Capítulo 1
Cada mañana despertaba acompañado del calor del sol y el aroma dulce de los jazmines en su ventana. Así fue desde que tenía memoria pero lo acompañó incluso antes de nacer, cuando su madre tejía y cocía el ajuar del nacimiento y luego cuando su padre pintaba el cuarto que hoy era suyo.
La enredadera crece indómita, aferrada por todo lo ancho y alto de la muralla, sin brechas excepto el marco de la ventana, donde ofrece vides floreadas con las que Izuku aprendió a hacer coronas y brazaletes. Con el tiempo, creció lo suficiente para sentarse en el borde mientras leía libros o dejaba secar el cabello húmedo al sol, entonces aprovechaba de hablarle, arrullarse con su aroma dulce y amable en cada momento importante o crisis.
Por eso no imagina mañanas ni atardeceres donde esa mística fragancia no esté, al punto que no desea otro hogar diferente al suyo, quiere una casa donde sus cachorros crezcan con la misma bondad.
Hoy Izuku está listo para vestirse con el traje ceremonial, más no puede evitar recortar algunas flores para guardarlas en una bolsa pequeña que oculta entre los pliegues del nagajuban. Sobre la cama, el kimono reposa listo, cubierto por atados con hierbas que sirven para ahuyentar polillas y absorber la humedad. Está listo para vestirse, pero antes debe asistir a su padre.
Sale de la habitación rumbo al cuarto principal, donde su padre termina de ajustar el cuello del nagajuban azul. Aún antes de entrar a la habitación principal, Izuku sonrió al escuchar los gruñidos frustrados del alfa por no poder arreglarse adecuadamente, ahí se anuncia con una sonrisa y saludando a su padre comienza a vestirlo.
- Tu madre estaría molesta conmigo...Diría que soy un sambo o algo por el estilo.
Su hijo rió pero negó con la cabeza- No creo que te reprochara nada padre.
- Tienes razón. Sólo me daría una porción de comida más pequeña y probablemente no sea por no poder vestirme solo con esto, sino por dejarte montar a caballo solo.- reprocho. En realidad Izuku no tenia esa libertad pero tampoco dejaba el candado puesto en el granero para impedir que saliera por cualquier cosa. Todo era escusa suficiente.
Desde los 9 esa fue una pelea, o más bien la única discusión que el matrimonio Midoriya enfrentó con respecto a la educación de su cachorro. Por esos tiempos, en especial con la regencia Tradicionalista de la Dinastía Todoroki, no era bien visto que un omega montara a caballo, y los pocos que lo hacían nunca aprendían antes que los betas o alfas a los 12 años, sin embargo, el chico montó el potrillo de la granja a los 9, bajo la estricta supervisión de su padre. Izuku suspiró cansado, guardándose cualquier comentario al respecto, pues desde que su madre murió el hombre tomo como propias todas las aprensiones de su madre, prohibiendo todo lo que alguna vez le enseño aunque sólo de palabra, en realidad nunca tomo acciones directas para impedirle estos desacuerdos en su crianza.
Entre sus manos, el chico acarició la tela suave de la yukata antes de extenderla para que su padre se calzara la prenda. Con cuidado acomodó y quitó los pliegues de la tela, dejando el lado izquierdo sobre el derecho. Luego ató el Obi al recordar que su padre también era un desastre en eso.
Ya listo, el alfa mayor lo abrazo y le acarició el cabello verde, más no pudo evitar que su nariz buscara sentir el olor a menta que era tan parecido al de su difunta esposa.
- Izuku...ahora es tu turno- le dijo con nostalgia y caminaron rumbo al cuarto del menor.
El vestido ceremonial, nunca fue un evento sencillo para nadie puesto que el atuendo se compone de muchas piezas . Cada una con un fin para proteger el vestido final, el kimono o la yukata, una prenda hecha de tela fina y costosa, teñida a mano con técnicas muy laboriosas por artesanos locales.
La tarea del vestido normalmente recaía en la madre, sin embargo, Izuku asumió esa responsabilidad al morir Inko de fiebre puerperal a la edad de 11 años.
En el cuarto de Izuku, los mayores encuentran a Kota admirando embelesado el kimono de su hermano mayor, sus ojos fijos en las intrincadas figuras de niebla entre juncos, flores y peces koi. Es tanto su interés que mueve su peso de un pie al otro o de adelante hacia atrás con las manos escondidas en su espalda, conteniendo las ganas de tocarlo, por temor a ensuciarlo y hacer enojar a padre.
Izuku sonrió al ver la expresión del niño, que apenas podía soportar su curiosidad. Pero como su hermano acostumbraba meter las manos en la cocina, entre las conservas, miel o carne seca, decidió que por esta vez no iba a consentirlo. En lugar de eso tomó una manta y se la tiró encima de la cabeza. El niño rio y se lanzo sobre él bufando con falso enojo solo para reír a carcajadas cuando Izuku le hizo cosquillas. Pronto las risas llenaron el lugar, formando una melodía que acaricia el corazón del alfa.
Con un carraspeo interrumpe los juegos de sus hijos. La hora de la ceremonia estaba cerca y aún debían llegar al pueblo para dejar a Kota con los abuelos.
- Izuku, tenemos que irnos
-Lo siento padre- le contestó entre rizas.
Al terminar, salieron de la casa trancando la entrada para luego encender un incienso sobre un platillo de metal que cuelga sobre la puerta para protección de malos espíritus mientras dejan el hogar para dar sus agradecimientos a los dioses.
Ya en el establo, su padre toma los dos caballos de la familia Aka y Cora. Izuku revisó la silla de montar pero mientras lo hacía su padre le advirtió que por favor montara como su madre, para su disgusto. El viaje era un poco largo y esa forma de montar aunque bonita para vista era muy poco práctica y hasta peligrosa si el caballo cabalgaba muy rápido.
Transcurrieron varios minutos antes Hisashi viera a Izuku resignarse a cumplir la petición, y cuando lo hizo, tenia los labios estirados en una fina línea. Pero finalmente tras luchar un poco con sus vestidos, logro poner ambas piernas a un lado del caballo enganchando las riendas en una mano al tiempo que sostiene la espalda recta.
Su madre habría estado orgullosa, piensa al ver el porte elegante en su hijo mayor, o hasta magnifico de no ser que sólo un minuto después estiró las piernas de golpe para luego arrojarse del caballo jadeando como si hubiera sufrido una especie de tortura.
La mirada acusatoria del alfa no se hizo esperar pero Izuku le recordó que no se había puesto un pantalón debajo del kimono para ir sentado como mujer. Obviando el hecho de que es omega.
- Padre, nadie monta de esa forma.
- Por que no hay otros omegas que monten a caballo.
-Por que otros omegas no viven tan lejos del pueblo y además nos es mi culpa que las ruedas de la carreta estén inservibles- puntualizó. Lo cual era muy cierto, ellos vivían en una provincia lejana separados inclusos de las demás granjas, por varios cientos de metros. Además la carreta que usan para transportar las cosechas o lo que hayan preparado en invierno para vender en el mercado, ya estaba muy vieja, si que tuvieron que mandar muchas de sus partes.
- Juna es omega y no monta a caballo- repuso Hisashi mientras revisaba la montura de Kora, aunque por la cara que le dio su hijo supo que iban a tener una discusión.
- Juna, no monta a caballo.- aceptó, frunciendo el ceño- pero tampoco lee, escribe ni teje o algo. Solo está ahí como centro de mesa, a la espera de que un alfa quiera mon...
- ¡Izuku Midoriya! Soy tu padre y tu alfa hasta que no Hayes nada mejor, así que modera tu lenguaje y toma asiento en la montura como te lo he pedido. – Gruñó, la espalda recta y ofendida para imponerse. Si solo pudiera estar enojado con su hijo por mas tiempo que un latido. Tras su arrebato suspiró cansado y culpable. Fue su culpa que el respondiera así, siempre a sabido que a Izuku odia que lo comparen con esa pobra chica, pero tampoco puede tolerar el lenguaje vulgar.
Tienes que educarlo mejor, dice una voz nostálgica, pero tiene un apego enorme hacia el y no se explica cómo paso, porque el mismo día en que Izuku nació, supo que crecería para casarse y vivir lejos de él, un destino del que ningún omega de la provincia escapó al no haber nacimientos de alfas en la zona.
Sin embargo, con cada año sin que llegara el hijo alfa o beta, le fue imposible negar algo al único bebé que tenía en casa y antes de darse cuenta, tenía un niño omega que no fue criado para ser un esposo o al menos el tipo de esposo que suelen ser los omegas, debido a su independencia.
Por su parte Inko Midoriya lo educó sobre administración doméstica y crianza de cachorros hasta lo que le permitió la vida. Nadie sabría que en sus últimos días, ella rogó a los dioses por que el futuro alfa de su hijo fuera un hombre paciente y amable, para que tuviera paciencia sobre todas las cosas que Izuku no llegara saber una vez contrajera matrimonio.
Pese a todas sus aprensiones, demostró tener una inteligencia muy flexible. Cuando Izuku no estaba ayudando en casa a su madre, Hisashi lo llevaba con al campo, allí recogían la paja y forraje de los animales, otras veces simplemente lo sentaba en una cerca por ahí para que Izuku leyera algo.
El alfa amaba escuchar su voz y sobre todo ver como cada día la inteligencia de su pequeño crecía enormemente, pero a medida que pasaban los años fue cada vez mas frecuente preguntarse sobre qué clase de alfa cortejaría a su muchacho, que tan inteligente serían los niños que vendrían y si esa vida seria suficiente para Izuku.
Cuando el último libro de la casa fue concluido, las preguntas que Izuku tenía del mundo no hicieron más que aumentar en cantidad y complejidad. Tristemente el alfa tuvo que explicarle que no podía enseñarle nada más porque el mismo nunca tuvo los medios para adquirir una educación superior, sin embargo, su hijo omega, siendo tan joven y humilde le demostró que si habían cosas que podía aprender de él.
Hoy sabe de números, maneja las cuentas de la casa y puede negociar en el mercado sin ser estafado, también sabe de historia y sobre todo criar animales con un talento natural y casi místico
Izuku agacho la cabeza como signo de respeto y sumisión tras oír el reto de su padre, sin embargo, al hacerlo sus ojos encontraron a su hermanito a un lado de su caballo. Seguramente estaba esperando que alguien lo subiera sobre la montura.
- No puedo llevar a Kota sentado así.- advirtió con ternura. Hisashi entonces reparó en el niño pero su gesto se endureció incluso más.
-Yo lo llevare esta vez- espetó para luego sentar al niño sin cambiar el talante. - Tu hermano a veces me hace enojar.- le explicó al niño tras ver su rostro lloroso.- No llores, eres un alfa.- dijo golpeando despacio los hombros del niño.
-Papá- llamó Izuku mientras seguía el caballo de su padre. - tiene 5 años no seas tan duro con el
-No, debe aprender. Si va a la escuela con este carácter, los otros niños querrán pasar por encima de él.
-Lo vamos a enviar a la escuela? – le dijo Izuku entusiasmado. Olvidando por completo la discusión y el enojo.
- Si Izu, tu madre así lo hubiera querido.
Entonces Izuku afianzó la correa y se adelantó para ocultar las lágrimas de emoción.
Dos horas después arribaron a la ciudad. Allí buscaron la casa de los abuelos Maternos para dejar a su cuidado el menor de los Midoriya y los caballos.
Como cada año, tomaron asiento para compartir los alimentos con la pareja y se pusieron al día con los acontecimientos con un ritual muy estricto pero consciente. Normalmente el abuelo acaparaba la atención de sus nietos contándoles historias de las guerras pasadas y cuentos de terror sobre el extinto pueblo bárbaro, o de bestias negras con dientes de sierra. Entonces Kota gritaría emocionado y pediría más, pero Izuku con 16 años, ya conocía cada historia de memoria así que no solía compartir el mismo entusiasmo. Luego, cuando el anciano se aburriera de acaparar la atención dejaría a los niños para salir a fumar con Hisashi.
Y ahí fue cuando Izuku realmente aprecio estar en la casa de sus abuelos. No por que no le agradara el hombre orgulloso, pero por alguna razón su abuela jamás hablaba con él cuando estaba presente, salvo para asentir o secundar las opiniones de su esposo.
Tan pronto el hombre se fue, la anciana agarro entre sus brazos a kota y luego a Izuku a pesar de que ya estaba demasiado grande para eso. ambos rieron y le devolvieron las caricias con risas, besos o simplemente disfrutando del el olor a leche y canela que desprendía para arrullarlos.
De pronto la mujer sonré ampliamente, empuja a izuku lejos y ataca a kota con cosquillas hasta que el niño se huye a toda prisa al patio, probablemente para cazar insectos.
Al verse solos la mujer sonrió.
- Izuku...-llama la anciana en tono meloso- Eres tan parecido... – susurra mientras ve el perfil de su nieto.
-A mamá, lo sé. – concluye el muchacho sonriendo, luego se acomoda frente a ella para observar el rostro envejecido y analizar sus facciones. Él supone que si su madre fue parecida a la abuela y este a ambas, entonces en su vejez tendría el mismo rostro apacible y solemne que admira.
- No mi niño, es decir, sí, te pareces a ella, pero ahora me refiero a tu tátara abuelo. Serías idéntico de no ser por esas feas manchas en tu cara.
El chico frunció levemente el ceño ante las quejas sobre sus pecas, pero por esta vez lo dejó pasar y se concentró en la mención de su antepasado. Si bien su abuelo siempre hacía alarde de sus raíces, muy por el contrario la abuela era muy reservada, además sin importar lo que intentara, su abuelo volvía en el momento preciso interrumpiendo cualquier recuerdo de la mujer.
- No tenía pecas- balbuceo nervioso y molesto a partes iguales. Esas pecas eran herencia de su familia paterna y le gustaban- O sea ¿Cómo era? - se rectificó antes de recibir otro discurso sobre rostros blancos y bellos como el de sus pergaminos- Es decir ¿A qué se dedicaba?
- Cazador...antes de establecerse, claro está, pero mi madre decía que quinientas cabezas era el número.
Izuku entonces repaso lo dicho por su abuela, pero no tenía nada de sentido. Se suponía que debía saber que su tatarabuelo no se estableció hasta vivir en ...¿En la ciudad? ¿Esta ciudad? ¿Entonces dónde vivió antes? ¿Por qué era relevante? "Alto" se regañó mientras entierra sus uñas contra la mano contraria. Estaba divagando demasiado y su abuela tiene ciertos problemas de memoria.
-¿Número de qué abuela? ¿quinientos que?
- No tengo idea, pero ella decía que ajusticio 500 cabezas... - dijo mientras llevaba una mano hacia su mentón, concentrada en ese detalle. - pero debía ser cazador porque teníamos pieles. Tantas piezas de cuero y todos los tamaños que había un cuarto lleno de ellas- concluyó animada ante la luz de sus recuerdos, pero tan pronto esa energía llego se fue y sus ojos se entristecieron- Teníamos muchos, pero las perdimos en el segundo gran incendio del pueblo. Ay mi niño, mi madre las atesoraba tanto, lloró por meses, incluso los vecinos lamentaron las pérdidas, porque eran muy bellas y del gusto de todo el mundo.
- Lo siento abuela, creo que ya me habías contado eso. Lo siento mucho
- Me fascinaban, pero mi madre las amaba más que yo. Eran tesoros familiares, verdaderas reliquias...También era todo lo que nos quedaba de él. - le aseguró e Izuku la escuchaba atentamente. Esa era una de las conversaciones más largas que tenía con la anciana en mucho tiempo, con cada año su memoria se perdía más y más.
-Mira lo que me estoy acordando. - dice con una sonrisa mientras ve fijamente algo distante, no existe en la realidad pero en su mente el recuerdo toma forma tras estar perdido por muchos años.- un día llegaron a nuestra casa unos sirvientes de la nobleza. Mi madre estaba sorprendida y avergonzada porque nuestra casa era pequeña y esas gentes viven en palacios, sin embargo, peor habría sido no recibirlos, así que los invitó a pasar. Ahí fue cuando ofrecieron monedas de oro por las pieles del abuelo. Nosotras nunca antes habíamos visto tanto dinero, pero, aunque nos hacía falta, ella se negó. ahora la entiendo tanto...
- ¿De qué eran las pieles abuela? ¿Dónde las obtuvo? Porque, por esta región no hay mucho que cazar.
-Ay hijo, le pides mucho a esta vieja. No recuerdo nada, tengo la cabeza mala.
El chico asintió, pero bajo la mirada decepcionado, ante esto, la anciana se sintió tonta y aún más vieja- lo siento Izu-chan, pero lo único que recuerdo es su pelaje. - mencionó nostálgica. De pronto nota como su nieto la mira nuevamente con esa bonita curiosidad y decide que quiere ver ese brillo un poco más- era muy abundante, con el pelo tan largo que mis manos podían hundirse hasta los codos y era suave cómo la seda de color gris brillante ...Se perdió como todas nuestras cosas.
- Lo siento no quería hacerte recordar cosas tristes.
- No. No cariño, ya no importa porque gracias a eso nos mudamos y luego pude conocer a tu abuelo.- dijo riendo como si hablara de una travesura.
- ¡Entonces se conocieron desde jóvenes!
-Shhhh, no. - niega dándole un codazo de complicidad. - ¡Los Alfas no deben amistar con omegas antes de los 16!- dice imitando la voz de su esposo. El omega rio frunciendo los labios para no delatarlos, pero tuvo que esconder su cara en las ropas de abuela cuando esta le hizo cosquillas de sorpresa.
- Pero abuela yo no conozco a ninguno. - le juró tratando de alejarse de ella.
La anciana entonces adoptó un gesto indignado y fue implacable. - Más rápido se atrapa a un mentiroso que aun cojo chiquillo. En el mercado tengo muchas amigas- le advierte soltándolo al fin.
Izuku enrojeció y ocultó su cara entre sus manos negando. Era verdad que no tenía pretendientes, pero de que hablaba con jóvenes alfas cuando no estaba su padre...
-Pero que se supone que haga, me aburro en el puesto y no puedo echarlos si quieren llevar algo.
-Aburrimiento...- ironizó, aunque ya no tenía energías para seguir molestándolo. Su cuerpo ya no la acompañan tan bien como antes.
Cansada apoyó la cabeza en su hombro buscando refugio en la juventud viva de su nieto. Izuku entonces pasó un brazo tras su espalda y la abrazo con delicadeza sintiendo el peso de las preocupaciones en ella, entonces quiso reconfortarla, hacerle sentir que nada importaba más que compartir juntos el tiempo que les quedara y no los recuerdos que estaba perdiendo.
Para la mujer era extraño dejarse envolver por el abrazo de un niño que hasta hace unos poco años se acostaba en sus faldas o jugaba a sus pies, sin embargo, era un sentimiento cálido porque de no ser por ella y el matrimonio solido que construyó junto a su esposo, ese niño tan perfecto a sus ojos jamás estaría ahí con ellos. Sus nietos son un regalo, pensó y como si eso activara una alarma la anciana llevó sus manos hasta el bolsillo de su vestido, palpando el regalo que debía entregarle a Izuku. Frustrada gruño. Esa cabeza suya estaba traicionándola otra vez.
- Izuku, tengo un presente para ti.
Su nieto la miró y volvió a pegar su mejilla contra su coronilla y ella aspiró el delicado aroma a hierbas que desprendía.
-Abuela no hace falta.
- Pero ya tienes 16 años y tu belleza casi ha madurado.- dijo con tono cuidadoso pues ese aroma que la llenaba de paz era el inicio de algo importante. Ante el gesto Izuku inmediatamente supo que le daría otra charla sobre su crecimiento y adultez por lo que prudentemente miró a su alrededor en busca de su joven hermano. No lo hayo.
- Estas creciendo tanto...Tendrás tu propia familia. - insiste mientras saca el regalo pero se detiene al oír una pregunta curiosa.
- ¿De verdad cree que mi celo llegara pronto? -
Entonces la mujer agravó la mirada y llevó sus manos al rostro de su nieto para regañarlo, sin embargo, puedo notar lo preocupado que estaba por eso.
- La mayoría ya tuvieron sus primeras experiencias...- continúa izuku mientras presiona la tela del kimono con su mano. Se siente preocupado porque la verdad es que no tiene con quien hablar de estas cosas, la partera siempre está ocupada, las pocas visitas son cortas, además esa mujer hablaba todo lo importante a solas con su padre y a puerta cerrada.
- Déjame verte- pide la anciana y con delicadeza acaricia su mejilla para palpar la suavidad de la piel, luego observa los ojos grandes de color verdes con atención, encontrándolos inundados del brillo de cortejo, una especie de luz vidriosa que los omegas desarrollaban sólo en esas fechas de fertilidad. Finalmente, se dio el gusto de acariciar la cabeza de su descendiente disfrutando de la suavidad y el brillo saludable en las hebras verdes y rizadas.
Ahora estaba más que segura del diagnóstico, pues el primer celo de un omega despierta cambios profundos en sus cuerpos y mente para acentuar las facciones y belleza natural. Su finalidad es llamar la atención de un alfa fuerte y saludable. Ella tiene bastante experiencia conociendo bien ese proceso, asique supo reconocer todos los síntomas en su nieto, aunque, sólo faltaba que los labios de Izuku tomen mucho más color.
-Estoy segura, una anciana con 3 hijos omegas en su haber sabe bien de estas cosas. - le advierte al ver que Izuku no parece satisfecho.
- ¿Debo preocuparme porque esté tardando? La otra omega ya tuvo el suyo y la gente dice que puedo ser menos fértil
-no cariño, eso no tiene nada que ver. – interrumpe compasiva.- Podrías incluso tenerlo a los 22 como tu bisabuela y sabemos que tuvo 9 niños.
Izuku abrió grande los ojos y se tensó.- ¿Pero es verdad?- dijo ya que jamas conoció a nadie mas de la familia, según sabía todos se habían ido a vivir mas cerca de la capital.
-Por su puesto ¿No tenías idea? De hecho, son 9 sin contar los gemelos, pobrecitos, fallecieron de neumonía...
- ¿Cómo tienes tantos hijos? - divago en voz alta.
- Bueno en esos tiempos el té estaba prohibido y siendo sincera 9 es poco, tu tatarabuelo tuvo 12
- Abuela! ¿Cómo es que me estoy enterando de esto ahora? El abuelo dice que sus hermanas sólo tuvieron un hijo ...Además ¿Cuántos primos y tíos tengo por el pueblo sin conocer?
-Ninguno cariño, todos viven al norte, dentro de Bizenh. Sólo nosotras nos mudamos.
- pero son muchos, yo pensé que...
- Ay hijo, tienes la suerte de nacer en una familia de omegas muy fértiles, de hecho si tu madre no hubiera nacido antes de tiempo, habría tenido fuerza para darte más hermanos. Así que ánimo, no tienes que preocuparte por tu fertilidad, podrás tener todos los niños que quieras.
- ¿Y si sólo quiero uno? - preguntó sintiéndose mareado. Hasta ayer le preocupaba ser estéril porque su celo estaba tardando en llegar. La mayoría lo recibía a los 14, su propia madre de hecho lo recibió a los 16 años y como casi solo pudo tenerlo a él, se convenció de que el tendría una suerte parecida, sin embargo, ahora que sabe lo fértiles que fueron sus antepasados pedirá otra cosa a la diosa Inari.
La anciana río ante la cara de horror de Izuku y luego le apretó las mejillas.
-me temo que tendrás que usar muy bien esa cabeza para que no pase. A los Alfas no les gusta que sus omegas beban el té.
-entonces buscaré uno que este de acuerdo con que doce niños es un disparate. - Asegura determinado.
La anciana se ríe de su inocencia. La mayoría de los omegas se prometen cosas parecidas, sobre todo con el primer parto, pero los alfas pueden y serán muy persuasivos, no por nada ella misma había tenido 6 cachorros.
-¡Izuku! ya cierra la boca un rato- le grita de pronto y el chico la mira ofendido.
-No pongas esa cara, llevo todo el día tratando de darte un regalo y me distraes. - luego toma el presente y lo entrega con brusquedad.
- Lo siento olvidé que querías dármelo
-Yo soy la anciana que olvida cosas, tu sólo eres distraído con pájaros en la cabeza. Ahora escúchame bien, ese regalo es una reliquia familiar, te lo doy a ti porque no me acordé de que lo tenía hasta hace unos meses y como ya todos mis cachorros hicieron sus familias, pues te lo doy a ti.
Izuku entonces miró el bolso pequeño con decepción. Había pensado que se lo daba por algo especial.
- cuando tengas un hijo omega tendrás que heredarlo a sus 15, pero como tendrás más de uno.
-No – suspiró Izuku y ella rodo los ojos.
- cuando las cosas pasen, será mejor que elijas al niño más inteligente. No al más lindo, ni al más fuerte o el primero ni el que mejor te agrade, sino el más inteligente- le advierte.
- Abuela ningún hijo debería agradar más que otro.
- Izuku ya no quiero discutir contigo.
Izuku sonrió, pero igual prometió que honraría la tradición familiar.
-Gracias mi Izu-chan, pero ahora llama a tu padre que se les va hacer tarde...O Mejor voy yo, tu hermano está demasiado callado seguro hizo algo.- advierte e Izuku sale disparado hacia el vestíbulo donde lo sintió por última vez. Otra vez no le prestó atención.
Los dos hombres mientras tanto conversan sobre la familia en el patio, comparten la pipa de tabaco y observan las plantas del patio pacíficamente, sin embargo, Hisashi puede sentir que algo está molestando a su suegro, así que lo invita a contarle sus preocupaciones.
- Parece que Izuku está en edad de merecer. - soltó de pronto el alfa mayor mirando los frutos maduros del durazno- Con 16 ya debería terminar el ajuar. ¿Ya tuvo su celo?
- Me temo que no, pero la partera dice que no nos hará esperar más tiempo. Su cuerpo ha madurado, más lento que otros chicos, pero está creciendo bien.
- Es una lástima que Inko partiera tan pronto...Ojalá los dioses le hubieran permitido procurar mejor a su hijo.
- Sé que teme por él, padre, pero Izuku es inteligente y tengo dinero ahorrado, sé que no la tradición de nuestra familia, pero al menos podremos ofrecer un regalo aceptable cuando llegue el momento.
- De eso mismo quería hablarte. Como soldado del imperio, jamás faltó nada a mi familia, aunque tampoco tuvimos gran abundancia. El regalo fue fruto de mucho esfuerzo.
- Un presente que mi familia todavía agradece.
El hombre sonrió para hacerle saber que estaba consciente de eso, pero debía decir lo siguiente con cuidado. Hisashi no ocultaba a nadie su adoración por su cachorro mayor pero no creía que estuviera criándolo adecuadamente sobre el matrimonio o el calor. - En ese tiempo pude mantener ahorros para mi vejez pero también logré cultivar buenas amistades, precisamente la casamentera de este distrito es una vieja amiga.
Hisashi entonces sintió como su estómago se apretaba. De pronto sentía que le estaban quitando algo.
- Hijo- llamó con amabilidad, pero el alfa más joven no pudo contener el aroma sobre protector y territorial- Sólo fue una charla, pero está dispuesta a ayudarnos a encontrar un esposo digno de nuestro Izuku.
- Sé que tiene que pasar- espetó, sin embargo, se obligó a respirar profundo y calmarse. No era cualquier hombre con quien estaba hablando, sino el padre de su difunta esposa. - Es la naturaleza, mi hijo tiene ese derecho, pero preferiría esperar.
- Hisashi...
- ¿Qué hay con Kota? Izuku es la única madre que conoce
- Lo sé, ¿Pero que harás cuando inicien sus ciclos? Sé que vives en una zona donde sólo hay betas, pero si el se queda solo en casa ¿Quién puede asegurar que esté seguro?
- Puedo protegerlo.
- ¿Hasta cuándo?...Mira, no tienes que llevarlo hoy- aceptó el anciano comprendiendo que el alfa debía asimilar la noticia- ni mañana o pronto, pero por favor considera el ofrecimiento. Además, pueden pasar hasta años antes de que aparezca alguien. En estos tiempos los omegas y mujeres betas son cada vez más abundantes, además, ya que se les ha permitido trabajar, la mayoría tiene noviazgos más prolongados.
- Izuku no fue a la escuela.
Ante eso el anciano hace un gesto despreocupado con la mano. - Pero sabe leer y escribir.- enfatiza. Aunque no fuera formal, ese es un conocimiento muy poco difundido entre omegas, en consecuencia, saber leer es una virtud muy apreciada. - Además, según entiendo, le has estado enseñando como administrar el puesto en el mercado. No es mucho, pero es más, no, mucho más de lo que sabe cualquier otro omega de aquí y puede abrirle paso a un mercader o algo por el estilo...
Entonces el padre comprendió que no era el único que veía con buenos ojos la personalidad de Izuku, lo que significaba que si incluso un hombre tan tradicional como su suegro apreciaba esas virtudes entonces no tardarían en llegar los pretendientes, si es que no los había ya. Eso lo deshumanizó.
- El también aprendió algunas constelaciones. Administra la casa y me ayuda con las cuentas...cuando está con Kota, me recuerda a su madre, pero
- Lo que falte podrá aprenderlo, es muy inteligente.-aseveró el anciano en tono conciliador. En gran parte puede entender de donde viene el miedo y las preocupaciones de Hisashi. Sólo un padre puede saber lo que se siente entregar un hijo o el fruto de su matrimonio a otro alfa que no se conoce tan como se desea en esos casos, sobre todo porque tu peor miedo es que no sea el indicado, pero por sobre todo, que sea respetuoso de las necesidades de su omega.
- Es posible- aceptó Hisashi y sonrió triste. - pero son muchas cosas, no sabe cocinar.
- Ja ja, No te preocupes, su abuela puede enseñarle.
- Padre, no es estoy seguro de que ese sea el problema. Creo que simplemente no tiene interés en hacerlo bien.
El anciano entonces recuerda a su esposa, los 3 primeros meses perdió casi 10 kilos por las enfermedades intestinales. Al final tuvo que cocinar él todos los desayunos y cenas hasta que el primer cachorro llego, quien milagrosamente trajo consigo un drástico mejoramiento en las comidas de la familia.
- Yo he intentado explicarle, pero prefiere poner atención a otras cosas.
- No será el primer omega en cocinar mal hijo.- repuso con el seño fruncido, recién hasta ahora se percata que la mujer volvió a cocinar mal en cuando el ultimo hijo se fue de la casa
- Pero también juega con el arco...Casi mata una cabra y tuve que regañarlo
- ¿Disculpa? ¿Qué arco?-. Hisashi se tensa porque eso no era algo que debía mencionar- Te refieres al que te di años atrás?
- Sí- aceptó el alfa metiendo una mano entre su cabello- No es el hecho que se case lo que me preocupa, sino lo que sucederá cuando lo haga. Es demasiado independiente, testarudo, dulce y protector, pero ...no puede ser cualquier alfa.
- ¿El arco que te di?- insiste el anciano todavía sorprendido porque eso también le recuerda a alguien que conoce desde hace 50 años.
- Padre.
- Espera...¿Estamos hablando del arco que te di?
- ¿Y que otro arco iba a tener en casa?
Entonces el anciano se sentó sobre una piedra que usaban como escaño para dar largas caladas a la pipa- Un arco... al menos me lo has advertido. Pero que disparate, eso lo sacó de tu sangre.
Hisashi iba a replicar pero una voz los interrumpió.
- ¡Hisashi, hijo!- era su suegra.- Se les va hacer tarde.
El anciano entonces negó con la cabeza y lo despidió con un gesto de la mano.
- Lo siento madre.- dijo Hisashi mientras entraba en la casa- alistaré las ofrendas- susurró mientras camina hacia la cocina donde esta el paquete de los ancianos
- Estas tan lindo mi Izuku.- dijo la anciana sosteniendo el rostro de su nieto cuando lo vio pasar arrastrando a Kota con las manos llenas de tierra.- recuerda, tienes que pedir por más años de vida para
- Mis abuelos.
- No cariño, solo para mí, si somos dos, los dioses no serán tan dadivosos. Además, no creo que a tu abuelo le importe conocer bisnietos
- ¡Abuela! ¡Madre! - gritan escandalizados padre e hijo
- Esposa.-refunfuño el anciano negando con la cabeza. Pero bueno el sabia en lo que se metía cuando se casó ella, una muchacha fuera de serie a la que llamaban Gabala del oriente, por la diosa cazadora de occidente.
Notas de autora:
Este capitulo es ameno solo para que impacte mejor todo lo demás que esta por venir.
La historia es larga, y justo por eso necesitaba quitarla de mi sistema, así que comencé a escribirla hace un tiempo y llevo como 10 capítulos. ¡y falta para el final!
Sencillamente me encanta la versión salvaje de katsuki, los relatos fantásticos y a izuku vestido de forma medieval o con trajes tribales siendo cortejado o cosas por el estilo. Literal me como todos los doujinshin que encuentro sobre la temática.
Y espero de corazón que esto les guste ahora que me decidí a compartirlo.
saludos a todas.
