-No te llamé antes porque tenía miedo.-Susurró Bella, jugueteando con un hilillo suelto del cobertor.
-¿Miedo de qué?
Bella suspiró, levantando la mirada hacia Edward. Ella estaba sentada con las piernas cruzadas junto a él, mientras que el cobrizo estaba apoyado en el cabecero de la cama y tenía sus largas piernas extendidas al frente suyo.
No se estaban tocando, y eso la estaba carcomiendo por dentro. Necesitaba sentirlo, abrazarlo, besarlo, saber que estaba allí y que no iba a dejarla.
Edward tenía los puños apretados sobre su regazo, en un profundo intento por mantener la conversación con Isabella sin tocarla. Sabía que si la tocaba no se podría contener. La pegaría a él y probablemente le haría el amor hasta dejarle demostrado a quién le pertenecía y que no la dejaría marchar nunca más.
-De ti.-Al ver como Edward arqueaba una ceja en su dirección, Bella suspiró.-No me malinterpretes. Temía que me quisieras dejar, Edward. Que estuvieras tan enfadado que ya no pudieses perdonarme…
Edward suspiró, asintiendo levemente. Quizás si podría entenderlo.
-No lo entiendo, Isabella.
O quizás no…
-Edward, yo…-Bella bufó, levantando los brazos y dejándolos caer nuevamente.-No lo sé, no sé porqué lo hice, pero sentí que era lo correcto, que tú y la reputación de la banda ya estaban muy dañados por mi culpa, que iban a odiarme por eso y que debía intentar arreglar mi mierda yo sola.
Edward bufó, a punto de perder la paciencia.
-¡"La reputación de la banda"! Isabella, ¡Por todos los Cielos! ¡Somos una maldita banda de Rock! No hay nada que nos importe menos que nuestra reputación, ¿¡De dónde sacaste esa ridiculez!?
-Jules lo dijo. Dijo que todo esto estaba afectando su imagen, que yo no era buena para la banda y-
-¡Pues, Jules es un maldito imbécil!-Bella cerró la boca ante el exabrupto de Edward, y se mordió el labio mientras lo veía bufar y volver a recostarse contra el cabecero, echando la cabeza hacia atrás.- ¿Cómo pudiste hacer esto por culpa del ridículo discurso de Jules?
Bella se frotó la cara con ambas manos, intentando detener las lágrimas que corrían libres por su rostro.
-Ya te lo dije. Necesitaba arreglar mi mierda yo sola.
-¿Qué te dijeron tus tíos?
Bella suspiró, desviando la mirada, sabiendo que si Edward seguía mostrándose tan distante, ella se rompería en cualquier momento.
-Hablamos durante horas, mi tía lloró. Parece que mi tío no es un total idiota, como yo pensaba, y solamente permitió lo de la entrevista por la venenosa influencia de mi tía y de Jessica. Mi prima está indignada. No puede creer que tú estés conmigo.-Bueno, yo tampoco puedo creerlo, pensó, pero decidió no decirlo en voz alta.-Me prometieron no entrometerse más. Harán su vida, yo haré la mía, y fin del asunto.
-Bien.
Bella tragó saliva, volviendo a mirarlo. Edward seguía con los puños apretados y no la miraba.
Ella no podía más.
Inspirando entrecortadamente, la castaña se levantó de la cama, mientras un pequeño sollozo se escapaba de su garganta, y tapándose la boca con una mano, se encaminaba hacia la puerta.
-¿¡A dónde vas!?-Antes de que siquiera lograra acercarse a la puerta, Edward ya la había alcanzado, tomándola por la cintura por detrás y pegándola a su pecho.- ¿A dónde vas?-Preguntó, suavizando la voz, mientras se inclinaba para apoyar sus labios en el hombro tembloroso de la castaña.
-Suéltame. Déjame ir…
-No volverás a dejarme, Isabella.-Susurró Edward, mientras la rodeaba con los brazos, pegando su espalda a su pecho, y enterrando el rostro en el cuello de la muchacha.
-¿¡Para qué quieres que me quede si no vas a perdonarme!?-Chilló la castaña, sollozando.-Estás sentado ahí, tan distante y no, yo no…
-Sh, cariño, tranquila… Ya está, no sucede nada. Estoy aquí…-Edward la arrulló como si fuera una bebé, dándola vuelta en sus brazos hasta que Bella enterró el rostro en su pecho.
El cobrizo la mantuvo pegada a él rodeando su cintura con un brazo y posando su otra mano sobre su cabeza, enredándola en sus cabellos.
-Lo siento, lo siento.
-Está bien, ya pasó, tranquila.-Susurró Edward, besando su coronilla repetidamente.-No estaba distante, mi amor, sólo estaba pensando. ¿Cómo podría no perdonarte?
Bella gimió levemente, sin separar el rostro de la remera de Edward, empapada por sus lágrimas.
-Te necesito.
-Lo sé, lo sé. Y yo te necesito a ti.
-No me dejes ir nunca más.
-Juro no hacerlo. O por lo menos intentarlo. Eres una pequeñita bastante escurridiza, ¿Sabías?
Bella soltó una risita mientras se apartaba para mirarlo a los ojos.
-No volveré a hacerlo, lo prometo.
-Te tomo la palabra.-Susurró Edward un segundo antes de tomar su trasero con fuerza entre sus grandes manos, haciendo que Bella soltara un gritito de sorpresa y rodeara su cintura con sus piernas.-Hace más de una semana que no estoy dentro tuyo. Eso es inaceptable.
Bella soltó una carcajada antes de bajar la cabeza para besar a Edward mientras él la llevaba hacia la cama apresuradamente.
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-Es bueno volver a verte, enana.
Bella bufó, pero abrazó a Evan con fuerza, mientras el muchacho soltaba una risita y la rodeaba con los brazos a su vez.
-Gracias por no dejarlo hacer ninguna locura.-Susurró la castaña.
-¿Quién dijo que iba a hacer alguna locura?-Bella se apartó unos centímetros de él, arqueando una ceja, y una pícara sonrisa se dibujo en el apuesto rostro del muchacho.-De nada.
-Debemos estar en el aeropuerto en media hora, muévanse.-Bella se giró hacia su novio y se puso de puntillas para apretar sus mejillas.
-Mi gruñonsito.-Susurró, y Edward giró el rostro para morderle la mano.
La castaña soltó un chillido y se apartó de un salto antes de golpearlo en el hombro y caminar pasillo abajo, hacia el elevador.
Evan y Edward la siguieron de cerca, y los tres caminaron fuera del hotel en el que se quedaban en Washington esquivando a los fans y fotógrafos que se amuchaban sobre la acera.
Habían pasado ya tres días desde que Edward la había encontrado, y Bella había insistido en que deseaba volver a Inglaterra cuanto antes. Era por eso que Edward había reservado tres asientos en el primer avión a Europa que había encontrado, y ahora estaban a punto de partir.
Los esperaba un largo viaje por delante, y Bella se recostó sobre el enorme cuerpo de su novio en cuando el avión despegó.
La noticia de ellos dos juntos estaba por todos lados, empapelando cada ciudad e inundando todas las páginas de internet con imágenes de ella en la puerta de hotel, de él levantándola del suelo y llevándola adentro, y de cómo ella se aferró a su espalda mientras enterraba el rostro en su cuello.
Se había pasado esos tres días respondiendo mensajes de Alice y Rosalie, y ya sabía lo que la esperaba al llegar a Inglaterra.
Pero a pesar de todo, le encantaba. Le encantaba saber que aquellas personas increíbles habían estado preocupados por ella, que la esperaban y que se enfadarían por haber desaparecido.
Era lindo sentirse amada.
-Tengo que conseguir un trabajo.-Susurró Bella, pensando en voz alta, mientras dibujaba garabatos invisibles con el dedo sobre el pecho de Edward, que se dedicaba a juguetear con sus cabellos.
-No.
Bella bufó, sin alzar la vista.
-Voy a hacerlo aunque no te guste.
-Quieres ser actriz, ¿Por qué no trabajas para ello y punto? Sabes que puedo ayuda-
-No. Definitivamente no, Edward. Te dije miles de veces lo que pienso respecto a eso.
-Ya veremos que sucede cuando lleguemos.
El tono de obstinación y completa seguridad en sí mismo de la voz del cobrizo la llevó a incorporarse sobre los codos, ignorando la mueca de Edward cuando los apoyó sobre su pecho, y lo miró con el ceño fruncido.
-No hay nada que ver al llegar. La decisión ya está tomada, no voy a ser una mantenida y tú vas a dejar de meterte, ¿Entendido?
Edward rodó los ojos y empujó la cabeza de Isabella hacia abajo hasta que volvió a recostarse sobre él.
-No hay que discutir ahora.
El maldito era implacable.
-Como sea.-Susurró Bella, enfurruñada, girándose en el asiento hasta quedar acostada de costado dándole la espalda a su testarudo novio.
Lo sintió gruñir y jurar entre dientes antes de girarse y tomarla por la cintura para pegarla a su pecho.
Bella no dejó de fruncir el ceño, ni se giró, y Edward enterró el rostro en su cuello, suspirando y dándole escalofríos.
-¿Porqué eres tan difícil, maldita sea? Solo quiero cuidarte, ayudarte. Déjame ayudarte y olvida ese maldito orgullo que tienes.-Bella abrió la boca para refutar, pero Edward se apresuró a cortarla con la voz ronca.-Ni se te ocurra interrumpirme.-La castaña cerró la boca y bufó, acomodando ambas manos debajo de su cabeza, y Edward giró el rostro para besar su oreja.-Quiero mimarte. Quiero que cumplas tu sueño y seas increíblemente feliz y el que vaya a ayudarte no quiere decir que no vayas a tener que trabajar duro para conseguirlo, Isabella.
-Tú no necesitaste ayuda de nadie.-Masculló la castaña.
-¡Claro que la necesité! Este tipo de cosas simplemente no se consiguen sin ayuda. ¿Cuántas veces piensas que le cobré favores a todos aquellos que conocía para conseguir un contrato? ¿O una fecha en algún pub importante? ¿No crees que molesté a todas aquellas personas que podrían abrir aunque sea un maldito e insignificante puente entre una discográfica y nosotros? Lo hice, lo hice todas las veces que tuve que hacerlo, porque es la única forma en la que lo consigues, cariño.
-Edward Cullen, te juro que si intentas correr cada pequeño obstáculo que se me cruce en el camino, y sé que intentaras hacerlo porque eres un maldito y obsesivo sobreprotector, voy a golpearte.
Edward sonrió con el rostro enterrado en su cuello.
-Prometo no entrometerme…Demasiado.
Bella rodó los ojos, pero se giró en sus brazos y lo besó en los labios una vez más antes de enterrar el rostro en su pecho y quedarse dormida.
-¡Oh, Dios, Isabella Swan, tu sí que te mereces una tunda!-Fue lo primero que gritó Alice en cuanto la vio, y antes de siquiera poder dejar los bolsos en el suelo se vio envuelta de una marea de abrazos y besos en la mejilla, de retos y más abrazos.
-No vas a hacer esta mierda nunca más, enana. Voy a encargarme de que Edward te amarre a la cama la próxima vez, ¿Comprendido?-Dijo Emmett tomándola por los hombros, antes de abrazarla.
-Voy a hacerlo, que no te quepa duda.-Susurró Edward mientras guardaba sus bolsos en el maletero del coche, seguidas por las de Bella.
La castaña se mordió el labio, sonriendo y con los ojos brillantes mientras lo seguía con la mirada.
"¿Qué?" Articuló Edward, apoyado en el coche mientras todos a su alrededor seguían con la cháchara.
"Te amo." Le respondió Bella, sin emitir sonido alguno, y los ojos de Edward se dulcificaron antes de tenderle una mano y atraerla hacia él.
El resto del día se pasó entre mucha charla, mientras Bella contaba su versión de sus hechos y todos le recordaban lo tonta que había sido.
Cuando por fin llegó la hora de irse a la cama, Bella estaba tan cansada que se arrastró hasta el centro antes de dejarse caer pesadamente boca abajo.
No sintió en qué momento Edward le quitó las zapatillas y las tiró a un lado, siguiendo por su jean, y cada pieza de ropa que tenía encima hasta dejarla completamente desnuda.
-¿No vas a dejarme usar pijama?
-No.
Bella soltó una risita mientras se metía bajo las sábanas, y Edward la seguía luego de quitarse la ropa.
-¿Porqué?-Susurró Bella juguetonamente mientras se acostaba sobre él, piel con piel, aspirando su aroma y disfrutando de su calor.
-Necesito sentirte.-Susurró Edward, rodeándola con sus brazos.
-Te amo, nene.
-Te amo más, pequeña. Duérmete.
Bella se acomodó sobre él y apoyó su cabeza en el pecho del cobrizo.
Quince minutos después, Bella giró el rostro para depositar un beso sobre su clavícula.
-La tienes du-
-Duérmete.-Masculló Edward, y Bella soltó una risita antes de erguirse y morderle el mentón.
-Quizás no tenga tanto sueño después de todo.-Ronroneó.
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¿Les gustó? ¿Sisisi? De verdaaad que lo siento por desaparecerme. Muchas obligaciones, muy poco tiempo, me estreso y ¡Bum! Allá va mi inspiración. Pero hoy regresó con ganas, asique ahora que termine este chapter (que lo acabo de terminar) voy a seguir con otro de NY's Love. Espero que les haya agradado, y les cuento que prácticamente no queda nada para terminar esta historia.
Quizás un epílogo y… Fin. Muchas gracias por todos sus reviews y favs y todotodo eso.
Las adoro.
Emma!
