Capítulo primero
Cuando nadie habla
"Estoy de vuelta'', pensó la joven Rose Weasley, y en aquel momento lo supo, por los olores, las columnas y el tumulto de la estación de tren. Estaba de pie frente a ese tren nuevamente, y en su interior sintió un pequeño cosquilleo.
La gente la observaba de forma discreta y su mejor amiga, Ann Bird, percibía su respiración levemente acelerada.
_ No lo olvides, Rose.
Observó a su amiga, recordando su pequeña charla nocturna. Cuando atravesó el portal a la plataforma le asaltó la idea intrépida de que aquella columna cargaba con el peso de la sociedad mágica. Sobre esta columna, sobre este pilar…
Pero ya no había más tiempo, el tren se pondría en marcha en un momento. Giró la cabeza, sus padres conversaban plácidamente con su tío, Harry Potter. Su madre la observó y le dedicó una sonrisa. Se habían despedido hacía unos minutos. Recuperó cierta tranquilidad en aquel momento, o eso creyó ¿Cuándo la había perdido? ¿Y si cada uno de estos pensamientos no era más que un relleno de felpa y cinta adhesiva para calmar sus ansias, para distraer su mente inquieta, alterada?
Ann tiró de su mano e ingresaron al tren (Ferrocarril). Al caminar, a pesar de tener la vista fija en el frente, podía notar como los ojos de sus compañeros se desviaban de su conversación original y la veían a ella, avanzando a paso decidido por el pasillo, sin dedicar apenas una mirada.
Era inquietante, como volver a iniciar el primer año. Y eso le recordaba que debía agradecer de rodillas a la profesora Mcgonagal por permitirle cursar el séptimo año. Se había envuelto en un torbellino de cláusulas burocráticas, de procesamiento lento y maligno, hostil, antihumano, y ella con su infinita bondad la había salvado. La había rescatado. En el reino de la burocracia todo avanza lento y en el fondo se puede escuchar el eco de unas pequeñas risas burlonas. Vamos a morir, pensó, hemos sido nosotros.
Pero nada de eso importaba ya, porque estaba de vuelta en aquel tren (ferrocarril), de la mano de su infinitamente adorada Ann, atravesando el pasillo decididamente, ignorando las miradas inquisitivas, el rumoreo sutil, las voces contagiosas y a los pequeños niños de primero que vagaban indecisos y a paso lento.
Llegaron al compartimento donde sus amigos Demian Volkov, Albus y Lilly Potter las esperaban. Tomaron asiento un tanto incómodas.
_Ya no somos unos niños _ dijo Lilly _ Ya no entramos en estos viejos asientos como antes.
_ Sería tan triste viajar separados ¿Qué haremos cuando llegue el sujeto de los dulces?_ Dijo Albus_ Rose, no seas malvada, comparte algunos dulces.
De mala gana, la chica repartió entre sus amigos algunos confites de chocolate que ocultaba en sus bolsillos.
_ Bueno _ Dijo Demian suavemente _ Bienvenida nuevamente Rosie_ Miró hacia la nada _ ¿Cuál es el plan?
Demian siempre iba al grano
Con "El plan" su amigo se refería a lo que estuvieron discutiendo la noche anterior, sobre cómo hacer más amena la reinserción de su amiga en la escuela, a la cual habían extrañado horrores a lo largo de interminables días y noches. Ahora estaba aquí, frente a ellos, igualita a cuando se fué, salvo por ese nuevo corte de flequillo.
Era uno de los sucesos más dramáticos del último tiempo, pero no valía la pena ingresar en detalles. Porque nombrar que era el suceso más dramático de los últimos tiempos exasperaba a Rosie, y comenzaba a emitir un monólogo interminable sobre cuestiones que tampoco vale la pena detallar ahora.
Ann tomó la palabra:
_ Digamos que Rosie ha vuelto de su odisea alrededor del mundo, pero ahora le toca la aventura más hostil: El regreso a clases. No es para bromear _ tomó aire _ Lilly, deja de rascarte la nariz.
_ Me picó un mosquito.
_ Como decía _Prosiguió Ann _ Escuché que vendrán inspectores del ministerio este año. La muchacha pelirroja aquí presente es la excusa perfecta para que esos idiotas hayan decidido que van a estar merodeando durante todo el año. No vaya a ser que algún otro excéntrico decida burlar la estructura legal, política y los encantamientos de geolocalización del ministerio.
Rose resopló.
_ Solo me aparté de la sociedad mágica un año.
_Eso decía yo, son unos exagerados _ Acotó Demian.
_ Tu siempre me entiendes _ Le dijo la pelirroja.
_¿Ya conocen el relato oficial?_ Inquirió Albus _ El que anda circulando en los periódicos desde ayer.
La "Cuestión de Rose Weasley", habían llamado los periodistas al hecho de que una niña de 16 años hubiera podido desaparecer. Fue aún más impactante cuando esa niña reapareció ilesa luego de casi un año, habiendo asegurado que se marchó por su propia voluntad.
Habían sido unos meses tan complejos e intensos en materia de debates legales y de política educativa, que Rose se había visto en el centro de un torbellino de reporteros con preguntas impertinentes, intentos de entrevistas, pruebas de aptitud, de memoria, interrogatorios parcialmente agresivos, recriminaciones y chismes. El preciso análisis de un miembro del departamento de seguridad mágica con respecto a la situación de la joven planteó la posibilidad de establecer una sentencia de forma privada, por lo que la prensa no tendría acceso a ningún tipo de información acerca de las consecuencias que todo ese proceso tuvo para Rose.
"La versión oficial" hacía referencia a un relato vulgar que, como un collage, se había producido de la extraña mezcla de teorías dispares que habían intentado explicar la situación.
Rose, tan tranquila, tan impasible, había sido capaz de lidiar con todo ese torbellino de información sin perder la claridad. Albus siempre había pensado que su prima era eléctrica como un rayo, pero apacible y ausente, como quien sabe ver a través de las ilusiones confusas de la realidad.
¿Y no era eso lo que había hecho? Había tomado sus maletas y subido a un tren muggle, para perderse en el mundo. Lo pensó un momento y decidió cambiar el tema de conversación.
_ No importa, lo charlaremos luego _ Observó a su prima _ Lamento esperar hasta ahora para decirlo pero, Rosie, deberás hacer nuevamente las pruebas para ingresar al equipo de quidditch. Es lo mejor para la salud del equipo y para que no te miren con el ceño fruncido.
_ No te molestes, Al _ dijo Rose _ No pensaba volver al equipo.
Demian la observó con una sonrisa
_ ¿Acaso me acompañarás en el club de poesía este año?
_ No es mala idea _ Respondió la pelirroja.
_ Esperen, esperen _ Saltó Lilly, un poco escandalizada _ ¿Abandonar el equipo, en serio?
Rose alzó los hombros.
_ Aún debo adaptarme y las prácticas necesitan constancia.
Rose había sido (y era) una gran buscadora. Su interés por el quidditch le venía desde muy pequeña. Saber que no iba a dedicarse al deporte este año no era algo difícil de entender para sus amigos, después de todo, de aquella joven podía esperarse cualquier cosa. La decisión solo era extraña.
Albus suspiró.
_ ¿Club de poesía, entonces?_ Preguntó.
_ Quisiera creer que no tienen una actitud despectiva con respecto al club de poesía _ Dijo seriamente Demian.
_ Para nada _ Dijo Potter _ A mi me gusta la poesía, como esa canción que habla de la jaula y el pájaro que se muere.
_No cantes eso _ Advirtió Ann
A esa extraña charla le siguió un rato de tranquilidad. Los jóvenes comenzaron a hablar de trivialidades que tuvieron el placentero efecto de hacerles olvidar por un momento el estrés de aquel particular inicio de clases. Rose tuvo la ligera sensación de estar en casa, de volver a la rutina. Sentía haber descubierto nuevamente el significado de la palabra "cotidiano". Era algo así como despertarse un día soleado y lavarse la cara. Apreciar brevemente al arcoíris mientras se riega el jardín.
Observó a sus amigos. Había soñado en tantas oportunidades con esta escena que le costaba creer que estuviera nuevamente allí. Ann había dormido abrazándola, como temiendo que volviera a escaparse. Rose a veces le recriminaba esa clase amor, y después lo comprendía.
Ann y Albus decidieron dormir un rato. Demian tomó un libro y Lilly se dedicó a comer dulces.
Rose, por su parte, se limitó a revisar sus pertenencias para asegurarse que no faltaba nada. La túnica de Hogwarts descansaba sobre sus muslos, y en uno de sus bolsillos descubrió una foto que no recordaba haber puesto allí. Esa foto atestiguaba una tarde que no olvidaría fácilmente: aquella en la que Olivia la llevó a conocer la cúpula. En ella, las dos jóvenes volteaban a ver la cámara sin sospechar que iban a ser fotografiadas. La ciudad a sus pies era un caos tormentoso y allí, desde la altura, podía apreciar el movimiento cíclico, absurdo, del tránsito.
Rose arrojó a la calle a Hesse, contaminandolo con el agua podrida del cordón. Su amiga suspiró.
_ Todos los autores deben caer, es parte del proceso _ Dijo
_¿Qué proceso?
Olivia ató su cabello.
_No sé, desidealizarlos, bajarlos. Los autores no son perfectos, son humanos.
_¿Algo así como criticarlos?
_ Si _ Olivia rascó su nuca _ Algo así.
_¿Pero, y mientras tanto qué hago?
_De eso se trata el proceso, sufris un poco. Bueno, los procesos son infinitos, y en general difíciles.
Rose rodó los ojos.
_ No me gustan los procesos.
_ Empezá a amigarte. La vida es un proceso.
La voz de Lilly la devolvió al presente.
_ La otra noche, hace un mes ¿Recuerdas que cocinamos pastel? Esa noche olvide hacerte una pregunta tonta, Rosie.
Su prima le dedicó una sonrisa.
_¿Es tonta si no te ha dejado en paz?
Lilly alzó los hombros.
_ En aquel momento, cuando decidiste saltar hacia aquel tren ¿Qué sentías exactamente en ese momento?
Rose posó su mirada en la ventana, que dejaba ver un extenso campo verde.
_ Quería ser libre _ Respondió.
_¿Y lo conseguiste? ¿Fuiste libre?_ Inquirió Demian, que había dejado su libro para prestar atención a esa pequeña charla.
Rose suspiró pensativa.
_ Tuve paz, de a ratos.
"¿Cuánto dura un rato?", pensó.
_ Bien, no hay otra explicación que dar _ concluyó Demian_ Que hable la chusma.
Era así como Demian se refería a la mayoría de los estudiantes del colegio. Rose sabía que él mismo no lo pensaba así, que Demian era un humanitario incurable. Pero ese día estaba en lo correcto. La joven sería el centro de atención por un tiempo.
_ Sé lo que les preocupa _ Dijo la pelirroja _ Los rumores, las teorías, correrán de boca en boca como una jarra de alcohol en una fiesta. Imagínense una botella de whisky. Al final de la jornada tiene la saliva de 120 personas.
_ El punto, Rose _ Apuró Lilly
_ Las personas no son más que eso: la mezcla de saliva en el pico de una botella de whisky rodando en una fiesta, no importa cuanta magia porten ¿Los relatos muggles que hablan de la existencia de las brujas alguna vez habrían imaginado una charla mediocre, del lunes por la mañana, sobre un partido de quidditch? ¿Por qué habría de importarme lo que dicen?
Demian cerró el libro que hasta hace unos minutos estaba leyendo y observó a su amiga con una expresión extraña, ensimismada. Lilly contestó rápidamente.
_ Porque vamos a compartir un antiguo castillo embrujado durante un año con toda una generación de chismosos. Rose, comprendo la tendencia natural de tu cerebro a volar en el paraíso de las ideas, pero la gente aquí en la tierra es mucho menos compleja y más primitiva. No lo pensarán dos veces a la hora de creer en la estúpida versión de un diario dirigido por unos inútiles que no recuerdan lo que es escribir una buena historia.
Demian asintió, pensativo.
_ La gente puede ser muy molesta.
_En especial ya-sabes-quien _ Dijo Lilly, mirando a su prima.
Al escuchar eso, la expresión de Rose se modificó completamente. Recuerdos que suponía sepultados acudieron a su memoria. Y esos recuerdos tenían nombre y apellido: Scorpious Malfoy.
Pero no tenían tiempo para discutir ese asunto. El castillo comenzaba a dibujarse en la lejanía. Sus dedos ansiosos daban golpecitos sobre su muslo. Y ahí estaba ese castillo antiguo, aguardando su llegada. Allí se encontraban las grandes escaleras movedizas, los cuadros vivos, los pasadizos secretos y los fantasmas que se trasladaban de un lado a otro.
El desafío de Rose era ver si aquel viejo edificio de porquería, inmutable, atemporal, podría soportar lo que ella se proponía ofrecerle.
