Memorias de mi amado
Es desconcertante cuando ocurren cambios inesperados en nuestras vidas, sin embargo de no ser por este tipo de sucesos no notaríamos cuan importantes son las personas que amamos.
Adiós amor
Ojos llenos de emoción y angustia estaban clavados en su mirada y ella observaba esos ojos verdes de vuelta, el gran espejo reflejaba su imagen que expresaba gran inquietud. Qué curioso era, jamás había imaginado que usaría ese vestido blanco y el velo le cubriría la cara mientras caminaba al ritmo de la música a través del gran corredor para llegar a su amado. Temía salir de aquella habitación y sentir todas las miradas encima de ella. Se veía espectacular, como una princesa de cuento tal y como se lo habían prometido, todo debía salir de acuerdo al plan. Esa mañana de Abril era perfecta para el evento, nada más se podía pedir, lo único que tenía que hacer era salir de aquella habitación.
Ya era hora, la marcha nupcial había comenzado y ella debía hacer su gran entrada. Necesitaba respirar más rápido y profundo, sus latidos también aceleraron mientras se encaminaba hacia donde no había vuelta atrás. La música poco a poco fue desapareciendo en sus oídos, todo lo que podía oír eran los latidos de su agitado corazón y lo sentía rezumbar como un tambor en los oídos. El gran corredor parecía hacerse cada vez más largo, como si no tuviera fin. El tiempo parecía desacelerarse, haciéndose cada vez más lento y largo a la vez. El joven que esperaba al final del corredor le sonreía con gran emoción, sus ojos brillaban más cada vez que ella daba un paso, pacientemente estaba parado esperando la llegada de su prometida. En un segundo el tiempo corrió, corrió tan rápido que ella no se dio cuenta de lo que pasaba hasta que dijo; acepto. Ahora su vida había cambiado para siempre y no podría parar lo que iba a suceder.
El ensayo había acabado, por fin todo ese drama y actuación se había ido, por lo menos en ese momento. Esto era todo lo que él pedía para poder estar con ella, ella lo adoraba tanto que no podía negarse a esta única demanda. Él creía que debía hacer esto para estar con su amada, decía que no había otra opción. A ella le incomodaba todo ese teatro, ella creía que no importaba si no se casaban de la manera correcta, ella creía que el amor era prueba suficiente para demostrar que podían estar juntos, vaya cursilería. Como ese argumento no había sido valido para la familia Corpseblue lo harían a su manera; una boda de blanco, llena de gente y lujos, un mundo al cual ella sentía no pertenecía.
Se habían quedado solos en la iglesia y él satisfecho se volvió hacia ella y tiernamente le acaricio el rostro y luego suspiro en su oído; "Ya acabó, eso no estuvo nada mal, de hecho lo hiciste muy bien. ¡Felicidades querida!" Sus labios buscaron los de ella dándole un pequeño y dulce beso. Lentamente ella se separo y tras un momento de silencio soltó un suspiro y dijo; "Creí que no lo lograría, estaba tan nerviosa… ¡Sigo nerviosa, no puedo creer que mañana nos vamos a casar!" Ambos se sonrieron soltando una pequeña risa, "Yo tampoco lo puedo creer. ¿Qué te parece si vamos por unas orquídeas? Solo para recordar los buenos momentos que hemos pasado juntos. Charlotte; mi único y gran amor…"
Ambos salieron llenos de júbilo de la iglesia y subieron al auto que estaba estacionado en frente de ésta. Tenía puesto el capote y William se lo quito antes de subir, ya que era un hermoso día de Abril y aprovecharían los rayos de sol que hacían la tarde cálida. William como el caballero que era, ayudó a Charlotte a subir al auto y luego se dirigió de vuelta la ciudad. Iba en camino a la florería favorita de Charlotte en el centro de Londres. No pasaron muchos minutos, llegaron y la señora dueña de la tienda había puesto un gran ramo de orquídeas en el ventanal, las favoritas de Charlotte. William estacionó el auto al otro lado de la avenida, bajo del auto y cruzo a la tienda.
Charlotte espero en el auto, no habían pasado ni cinco minutos cuando William ya estaba saliendo de la tienda. William traía consigo el ramo de orquídeas y como siempre en su rostro había una gran sonrisa llena de carisma. Estaba cruzando la avenida cuando el tiempo volvía hacerse lento cada paso que William daba, de nuevo Charlotte poco a poco dejo de escuchar los ruidos de la calle y su corazón se agitaba. Un sentimiento de temor y angustia crecían en el pecho de la chica, solo tuvo que parpadear una vez para hacer que el tiempo se acelerara sin control y sin poder evitar lo que pasaría. Todo iba tan deprisa que no se podía detener y algo en el camino de William se cuzo, algo que nunca debió haber estado ahí.
Un auto entró a la avenida, no paro ante la luz roja y golpeo a William, tumbándolo en el asfalto. La bocina del auto fue el primer sonido que llego a los oídos de Charlotte, era un sonido penetrante y no se detenía. Una mujer gritaba desde la acera del otro lado de la avenida, Charlotte horrorizada bajó del auto y corrió hacia donde estaba el cuerpo yacente de su prometido. La chica podía ver como un charco de sangre crecía bajo la cabeza del muchacho, sus ojos azules la veían y al mismo tiempo veían hacia la nada estaban congelados. Charlotte colocó su cabeza en el pecho de William con la esperanza de escuchar su corazón latiendo, pero fue inútil, no había sonido pero el cuerpo aún estaba cálido. Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas que ya no se podían contener y se preguntaba a sí misma; ¿Por qué a ÉL? ¿Por qué a mí? Y este suceso tan desconcertante justo un día antes de su boda, ella deseaba la muerte también.
La deseaba con tanta desesperación, su llanto lleno de dolor y los ojos de él clavados en ella. No hizo nada, no podía hacer nada. Su falda blanca se manchó de sangre cuando ella tomo la cabeza de William y la colocó en su muslo y con su mano cerro sus ojos azules para siempre. Nunca más los volvería a ver, ahora solo quedaba el recuerdo de tan bella mirada, siempre tan calmada, amorosa y bondadosa, ahora solo habría memorias, las memorias de su amado. William parecía estar dormido, Charlotte alzó la mirada en busca del asesino de su prometido, la bocina aún sonaba. El hombre también había muerto, un tremendo olor alcohol venia del auto, éste traía cajas llenas de ron y al parecer el conductor había estado bebiendo. Era tan difícil dejar ir a William, Charlotte tomó su cabeza entre sus manos y le dio un beso en la frente, sus manos se llenaron de sangre y comenzó a llorar de nuevo con mayor desesperación.
Charlotte apretó los ojos con la esperanza de que cuando los volviera abrir su realidad fuera distinta pero no fue así, en el momento en que la joven abrió los ojos el tiempo corrió más rápido que las otras veces, esto le provoco un mareo. Todo se movía tan rápido que no se podía observar que era lo que sucedía, el tiempo paro y en aquella habitación donde todos vestían de negro. Era evidente que aquel horrible suceso no había sido un mal sueño, cuerpo presente y gente rodeaba el ataúd. De nuevo se preguntó a sí misma; ¿Por qué ahora? ¿Por qué él? Aquella habitación no tenía luz de esperanza y había un clima de nostalgia que solo le hacía más daño a la chica. Su vida le fue arrebatada en ese instante, el dolor volvía a su pecho pero esta vez con mayor intensidad parecía crecer dentro de ella. Sentía que el dolor le atravesaba el pecho como una flecha que salía por su espalda perforándole los pulmones, necesitaba respirar cada vez más rápido y profundo pero el aire no llegaba a sus pulmones. Charlotte creyó que morirá en ese momento, confiada de que eso pasaría decidió no luchar contra el dolor y se dejo ir, dejo de respirar y se desmayó.
Charlotte despertó y el cuarto lleno de gente vestida de negro que le producía melancolía y pena se había ido, ahora estaba recostada en una cama en una habitación blanca y llena de luz del día. No tardó mucho en reconocer aquella habitación, era la habitación que tenía en casa de la familia Corpseblue. Estaba rodeada de almohadas blancas y mientras recorría con la mirada la habitación se encontró con un retrato de ella y William, que estaba colocado en un buró junto a su cama. No tenía idea de cuánto tiempo había estado dormida, estaba tan cálida su cama que no quería salir de ella. Se sentó en busca de alcanzar la vista de la ventana pero alguien tomo su mano, la otra mano estaba helada.
Un escalofrío recorrió la espalda de Charlotte, era Diana quien la había asustado. Charlotte subió la mirada y se encontró con la de Diana, quien le sonreía. Su sonrisa era blanca pero era tan peculiar, parecía un vampiro con sus afilados colmillos y tenía un encanto que hacía que casi nadie pudiera negarle algo. Tenía cabello negro y rizado que caía sobre sus hombros, su piel era tan blanca como la nieve y tenia siempre las mejillas rosadas. Unos ojos cafés se encontraban justo debajo de su fleco, su naricita era pequeña y parecía una bolita de migajón. Diana parecía una muñequita de porcelana, ya que aparte de tanta dulzura en su rostro era pequeña de talla, no más alta que Charlotte. Siempre sonreía y estaba llena de comprensión, lo cual la hacía una gran compañía.
Había otra persona en la habitación pero ésta no sonreía, Charlotte podía ver su perfecto perfil que miraba hacia la ventana. Era Daisy Corpseblue, la hermana menor de William. Tenía veintiún años, William era tres años mayor que ella. Diana y Charlotte apenas tenían dieciocho, Daisy vestía con un atuendo color negro con un listón en la cabeza que recogía su cabello ondulando color rojizo que sobre pasaba sus hombros. Sus ojos azules estaban llenos de lágrimas que caían y recorrían su rostro, apretaba sus labios color rojos carmín con desesperación para evitar que temblaran. Su mano estaba sobre su nariz respingada limpiando sus lágrimas del rostro, Daisy era mucho más alta que Charlotte y era muy delgada. Apenas noto que Charlotte había despertado y se volvió hacia ella, Diana y Charlotte vieron como todo su maquillaje estaba escurrido en su rostro. "¿Querida, como te sientes? Al fin despiertas…"
-"Est… Estoy bien, creo. ¿Cuánto tiempo dormí?"
-"¡Casi un día entero! ¿Te sirvo té?" Respondió Diana por Daisy.
Charlotte no contestó a la pregunta de Diana, se levanto de la cama y se dio cuenta que tenia puesto un camisón blanco. Caminó hasta donde estaba Daisy y le dio un abrazo en señal de empatía, ambas habían perdido a un ser querido y muy especial, pero en realidad no era sentimiento de empatía sino Charlotte buscaba refugiarse en los brazos de Daisy que siempre tan fría y soberbia, orgullosa de sí misma, no abrazo a Charlotte. Daisy jamás acepto el compromiso de su hermano con Charlotte, de hecho eran unos pocos miembros de la familia quienes aceptaban el compromiso. Los Corpseblue eran una familia muy rica y la mayoría se sentían parte de la realeza, cosa que no eran. Tenían muchos contactos con los nobles, esta era la razón por la cual a muchos se sentían superiores. Daisy se quejó y Charlotte la soltó.
Diana interrumpió el silencio; "¿Daisy, quieres té?" la joven Corpseblue no hizo más que asentir con la cabeza. Charlotte tomó la bata que estaba en la silla junto a Daisy, alguien tocó la puerta. Entro la Sra. Corpseblue, era igual a su hija solo que en su piel ya había algunas arrugas y era mucho más elegante y con mayor porte que su hija. "¡Oh, linda por fin despiertas!" Sus ojos estaban hinchados de tanto llorar, tenía ojeras marcadas. Charlotte se arreglo el cabello, lo traía suelto y le llegaba a penas a los hombros. "Agatha, buenos días..."
-"¿Charlotte, como te sientes? Te desmayaste en medio del funeral y antes habías estado como; sonámbula. ¿Quieres que llame al doctor?"
-"No, se lo agradezco mucho. No es necesario causar más molestias."
Daisy soltó un suspiro de disgusto, e hizo una mueca volteándose hacia su madre. La madre solo se le quedo viendo y hubo un incomodo silencio. "Me gustaría mucho que vinieras con nosotros a Francia, ya no podemos estar más aquí…" Dijo sonriendo la madre de William intentando no llorar. Charlotte bajo la mirada; "No muchas gracias, preferiría regresar América."
-"¿Estás loca? ¡Charlotte, tu madre ni siquiera sabía lo de tu compromiso!" susurró Diana a Charlotte y ella respondió; "¡Calla!"
La Sra. Corpseblue frunció el seño desentendida obviamente ofendida por la negación de Charlotte y salió de la habitación. Daisy salió tras ella, Diana y Charlotte se quedaron solas en la habitación. Diana ayudo a Charlotte a peinar su cabello rubio cenizo, era difícil de peinar por ser tan lacio. Charlotte estaba sentada frente al espejo y Diana cepillaba el cabello de Charlotte, ya no aguantaba contener las lágrimas que recorrieron sus mejillas. "¿Vas de vuelta América?" preguntó Diana. Charlotte se limpió las lágrimas del rostro y respondió; "No, pero es obvio que aquí no me quieren. No sé qué hacer." Diana dejo el cepillo y se puso seria. "Charlotte, no digas que no sabes. Vente conmigo, me regreso mañana Utrecht." Charlotte no contestó, solo fijó su mirada en el cepillo. Subió la mirada al espejo y se encontró con los ojos de Diana esperando una respuesta. Diana sonrió y puso su mano sobre el hombro de Charlotte, ella respondió con un intento de sonrisa. No era necesario contestar con palabras. Era evidente que ambas se irían la mañana siguiente a Utrecht.
Esa misma noche Charlotte preparo sus maletas para marcharse a la mañana siguiente. Daisy abrió inesperadamente la puerta, entro y se paro en medio de la habitación. Charlotte sorprendida dejo las maletas y se volvió hacia ella. "Siempre haciendo tus grandes entradas."
-"¿Qué haces?"
-"Empaco mis cosas ¿no es obvio?"
-"¿A dónde vas?"
-"Lejos de aquí…"
-"¿No vas a decir nada?"
Charlotte no contestó. Siguió empacando, ignorando la presencia de Daisy. Ella como siempre queriendo llamar la atención dijo; "Supongo que lo único bueno que trajo la muerte de mi hermano es que no te volveré a ver. Mi madre está destrozada y tú no ayudas en nada, desmayándote. Llevándote toda la atención…" Charlotte siempre tan paciente con la actitud arrogante y egocéntrica de Daisy la miro y asintió con la cabeza. "Supongo… por eso no te preocupes que mañana me voy." La Sra. Corpseblue entró, al parecer estaba escuchando la conversación desde afuera de la habitación. "¿A dónde vas linda?"
-"Iré a Utrecht, con Diana."
-"¿No iras a Francia con la familia?"
-"Creí que usted no quería que yo fuera."
Agatha volteo a ver a Daisy con una mirada acusadora y se volvió hacia Charlotte; "Querida tu puedes venir si así lo deseas." Charlotte se negó moviendo la cabeza, la Sra. Corpseblue no insistió más y salió de la habitación junto con Daisy. Charlotte volvió la mirada recorriendo la habitación para ver si no olvidaba algo, esta era la última noche que pasaba en la casa de Londres. Adiós Londres, no volvería en mucho tiempo, no quería hacerlo. Su deseo era dejar atrás todos los malos recuerdos y huir de ahí solo conservando los momentos buenos.
Era muy temprano en la mañana cuando Diana llamó a la puerta. Charlotte salió de la casa deprisa y en silencio, nadie estaba despierto aun. Subieron las maletas al auto y enseguida se subieron ellas también. Charlotte volvió la mirada a la vieja casa donde alguna vez vivió un joven llamado William Corpseblue, la casa estaba tranquila y silenciosa y en la ventana se podía ver la sombra de Daisy viendo que pasaba afuera. Diana pensó en darle un último adiós a Daisy pero no lo hizo ya que se sentiría muy torpe si ella no le respondiera. Poco a poco se fue perdiendo la imagen de la casa mientras avanzaban por el camino hacia la estación del tren.
Una vez en la estación las dos jóvenes subieron al tren matutino que las llevaría a Utrecht, el sol aún no salía y lo único que alumbraba era un gran farol que guiaba hasta el interior del tren. Una vez acomodadas en sus asientos, Charlotte se quedo profundamente dormida. La noche anterior se había acostado ya muy tarde por preparar sus valijas y esta mañana se había levantado muy temprano para alcanzar el tren. Poco a poco empezó a soñar.
Era el verano de 1919 cuando la guerra había terminado, Charlotte y Diana habían ido a Utrecht para asistir a un cuso de verano de ballet. Esta era una academia de artes muy reconocida en Europa, desde muy pequeñas había sido el sueño de las chicas asistir a tan grandiosa institución. Ambas tomaron el curso de ballet pero Diana tomo el curso de la tarde de gastronomía especializado en repostería, Charlotte tomó el curso de bellas artes. Trabajaban todo el día, en la mañana ballet y en las tardes sus diferentes cursos y más en la noche trabajaban y se encargaban de cerrar la repostería de los abuelos de Diana.
Al final de Agosto fueron a un congreso de la escuela en Londres, donde estuvieron varios días recorriendo la ciudad y asistiendo a varias presentaciones, también la escuela participo en las presentaciones dejando que sus alumnas de ballet deleitaran al público. Al finalizar el mes regresaron a Utrecht y luego Diana acompañaría a Charlotte para regresar a América. Iban en el tren de regreso cuando fue por primera vez que William y Charlotte se encontraron. Charlotte había ido a despedirse de unas compañeras cuando iba de regreso a su asiento junto a Diana se topo con un joven. Iban en direcciones contrarias y él la tumbó tirándola en el piso; "Lo siento señorita no fue mi int…" El joven se quedo callado y se sonrojo mientras ayudaba a la chica a ponerse de pie. "No hay problema." Ella dijo y continuó con su camino pero él la siguió. Charlotte tomo el asiento libre enfrente de Diana, William vio el asiento vacío junto a Charlotte y se acerco a ella. "Disculpe… ¿Puedo tomar este asiento?"
-"Claro." Contestó Charlotte luego se volteo hacia Diana.
Diana iba leyendo Sense and Sensibility por Jane Austen. Charlotte no volteo a ver al joven hasta que Diana clavo su mirada en éste, la mirada de Diana causaba curiosidad en ver al vecino. El joven que estaba sentado junto a Charlotte era muy apuesto, tenía cabello castaño claro lacio que le llegaba arriba de las cejas. Tenía ojos azules que tenían un gran carisma y estaban llenos de bondad. Su sonrisa parecía la de un ángel, tenía labios carnosos y rojizos. Cuando Charlotte volteó a verlo él se sonrojo, era muy fácil notarlo por su tono de piel. Ella sonrió y luego él hablo; "Hola."
-"Hola…" ahora ella se sonrojó. "Mi nombre es William… ¿Y el suyo es?"
-"Charl… Mi nombre es; Charlotte."
-"Es un nombre muy bonito, Charlotte. Si yo tuviera una hija la llamaría Charlotte…"
-"¿En serio?"
-"Si. En serio." William sonreía y tenía clavada su mirada en los ojos de Charlotte; "Tus ojos son muy hermosos. Se ven como el océano; a veces azules otras verdes…"
Charlotte suspiro, solo sonrió y no dijo nada. Era algo raro en Charlotte ya que algunas veces nadie podía callarla, hablaba mucho pero ahora no, se dedico a admirar al joven ingles. Él le hizo conversación durante todo el viaje de Londres a Utrecht, charlando se dieron cuenta que tenían mucho en común. William le hablo a Charlotte sobre lo que él hacía en Londres, le dijo que él escribía, mencionó que a su familia no le agradaba mucho. Iba a Utrecht a visitar a un amigo editor porque había acabado un pequeño libro de poemas. Sus poemas eran sobre la guerra y eran un segmento de una pequeña historia que hablaba sobre un soldado inglés que moría en Francia.
William comento que pintaba cuadros durante su tiempo libre, cosa que Charlotte también hacia. Fue tan fácil conversar, los temas de plática fueron fluyendo durante el viaje a Utrecht. Ambos sintieron una conexión, Charlotte ya estaba enamorada y William también. Se paso muy rápido el viaje, apenas vieron y ya habían llegado a Ámsterdam. Cuando el tren paró en la estación William acompaño a Diana y Charlotte a bajar del tren. Una vez fuera William se volvió hacia Charlotte serio; "¿Charlotte harás algo esta noche?"
-"No tengo planes… ¿Por qué preguntas?"
-"Yo… Me estaba preguntando… Si te gustaría ir a cenar conmigo…"
-"¿Cómo una cita?"
-"Er… Si."
Charlotte ya no podía contener la sonrisa que deseaba aparecer en su rostro y asintió con la cabeza. William sonrió complacido y dijo; "¿A las ocho está bien?" Charlotte no dijo nada solo asentía con la cabeza y tenía una sonrisa de oreja a oreja y estaba tan sonrojada que parecía un tomate. "¿En dónde te recojo?"
-"Nos estamos quedando en el departamento arriba de la repostería que está cerca de la biblioteca."
-"Perfecto. Ya sé donde, nos vemos hasta entonces; Charlotte." William tomó la mano de Charlotte y la beso, desapareció entre la gente y Charlotte fue con Diana a recoger las valijas.
Ambos voltearon entre la gente y se volvieron a ver, chocando miradas y sonriéndose mutuamente. William se despido sacudiendo la mano, alzándola para que Charlotte la viera. "¡Hey! ¡Charlotte! ¡Charlotte despierta!" Diana estaba picando el hombro de Charlotte, despertándola de tan placentero sueño. La chica estaba volviendo en sí y el sol ya estaba alumbrando tan bello día de primavera. Se podía ver de lejos la ciudad y poco a poco se iba acercando. Estaba igual, nada había cambiado, las que habían cambiado eran Charlotte y Diana pero Utrecht era el mismo. Diana le sonrió a Charlotte pero ella apenas si pudo regresarle la sonrisa, Diana la miró extrañada y dijo; "¿Pasa algo malo?"
-"No, nada."
-"¡Vamos, cuéntame! ¿Qué soñaste?"
-"Soñé con el primer verano, soñé con William. Cuando lo conocí, en el tren."
-"Oh, no te pongas triste..."
-"No lo estoy Diana, enserio."
Diana abrazo a Charlotte y lágrimas recorrieron las mejillas de ambas chicas. Plena juventud, aún tenían mucho por vivir y esa juventud, a veces tan torpe y otras tan sabia. Las lágrimas no eran por la muerte del ser amado, eran por los recuerdos de esa persona había tantos de donde escoger. Pasaron pocos minutos cuando llegaron a la estación. Bajaron de prisa y fueron por las maletas, Diana inició la conversación; "¿Te dije que vendrá Dorian?"
-"¿Dorian? ¿Quién es Dorian?"
-"El muchacho que conocí, hemos estado saliendo…"
-"A claro, el hijo del embajador… ¿Embajador de dónde?
-"De Italia. La otra noche me llevo a cenar a un evento en la casa de un duque, porque su padre fue invitado y fuimos en representación suya."
-"¡No te creo!" Charlotte estaba sorprendida, Diana estaba muy emocionada porque el joven vendría por ella a la estación.
