Provincia di Grosseto

Dentro de la provincia, apartados de la capital Grosseto, Dorian y Diana vivían cerca de la laguna Orbetello. La casa que tenían era demasiado grande para ellos dos; se encontraba en el campo cerca de un pueblito, donde Diana iba de vez en cuando para distraerse. Por supuesto, todo el acabado de la casa era Toscana. Con la mayor parte en una sola planta, la única habitación que quedaba en segundo nivel era la habitación de Dorian y Diana. Justo debajo de ésta se encontraba la pequeña biblioteca en donde también estaba la oficina de Dorian y el piano de Diana (que casi nunca tocaba). Esa estructura, a diferencia del resto de la casa, estaba hecha con ladrillos de un tono marrón y tenía un discreto balcón en donde había un par de macetas con flores rojas. El resto de la casa era blanca con el marco de las ventanas de madera y un decorado de ladrillo, el techo de teja y una entrada que se componía por unos pilares de madera y una pestaña de teja, que hacían que la casa fuera vistosa y acogedora.

Todo era muy tranquilo en aquel lugar; el paisaje, pintoresco; el frío, presente, pues ya era Noviembre. Como acostumbraban cada viernes, Dorian y Diana fueron al pueblo a cenar a un hostal. Dorian decía que la cocinera era la mejor en toda la provincia. El lugar era algo humilde y a Diana en realidad le molestaba ir ahí, pues no había damas con quien charlar. Diana no disfrutaba tanto la vida de provincia, se aburría fácilmente y extrañaba un poco de su vida antes de casarse, cuando ella y Dorian solían ir a bailes y reuniones: extrañaba ser el centro de atención. A pesar de eso, Dorian la seguía consintiendo mucho, y eso recompensaba todo el aburrimiento de Diana (hasta le había comprado un piano, pero ella aun así se aburría). Para su sorpresa, el dueño del hostal, que era amigo de Dorian, les dijo sobre el rumor de que el hijo de un Duque, según decían era "Duca di Luna-Splendere", vendría a una de las casas que él poseía, y que había rentado la más grande por un mes. "Luna-Splendere…" pensó Dorian en voz alta.

-"¿Qué significa?"

-"Shinemoon."

-"¿Terry? ¡Por fin alguien de la nobleza! Espero que haga una fiesta." Dorian se quedó mirando a Diana; "Yo pienso que más bien se vino a esconder."

-"¿Esconder de Daisy? ¿Y si busca a Charlotte?"

-"¿¡No le has dicho!"

-"Nadie sabe nada… solo Angela y Henry..." dijo Diana mientras daba una sonrisita burlona. "¡Pero Diana! ¿Cómo no les dijiste?"

Diana hizo unos ojos de cachorrito regañado y desvió la mirada de Dorian, quien estaba algo irritado por el descuido de Diana; "No creí que fuera importante." Dorian suspiró y dijo; "Querida, sabes que tu amiga no está bien." Los ojos de Diana comenzaban a inundarse con lágrimas, mientras Dorian intentaba sermonearla, pero era inútil. Dorian no se pudo resistir y la abrazó. "Ya, tranquila… no es tu culpa que Charlotte se golpeara en la cabeza." Diana empezó a soltar suspiros en voz baja, apenas perceptibles para Dorian que la tenía abrazada pero lo suficientemente altos para causar ese sentimiento de culpa al chico.

Una vez que Diana dejó su estado de cachorrito regañado llegó el dueño del lugar. "¿Cómo estuvo la cena, señor Marbleutter...?" dijo mientras ponía un par de copas sobre la mesa para luego servir un poco de vino y dejar la botella ahí. "Deliciosa, como siempre." Diana dio un codazo a Dorian para que preguntara sobre Terry; "Por cierto, ¿recuerda que me mencionaba sobre su gran renta del mes?" El señor asintió sonriente, Dorian bebió un sorbo de su copa y continuó; "¿Para cuándo espera su visita?"

-"Para mañana en la mañana señor. ¿Usted conoce al huésped?" Dorian asintió y dijo; "Es amigo de mi esposa y esperábamos que pudiera pedirle que nos acompañara a cenar mañana mismo si era posible." El hombre arqueó las cejas mientras Dorian hablaba, respondió; "Yo le haré saber que los Marbleutter lo esperan para cenar, señor."

El barco que llevaba a Mary y a Edward hasta América solo tardaría dos días más antes de llegar a puerto. Conversaban mientras cenaban juntos, y a la hora del postre la conversación tomó otro rumbo aparte de Charlotte; "¿No te emociona ver a Natalie?" preguntó Mary muy energética. Edward se encogió de hombros para darle un gran trago a su té. La chica torció la boca y luego preguntó; "Todavía estas pensando en ella ¿eh?" Ed asintió con la cabeza mientras clavaba su vista al vació de la pared blanca. "¿Por qué no sabemos quién es? ¿Por qué no me la has presentado?"

-"Tendría que matarte si te enteraras." Mary se incomodó un poco con la respuesta de Edward, luego dijo; "Está bien, no me digas nada, pero… invítame a tu boda." Acto seguido, dio un sorbo a su té. Edward se puso de pie y antes de retirarse le dijo a su amiga; "No todos son finales felices, Mary, ese fue el error de Charlotte. No cometas los mismos errores… date cuenta antes de que te rompas la cabeza."

Mary no dijo nada y simplemente se quedó observando su taza de té mientras éste se enfriaba lentamente, al igual que el paso del tiempo en aquel barco. A Mary nunca se le había complicado llevar una relación, pero Edward la hacía reflexionar: pensaba en Ben, en lo que sentía por él y si debía ponerlo a prueba… pensaba en su amiga, Charlotte, a quien pronto vería y consolaría. Finalmente, dejó el té frío sobre la mesa junto al pastel de moras que Edward no se había terminado, se levantó lentamente y con una sonrisa en la cara, para evitar romper a llorar, salió del comedor para ir a su camarote y dormir un poco.

Los pasos de los caballeros hacían eco en la casa que rentaría Terry por un mes. Aquella casa era muy grande solo para una persona. Obviamente contaba con las mismas características de todas aquellas casas del lugar, estilo Toscana: acabados de madera y ladrillo, techo de teja y colores claros. Una mujer los había acompañado; sería el ama de llaves mientras Terry se encontrara ahí. Ella abría las cortinas que eran blancas y descubría los muebles que estaban bajo mantas para conservarlos. Terry admiraba la casita con cada paso que daba en ella. Era acogedora, y olía muy bien. Deseaba poder compartir con Charlotte ese momento.

Cuando el hombre terminó de mostrarle la casa a Terry le avisó sobre la visita esperada por los Marbleutter, el joven, algo sorprendido, recibió el mensaje. No tenía ni idea de que Dorian y Diana vivieran ahí. Una vez que se fue el hombre, Terry pidió que le prepararan el baño. Se arregló y no se esperó hasta la cena; fue de inmediato con Diana, pues esperaba escuchar noticias de Charlotte, de quien no había sabido nada desde el verano. Diana estaba sentada en la biblioteca leyendo un ejemplar de Mansfield Park por Jane Austen, cuando llegó la criada y le informó que tenía una visita. Diana, extrañada, aceptó al visitante, nadie venia a verla nunca y mucho menos cuando Dorian se iba a trabajar a Grosseto. Por la entrada a la biblioteca la figura perfecta de Terry se asomó, casi nada había cambiado en él, y a pesar de la situación aún tenía ese gesto jovial y atractivo. Su cabello estaba un poco más largo que la vez anterior, ahora si tocaba sus hombros.

Después de un cordial saludo y una invitación a tomar el té, Terry fue al punto. "¿Qué pasó con Charlotte?" Diana contó todo lo sucedido en Venecia a detalle, también le contó sobre todo lo que ahora estaba haciendo Charlotte en Chicago y sobre como ella no había tenido tiempo para planear un viaje y mucho menos para andar escribiendo cartas para contarle a todos sobre la situación de Charlotte, dijo que como ahora era una mujer casada le quedaba poco tiempo para esas banalidades. "¿Qué piensas hacer, Terry?" preguntó Diana una vez terminada su historia, mientras Terry intentaba digerir toda la información con una mirada pensativa a la vez que parecía hundirse en el sillón de la salita de la biblioteca. "Me voy América." Diana casi se ahoga con el té cuando escuchó esto. "¿De verdad la amas tanto?"

-"¡Por supuesto! ¡Ella es maravillosa, es inteligente y graciosa!… Charlotte" esto último lo dijo como un susurro para él mismo. Diana suspiró hondo y se dirigió al escritorio de Dorian donde tomó una pluma y una hoja de papel, escribió una carta y se la entregó a Terry. "Cuando veas a Charlotte, dásela." Cuando sus manos se tocaron, Diana comenzó a llorar y le pidió perdón por no haberle buscado y haberle avisado antes. Terry la abrazó y le dijo que no se preocupara.

El chico salió de la casita de los Marbleutter para preparar sus cosas, pues iría a América con la esperanza de que, cuando Charlotte lo viera, pudiera recordar ese amor que los unía, poder besarla y poderle decir que la amaba y que la había extrañado. El corazón de Terry parecía tambor, durante todo el camino de vuelta a la casa donde se hospedaba sus latidos resonaban en sus oídos, esperando al cariño de Charlotte… su dulce y amada Charlotte.