Y aquí llego con un capi muuuy muuy romantico y muy bonito. Y os preguntareis ¿porque? simple, porque hoy es el día de los padres.

¡Felicidades, papas del mundo! ¡y a ti tamb papá!

Felicidades a ti tmb, Naruto


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PAPÁ

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El cielo anaranjado junto con aquel sol veraniego que iba poniéndose sobre la aldea de Konoha dejaba ver que la noche estaba próxima. Los pájaros volaban hacía sus nidos, las personas corrían la persiana de sus tiendas, se despedían unas de otras, cansadas de tanto trabajo.

El día en Konoha se estaba terminando

-¡Terminé!-exclamó una niña alzando delante de su cara un marco color naranja, decorado con muchas piedras pequeñas y brillantes parecidas a diamantes que había ido recogiendo todos los días cerca del río. Lo volvió a dejar sobre la mesa con cuidado y de pie, observando la foto con una gran sonrisa.

Su papá, su mamá, ella y a su hermano pequeño.

Tocó la foto sonriendo, pensando en lo contento que se pondría cuando recibiera su regalo.

Cogió la bolsita con galletas que había preparado junto con su mamá y apretó el lazo que las sujetaba. Luego se alzó y buscó por sus cajones papel para envolver su regalo. Corrió de nuevo cuenta a la mesa, se arrodilló y lo envolvió con cuidado de que las piedras no se despegaran.

No quedó tan bonito como el que hizo su mamá con las galletas, pero aguantaría hasta que se lo diera. Se levantó agarrando sus cosas, las metió en una pequeña mochila y corrió hacía la puerta, pero se detuvo y echó un par de pasos atrás.

Se paró de frente en su espejo y se observó. Vestía una falda corta azulada, una camisa blanca de manga corta con el símbolo de Konoha estampado en el centro, aunque...tenía ciertas manchas de tierra de haber estado jugando con sus amigos, una tirita sobre su rodilla...y suspiró al ver su cabello. Muy revuelto a pesar de estar cogido en dos moñitos a cada lado. Su fleco estaba revuelto y varios mechones azulados se habían soltado, cayendo delante de sus orejas y parte de su nuca. Frunció sus labios, pensando que no debía presentarse así, pero el día estaba terminando y ella tenía que entregárselo cuanto antes.

Y observándose por ultima vez, salió de su habitación, más una vez fuera se detuvo y muy sigilosa bajó las escaleras, escondiendo su chakra a niveles muy bajos. Cuando llegó al último escalón, se acercó a una pared y se asomó a la sala de estar, donde su tía Sakura cuidaba a su hermanito recién nacido. Un niño que se parecía mucho a papá.

A puntillas cruzó la puerta y corrió a ponerse sus sandalias, abrió la puerta y cruzó el jardín de entrada, sonriendo al salir de este y encontrarse en la calle. Alzó la mirada al cielo, donde el sol cada vez se escondía más y salió corriendo de nuevo, sujetando las tiras de su mochila.

Cruzó desiertos, esquivó a amigos, luchó contra los niños malvados que querían robarle sus galletas, no lloró y siguió su camino, como ninja que era.

Nadie podía detenerla. Llegaría a ese lugar a como fuera de lugar

Porque ese era su camino ninja


-Nee-san-

Hinata se volteó y sonrió al ver a su hermana acercarse. Lucía su cabello castaño cogido en una cola alta, esa firmeza y seguridad en la mirada, esa fuerza y vitalidad de una joven de 20 años. Una joven que se había convertido en el orgullo de la familia, y no tan sólo por su destreza, también por esa belleza única en los Hyuuga.

Hanabi miró extrañada a su hermana, sin comprender esa mirada.

-¿Porque me miras así?-

-Porque has cambiado mucho nee-chan...estás muy hermosa- la castaña bajó su cabeza, sonrojada

-N-no digas tonterías-masculló ella, cruzándose de brazos y haciendo sonreír a su hermana- cada vez las reuniones con el clan son más largas- y miró al cielo- ya casi se hace de noche-

-Será mejor que me vaya- dijo ella mirando el cielo- Sakura lleva toda la tarde con Haruto y Ayame-Hanabi sonrió- Haruto no me preocupa porque todavía es pequeño, pero Ayame...-suspiró, recordando todas las travesuras de su pequeña- es tan parecida a su padre...-

-Y tanto que lo es-dijo Hanabi sonriendo-¿dijiste que estaba con Sakura no?- Hinata asintió-pues mira ahí- la agarró por los hombros y la volteó, señalándole con el dedo el camino que hacía una pequeña de melena azulado sujetada en dos moños.

¿Ayame? Se extrañó Hinata al verla

-Tenías razón- Hanabi se colocó a su lado viendo a aquella niña correr- es clavada al idiota de tu marido-

Hinata suspiró, pensando en lo preocupada que estaría Sakura al no verla en casa. Preocupada y enfadada.

-Iré a ver que se trae entre manos- y corrió hacía la puerta de salida- ¡Hasta pronto!-cerró la gran puerta del jardín y una vez fuera, Hanabi la siguió con la mirada hasta perderse al doblar la esquina.

-Hasta pronto- murmuró ella, sonriendo.


Ayame siguió corriendo, sonriendo al ver aquel gran edificio. Por fin había llegado a su destino, por fin podría entregarle eso a su padre. Ahora sólo debía entrar y...

-Ayame Uzumaki- la niña se encogió de hombros y volteó lentamente, quedando asombrada al ver a su madre.

-Mami...-

Hinata se acercó y agachó delante de ella. Ayame bajó su mirada al suelo, sabiendo la reprimenda que le esperaba.

-Ayame...-

-¡Lo siento!-exclamó- no quería escapar de casa p-pero ...-se sonrojó y bajó su mirada de nuevo- tengo que entregarle algo a papá...-

-Tía Sakura estará bien preocupada...y también muy enfadada- apoyó sus brazos sobre sus piernas, observando a su hija

-L-lo siento. Me disculparé con ella cuando vuelva. ¡Pero tengo que entregarle esto a papá!-exclamó mirando a su madre alarmada- mami, si no se lo entrego hoy ya no será importante- y miró el cielo, que empezaba a oscurecerse. Volvió a mirar a su madre- por favor mami...-juntó sus manos de súplica.

Hinata observando a su hija, no pudo evitar suspirar y sonreír.

-Está bien..-la niña sonrió- iremos a entregarle el regalo a papá-

-¡Gracias mami!-saltó a sus brazos y la estrechó con fuerza, dándose cuenta después y sonrojándose- c-como sabes que es un...regalo...?-murmuró avergonzada, jugando con sus dedos.

Hinata sonrió

-Porque yo también tengo un regalo para él-acarició la mejilla de su hija y le besó, haciéndole sonreír.

-¿Mami tiene otro regalo?-preguntó alegre al ver que su mami también quería mucho a su papá, tanto como ella.

-Pero el mío lo celebraremos en casa, los cuatro juntos-

Ayame sonrió ampliamente, recordándole a Hinata lo tanto que se parecía a su padre.

-¿Vamos?-la pequeña asintió y las dos se adentraron en el edificio.

Ayame bajó de sus brazos cuando estaban cerca del despacho y corrió hacía este, abrió las puertas y llamó a su padre con una gran sonrisa, pero la borró al no ver a nadie.

-¿Papi...?- se adentró en el despacho, mirando a su alrededor. Hinata se detuvo en la puerta, junto con una anciana Shizune.

-Todavía no ha vuelto- murmuró ella mientras Shizune asentía. Hinata suspiró, mirando a su pequeña- salió tan temprano está mañana...-

-No creo que tarde mucho de todos modos- Hinata se adentró en el despacho y se agachó delante de la niña, que bajaba su mirada triste. Todo lo contrario a Shizune que sonrió con sinceridad- Naruto no podría pasar un día sin verlas-

Se alejó de ahí, cerrando la puerta sigilosamente.

-Papi...no ha vuelto...-Ayame miró por la ventana de aquel gran despacho, el cielo ya se había tornado negro y la luna estaba en lo alto. Giró su mochila y sacó de dentro sus regalos-quería ver su sonrisa cuando los recibiera-

Hinata acarició la cabeza de su pequeña, sonriendo tiernamente.

-Hoy es su día...-sollozó Ayame, apretando los regalos contra su pecho.

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-Ayame-chan, ¿quieres que le esperemos?- la niña miró a su madre, que le guiñó el ojo, sonriendo- mandaré a un mensajero para que le diga a Sakura que siga cuidando un poco más de Haruto mientras esperamos, ¿te parece? -

-P-pero...nii-chan no puede... tía Sakura no sabe cuidar de él- Hinata sonrió ante el comentario mientras la pequeña volvía a mirar sus regalos.

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-¿y Bien? ¿que quieres que hagamos?-Ayame miró a su madre, sonrojada.

-¿Puedo...dejarlos aquí?-

Hinata la miró unos segundos antes de asentir, volviéndose a poner en pie con ella en brazos .

Su hermano era más importante que unos regalos.

Los dejó sobre la mesa con la ayuda de su madre y los miró unos segundos, antes de girar su cuerpo y agarrarse al cuello de su madre. Hinata besó su mejilla, sonriendo mientras acariciaba su espalda.

-Seguro que a papá le gustara mucho- Ayame asintió alejando su cara de su cuello- verás como mañana irá a despertarte para darte un gran beso.-

Ella sonrió, deseando con que eso pasara pronto. Y recibiendo otro beso en la frente, volvió a recostarse en el hombro de su madre. Tenía ganas de que fuera mañana para poder ver a su padre.

Hinata miró los regalos sobre la mesa, envueltos y preparados con mucho amor.

-Papá...sabes que papá trabaja mucho para cuidar esta aldea, verdad- Ayame escuchó con atención a su madre.

-Hokage- murmuró Ayame

-Por eso, pueden haber días enteros sin que podamos verlo...-

-Por eso mami le trae comida a veces- Hinata sonriendo, asintió-¿papi no come?-

-Papi está tan ocupado que hasta se le olvida comer. Y todos sabemos lo comilón que es papá- dijo Hinata haciendo sonreír a Ayame.

-Papi come mucho ramen-

-Así es, y por eso está noche le prepararemos sus platos favoritos- Ayame miró a su madre con ojos brillantes- ¿qué te parece?-

Ella asintió, sonriendo ampliamente.

-Entonces, manos a la obra- Ayame bajó de los brazos de su madre de un salto y corrió hacía la puerta, ilusionada con llegar a casa-pero antes...-Ayame se detuvo- deberás bañarte-

¿Bañarse?

Volteó a ver a su madre, haciendo un puchero.

-¿Crees que es correcto ir por la ciudad con tal ropa?-Riendo, Hinata le señaló con la mirada la ropa, la cual la pequeña agarró, sonrojándose al verla tan sucia. Volvió a mirar a su madre, mordiendo su labio-ah no! Esta vez si que no vas a engañarme- se acercó a ella mientras la pequeña la miraba con esos ojitos tan azules brillando por las lágrimas falsas.

-Mami...-

Pero el sonido de la puerta abriéndose las distrajo, y alzaron la mirada justo cuando esa persona se quedaba parada en la puerta, asombrándose al verlas.

-Hinata-chan...-

Una sonrisa amplia y feliz surcó el rostro de Ayame, que saltó a los brazos de su padre.

-¡PAPI!-

Naruto la agarró al vuelo, sorprendiéndose al verlas ahí.

-¿P-pero que hacéis aquí?-miró a Hinata, que se encogió de hombros, sonriendo.

-Papi, no me digas que te has olvidado-se separó la niña, frunciendo el ceño.

Naruto miró a su hija, preocupado

-¿Tu cumpleaños?- Ayame negó, inflando sus mofletes-entonces...¿el de mamá?- y ella volvió a negar mientras Hinata reía.

Ayame se movió de sus brazos, queriendo que la bajara, Naruto así lo hizo, extrañado, mirando a Hinata en busca de su ayuda, pero ella sólo le señaló a la niña, que volvía hacía él y le mostraba dos cosas.

Naruto se agachó y agarró los dos objetos.

-Feliz día papi.-murmuró ella, sonrojada y mirando a un lado.

Naruto volvió a mirar los dos regalos y luego a ella, pensando que podía pasara para...Oh! Hoy era...

El día del padre

Miró de nuevo los regalos y luego a su hija, que jugaba con sus dedos. Sonrió, sonrió sintiendo una calidez y un amor en su pecho que no le cabía en su pecho. Se sentó en el suelo, cruzando sus piernas al estilo ninja y desenvolvió el más grande, sonriendo de nuevo al ver esa foto y ese marco.

-¿A que es bonito?- le preguntó Ayame, apoyando sus manos en la rodilla de su padre, mirando la foto -somos los cuatro, papi, mami, Haruto y yo. Los cuatro juntos-

Naruto tuvo que mirar a un lado para respirar profundo y no ponerse a llorar ahí delante. Dios! No estaba tan emocionado desde que vio el nacimiento de Ayame y Haruto. Miró a su hija y le revolvió el ya de por si cabello revuelto.

-También te hice galletas- agarró la bolsita y se la mostró, sonrojada- mami me ayudó ha hacerlas, pero yo le hice las formas-sacó una de dentro, mostrando una en forma de corazón-para ti-

Naruto la agarró y se la llevó a la boca, sorprendiéndose al ver lo sabrosas que estaban.

-Están muy buenas, Aya-chan- Ayame sonrió feliz. Le encantaba que su padre le llamara así.

Naruto volvió a mirar la foto, sonriendo y acariciando la superficie de cristal. Esa era su familia, la familia que tanto había deseado tener.

Acarició el marco, sonriendo divertido al verlo tan trabajado y con esa pequeñas piedrecitas casi transparentes. Ni se acordaba de que hoy había sido el día del padre, andaba tan metido en las cosas de la aldea que hasta lo más simple, se le podría olvidar.

Hinata se apoyó contra la mesa, colocando sus manos tras su espalda y mirando con una sonrisa a Naruto.

Feliz. Esa era la palabra que le describía a la perfección. Naruto estaba feliz y ella no podía evitar sentir lo mismo. Su marido había sufrido tanto en el pasado, que todo lo que le ocurría ahora era más que merecido.

Naruto se merecía eso y mucho más

Ayame miró a su padre extrañada al no verle sonreír, y apoyada sobre su pierna, inclinó su rostro para ver el suyo.

-Papi...¿no estás contento?- Naruto la miró y una sonrisa zorruna apareció en su rostro, haciéndola sonreír cuando la alzó en sus brazos y le estampó un beso largo en la mejilla.

-Y como no voy a estarlo, pequeña mía- murmuró abrazándola-gracias...-puso una mano en su cabeza- me encantan los regalos- Miró a Hinata, que le sonrió con dulzura mientras este estrechaba a su pequeña.

Ayame sonrió abrazando a su padre. Sabría que eso le pondría contento. Oh! Y ahora que pensaba en eso.

-¡Papi! Tenemos que ir a casa!- saltó de sus brazos y miró a su madre, preocupada- Tía Sakura está cuidando de nii-chan-

-¡Cierto!- Naruto se levantó- volvamos a casa, ¡tengo ganas de ver a mi hijo! además, tengo tanta hambre que me comería cien platos de ramen- se acercó a la mesa y dejó el marco sobre esta, sonriendo. Viró la cabeza a Hinata y le agarró la mano, entrelazando sus dedos.


Una enfadada Sakura les recibió, regañando a Ayame por haber escapado y haberla dejado tan preocupada. Ayame se libró de disculparse por Naruto, que le dio le contó la historia.

Como habían prometido, le prepararon a Naruto un conjunto de todos sus platos favoritos, incluso de sus postres. Terminados de cenar, y bañados y cómodos con sus pijamas, Naruto jugó con Ayame en su habitación hasta que terminó quedándose dormida, la arropó y besó.

-Papi...-murmuró ella entreabriendo los ojos, medio dormida- te quiero papi- y volvió a cerrar sus ojos, quedándose dormida al instante.

Naruto sonrió, sintiendo ese sentimiento que le emocionaba tanto en su pecho.

-Y yo a ti mi pequeña- besó su frente, apartando aquel sedoso cabello de su cara y volviendo a besarla- yo también te quiero-

Tras eso, pasó a la habitación de Haruto, Una habitación con muchos juguetes y adornos de bebes; se apoyó en la cuna y le observó dormir, pensando divertido como era posible que ese niño se le pareciera tanto.

Tan pequeño, pero fuerte como un roble. Hijo mío, tu serás un gran Uzumaki

Le cubrió con la mantita de ranas y acarició su mejilla con cuidado, sonriendo al verle moverse y agarrar su dedo. Se soltó, intentando no despertarlo y salió de la habitación, estirándose contento. Cuando bajó al primer piso, se quedó apoyado contra el marco de la entrada, observando a su mujer.

Sentada en la alfombra, cerca del sofá, vestía un camisón de seda negro corto y de tirantes finos, mostraba esa piel tan blanquecina que contrastaba con ese negro y que la hacían verse realmente sexy.

Sus largas piernas estiradas sobre esta y con su largo cabello que había dejado crecer por él hasta sus pantorrillas, le rodeaba, dejando un manto azulado en la alfombra y cayendo en parte por sus hombros.

El fuego de la chimenea encendido, calentando sus mejillas con aquel color que tanto le gustaba a él. Ese rojo tan encantador que le hacía sonreír.

Preciosa. Hermosa. No sabía como describirla. Hinata era...era un ángel caído del cielo. Un ángel que nunca que cansaría de mirar.

Su ángel.

Sonriendo, se acercó a ella y Hinata alzó la mirada de ese puzle que estaba montando, que pertenecía a Ayame.

-¿Ya se ha dormido?-

-Ha caído como un tronco-dijo él, sentándose tras ella y rodeando su cintura para acercarla, teniendo como apoyo tras él el sofá. Hinata se apoyó contra su pecho, acariciando sus brazos.

Los dos se quedaron en silencio, observando el fuego, disfrutando de la compañía del otro sin la necesidad de palabras. Naruto besó su cabeza y luego apoyó la suya sobre esta.

-No sabes las ganas que tenía de llegar a casa- dijo él, sonriendo- mira que no acordarme...-Hinata sonrió-espero que no se haya enfadado-

-Ayame no podría enfadarse contigo, lo que sí...se puso muy triste al no verte- Naruto estrechó su brazos, preocupado-pero cuando te vio entrar...-sonrió- si vieras la sonrisa que puso...-con sus dedos empezó a acariciar su brazo-Te quiere mucho-

-Lo sé- respondió él, plantando otro beso con una sonrisa- es imposible que nadie no pueda quererme. Soy...encantador- Hinata viró su rostro mirándole algo dudosa-porque me miras así, es cierto- alzó su mano y agarró su mentón, inclinando su rostro para besarle en los labios. Hinata se sonrojó y él sonrió ladino- tú eres un buen ejemplo- y terminó de acortar esa pequeña distancia.

Naruto probó sus labios, con lentitud, disfrutando de esos labios que sentía que hacía días que no besaba. Hinata le correspondió de la misma forma, y durante un tiempo estuvieron así, dándose pequeños y dulces besos, riendo entre ellos, comentando lo que habían hecho durante el día, completando entre los dos ese puzle que no sabían como terminar, hasta que de pronto el juego quedó olvidado y la calor se hizo presente entre los dos. Los besos eran más exigentes, sus cuerpos buscaban el calor del otro, las manos no podían parar quietas...

Sin saber como, Hinata se encontraba sentada en sus piernas, con la parte superior de su camisón en la cintura, sintiendo los labios de Naruto sobre sus pechos y sus manos acariciar sus piernas, adentrándose bajo el camisón.

Naruto volvió a por sus labios, devorándolos por completo, introduciendo su lengua y jugando con sus labios, tan rojos y hinchados. Hinata sintió ese bulto en sus pantalones y no pudo evitar sentir esa excitación en su parte íntima, que la sonrojó furiosamente. Se separó de sus labios, lo que este aprovechó para deslizaros por su cuello.

-Naruto...- ella ahuecó las manos sobre su rostro para que le mirara- seguro que...no prefieres descansar? Hoy trabajaste tanto que...-pero este volvió a juntar sus labios, deslizando sus manos hasta su trasero, el cual agarró tras esa braguita. Él se separó un poco, fijando la mirada en sus ojos.

-Tengo todo el tiempo del mundo para descansar...-depositó otro beso- ahora sólo te quiero a ti- juntó su frente con la de ella, cerrando sus ojos- te amo-

Hinata se sonrojó, pero sonrió y volvió a sujetar su rostro, proporcionándole un beso.

-Te amo- Naruto sonrió al escucharlo y volvió a por sus labios, tumbándola sobre la alfombra.

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Mientras, en el despacho de Naruto, la luz del día iluminaba de pleno aquella foto, haciendo que las piedrecitas transparentes brillaran y cambiaran de color a medida que el sol ascendía. Las de la parte inferior empezaron a verse más oscuras, destacando entre las otras y formando una especie de palabra.

Te quiero

La bolsita de galletas, apoyada contra el marco, se deslizó en la mesa y de dentro salió otra galleta con forma de corazón.

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Ohh! Un capitulo muy cuco a que sí? Naruto es un padrazo de los que no hay ehh XD En fin, que espero que os haya gustado, porque me ha costado bastante completarlo.

Oh! y una cosa os quiero aconsejar para los que escribis como yo. Cuando yo escribo la música me sirve y de mucho. Cuando es algo romantico, las canciones lentas, de amor, o solamente OSTS te inspiran, si lo que buscais es acción, lemon, yo lo que hago es escuchar canciones algo más movidas, (no reggeatton, lo siento, no me gusta), sino otros estilos que puedan aparecer en esa escena, no sé, una que pegue...entonces es cuando realmente me inspiro.

Os lo digo, las canciones ayudan y mucho.

Y de aquí ya no sigo, eso sim tened laaaarga paciencia con chicos antes que flores porque queda para muuuucho que lo continue. Hasta que yo me vea capaz de contnuarlo, de ponerle un final digno, entonces estara en pausa. Lo siento.

¡Matta ne!