El resto de su cumpleaños fue increíble. Se pasaron el día con sus amigos, y Edward no paró de darle regalos, hasta que llegó el punto en que Bella lo miraba con una expresión de más-te-vale-que-sea-el-último cada vez que lo veía aparecer con un paquete.
El cobrizo se reía a carcajadas y le aseguraba que no lo sería. Le regaló la discografía completa de una de las cantantes favoritas de la castaña, Lana del Rey*, y todos los cd's de su banda también, aunque según el cobrizo eso no contaba como regalo porque no había tenido que pagar por él. Le regaló un vestido precioso y un teléfono celular último modelo, porque 'no podía soportar verla usando ese enorme aparato horrible'.
Bella casi se lo tira por la cabeza, pero se contuvo cuando se atrevió a probarlo. Y es que ese aparato era genial.
-Gracias a Dios que ya terminó el día.-Susurró la castaña mientras se dejaba caer encima de su novio en la cama.-Ya no puedes hacerme más regalos.
Edward bufó.
-Amaste mis regalos.
Bella soltó una risita y giró la cabeza para besar el pecho del cobrizo.
-Sí, muchas gracias por todos.-Susurró, y él sonrió mientras acariciaba su espalda de arriba abajo con sus grandes manos.-Pero debes admitir que te excediste.
Edward se quedó callado durante un segundo antes de hablar.
-Iba a ser peor, pero Alice me dijo que ibas a asesinarme.- ¿¡Peor!? Bella soltó una carcajada. Edward estaba demente.- Tengo el dinero, y si no lo uso para consentir a la gente que amo, ¿Para qué me sirve?
Bella giró la cabeza para enterrar el rostro en el cuello del cobrizo.
-Eres increíble. Te amo.
Edward sonrió y le besó la sien durante un segundo.
-Te amo también… Y todavía no ha terminado.
Bella gimió, pero antes de que pudiese decir nada, Edward los giró a ambos en la cama, hasta que sin saber cómo, ella quedó tendida de espaldas sobre el colchón con las piernas abiertas y con el cobrizo arrodillado entre ellas.
-¿Vas a hacerme un streeptease?-Preguntó la castaña con una sonrisita coqueta, y Edward negó con la cabeza mientras se dedicaba a quitarle el camisón que llevaba puesto.
-Creo que para eso se necesita bailar, y en esa materia soy un cero a la izquierda.-Bella soltó una carcajada mientras levantaba las caderas para ayudarlo a quitarle las bragas. Lo conocía, él era igual que ella en lo referido al baile.-Pero voy hacerte algo mejor.
-¿Mejor?-Susurró la castaña mientras lo veía quitarse la playera blanca que llevaba puesta y lanzarla a un lado, quedando solo con sus bóxers puestos.- ¿Qué vas a hacerme?-Susurró, con una ceja arqueada, y Edward creyó que iba a explotar allí mismo.
-Voy a follarte hasta que me pidas por favor que pare. Y luego te voy a hacer el amor muy lentamente…-Susurró mientras se inclinaba sobre ella para besarla.
Bella suspiró, deseando que su novio cumpliera con la promesa. Y él, por supuesto que lo hizo.
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La semana siguiente fue bastante atareada para los muchachos, que siguieron realizaron conciertos en Nottingham y Sheffield, sin contar con las numerosas entrevistas y firmas. Asistieron a un par de fiestas más, y las noticias sobre su noviazgo no paraban de circular.
Inventaban rumores de lo más absurdos, y Bella ya no sabía si reírse o llorar. O quizás llamarlos para insultarlos por toda la mierda que metían en la cabeza de la gente.
Edward intentaba convencerla de que no importaba, pero a ella la sacaban de quicio.
Un día, en Sheffield, Edward estaba tomando un baño, ella necesitaba comprar 'cosas de chicas' en la farmacia, y Evan se ofreció a acompañarla ya que la puerta del hotel estaba repleta de gente con cámaras.
-Ah, estás menstruando.-Había respondido Evan, y Bella se giró para golpearlo en el hombro.
-No seas grosero.
El muchacho soltó una carcajada y caminó con ella hacia la salida del hotel.
-Pobre Edward…
-Evan, ¿Nadie te enseñó a no molestar a una chica en sus días?-Respondió la castaña mientras caminaba junto a él, ignorando los gritos junto a ellos.-O te callas o te pateo en tus partes nobles.
El muchacho no dejó de carcajearse mientras la esperaba fuera de la farmacia, y tampoco dejó de hacerlo al otro día, mientras veían las noticias en las que supuestamente Bella estaba engañando a su novio con Evan.
Bella estaba indignada, y Edward se limitó a besarla en la mejilla y susurrarle al oído.
-Tú sabes la verdad, yo sé la verdad, ¿Acaso importa algo más?
-Sí, ¿Y si tu madre lo cree?-Gimió, dejando caer la cabeza sobre el pecho de su novio.
Edward sonrió.
-No lo creerá. Cada vez que sale un nuevo rumor me envía un mensaje de texto para preguntarme si es verdad, cariño.
Bella soltó una risita antes de esbozar un mohín mientras volvía a mirar hacia aquel bendito televisor.
La estaban volviendo loca. Aunque suponía que todo eso era un precio bastante bajo para ser que estaba viviendo el mejor momento de su vida.
El sábado a las siete de la noche llegaron a Manchester, y Edward, junto a su novia, en lugar de dirigirse al hotel junto al resto, tomaron un coche y condujeron hasta Quay St, porque la madre de Edward, Esme, había insistido en que se quedaran con ella durante los cuatro días que pasarían en la ciudad.
Bella comenzó a morderse las uñas cuando Edward estacionó el coche frente a la su hogar de la infancia, y el cobrizo se giró a mirarla con una sonrisita divertida en el rostro.
-No estarás nerviosa, ¿Verdad?
-Voy a conocer a la madre de mi novio que podría ser extremadamente agradable o una psicópata celosa. No, no lo estoy.
El cobrizo soltó una carcajada, bajándose del coche antes de rodearlo y abrir la puerta para ella.
-Entonces voy a despejar tus dudas. No es ninguna psicópata celosa y creo que te adoró desde que se enteró que salíamos.
-¿De verdad?
-Te lo juro.-Edward le sonrió alentadoramente mientras abría el maletero del coche para tomar sus bolsos.
Mientras caminaban hacia la casa, cargando con su equipaje, la puerta se abrió y una mujer de unos cuarenta y cinco años salió corriendo, tirándose a los brazos de su hijo mientras soltaba un gritito de felicidad.
-¡Al fin has venido!-Bella observó a la madre de Edward mientras él le devolvía el abrazo, levantándola del suelo.
Parecía agradable. Tenía un aire parecido a su hijo, con el cabello cobrizo y los penetrantes ojos verdes.
Cuando se giró a mirarla y le sonrió ampliamente, no hubo dudas. Era igual a él.
-Y tú eres Bella, es un placer conocerte.-Bella se sorprendió cuando Esme la rodeó con sus brazos y la estrechó contra ella, pero le devolvió el abrazo de todas formas.
-Es un placer conocerla, Esme.
-Por favor, ¡Tutéame! Edward me ha dicho tanto sobre ti.-Bella sonrió porque sabía que era cierto.
El cobrizo siempre estaba en contacto con su madre, y más de una vez lo había encontrado hablando por teléfono con ella y prometiéndole que pronto conocería a su novia, que no fuese tan impaciente.
-Vamos, adentro que aquí está helado.
Esme vivía sola, lo que parecía estar bien con ella, pero había momentos en los que aquella gran casa que su hijo le había comprado le parecía demasiado grande con sus tres habitaciones.
-Dejen su equipaje en cualquiera de las dos habitaciones.-Bella se frenó en seco en medio del pasillo, mirando a Edward y a su madre de hito en hito.-Chicos, ya sé que llevan durmiendo juntos durante algún tiempo, no soy tonta.
Edward soltó una carcajada.
-Ella sabe que me cruzaría a tu habitación de todas formas si nos hiciera dormir en habitaciones separadas.-Comentó Edward con una risita, y su madre lo golpeó suavemente en su hombro mientras pasaba junto a él.
-¿Qué he hecho para crear a un pervertido?-Susurró, y Bella se puso roja como un tomate mientras Edward estallaba en carcajadas.-Los espero abajo para cenar.-Anunció Esme mientras bajaba por las escaleras, y Edward rodeó la cintura de su novia con un brazo mientras la hacía entrar en la habitación.
-Pareces mortificada.-Susurró contra sus labios, y Bella soltó una risita.
-Nada de sexo esta noche.-Susurró de vuelta, rodando los ojos ante el mohín de su novio.- ¿No tuviste suficiente ya?-Preguntó con una risita mientras se apartaba de él y dejaba caer su mochila sobre la cama de dos plazas.
-Nunca.-Susurró el cobrizo, abrazándola por detrás, y Bella soltó una risita.
-Eres un pervertido.
-Lo sé.
-Te amo.
-Lo sé.
-Di que me amas.
-Te amo. Con todo mi corazón.
Bella soltó una risita y se recostó contra su pecho.
-Mucho mejor.
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¿Y bien? ¿Les gustó? Espero que sí, adoro esta historia. Muchas gracias por sus reviews, son hermosos! Un beso enorme a todas.
Emma.
Oh, sí, ¿Saben quién es Lana del Rey? Una cantante increíble, una de las favoritas de Bells y (Oh, casualidad) mía también. jajaja
