-Estaba por cumplir los nueve cuando murieron.-Susurró Bella, siguiendo el contorno del enorme tatuaje en el pecho de su novio con el dedo, distraídamente.-Se llamaban Reneé y Charlie. Eran los mejores padres del Universo entero.-La castaña esbozó una sonrisita nostálgica.

FlashBack.

-¡Mamá, quiero esa paleta!-Chilló la pequeña de siete años, saltando en su lugar mientras se aferraba con sus manitas al pantalón de su madre, que sonrió graciosamente y negó con la cabeza.

-Cenaremos al llegar a casa, y a esos dientes no les hace falta más azúcar, señorita. El dentista va a querer matarnos.-Susurró, tomando la mano de su hija y caminando entre el gentío con ella.-Y ahora, a ver donde está tu padre.

La pequeña castaña sollozó sin lágrimas, mientras seguía explicándole por el camino las razones por las cuales le tendría que comprar esa paleta a su madre, y ella las iba descartando a todas.

Cuando llegaron a una esquina, Reneé se giró para mirar al camino recorrido y localizó a su esposo, que venía caminando unos pasos por detrás de ellas.

-Cariño, iré al banco por un minuto.

Su esposo asintió y Reneé entró en el edificio, dejando afuera a su hija, que se cruzó de brazos, enfadada, mientras esbozaba un exagerado mohín.

La pequeña castaña se giró cuando sintió que alguien abría la pequeña mochila de Barbie que colgaba sobre sus hombros, y sonrió al ver a su padre allí, guardando la tan preciada paleta en el pequeño bolsillo.

Sin dudarlo, la niña se arrojó a los brazos de su padre.

Seguramente, su madre se enteraría en cuanto llegarán a casa, y ambos terminarían castigados, pero eso ahora no importaba.

Ella tenía el mejor papá del mundo.

Fin de FlashBack.

Bella sorbió por la nariz, secándose las lágrimas con la playera de su novio que se había puesto, y suspiró.

-Todos pensaban que no recordaría mucho, era muy pequeña. Pero lo recuerdo todo, Edward, todo.-El cobrizo acaricio su espalda de arriba abajo, apretándola más fuerte entre sus brazos.-Se amaban tanto, ¿Sabes? Creo que nunca he visto a dos personas amarase tanto como ellos dos. Ella estaba loca.-Bella soltó una risita.-Más de una vez nos intoxico con sus inventos gastronómicos. Y mientras yo escupía la comida debajo de la mesa, papá le decía que estaba delicioso y se lo comía todo. Sólo para no hacerla sentir mal.

Edward sonrió, levantado su mano derecha para secar las mejillas de la castaña antes de besar su frente suavemente.

-¿Qué sucedió?

Bella inspiró entrecortadamente, sin separarse de él.

-Íbamos en el coche a la madrugada, yendo de vacaciones. Estábamos no muy lejos de casa cuando me di cuenta de que me había olvidado de Nana.-Bella suspiró, volviendo a deslizar la punta de sus dedos por el tatuaje de su novio.-Nana era una vieja muñeca de trapo. No podía vivir sin ella. Los molesté tanto que finalmente papá decidió volver. Estábamos a punto de llegar cuando algo impactó contra nosotros y volcamos.-Bella cerró los ojos con fuerza, intentando mantener a raya el dolor que se había apoderado de ella.-Era un conductor ebrio. No recuerdo nada de los días siguientes, salvo que no paraba de preguntar en dónde estaban mami y papi y nadie me respondía.

-Nena...

-Y luego me llevaron con mis tíos. Ellos estaban molestos. No estaban tristes, sólo... Enfadados porque yo estaba allí.-Bella suspiró.-Y eso es todo. He vivido con ellos desde entonces y escapé en cuanto pude.

-Dios mío, Bells.-Edward enterró el rostro en los cabellos de su novia, depositando un adorable beso en su cabeza, mientras sentía su dolor como propio.

-Nunca pude dejar de preguntarme... ¿Qué hubiese sucedido si yo no nos hubiese echo regresar?

-No. Ni se te ocurra pensar que algo de esto fue tu culpa.

Bella suspiró, girando la cabeza para apoyar la frente en el hombro del cobrizo.

-A veces no lo puedo evitar.

-Nena, por todos los Cielos, sólo tenías ocho años.

Bella suspiró.

-¿Edward?

-¿Sí, cielo?

-Quiero que me hagas el amor.

Edward sonrió, alejándose unos cuantos centímetros para mirarla a la cara.

-¿Ahora?

-Sí, por favor.

Edward sonrió dulcemente antes de tomarla en sus brazos y acostarla junto a él, para luego posicionarse sobre ella.

-¿Cómo podría negarme a eso?-Susurró contra sus labios, antes de besarla y hacerle el amor lentamente el resto de la noche.

El miércoles fue un día ajetreado. Bella se había pasado la tarde preparando maletas y los chicos habían estado todo el día en diversas entrevistas y firmas. Para cuando volvieron al hotel, sólo querían tirarse sobre una cama y dormir hasta la semana que viene, pero les fue imposible. A las ocho debían partir hacia Nottingham y recién allí podrían pasar un par de días libres antes de comenzar con la larga lista de conciertos nuevamente.

-¡Mañana tenemos que celebrar!-Exclamó Emmett mientras se dejaba caer sobre su cama dentro de bus.

-¿Porqué?-Preguntó la castaña distraídamente, mientras tonteaba en su celular.

Evan la miró con una ceja arqueada.

-Quizás porque... ¿Es tu cumpleaños?-Murmuró, hablándole como si fuera tonta.

Bella bufó y lo golpeó en el hombro con fuerza sin siquiera apartar la mirada del celular.

Evan soltó una carcajada.

-Controla a tu fierecilla, Cullen.

Edward sonrió mientras se acercaba a su novia por detrás y la estrechaba en sus brazos.

-¿Qué quieres hacer mañana?-Susurró en su oído antes de morder el lóbulo de su oreja haciéndola estremecer.

-No lo sé...-Susurró la castaña, encogiéndose de hombros mientras echaba la cabeza hacia atrás, apoyándola en el pecho de su novio.

-Es tu cumpleaños, nena, tú eliges.

-Sólo quiero estar con todos ustedes. No importa qué hagamos, de seguro será el mejor cumpleaños.

-¿Qué hacías para tu cumpleaños cuando vivías con tus tíos?

Bella suspiró.

-Nada. Es por eso que no importa qué suceda, será mi mejor cumpleaños.

Edward se inclinó para besar la mejilla de su novia, sintiendo unas enormes ganas de ahorcar a esos idiotas tíos de Isabella.

No podía creer que alguien no la adorase. Isabella de merecía ser adorada, era, definitivamente, la persona más hermosa que había conocido en sus 24 años de vida.

Llegaron a Nottingham un par de horas más tarde, y luego de una cena rápida, ya todos se encontraban en sus respectivas habitaciones, durmiendo profundamente.

-¿Crees que será así para siempre?-Susurró la castaña esa noche, mientras, desnuda, acariciaba el pecho de su novio suavemente. Edward le sonrió, bajando la mirada.-Así de... Perfecto. Es como sí todo estuviera bien. Es la primera vez en mucho tiempo en la que no me preocupo por nada.-Susurró, más para sí misma que para él.

Edward depositó un beso en su frente antes de hablar.

-No puedo prometerte como serán las cosas a futuro, nena, porque ni yo lo sé. Pero estoy seguro de que sí seguimos haciendo las cosas bien, siendo sinceros entre nosotros y teniendo el sexo increíble que tenemos-Bella soltó una risita cuando él apretó su trasero entre sus grandes manos.-...Nos irá muy, muy bien.

Bella sonrió mientras apoyaba la mejilla contra su pecho y suspiraba.

-Yo también lo creo.

-¿Nena?

-¿Mmh?

-Quiero que conozcas a mi madre.

-¿En serio?-Susurró la castaña, sin despegarse de su cuerpo.

-Sí, sabes que vive en Manchester, y como nosotros estaremos allí de pasada pensé que quizás-

-Sí, quiero conocer a tu madre.-Susurró la castaña, y Edward suspiró.

-Eso está bien.

-Te amo, Edward.

-Te amo, cielo.

A las diez de la mañana del día siguiente, Edward volvió a la habitación y sonrió al ver que la perezosa de su novia seguía durmiendo. Estaba acostada boca arriba, con una nube de cabellos castaños alrededor de su hermoso rostro, y él no pudo evitar subirse a la cama y tenderse junto a ella, sobre su estómago, mientras se elevaba sobre sus codos y acariciaba las mejillas de Bella con ternura.

-Buenos días, dormilona.

Edward sonrió al verla arrugar la nariz y murmurar algo intangible, antes de volver a quedarse en silencio.

-Vamos, preciosa, arriba.

Bella suspiró.

-Es mi cumpleaños, déjame dormir.-Susurró, y Edward soltó una carcajada.

-Te tengo regalos, abre los ojos.

Bella obedeció, mirándolo con los ojos entrecerrados.

-¿Regalos?-Susurró. Una de sus primeras reglas para su cumpleaños había sido "No pasarse con los regalos". Regla que obviamente, Edward ignoró.

-Regalos, muchos de ellos.

Bella suspiró.

-Eres incorregible.

El cobrizo soltó una risita antes de levantar la caja que había estado sosteniendo en su mano derecha para que Bella la viese.

La castaña abrió los ojos como platos al verla.

-Feliz cumpleaños, mi amor.

-Azul Tiffany...-Susurró la castaña.-Estás loco, Edward.

El corbizo sonrió.

-Ábrelo.

Bella se mordió el labio antes de deshacer el moño plateado y abrir la caja rectangular color azul, sintiendo que el aire escapaba de sus pulmones.

-Edward, es hermoso...-Susurró, tomando entre sus dedos el delicado y precioso brazalete plateado, y pasando su pulgar por el único dije que colgaba de él, un corazón.

-Me alegro de que te guste.-Edward sonrió antes de inclinarse y besar su boca durante un segundo, para luego tomar el brazalete e instarla a levantar la muñeca para poder ponérselo.

-Muchas gracias, amor.-Bella estiró sus brazos y rodeó el cuello de su novio, apretándolo contra ella.-Te amo, te amo, te amo.

-Te amo a ti. Feliz cumpleaños, pequeña.

-¿Lo compraste esta mañana?-Susurró la castaña, separándose unos centímetros de él y contemplando su brazalete.

-No, lo compré en Londres.

-¿Y cómo es que yo no me di cuenta?

-Porque...-Edward se inclinó para besarla en la punta de la nariz.-Eres una despistada.

Bella soltó una risita.

-Ahora, vamos, levántate que debemos bajar a desayunar.

Bella rezongó un rato antes de que Edward la levantara de la cama a la fuerza y la depositara en el baño.

-No-

-Rápido.

Sin más, cerró la puerta y la dejó allí adentro.

-¡Es mí cumpleaños, yo daré las órdenes!

-¡No! ¡Apúrate!

Bella sonrió, sacudiendo la cabeza, y se quitó el brazalete antes de entrar en la ducha.

Quince minutos después, y ya vestida con sus jeans y un fino sweater, Bella caminó fuera de la habitación, esperando encontrar a Edward en la sala, pero lo único que había allí era un enorme ramo de rosas rojas con una nota.

Bella rodó los ojos con una risita, acercándose al ramo y leyendo la nota mientras se mordía el labio.

"Sé que dijiste que nada de rosas, pero estoy seguro de que te van a encantar. Déjame mimarte, cariño. Te ama, Edward."

La castaña sonrió más ampliamente. Dejar que la mimara. Sonaba bien, en realidad.

Luego de poner las enormes rosas en un jarrón que encontró en la habitación, la castaña bajó a desayunar.

En cuanto entró en el restaurante del hotel, un coro de chillidos y '¡Feliz cumpleaños, Bella!' estalló, haciéndola pegar un saltito y llevarse ambas manos a la boca.

La banda, todo el equipo y sus dos amigas habían usurpado el salón del desayuno del hotel, armando un improvisado salón de fiestas, con globos colgando por allí y confeti volando en el aire.

La castaña comenzó a reír mientras todos se acercaban a saludarla.

-¡Pensé que habían vuelto a Londres!-Exclamó, cuando Rose y Alice se acercaron dando saltitos y chillando hacia ella.

-¡Ni en mil años nos perderíamos tu cumpleaños!

-¡¿Qué clase de amigas crees que somos?!-Soltó Alice, y Bella soltó una carcajada, mientras se veía estrujada en un abrazo entre ellas dos.

Y así se vio pasando de abrazo en abrazo durante diez minutos, hasta que finalmente todos le hubiesen deseado un feliz cumpleaños.

-Bueno, tus regalos están allí.-Alice señaló hacia una mesa en un rincón, con una pila de paquetes envueltos en brillantes colores.-Y ahora, ¡La torta!

Bella soltó una carcajada, mientras se apoyaba contra su novio, que la abrazaba por detrás.

-¿Todo esto es por mí?

-Todo.-Susurró él en su oído.

-Siento como si tuviera siete años de vuelta.

Edward soltó una risita y se inclinó para besar su cuello.

-¿Ah si?

-Sí. Fue la época más feliz de mi vida... Hasta ahora.-Bella inspiró hondo, sonriendo.-Y por cierto, gracias por las rosas.

-¿Te gustaron?

-Las adoré.-Admitió.-Y si.

-¿Sí?

-Si me voy a dejar mimar.-Respondió, echando la cabeza hacia atrás para sonreírle ampliamente, con la felicidad brillando en cada poro de su ser.

-Eso es bueno, porque todavía me quedan muchos regalos.

Bella gimió, cerrándo los ojos, y Edward se inclinó para besarla durante unos segundos.

-No vas a respetar ninguna de mis reglas de cumpleaños, ¿Verdad?

Edward sonrió.

-No.

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Bien, bien, bien, acá está es capítulo número 22, y como van viendo, este es el fic más largo que he escrito... Nunca. Me he superado a mí misma :') Y bien, cambiando de tema, ¡Muchísimas gracias por todos sus reviews y favs y alerts y todo eso! Son adorables y las amo (: Un beso gigante a todas.

Emma.