Coincidencia o Destino

Mayo había llegado y con él varias cosas más. Dorian sorprendió a todos con la propuesta que hizo; matrimonio. El compromiso ya estaba hecho, Diana mandó una carta a sus padres quienes tomarían el próximo barco a Europa. Los abuelos Elric en representación de los padres fueron quienes dieron su consentimiento para proceder con los preparativos de la boda. La familia Marbleutter estaba fascinada, ya que era su único hijo y deseaban que contrajera matrimonio antes de los veinte. La pareja había estado ocupada localizando gente, asistiendo a diversas reuniones en su honor, mandando cartas, preparando todo.

En cambio Charlotte había estado trabajando con los abuelos Elric en la repostería, estaba buscando un lugar para mudarse. Había mandado cartas a su madre en América y ella le rogaba regresase pero Charlotte se negaba. Gino la iba a visitar mucho, siempre traía flores. No sabía de William, por eso se comportaba así tan insistente lo cual incomodaba mucho a Charlotte. Era cuatro de mayo de 1920 y la boda estaba programada para el siete de Junio del mismo año. Había mucho por hacer, de hecho Diana se había ido con Dorian a Francia para buscar su vestido de bodas, regresarían este mismo día en la noche.

Era muy temprano en la mañana cuando Charlotte se despertó y se arregló para salir. Iba a la biblioteca a regresar los últimos libros que había sacado, Jules Verne; el favorito de Charlotte era "Alrededor de la luna." Habían comenzado las lluvias y ese día había nubes en el cielo y el sol se ocultaba tras de estas, una ligera llovizna era acompañada con viento. Charlotte se puso un gorro verde para cubrirse de la lluvia, éste combinaba con su rompeveintos que también era verde. Salió de la casa dejando una nota que avisaba que estaría fuera todo el día y regresaría en la tarde después de haber recogido a Mary Cross en la estación de tren.

Caminó bajo la lluvia hasta llegar a la biblioteca, que no estaba muy lejos de la casa de los Elric. Una vez dentro fue a buscar un libro nuevo, Ann de V. amiga de Diana y Charlotte era una escritora con mucho talento, su nueva obra había sido publicada hace poco y Charlotte estaba buscándola para leerla. Por desgracia no lo encontró así que decidió sacar otro libro; de Edgar Allan Poe. La mayoría de sus relatos le causaban escalofríos y hacían que su corazón se acelerara cuando imaginaba todo lo que describía el autor. Era una experiencia única y fascinante, llena de adrenalina que con tan solo escoger el libro que se llevaría hizo que un escalofrió le recorriera la espalda.

Charlotte salió de la biblioteca y ya no lloviznaba pero aún hacia aire y las nubes aún ocultaban al sol. Decidió caminar al restaurante del chef Franco. Llevaba el libro de Narraciones Extraordinarias en mano y en la otra llevaba su bolso. Entró al restaurante y Gino corrió a la puerta, parecía un labrador por su cabello rubio que recibía emocionado a su amo, era muy cómica su reacción. Gino le dio una mesa a Charlotte cerca de la cocina para que él pudiera verla.

En la mesa había una canastita con pan y un poco de queso, junto estaba la mantequilla y un pequeño vaso con una rosa amarilla. La bebida del día era jugo de frutos rojos, Gino le trajo un gran vaso a Charlotte y luego se volvió a la cocina para preparar un poco de lasaña de verduras que tanto le gustaba a Charlotte. Ella comenzó a leer el libro, ya no aguantaba las ganas, aunque ya lo había leído previamente pero le fascinaba.

Un joven entro al restaurante hambriento, parecía que no había comido en días. Otro mesero le dio la mesa que estaba justo enfrente de la de Charlotte, el joven se sentó y comenzó a examinar el lugar. Su vista estaba observando todo, algo llamo su atención la joven del gorro verde. El joven tomó un trozo de pan que estaba en la canastita y se lo metió a la boca, clavo sus ojos en la muchacha lo hacía con el fin de hacerla voltear. Charlotte sintió la mirada del extraño, alzo la vista del libro en busca de los ojos que la observaban. Vaya sorpresa, esos ojos eran hermosos. No solo los ojos, sino toda la persona, Charlotte se volvió al libro. Ya no lograba concentrarse en la lectura, los ojos azules del extraño estaban sobre de ella, intentaba no verlo pero el fugaz vistazo que le dio no fue suficiente para observar a detalle la cara del muchacho.

De nuevo Charlotte subió la mirada y observó al joven, tenía cabello castaño obscuro y caía sobre sus orejas sobrepasando su barbilla. Una nariz perfecta, labios no muy gruesos y unos ojos despampanantes que hacían que Charlotte comenzara a sentir nervios ante tan imponente persona. Muy buen mozo sonreía a Charlotte y ella no pudo evitar regresar la sonrisa. Se sonrojó tanto que parecía un tomate, muy común en ella. El juego de miradas continuó hasta que el joven se levantó de su mesa y comenzó a caminar hacia Charlotte. Ella estaba muy nerviosa y sus manos comenzaron a temblar. Una voz irresistible deleitó los oídos de la chica; "Hola. ¿Me puedo sentar?"

-"¿Perdón qué dice?" Respondió ella un poco sorprendida y confundida, como si enserio se estuviera refiriendo a ella y el soltando una pequeña risa dijo; "Lo siento, pero pude observar que usted viene sin acompañante al igual que yo. Así que pensé que podría hacerle compañía."

Charlotte se quedo seria al igual que él después de hablar, la chica rió y el volvió a reír también. Señalando la silla junto a ella, Charlotte observo al chico sentarse. Él acercó su silla hacia Charlotte, acomodando su brazo sobre la mesa se inclinó hacia ella. Charlotte sonreía, una sonrisa dulce y amable. En su nariz había unas pecas disimuladas que se marcaban cuando sonreía, casi nadie las notaba. Sus ojos verdes y un poco azules hacían que al joven le recorriera un escalofrío por la espalda. El joven observando la cara de Charlotte acercaba su mano a la de ella que estaba sobre la mesa. "¿Cuál es tu nombre pequitas?" Charlotte se cubrió las pocas pecas que tenía en la nariz y se sonrojó apartando su mano de la de él. "Me llamo Charlotte Ryefume."

-"Es un nombre muy bonito. Charlotte."

-"Gracias… ¿Cuál es tuyo?"

-"Mi nombre es Terrence Shinemoon... Pero tú pequitas, me puedes llamar Terry." Respondió el joven alzando una ceja en señal de coqueteo.

Charlotte soltó una risita, Terry comió en compañía de Charlotte. No hablaron, solo de vez en cuando intercambiaban sonrisas y se echaban miradas. Gino veía todo desde la cocina pero no podía hacer nada, debía cocinar porque había muchos comensales. Verde de celos continuaba trabajando viendo como otro estaba con Charlotte. Terry y Charlotte acabaron de comer. Salieron del restaurante y comenzaron a caminar por la calle Charlotte empezó a caminar a la estación del tren porque Mary Cross llegaba a las tres de la tarde.

Terry la siguió, iba justo detrás de ella. Charlotte veía de reojo que el venia atrás, aún había tiempo para ir a la estación. Ella camino hasta una heladería, Terry esperó afuera de la tienda. Charlotte salió con un helado de vainilla y Terry la tomó por sorpresa, ya que ella se había estado asomando por la ventana para ver si él ya se había ido; "¿Puedo acompañarte?"

-"¿No ya lo estabas haciendo?" Respondió ella con sarcasmo. "Lo siento, no me animaba a preguntarte."

-"No te preocupes."

-"Noto tu que tu acento es diferente… ¿De dónde eres Charlotte?

-"Soy de América." Dijo Charlotte sonriendo.

Terry hizo un gesto; "Interesante." Llegaron a un parque cerca de la estación del tren donde se sentaron en una banca. De nuevo nadie hablaba pero sus miradas estaban idas, Terry miraba los labios de Charlotte y sentado en la banca puso su brazo sobre el respaldo de la banca llegando al hombro de Charlotte. "¿Qué haces Terry?"

-"¿Te molesta algo pequitas?

-"Si, me molesta que me llames pequitas… No estoy tan pecosa." Charlotte se levantó bruscamente de la banquita. "Charlotte, tranquila. Es solo un sobrenombre."

-"Ya me tengo que ir. Mucho gusto Terry, adiós."

Charlotte dio la vuelta y retomó su camino hacia la estación de tren. Terry desentendido gritó; "¡Charlotte no te vayas! ¿Cuándo puedo volver a verte?" pero Charlotte no contestó, ya estaba muy alejada para oír lo que decía Terry. Comenzó a llover y Charlotte aún no llegaba a la estación. Eran las tres en punto y la lluvia se convirtió en tormenta, la joven no tuvo más opción que tomar un taxi.

El taxi tardó en llegar a la estación, Mary Cross estaba con su sombrilla bajo la lluvia esperando a Charlotte. El taxi se acerco a Mary que estaba empapada, se apresuró y subió al auto. "¡Qué clima!" soltó una carcajada y abrazó a Charlotte. "¿Y dónde está Diana?"

-"En París, pero llega hoy."

-"Oh… ¿Y qué haremos nosotras?"

-"Pues hoy hay un baile en la casa del conde y nos invitaron, bueno a Diana y Dorian pero ellos planeaban llevarnos… ¿Qué dices?"

-"¡Maravilloso! ¡Traigo varios vestidos nuevos de España, te puedo prestar uno!

-"Gracias Mary, eso sería fantástico."

-"¿A qué hora llegan?"

-"Primero hay que llegar a casa."

Charlotte volteo a ver su reloj, aún llovía muy fuerte afuera del auto y muchos autos no se podían mover por la tormenta. Hablaron durante el camino hasta la casa de los Elric, casi una hora de camino y los temas de conversación no se acababan. Charlotte le contó a Mary sobre el joven que haba conocido ese día en el restaurante del chef Franco. A Mary le pareció bien el que conociera a alguien y estaba impaciente por que se volvieran a ver. En realidad estaba fascinada y se sentía algo arrepentida por no haber asistido al funeral de William. Finalmente llegaron a casa de los Elric, la lluvia se había calmado un poco pero el cielo seguía gris.

Parecía que los abuelos Elric habían salido de compras pues la tienda estaba cerrada y las luces estaban apagadas. Subieron las valijas a la casa y bajaron al restaurante a preparar un poco de comida, solo encontraron un poco de pasta y sorbete de piña que la abuela Elric había preparado y encima una nota que decía;

Charlotte recibí tu recado el Sr. Elric y yo salimos a comer con unos amigos, prepare un poco de pasta para ti, Mary, Dorian y Diana.

Un beso,

Elric.

Tomaron unos platos de la alacena y se sirvieron un poco de pasta, el sorbete lo dejarían para el final, comieron en silencio, ya casi eran las cinco de la tarde y no había señal de Diana y Dorian. Acabaron pronto de comer pues estaban hambrientas, lavaron sus platos y rápidamente se dirigieron a la habitación donde se estarían quedando. Mary abrió la valija más grande y de ahí sacó varios vestidos uno era azul cielo con botones blancos y un adorno de rosa azul, uno color crema con detallado naranja y café, uno de gala rojo y otro vino, un lindo vestido de día amarillo, uno azul turquesa y uno lavanda. Todos de único diseño y muy elegantes, los ojos de Charlotte se iluminaron ante tan hermosos vestimentas. "Parecen vestidos de princesa, son hermosos."

-"Son producto de el taller, sabía que te gustarían. Estoy pensando en que Diana debería usar hoy el azul pastel, tu el crema y yo el vino."

-"¡Me parece perfecto!"

Estaban ya preparándose para la fiesta y Diana y Dorian no aparecían por ningún lado, Charlotte estaba vestida y Mary le peinaba el cabello que siempre era rebelde y lacio. Ya eran las siete y media de las noche y ambas estaban listas, Diana apenas llegaba en un auto gris y Dorian ya vestido de traje esperaba abajo en la sala. "¡Oh por Dios! ¡MARY!" Diana salto a los brazos de Mary y sus ojos se llenaron de lágrimas. Mary siempre tan maternal acaricio la cabeza de Diana y luego la abrazó, "Diana, tenemos que arreglarte la fiesta es en media hora."

-"Oh es cierto, pero… No tengo vestido."

-"Yo sí. Subamos, traigo varios vestidos."

Diana estaba al igual de fascinada que Charlotte solo que ella se quería probar todos los vestidos de una vez. Tomó un poco más de media hora pero Diana ya estaba lista, su cabello chino estaba recogido en un chongo elegante que tenía un adorno blanco de rosa. Todas lucían como estrellas, relucientes y perfectas, deslumbrantes. Bajaron lentamente y Dorian boquiabierto admiraba tan linda escena. Las tres amigas bellas como princesas bajando por la escalera de pequeña a grande. Dorian sonreía con júbilo mientras echaba miraditas a Diana. Ya era hora de la gran fiesta y un auto gris esperaba afuera para llevarlos a la enorme casa donde se llevaría a cabo.