-Edward, no.-Farfulló Isabella, adormilada, mientras se retorcía en la cama.

-¿Por qué no?-Susurró su novio, sin dejar de besar su vientre plano, y Bella soltó un suspiro.

-Edward, basta… Tu madre.-Logró susurrar, a pesar de que acababa de levantarse de un profundo sueño.

-Se fue a comprar algo para el desayuno.

-Debe estar por regresar, déjame.

-No.

-Edward…-Bella soltó una risita cuando su novio le pellizcó las caderas, y arqueó la espalda cuando mordió un lado de su cintura.-Edward.-Su voz había pasado de una queja, a convertirse en un gemido, y su novio gimió contra su piel.

-Sabes que el desayuno es la comida más importante del día.-Susurró el cobrizo, mientras besaba su ombligo y se erguía sobre ella para besar su clavícula.-Quiero mi desayuno.

Bella soltó una risita y luego gimió cuando él coló su mano bajo sus bragas.

-Eres tan pervertido.

-Vamos, nena…

Bella suspiró y le rodeó el cuello para acercarlo a ella.

-Sé rápido.

Edward sonrió contra sus labios.

-Haré lo que pueda.

Una hora más tarde, Bella bajó las escaleras de la casa de su suegra, recién bañada, y se encaminó hacia la cocina, frenándose junto a la puerta sin dejarse ver.

-Es joven.-Oyó decir a Esme, y contuvo el aliento.

-Tiene diecinueve años, mamá.

-Eres cinco años más grande que ella.

-Ajá.-Bella sonrió ante la voz distraída de Edward. Se lo imaginaba revisando su celular, sin prestarle demasiada atención a su madre.

-Es una niña…-Oyó susurrar a su suegra, y suspiró, mordiéndose el labio.

-¿Esto viene a algo, mamá?

-No, hijo, Bella es adorable, pero… ¿Sabe ella cómo eres? ¿Cómo eras?

Bella lo sintió bufar, y una sonrisita se formó en su rostro. Esme estaba preocupada por ella.

-Claro que lo sabe, mamá, todo el mundo lo sabe.

-Es sólo que parece tan… Ingenua. Es adorable, pero parece ese tipo de gente que simplemente no conoce el tipo de oscuridad en el que tú estabas inmerso, cariño.

-No, no la conoce y si depende de mí, no la conocerá jamás.-Edward suspiró, y Bella recargó la cabeza contra la pared, sabiendo que no debería estar escuchando a hurtadillas, pero sin poder evitarlo.-Mamá, ella es… Diferente. Es ingenua, sí, pero al mismo tiempo sabe perfectamente cómo es mi pasado, y lo acepta. Me ama, mamá, a pesar de toda mi mierda, ella me ama. Y el saber eso me hace querer mejorar, por ella, para llegar a merecer su amor algún día.

-Lo mereces, hijo.

-No lo hago.-Susurró el cobrizo, y Bella frunció levemente en ceño. Claro que lo merecía.-Cuando la conozcas vas a entender de lo que hablo, ella es tan… hermosa. Y no hablo de su aspecto físico. Es tan dulce y hasta puede llegar a ser tan inocente, pero es una de las personas más fuertes que conozco. Escucha a la gente, los entiende, nunca prejuzga a nadie. Cuando la conocí, mamá… Fui un idiota. Lo primero en lo que pensé fue en llevármela a la cama y creí que esa confianza que siente hacia el resto del mundo, sin importar nada, me iba a servir para meterla en mi juego.

-Pero…-Susurró Esme.

-Pero luego entendí que si alguna vez destruía esa confianza, esa inocencia, me iba a odiar por el resto de mi vida.

-Y te enamoraste de ella.

-Lo hice.-Edward suspiró, y Bella sonrió, levantando la mirada al techo.-Me convierto en un marica cuando estoy con ella-

-Edward…

-Lo siento.-Edward soltó una risita.-Es que es cierto. Nunca pensé que me sentiría tan sobreprotector con nadie, nunca se me cruzó por la cabeza siquiera, y aquí estoy… Completamente seguro de que si alguien le hace daño, por más mínimo que sea, asesinaría a esa persona.

-Estoy tan feliz por ti, cariño, no sabes cuánto.-Susurró Esme.-Y tengo que agradecerle a Bella luego.

-Mamá…

-No voy a abrumarla, lo prometo.

Bella sonrió y se puso derecha.

-Vas a hacerlo, lo sé.

-Buenos días.-Bella entró en la cocina con una sonrisa en el rostro, y saludó con un beso en la mejilla a Esme antes de sentarse en un taburete junto a Edward, frente a la isla de la cocina.- ¿Qué hacían?

Edward sonrió traviesamente mientras se inclinaba y la besaba en los labios rápidamente.

-Hablábamos de ti.-Respondió, tranquilo, mientras le daba un mordisco a su emparedado.

Bella soltó una risita.

-Espero que bien.-Susurró, sonriéndole, y Edward estiró una mano para estrujar su mejilla.

-Siempre.

Se pasaron el resto del día paseando por Manchester, con Esme y Edward mostrándole a Bella los lugares más importantes de la ciudad, y los que significaban algo para ellos.

-En este parque Edward aprendió a caminar.-Le informó Esme, mientras caminaban por el césped impecablemente recortado.-Justo allí.-Levantó una mano para señalar un camino de tierra que partía al medio al parque.-Era un adorable gordinflón trastabillando hasta llegar a mí.

Bella soltó una risita y se giró hacia Edward, que rodeaba sus hombros con uno de sus brazos y rodó los ojos.

-No era gordinflón, tú me abrigabas mucho.-Respondió, con una sonrisita en el rostro.

Esme soltó una carcajada y negó con la cabeza.

-Luego voy a mostrarte las fotos, Bells. Tenía las piernitas más rollizas que hayas visto, era adorable.

Edward bufó y Bella volvió a reír, enternecida.

-Qué lindura.-Susurró, mirándolo con los ojos brillantes.

-Era gordo, no una lindura.

-Eras un gordito adorable.

-Seguro que eras precioso.-Susurró Bella, mientras se giraba hasta quedar frente a él, y Edward tomó su rostro entre sus manos, acariciando el cuello de la castaña con la punta de sus dedos y sus labios con los pulgares.

-¿Tú crees?-Bella asintió, con una sonrisita bailando en su rostro, y Edward se inclinó para besarla suavemente.-Tú eres preciosa.

Efectivamente, Edward había sido un hermoso bebé gordinflón, y Bella no pudo parar de reír al ver las fotos aquella noche, en las que se veía a Edward desnudo en la bañera al año de edad, con una enorme sonrisa en el rostro y sus ojos verdes achinados, o con el rostro embadurnado de chocolate y la lengua afuera.

-Dios, eras tan adorable que daban ganas de comerte.-Susurró Bella, mientras pasaba la página del álbum aquella noche, justo cuando Esme se había excusado para ir al baño.

-Tú puedes comerme cuando quieras.-Susurró Edward en su oído, con la voz tan rasposa que le envió un escalofrío por su espina dorsal.

Bella estiró una mano hacia el costado para golearlo con una sonrisita en el rostro.

-Pervertido.

Edward soltó una carcajada y se inclinó sobre ella para morder el lóbulo de su oreja.

-Sólo contigo.

Esa noche, cuando se fue a acostar, Bella se acomodó boca arriba sobre la cama, con los brazos estirados a ambos lados, Edward se le subió encima, enterrando en rostro entre sus senos.

Bella soltó una risita y él sopló, haciéndola soltar un gritito ante la sensación.

-Basta, idiota.-Bella volvió a chillar cuando su novio la mordió, y tiró de sus cabellos.- ¡Edward!

-Quiero hacerte el amor.-Gimió el muchacho sin separarse de ella, y Bella suspiró.

-No, no voy a arriesgarme a que tu madre nos escuche.-Susurró, acariciando la cabeza de su novio con suavidad.-Sería lo más vergonzoso de a tierra.

-¡Ya sé!-Edward se irguió sobre ella, con una sonrisa en el rostro.- Hagámoslo en la ducha, no nos oirá por el ruido del agua.

-Estás loco, cariño.-Susurró la castaña, sonriendo mientras recorría el torso de su novio de arriba abajo con sus manos.-No vamos a hacerlo en la ducha. No vamos a hacerlo en absoluto.

Edward le frunció el ceño.

-A cada segundo que pasa me arrepiento más de haber venido aquí.

Bella soltó una risita.

-Yo también quiero hacerlo, pero no si corremos el peligro de ser oídos por tu madre, así que recuéstate y déjame dormir.

Edward rodó los ojos y se recostó de espaldas, estrechando a Bella entre sus brazos cuando la castaña se acomodó sobre él.

A pesar de desear tanto hacerle el amor, Edward sabía que no había placer más grande que estrechar a su castaña entre sus brazos y sentirla dormir tranquilamente sobre él, mientras ella susurraba su nombre entre sueños y giraba el rostro para enterrarlo en su pecho.

Al día siguiente, mientras Bella y el cobrizo caminaban tomados de la mano por las húmedas calles de Manchester, fue cuando sucedió.

Bella se quedó de piedra, mirando la tapa de las revistas desde el otro lado del cristal, y Edward le dirigió una mirada interrogante, sin llegar a decir nada antes de que la castaña entrara al local a toda velocidad y tomara la revista entre sus temblorosas manos.

"Nota exclusiva a la familia de Bella Swan, novia de Edward Cullen. Todos los detalles sobre su anterior vida."

-Bella…

La castaña negó con la cabeza, mientras abría la revista y buscaba la nota, antes de comenzar a leer las frases destacadas con los ojos como platos.

"Es una cazafortunas."

"No hizo más que arruinar nuestra vida y luego huir."

"No se merece nada de lo que tiene."

"Fue la culpable de la muerte de sus padres."

Gruesas lágrimas corrían por las mejillas de la castaña cuando levantó la mirada hacia el cobrizo, temblando de pies a cabeza.

-Edward…-El nombre de su novio no fue más que un hilo de voz, un gemido entrecortado, un susurro en busca de ayuda, mientras él cuadraba la mandíbula y la rodeaba con un brazo para estrecharla contra su pecho.

Iba a matar a aquella gente.

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Sé que es corto, prometo compensarlo luego. ¡Mil gracias por leerme! Y lamento informarles que dentro de muy poco comienzan las clases acá, así que no voy a poder actualizar tan seguido, pero voy a hacer lo mejor que pueda, eso es seguro. ¡Un beso gigante y graciaaaaas por sus hermosos reviews!

Emma.