Mascarada

Los padres de Dorian organizarían una fiesta mascarada en honor a los novios y se llevaría a cabo en la casa de los Marbleutter esa noche. Se planeaba hacer una velada inolvidable para los novios, habría mucha gente invitada por los padres de Dorian y gente que vendría desde Italia. Desde muy temprano, la señora Marbleutter había comenzado los arreglos y había mandado un vestido rojo a Diana, pues el tema de la fiesta sería mascarada pero de tonos obscuros: negro, verdes, azules, grises... solo la novia llevaría un vestido rojo y el novio iría vestido de blanco para resaltar, pues la fiesta era dedicada a ellos (ideas raras de la señora Marbleutter).

Diana había recibido el vestido. Era horrible: encajes por todos lados, una crinolina roja gigantesca que hacía parecer al vestido un gran pastel. Un enorme, cargado, empalagoso pastel. Mary le rogó que la dejara arreglarlo pero Diana tenía miedo de que la señora Marbleutter se enfadara. Al final, Mary la convenció y todos los encajes desaparecieron, cortó la falda y casi toda la crinolina. Con la tela restante diseñó un antifaz despampanante, ahora solo faltaban los vestidos de Charlotte y de Mary. Eso no fue problema, rápidamente tomó dos vestidos viejos de la abuela Elric, uno negro y el otro verde obscuro. No estaban tan mal, solo les quitó los encajes de más y la crinolina, y el vestido negro, que sería de Charlotte, fue recortado hasta los tobillos. al vestido verde se le quitó gran parte de la espalda, dejando al descubierto un gran pedazo de la de Mary. La joven era grandiosa haciendo vestidos. Bueno, arreglándolos.

Un auto negro llegó por Diana a las siete en punto. Los demás se irían en taxi hasta la casa de los Marbleutter, la cita era siete treinta. Los Elric, Mary y Charlotte llegaron a tiempo a la casa de Dorian, una despampanante mansión con jardines inmensos, fuentes y luces que alumbraban la vereda hacia la puerta principal de la residencia. Todos los presentes vestían de gala, antifaces elegantes, pareciera que Venecia había llegado a casa de los Marbleutter. Incluso habían algunos bufones de carnaval en la entrada. Los anfitriones y todo personal dentro de la casa también vestía con un antifaz negro. Bajaron del taxi con ayuda de un joven que vestía de color negro y una vez que Mary también había bajado, Charlotte volteó hacia ella con una gran sonrisa en el rostro. Era una noche obscura, y a pesar de eso la luna lograba colar su luz blanca por las nubes que amenazaban con lluvia y relámpagos. "Será un hermoso baile, ya lo verás Charlotte." Las amigas se tomaron de las manos y se dieron un abrazo para acto seguido ponerse sus antifaces y entrar a la mansión.

Dentro, en el recibidor, estaba Gino con Ben, en la puerta, esperando a Charlotte y Mary. Ambos vestían muy elegantes y traían puestos sus antifaces. A Gino era muy fácil reconocerle por la cabellera dorada que tenia, mientras que Ben no podía ocultar su sonrisa tan única. Los Elric se adelantaron con los Marbleutter y dejaron a las chicas con los caballeros. Ben y Mary se tomaron de las manos y se alagaron mutuamente, Charlotte permanecía cerrada hacia Gino y solo estrecharon manos.

"Me gustan tus zapatos, Charlotte…" dijo Gino tímidamente.

"Gracias Gino. En realidad, son zapatos de Mary."

No hubo más conversación.

Entraron al gran salón, el cual estaba lleno de gente con antifaces. Nadie sabía quién era quién pero todos bailaban. El decorado de aquel salón hacía alusión al carnaval de Venecia, candelabros de oro colgaban del techo y los músicos endulzaban el ambiente, todos dentro disfrutando del ritmo musical y ambiental, los bufones del carnaval danzaban animando a la gente y mientras la pista estaba a reventar, habían mesas llenas de gente que bebía champaña o vino tinto. En cada mesa haba un arreglo floral único que combinaba con el resto de la decoración. De inmediato Ben y Mary se fueron a la pista y comenzaron a bailar. Charlotte estaba parada junto a Gino inspeccionando el lugar, intentando reconocer a alguien y lo logró. Encontró a Daisy que estaba sentada al fondo del salón junto con una chica de vestido negro y largo. Ambas platicaban y soltaban carcajadas después de empinarse las copas de vino a la boca. Gino le pidió a Charlotte que si bailaba con él, pero ella se negó. Él se fue desilusionado a vagar por ahí y a empinarse también algunas copas de champaña. La joven tomó asiento en una mesa donde solo estaba sentado un viejo matrimonio. Ni notaron su presencia. La velada pasaba lentamente mientras Charlotte observaba como Mary y Ben parecían nunca cansarse pues aún no tomaban asiento desde su primer baile. Los ojos de Mary estaban clavados en los de Ben, quien regresaba la mirada llena de sentimiento como si no pudiera aguantar las ganas de besarla ahí mismo en medio de la pista, como si sus corazones se extrañaban cada vez que se alejaban en la pista, aunque sea un poco.

Charlotte, algo impaciente, deseaba que llegara Terry de algún lado, que la sorprendiera (como siempre solía hacer) que llegara por detrás y la abrazara o la invitara a bailar, la última vez que se vieron fue tan romántica que esperaba hablar con él. Se preguntaba como vendría vestido y se preguntaba por qué su corazón quería saltar de su pecho cada vez que lo veía ¿era coincidencia o destino todo lo sucedido los últimos días con Terry? Una copa de champaña estaba en sus manos y bebía pequeños sorbos de vez en cuando. La música de la fiesta estaba muy alegre.

De pronto, entró Diana de la mano de Dorian por unas escaleras, comenzaron a descender e hicieron su gran entrada. La música paró y todos aplaudieron. Una voz los presento, en italiano también. A Diana le brillaban los ojos mientras sujetaba fuertemente la mano de Dorian, quien sonreía al encontrase con la mirada de Diana. Las luces bajaron y la pareja fue iluminada para comenzar a bailar en el centro de la pista. Poco a poco la gente se fue metiendo hasta que de nuevo no había lugar en la pista para bailar. Tanto Diana como Mary estaban perdidas en las caras de sus respectivas parejas, un espectacular escenario pero algo melancólico para aquellos que estaban sentados.

Algo decepcionada de no haberse encontrado a Terry aún, Charlotte salió del salón y fue a caminar, se encontró con un largo pasillo que si seguía su camino la llevaría al jardín y a un pequeño quiosco en medio. Una vez afuera del pasillo, Charlotte observó el cielo nocturno. Estaba tan linda la noche obscura, como le gustaba a Charlotte. Subió la mirada y el cielo estaba negro; comenzaba a tronar. A la chica le aterrorizaban los relámpagos y tormentas, así que se volvió a meter corriendo. Mínimo, dentro del salón con la música no iba a escuchar tronar el cielo. Aunque aquel cielo negro le fascinara, era como leer cuentos de Edgar Allan Poe: escalofriantemente adictivo. Charlotte caminaba lentamente por el pasillo observando de reojo el jardín que dejaba atrás junto a aquella maravillosa naturaleza de la tormenta y el cielo negro.

Charlotte iba caminando a la mitad del pasillo cuando se percató de que alguien estaba junto a uno de los pilares que adornaban el peculiar pasillo. Era un caballero vestido de negro con un antifaz color gris y una capa. Tenía el pie recargado en el pilar y los brazos cruzados, Charlotte pudo ver sus ojos azules que destacaban con el antifaz. Hubo silencio. Tronó el cielo. La joven espantada por el sonido se lanzó a los brazos del chico y lo sujetó fuertemente. Él también la abrazó sin poder evitar hacer una mueca que, de reojo, Charlotte interpretó como una sonrisa. "Te ves mucho más bonita asustada, pequitas."

-"¡Abrázame Terry! ¡Abrázame muy fuerte!"

-"Temo abrazarte tan fuerte que después no te pueda dejar ir… Charlotte." La joven subió la mirada para encontrarse con los ojos del chico que se iluminaban con cada relámpago.

Charlotte sostuvo sus ojos en los de él y Terry nadaba en los ojos verdes de la joven. De pronto, ella bajó la mirada a los labios de Terry, de nuevo subió la mirada a sus ojos y dijo; "Bésame… Terry." Él sonrió y dijo; "No sabes cuánto he esperado para que me dijeras eso." El joven acarició la cara de Charlotte quitándole los cabellos del rostro y mientras ella cerraba los ojos él lentamente toco sus labios con los suyos. Suavemente ella fue moviendo sus labios saboreando los labios de Terry. Ese era el beso más tierno y delicioso que le habían dado a Charlotte. Ella se dejó guiar por él y, después de besarse, él acarició su cuello para dejarlo al descubierto, moviendo su cabello hacia atrás, y le comenzó a besar el cuello. Charlotte aun tenía los ojos cerrados y sentía como los labios te Terry recorrían su cuello: era tan delicado y sus labios tan suaves como el pétalo de una rosa. Ella soltó un gran suspiro y dejó de abrazar a Terry, acomodó sus brazos sobre el pecho de Terry y él la sujetó más fuerte por la cintura pegándose a ella como si no quisiera dejarla ir para luego volver a presionar sus labios contra los de ella. Suavemente, con la otra mano, rodeó su cuello mientras ella, lenta y gradualmente, subía los brazos para abrazar el cuello de Terry como si se colgara de él. Aferrábanse uno al otro mientras sus labios seguían tocándose y delicadamente se acomodaban, haciendo de ésta una experiencia única.

Charlotte se sujetaba de la camisa de Terry y él continuaba besándola para luego besarla nuevamente en el cuello, una vez más sus labios se encontraron y esta vez se presionaban un poco más fuerte. De pronto, un relámpago ilumino la habitación y detrás de uno de los pilares había una persona observándolos: Daisy. Charlotte se espantó y soltó a Terry, apartándose de él mientras Daisy caminaba hacia ellos. Une vez que estaba junto a Charlotte dijo; "Charlotte, no es de damas estar con un caballero a solas, aunque tampoco es de caballeros besar a una dama con quien no está comprometido." Charlotte respirando profundamente y un poco más apresurado de lo normal abrió la boca para contestar, pero no salió sonido alguno. Carraspeo y luego habló; "Tampoco es de damas espiar a la gente."

-"En efecto, Charlotte." Daisy se volvió a Terry Esperando a que le dijera algo."¿Ya le dijiste?"

-"¿Decirme qué, Terry?" El joven alzó la mirada para luego acercarse lentamente hacia Charlotte y tomarla de la mano. "Quiero que sepas que no tuve opción y tú eres a la única que amo. Siempre te voy amar, Charlotte." La joven, algo confundida, fijó su mirada en Daisy, quien dijo; "Creo que no es correcto besarse con el prometido de otra." Los ojos de Charlotte se llenaron de lagrimas mientras veía a Terry; "¡Charlotte, puedo explicarlo! ¡Es algo que no quiero hacer!"

-"¡¿Qué no quieres hacer? ¡¿Entonces por qué lo haces?"

-"¡Eso no te importa Charlotte! ¡Lo que importa es que yo lo tengo y tú no!" Gritó Daisy soltando una gran carcajada. Charlotte comenzó a llorar y corrió mientras dejaba atrás a Daisy y a Terry. El joven gritaba el nombre de la chica pero ella no se volteo.

Daisy abrazó a Terry, pero él se aparto y volviéndose a ella le gritó: "No porque mi padre me esté obligando a casarme contigo quiere decir que siento algo por ti. Si sintiera algo sería repulsión hacia tu persona y desprecio. Gran desprecio. ¡No te atrevas a lastimar a Charlotte porque si vuelves a hacer algo imprudente como lo que acaba de suceder suspendo la boda y no me importa que hagas!" Daisy frunció el ceño y apretó los puños fuertemente. No le dijo nada a Terry; solo retorcía los labios mientras él gritaba. Sabía que nunca la amaría, pero eso no le importaba: solo quería a Terry para ella, y mientras Charlotte no lo tuviera le era más que suficiente.

Charlotte corrió, pero no regresó al gran salón. Se fue al jardín de atrás, donde estaba el quiosquito. Comenzaba a llover. Se hincó en el suelo colgando los brazos y la cabeza hacia el piso cuando comenzó a tronar el cielo. No sabía si eran las lágrimas las que empapaban sus mejillas o era la lluvia acompañada por viento y relámpagos. De pronto, la atmósfera se llenó de un sentimiento gris y frío como la lluvia, chocando contra su piel al descubierto, y un peso que no era el de la ropa mojada la jalaba al piso. La joven se sentó y abrazo sus rodillas aferrándose a ellas, su maquillaje de fiesta se corrió por su rostro y su peinado se deshizo. La lluvia resonaba en sus oídos y los arboles se sacudían horriblemente. Terry corrió al quiosco del jardín donde había una sombra, intentando esconderse en un rincón. Llegó a donde Charlotte estaba y se hincó junto a ésta. Él le acarició la cabeza pero la criatura no se movió. El chico tomó a Charlotte entre sus brazos y la cargó hasta el pasillo donde había techo para resguardarse de la lluvia.

Terry se quitó la capa y cubrió a Charlotte con ella; estaba un poco mojada, pero el vestido de la chica no la cubría de los hombros y ella temblaba de frío. Terry la abrazó, pero ella ni siquiera levantó la cabeza para mirarlo a los ojos. Eso a él no le importaba, solo quería que ella supiera la verdad; "No podemos estar juntos, yo te amo y es lo único que necesitas saber. Yo quiero pelear por nosotros, por esto que tenemos, por eso me voy con ella. Me voy a divorciar. Quiero que me esperes." Charlotte alzó la cara para ver al chico a los ojos y dijo; "Terry… No te cases. Por favor… quédate conmigo…"

-"Si pudiera hacerlo lo haría."

-"¿Y por qué no pelear? ¿Por qué te casas con Daisy?"

-"Estoy bajo amenaza y no quiero que a ti te pase algo."

Charlotte bajo la mirada y acurrucó la cabeza en el pecho de Terry. Podía escuchar su corazón que estaba agitado. Charlotte se levantó y le dio la capa al chico para después volver al gran salón. Esa noche había comenzado muy bien y una esperanza había nacido en el corazón de Charlotte, pero ahora la noche se había vuelto amarga y el corazón de Charlotte se había roto de nuevo. "Charlotte…" La joven se volvió hacia Terry y él le dijo; "¿Me esperarás?"

-"Tal vez, Terry, ésta sea nuestra separación permanente…"

-"Señorita pecas, chica pecas. Los días en los que convivimos en Utrecht y Londres no volverán. El tiempo no retrocede. Todo risas y alegrías, Charlotte. Si ésta es nuestra separación hubiera sido mejor no conocerte." Charlotte se siguió mientras las lágrimas recorrían sus rosadas mejillas.

Terry se levantó, se puso de nuevo la capa y comenzó a caminar hacia la puerta principal, donde desaparecería su figura por el resto de la noche. Un auto negro lo esperaba afuera de la casa. Dentro estaba Daisy, esperando a su prometido. Un escalofrío recorrió la espalda de Terry mientras subía al auto, y el silencio se alargaba. "Te perdono esta vez, Terry, pero vuelves a cometer otra idiotez de este tipo y te juro que yo misma mato a Charlotte." El joven volteó la cara hacia Daisy, quien tenía un gesto de complacida. Él bajó de inmediato del auto para alejarse de Daisy. Ella salió también del auto y lo comenzó a seguir. Terry estaba tan enojado que quería darle una bofetada a Daisy, pero eso no lo hacían los caballeros. "Soy un caballero contigo porque así me han enseñado tratar a las damas, pero yo algunas veces dudo si eres una."

-"¿Por qué dudas?"

-"¡Porque una dama nunca tendría este comportamiento posesivo y chantajista!"

Daisy se quedo callada pensando y luego dijo en voz baja casi como si hablara para ella misma; "Es la única manera de conseguir lo que quiero y sé que con el tiempo te enamoraras de mi." Terry subió al auto sin siquiera ver a Daisy. Ella también subió y no volvió a decir nada por el resto del camino. Terry estaba condenado: la boda se efectuaría en París para que Charlotte no interviniera y serían pocos los invitados a la boda. El duque Shinemoon estaba igual de infeliz que su hijo, pues lo que hacía lo hacía por deber y eso era algo que estaba muy acostumbrado hacer. Terry siempre le había reprochado eso. Por esa razón había abandonado a su madre y la había hecho sufrir, pero, ante todo, debía ir el titulo de Duque.

Charlotte se regresó a la fiesta y Mary se acerco a ella para preguntar qué había pasado y porque no había regresado Terry. "Me besó, Mary. El sabe que estoy saliendo de una fase de mi vida la cual no pensé vivir sino hasta que fuera mayor y lo pudiera comprender mejor; muerte. ¡Me besó y luego me entero que está comprometido con Daisy! Salí corriendo y fue por mí para decirme que lo hacía porque 'me ama'."

-"No llores, Charlotte…"

-"No comprendes, Mary…"

-"¡Charlotte, espera!" Charlotte se volvió a salir de la fiesta y se metió por otro pasillo que la condujo a otro lado del jardín. Había una fuente en medio de esta zona, rodeada por árboles. Charlotte caminó hacia la fuente pues la tormenta ya había acabado, solo dejando una llovizna. La fuente era profunda y cada gota que caía deformaba el reflejo de Charlotte en el agua. Ella puso su mano sobre su pecho y tomó entre sus dedos el corazón de plata que William le había dado cuando estuvieron comprometidos, lo arrancó y luego leyó lo que tenía escrito; Yours for ever. –William.

Charlotte se dijo así misma; "Lo siento William, dijiste que serías mío por siempre pero te fuiste antes, tu recuerdo no me permite hacer algunas cosas como luchar por mi amor por Terry. Te prometo que él jamás tomará tu lugar, pero necesito a alguien a mi lado ahora y tú ya no estás. Te regreso tu corazón y espero que me regreses el mío aunque, sea un pedazo, para podérselo dar a Terry… Adiós, amor, solo me quedaran las memorias de mi amado para recordar aquel cariño y calor que me hiciste sentir. I will be yours for ever… My love."

Charlotte lanzó el corazón de plata a la fuente, viendo como se sumergía y se desaparecía hasta que tocó fondo. En el fondo de su corazón siempre estaría William.

Una ráfaga de viento hizo que el cabello rubio de Charlotte se alborotara. Ella sintió que su corazón regresaba a su pecho. Era William, que le regresaba una parte de su corazón. El resto lo tenía él en donde quiera que estuviese. En el cielo ya no había ni una nube, las estrellas se veían y la luna brillaba iluminando el jardín. Charlotte sonrió y se volvió al gran salón donde estaban los demás celebrando el próximo matrimonio de Dorian y Diana.