-Debemos hacer algo con respecto a esto.-Jules dejó caer una revista de chimentos sobre la mesa frente a Bella y Edward, mientras la castaña se encogía y Edward la rodeaba protectoramente con el brazo.

-Isabella no dirá nada.

-Déjala hablar a ella.

-No diré nada.-Susurró la castaña, levantando la mirada hacia el manager de su novio.-No quiero parecerme a ellos. No diré nada.

-Entonces tú tendrás que hacerlo, Edward, ¿¡Has leído las cosas que dicen sobre Isabella!?

-Pura mierda.

-¿No necesitas desmentirlo?

-No daré una entrevista hablando sobre la vida privada de Isabella, eso es lo que quieren y no lo conseguirán.

-Edward…-Jules suspiró, cerrando los ojos mientras apoyaba ambas manos sobre la mesa de madera pulida.-Esto nos está afectando. Está afectando tu imagen y la de la banda, hay gente que te trata de pedófilo. Bella no es buena para nuestra imagen.-Edward bufó.-Y ahora esto. Necesitamos pararlo.

-Ya veremos qué hacer, Jules.-Edward se puso de pie, llevándose a Bella consigo mientras salía de la sala del hotel en la que se encontraban.

Evan, Emmett y Jasper estaban afuera, mirándolos con inquietud.

-¿Estás bien, pequeña?-Preguntó Emmett, rodeándole los hombros con un brazo, y Bella se recargó levemente sobre él mientras sonreía tristemente.

-Sobreviviré.

-Sólo dime donde viven y te juro que les meteré su puta entrevista por el culo.-Masculló Evan, y Bella soltó una risita mientras se ponía de puntillas para besarlo en la mejilla.

-Gracias, chico malo, pero no será necesario.-Susurró antes de girarse hacia su novio, que hablaba con Jasper, mientras se frotaba la frente.

Estaba exhausto y enfadado.

Furioso, más bien.

Eran las doce de la noche y el viajarían a Liverpool dentro de tres horas. Todos en la banda estaban molestos y deseosos de matar a alguien, a la familia de Bella, para ser más exactos. Alice y Rose la habían llamado por teléfono, furiosas y tristes por ella, pero intentando subirle el ánimo aunque sea un poco.

El teléfono de Jules no paraba de sonar. Cada maldito canal de televisión, revista o diario deseaba con urgencia conseguir una entrevista con Edward, o con ella. El cobrizo estaba decidido a no darles lo que querían.

-Vamos, nena.-Susurró Edward, tendiéndole su mano, y Bella la tomó, acercándose a él mientras caminaban hacia la habitación de hotel de Jasper, en donde habían dejado sus maletas.

Bella necesitaba arreglar las cosas en su vida, hablar con sus tíos, enterrar el pasado, dejar de ser un estorbo.

Bella. Bella.

-¡Bella!-La castaña levantó la vista del suelo para observar a su novio.-Vuelve aquí, cariño.-Susurró, rodeándole el rostro con ambas manos, y la castaña soltó un gemido mientras se inclinaba sobre su pecho.

No había llorado desde que había visto las revistas aquella tarde, se había limitado a mantenerse impasible, pero la represa estaba rebalsándose nuevamente y ella no podía contenerlo.

Bella no es buena para nuestra imagen. Para la imagen de la banda.

Es culpable de la muerte de sus padres.

Es una cazafortunas.

No se merece nada de lo que tiene.

No se lo merece.

¡Cazafortunas!

-Voy a tener que hablar.-Susurró finalmente, ignorando los gritos que resonaban en su cabeza una y otra vez.

-No lo harás, maldita sea.

-¡Deja ya de decirme qué debo hacer!-Chilló Isabella, empujándolo lejos de ella y mirándolo con los ojos llenos de lágrimas.- ¡No eres mi maldito padre, así que para ya!

-No harás ninguna maldita entrevista. ¡No te prestarás para esa farsa, demonios!

-Esto no está bien.-Susurró Bella, desviando la mirada, y Edward inspiró hondo.

-Claro que no está bien.

-No soy buena para ustedes.

-¿Qué-

-Estoy arruinando tu imagen.

-¿¡A quién mierda le importa mi imagen!?

-¡A mí!-Chilló Isabella, cada vez más histérica.- ¡A mí me importa! ¡Y quizás a ti no te importe ahora pero vas a culparme más tarde de ello y será una mierda!

-Isabella, ¡Por todos los cielos! ¿¡Siquiera escuchas la ridiculez que estás diciendo!?-Edward la observó con los ojos entrecerrados, furioso con ella, furioso con todo el mundo.

-¡No te atrevas a decirme que es una ridiculez!

-Esta discusión ha terminado aquí.-Sentenció, cuadrando la mandíbula.

-¡Eres un maldito controlador!-Lo acusó la castaña, empujándolo lejos de ella cuando él intentó acercársele.- ¡No! No te quiero cerca de mí ahora, ¡Deja de intentar decirme qué hacer!

-¿¡No me quieres cerca de ti ahora!? ¿¡Y a quién más podrías querer, maldita sea!? ¡Soy tu puto novio!

-Estoy cansada.-Susurró la castaña, caminando hacia el baño, suspirando cuando Edward la tomó por el brazo y la obligó a girarse hacia él.

-No vas a dar ninguna maldita entrevista.-Masculló, muy cerca de su rostro, e Isabella tomó la mano con la que él la sostenía, intentando apartarla de su cuerpo.

-Suéltame.

-¿Me has oído?

-Suéltame.-Masculló la castaña, enterrando las uñas en la mano de su novio, que la soltó y la observó con el ceño fruncido. Sin decir más, Isabella se giró y desapareció tras la puerta del baño, suspirando cuando se deslizó hasta el suelo, escondiendo el rostro en las rodillas.

Ella estaba dañando a la banda. A Edward.

Todo ese escándalo nunca hubiese sucedido si ella nunca hubiera aparecido.

Bella sollozó mientras se hacía una bolita contra la puerta. Todo es mi culpa.

Nunca debería hacer aparecido.

Ellos tenían razón. No era más que un estorbo.

Había provocado la muerte de sus padres, había molestado en la perfecta vida de sus tíos, y ahora estaba complicando las cosas para Edward y todos aquellos que la consideraban su amiga.

No debería estar allí.

Con otro sollozo, Isabella se puso de pie y abrió la puerta lentamente, para encontrarse con que Edward se había marchado.

Debía de estar furioso con ella.

La castaña sintió como su corazón se rompía dentro de su pecho mientras tomaba aquella decisión, antes de ir a por su maleta y marcharse de allí.

.

Una hora y media más tarde, Edward le dio otra calada a su cigarrillo en la terraza de la habitación de Emmett, con dos de sus mejores amigos al lado, mientras observaba a la dormida ciudad de Manchester bajo sus pies.

-Las mujeres están locas.-Susurró Evan, y el cobrizo asintió.

Emmett soltó una risita.

-Es una lástima que no podamos vivir sin ellas.

-No entiendo una mierda, hermano.-Susurró Edward, observando el humo de su cigarrillo perderse en la oscura noche.-De la nada se enfadó, me echó de allí y hasta me clavó las uñas.

-Miau.

-Cállate, idiota.-Masculló Edward, golpeando a Evan, que soltó una risita.

-Ya te dije mi teoría. Está en sus días.

-Nunca se pone así cuando "está en sus días". Un poco sensible, quizás, pero no así.

-¡Edward!-Los tres muchachos de la terraza se giraron hacia la puerta cuando Jasper entró, con una expresión alarmada en el rostro.-Alice quería hablar con Bella y ella no le atendía el teléfono, así que fui a buscarla a su habitación y no está. Su equipaje tampoco está allí.

Edward observó a su amigo de hito en hito durante un segundo, antes de tirar su colilla al piso y aplastarla al pasar por encima, caminando lo más rápido que podía hacia su habitación en el hotel.

Sus maletas estaban allí. Las de Isabella, no.

No había ningún rastro de la castaña.

En menos de un minuto, Edward llegó corriendo a la recepción, sintiendo como el pánico comenzaba a apoderarse de él.

-Isabella Swan, ¿Dónde está?

-La señorita Isabella pidió un taxi hace una hora, señor.

-¿¡A dónde fue!?

-No lo sé, señor.-Susurró el muchachito de recepción, mirándolo con los ojos como platos.

Edward gimió, tomándose la cabeza con las manos mientras sus tres amigos lo miraban sin saber qué hacer.

-¿A la casa de tu madre?-Susurró Jasper, y Edward negó con la cabeza.

-Es demasiado tímida para eso.

-El aeropuerto.-Dijo Evan, y Edward se mordió el labio mientras asentía.

-Es la única opción.

.

Bella suspiró mientras se recostaba en su asiento.

Un caballero había contraído una gripe hacía un par de días, razón por la cual su asiento de segunda clase había quedado libre.

Bella agradecía al cielo por aquella gripe.

La castaña sentía una opresión constante en el pecho, como si una roca enorme la estuviese aplastando, y no se sentía capaz de decir dos palabras sin comenzar a llorar.

No tenía idea de qué estaba haciendo.

¿Estaba dejando a Edward? ¿Sería sólo un hasta luego? ¿Querría él siquiera volver a verla luego de que todo terminara?

No sabía nada. De lo único que estaba segura era que necesitaba arreglar las cosas.

Volver a América. Hablar con sus tíos. Dejar de ser un maldito estorbo.

Con un gemido, la castaña se aovilló en su asiento, agradeciendo al cielo de que su vecina fuera una anciana y no la oyera sollozar apagadamente contra la ventana.

En cuanto llegó a Londres, Bella se encaramó al primer taxi que pudo pillar y le indicó la dirección de su departamento.

En el camino le echó una ojeada a su teléfono celular, el cual había ignorado durante las pasadas horas. Tenía tres llamadas perdidas de Alice y una veintena de Edward.

"¡¿Dónde estás?! ¡Vuelve aquí ahora mismo, maldita sea!"

"Cariño, podemos solucionar esto, sólo dime dónde estás e iré a recogerte, ¿Sí?"

"Nena, por favor, estoy tan preocupado por ti."

"¡Isabella, contesta el puto teléfono!"

Bella respondió a todos los mensajes de su novio con una simple frase, y volvió a guardar el teléfono con el corazón en la garganta al llegar frente a su edificio.

Parecía que no estaba allí desde hacía años.

Luego de dejar su maleta junto a la puerta, la castaña se desplomó sobre la cama, rompiendo en llanto. Un llanto que parecía no tener fin.

.

Edward sacudió la cabeza cuando la empleada del aeropuerto le dijo que el vuelo hacia Londres acababa de salir. No le quisieron dar ninguna información sobre Isabella, pero él sabía que ella estaba allí.

Había convencido a sus amigos de que no se bajaran del coche, ya que el escándalo que se armaría sería suficiente sin tener a toda la banda deambulando por el aeropuerto en busca de su castaña desaparecida.

No, no, no, Isabella, ¡Maldita sea!

Intentó llamarla nuevamente, pero ella volvió a ignorarlo, y estaba a punto de arrojar su teléfono contra la pared cuando el aparato vibró casi imperceptiblemente.

"Estoy bien, no te preocupes." –Bella.

¿Que no se preocupe?

¿¡Qué no se preocupe!?

Era una maldita cría. Una niña estúpida.

"No te preocupes."

Cómo si él pudiera no hacerlo. Edward se subió al asiento del copiloto del bmw de Jasper y le indicó que arrancara.

Iba a ir a Londres, encontrar a Isabella y darle una tunda por ser tan caprichosa.

.

Bien, antes que nada, lo siento por desaparecerme esta semana, es que fue la primera semana de clase y los profesores (hijosdeputa) decidieron empezar con todo, o sea que he estado tapada en tareas y demás molestias. Y bien, ¿Les ha gustado el chapter? Ya sé, todos odiamos la parte triste, pero es necesaria. Todavía estoy decidiendo qué tan extensa será, porque no puedo hacerla durar sólo un capítulo, ustedes saben… Y esto es todo. ¡Muchísimas gracias por sus reviews! Un abrazo enorme.

Emma.