Menudo idiota.

Cuando Edward salió de la ducha con una toalla alrededor de su cintura, Bella se puso de piel lo miró con los brazos en jarras.

Edward se paró en seco, mirándola casi con miedo, mientras se preguntaba si quizás no debería haberle pedido que atendiera esa llamada.

-¿Bells?

-Estoy...-La castaña sacudió las manos en el aire, buscando una palabra que describiera como se sentía.-¡Indignada!

Edward tragó saliva, esperando a que continuara sin decir ni una palabra.

-¡Ha llamado tu agente!

Edward espiró lentamente.

-¿Y qué sucedió?

-Ni siquiera dijo hola, comenzó a regañarme, o bueno... Regalarte, por lo de la entrevista, y a decir cosas... Feas.

El cobrizo cuadró la mandíbula.

Asesinaría a Jules.

-¿Qué dijo?

Bella sacudió la cabeza.

-No lo sé, yo... no puedo creer que haya reaccionado así cuando hiciste lo que cualquier otra persona hubiese echo...

-Bella, dime qué fue lo que dijo.-Susurró el cobrizo acercándose a ella.

-Que si te pedían que hablaras de mí, lo hagas, y que yo no era ninguna santa... que me bajases de mi "pedestal"-Bella inspiró hondo.-Y que dejases de defenderme como sí fuese importante... Porque no lo soy.

Edward cerró los ojos, mientras apretaba la mandíbula y se llevaba una mano a los cabellos, antes de estirarla y rodear el cuello de Isabella con ella para atraerla hacia su pecho.

-Maldito imbécil, le he dicho como mil veces que dejase de meterse en mi vida, demonios.-Masculló mientras mantenía a Isabella pegada a él con una mano en la cintura de la castaña y otra entré sus cabellos, a la altura de la nuca.-No debes preocuparte por ello, cariño, no lo hagas.

Bella bufó.

-Es sólo que-La castaña tragó saliva y se apretó más contra su novio.-Odio que te traten así.-Masculló, y Edward se quedó sin habla.

No recordaba que nadie se hubiese enfadado por como lo trataban en mucho tiempo. Ya era una rutina pelear con Jules y armar un desastre, y aquí estaba, aquella diminuta castaña totalmente enfadada porque Jules lo regañaba.

No pudo evitar que sus labios se torcieran en una sonrisa antes de bajar la cabeza y besarla en la coronilla.

-No es nada de otro mundo... No dejes que te afecte, pequeña.

Bella masculló algo y se apartó de él con el ceño fruncido y un adorable mohín en los labios.

-Debo vestirme para llevarte a ese desfile, vamos.-Susurró el cobrizo dando por cerrado el tema antes de apartarse de ella y comenzar a buscar entre su ropa.

Bella suspiró y se sentó en la cama mordiéndose el labio.

No quería que la afectara, pero lo hacía, era inevitable. No podía creer que Jules fuese tan estúpido y molesto... Edward no había echo nada.

Y ni hablar de lo insegura que la hacia sentirse todo eso. ¿Sería ella una molestia para la carrera de Edward? ¿Lo estaría perjudicando de alguna manera?

Bella sabía que él era conocido no sólo por ser un chico malo, sino por ser uno de los solteros más codiciados, por decirlo de alguna forma.

Todas querían atrapar a Edward Cullen, porque según muchas él era el "paquete completo".

Diversión, dinero, un poco de peligro y muy buen sexo.

Y de todas esas arpías, mira quien lo ha logrado atrapar.

Bella bufó. Ella no lo había atrapado, más bien, había sido al revés.

-Estoy listo.

El cobrizo la hizo dejar de divagar, y Bella lo miró de pies a cabeza con una sonrisita.

-Estas caliente.-Susurró, y Edward se inclinó para tomarla en brazos y levantarla de la cama.

-Oh, señorita, usted y esa vocecita que pretende ser tan inocente se va a convertir en un problema para mi salud mental.

La castaña soltó una carcajada mientras Edward bajaba las escaleras con ella todavía en brazos.

-¿Que "pretende ser inocente"?

-Sí, nena, pretende, porque no hay ninguna intención inocente en esa voz.

Con una sonrisita socarrona, Bella se abrazó al cuello del cobrizo y lo besó en el cuello.

-Tienes razón... no las hay.-Susurró contra su cuello, y Edward contuvo el aliento.

Isabella iba a volverlo loco.

El desfile fue interesante y divertido, y a Bella le encantó toda la ropa de la colección de Alice, quien se había acercado a saludarla unos minutos antes de que se diera inicio al evento.

-¿Y Bien? ¿Qué les pareció?-Alice apareció dando saltitos, mientras Bella y aro se se levantaban de sus asientos.

-¡Fue increíble!-Alabó raro se, y Bella la secundó.

-Me ha encantado, Alice, todo era hermoso.

-¡Oh, gracias, gracias!-Alice las abrazó a ambas y luego hizo una mueca de fastidio.-Debo saludar a un par de personas ahora, pero volveré en unos minutos e iremos a almorzar, ¿Bien?

Ambas asintieron y Alice volvió a desaparecer entre medio de la multitud.

De la nada, una cámara apareció frente a sus rostros y comenzó a disparar. Rose sonrió y el primer impulso de Bella fue bajar la cabeza y mirar hacia otro lado.

-Tendrás que acostumbrarte a esto.-Susurró Rosalie cuando la cámara desapareció, y Bella rodó los ojos antes de soltar una risita también.

-Lo haré, pero por ahora es... demasiado.

Cuarenta minutos más tarde, a eso de las una y media del mediodía, las tres amigas se sentaban en una mesa alejada de la puerta dentro de un pequeño restaurante, y compartían una comida mientras charlaban animadamente.

-¿Y bien? ¿Cómo va todo com Edward?

Bella se sonrojó a más no poder, lo que le dio la respuesta a Alice, mientras ambas soltaban una carcajada.

-Fue el primero, ¿Verdad?-Bella se mordió el labio y ambas la miraron con una traviesa sonrisa en los labios.-Vamos, Bells, somos amigas, necesitamos saber...-Susurró Rosalie, y Alice puso nos nos de perrito abandonado que finalmente la hicieron ceder.

-Si...-Masculló, avergonzada.-Fue el primero.

Sus dos amigas soltaron un gritito y Bella se mordió el labio mientras una sonrisa ese dibujaba en su rostro.

-¿Cómo fue?-Pregntaron al mismo tiempo, y la castaña se encogió de hombros.

-Bueno, no tengo con qué comparar... Pero fue muy dulce.

-¿Edward fue dulce?-La castaña asintió y sus amigas se miraron durante un segundo antes de soltar un prolongado 'awwww'.

-Oh, ya, cállense.-Susurró avergonzada la castaña, y ambas del sonrieron ampliamente.

-Sólo déjame darte un consejo, Bells.-Dijo Rose cuando volvió a ponerse sería.-Créeme cuando te digo que las cosas no serán color de rosas, serán complicadas por momentos, porque siempre es así cuando estás aquí.-Bella sabía a qué se refería Rosalie. La fama, los medios, el acoso constante.-Entonces no corras ante la primera complicación, porque evidentemente, Edward te ama, y tú lo amas a él, y se merecen ser felices juntos.

Bella asintió con un gesto de la cabeza.

-Bien, lo tendré en cuenta.

-Y siempre que Edward se ponga insoportable, porque créeme que lo hará-Cmenzó Alice.-Acuerdate del sexo. El increíble sexo que compartes con él. Y eso te dará las fuerzas par tolerarlo.

Bella soltó una carcajada mientras sacudía la cabeza, y se giró hacia la entrada cuando se produjo un revuelo en el restaurante.

Edward y Jasper veían hacia ellas, haciendo que todos a su alrededor se giraran para mirarlos con los ojos como platos.

Bella le sonrió a su novio, feliz, sabiendo que no importaba cuánto se complicaran las cosas, ella nunca podría apartarse de ese hombre.

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¿Qué tal? ¿les gustó? Muchas gracias por leerlo, les mando un enorme saludo. Emma.