Bach

Finalmente había llegado; Diciembre y así mismo se acababa el año y Charlotte seguía sin recordar casi la mitad de éste. Mary y Edward habían llegado a Chicago y habían sido muy bien recibidos por Dimitri y Natallie, iban al hospital todos los días para ver a Charlotte, todo el tiempo que Dimitri les permitiera hacerlo. En el hospital, Mary se había dedicado a decorar la habitación de Charlotte con motivos de Navidad, colocando un pequeñísimo arbolito junto a la venta y adornándolo con esferas de colores, muérdago en la puerta y algunas figurillas decorativas. Edward había estado ocupado tratando de poder contactar a Caroline a quien no había podido ver en mucho tiempo.

Mary había recibido una semana atrás una carta de Terry, que decía que estaba llegando a Chicago y que quería ver a Charlotte lo más pronto posible. Edward había discutido con Mary sobre el asunto y junto con Dimitri y Natallie habían llegado a la conclusión de citar a Terry en un café-restaurant en la ciudad para así poder llegar a un acuerdo.

Afuera nevaba y el árbol junto al ventanal estaba iluminado y colorido por los adornos que había colocado Mary, quien le cepillaba el cabello a Charlotte mientras Natallie estaba sentada leyendo un libro mientras esperaba en silencio. Charlotte con la espalda derecha se miraba al espejo y veía su reflejo que yacía sentado en un banquito para que Mary pudiera peinarla, estaba algo tristona pues esa tarde se quedaría sola para la hora de la merienda. "No entiendo por qué no puedo salir con ustedes, ahora estoy mucho mejor y además esta semana me he portado muy bien con tal de que Dimitri me deje salir a dar los paseos por la tarde al parque con Edward… ¡No es justo Mary!" Como ya era costumbre, Mary solamente hizo un gesto amable y le acarició la cabeza a Charlotte como si le estuviera acariciando la cabeza a su pequeña hija que hacia un berrinche para salir a jugar. "Charlotte sabes que no puedes salir, estás a punto de terminar tu tratamiento y comprendes perfectamente que salir a la calle es un gran riesgo." Dijo Natallie mientras daba la vuelta a la próxima página de su libro "Mont de piété" por André Bretón, libro que le había prestado Edward.

Dimitri tocó la puerta de la habitación de Charlotte y entró junto con Edward, ambos ya estaban listos para salir. Natallie dobló la esquina superior de la página que recién había volteado y cerró el libro, Mary se detuvo y puso el cepillo sobre el tocador de Charlotte. La chica permaneció sentada con la mirada fija en el espejo, nadie dijo nada y los cuatro salieron por la puerta mientras Charlotte observaba su reflejo.

Terry se encontraba en el restaurante ansioso con la esperanza de ver por fin a su Charlotte, se había adelantado un poco a la hora así que estaba esperando a que llegaran. Había comprado una rosa para Charlotte y se había arreglado para ella, estaba sentado en el restaurante mientras cada segundo que pasaba volteaba inquietamente a ver al reloj, movía su pierna ansiosamente y bebía un café para hacer más corta la espera. Mary llegó y le toco el hombro, él volteó sonriente pero al darse cuenta de que Charlotte no venía con ellos aquel gesto desapreció de su rostro y dijo; "Creí que iba a ver a Charlotte…"

-"Precisamente de eso venimos a hablar." Respondió Edward mientras le jalaba la silla a Natallie para a continuación se sentarse junto a ella, Mary seguía con la mano en el hombro de Terry, él soltó un gran suspiro y luego caballerosamente le jaló la silla a Mary quien le agradeció con una sonrisa. "Bueno, Terrence…" Comenzó Dimitri; "Por favor, Terry solamente." Interrumpió. "De acuerdo; Terry. El problema es que no puedes ver a Charlotte, se encuentra delicada. Está dentro de un tratamiento y verte nos pone en riesgo de que todo el trabajo que ha logrado los últimos meses se desplome."

-"Entiendo." Respondió mientras encendía un cigarrillo, le ofreció uno a Mary y a Natallie pero ambas se lo negaron.

Todos en la mesa observaban como Terry fumaba su cigarrillo en silencio, la angustia crecía en el pecho de Terry y al mismo tiempo se encontraba pensando pues no sabía que preguntar o decirle a los amigos de Charlotte, él moría por verla y saber que estaban ahora más cerca de lo que habían estado los últimos meses solamente lo hacía enojar. "Terry, por favor compréndenos y nos mires de esa forma." Dijo Natallie mientras intentaba tocarle la mano a Terry pero él la quitó antes, "Quiero verla de verdad, Mary ¿tú me entiendes verdad?" La joven lo miró y asintió con la cabeza, pero antes de que dijera algo Dimitri interrumpió; "¡Cielos! ¡Charlotte sí que describe muy bien tus ojos! Realmente es sorprendente…" dijo mientras clavaba su mirada en los ojos de Terry quien lo veía desentendido; "¿Entonces, me recuerda? ¿Por qué no me dejan verla?"

-"No. No te recuerda, solamente en su mente ve tus ojos y eso es lo que le da motivación para seguir en el tratamiento. Se ha obsesionado con tu mirada y es una luchadora, déjame decirte, dice que no se rendirá hasta recordar de quién son esos ojos." Terry no pudo evitar sonreír. "No debes intentar buscarla, Terry." Dijo Edward al reconocer esa luz de esperanza en los ojos del chico.

Cenaron juntos y estuvieron comentándole todo lo sucedido los últimos meses a Terry, Dimitri le contó sobre los recuerdos de Charlotte; la mayoría lo incluían a él (por supuesto Terry se sentía muy feliz pues a pesar de todo, Charlotte aun lo recordaba.) Natallie le explicó la situación médica de Charlotte y le comentó que era muy necesario que terminara el tratamiento, por otro lado Mary y Edward le pidieron que cooperara con los doctores y se mantuviera al margen hasta que le avisaran que Charlotte podía recibirle.

En el hospital Charlotte estaba sola en su habitación, cuando se encontraba a solas le gustaba escribir pero desde el incidente no lo había podido hacer, también extrañaba tocar el piano, pues el instrumento la relajaba en momentos de tensión. Aburrida, decidió salir de su habitación, cosa que Dimitri jamás le permitía hacer sola. En silencio recorrió el hospital hasta llegar al salón de los doctores, donde había un gran librero con libros de medicina y una sala en donde seguramente se llevaban a cabo las juntas que Natallie dirigía. Charlotte decidió entrar al despacho de su amiga, ahí dentro todo estaba en orden, Natallie tenía un pequeño escritorio de madera que hacia juego con un librero que estaba justo a un lado, del otro lado había un piano sin cola. A Charlotte se le iluminaron los ojos, sonrió y comenzó a tocar.

Una enfermera escuchó la música y entró al despacho, pues ella sabía que la doctora no se encontraba en el hospital, cuando abrió la puerta vio a Charlotte mientras ella tocaba contenta el piano. La enfermera tenía el cabello rubio y rizado, se lo había acomodado recogiéndolo con dos moños, tenía ojos verdes que miraban a Charlotte llenos de asombro, su naricita estaba poblada por pecas. Charlotte sintió la presencia de la chica en la habitación y se volteó a verla. "Lo siento. Ahora regreso a mi cuarto." La joven le sonrió y dijo; "No te preocupes, no iba a regañarte, es solo que me gusta como tocas. Ojala yo tocara el piano."

-"Gracias. Pero de todos modos yo ya me iba."

-"Por favor no te detengas por mi…" suplico la enfermera. "De acuerdo." Charlotte complació a la chica quien al finalizar la pieza comenzó aplaudir. "Tocas muy bien."

-"Muchas gracias, ¿Cómo dijiste que te llamabas?" La enfermera se sonrojó y dijo, "No lo hice, pero mi nombre es Candy."

-"Me suena muy familiar ese nombre."

Mary fue la última en despedirse de Terry afuera del restaurante, él le dio un abrazo y le dijo; "He echado a tu bolso un regalo para Charlotte, no le digas que es de mi parte pero por favor dáselo." Mary asintió con la cabeza para luego subirse al auto de Dimitri y ver desaparecer a Terry en la acera conforme el auto avanzaba directamente hacia el hospital.

Cuando llegaron, Natallie les dijo que había recibido el diario de Charlotte hacia menos de un mes, Diana se lo había mandado, había dicho que la abuela Elric lo encontró en la habitación donde se había estado quedando Charlotte. "Está en mi despacho, quería comentarlo antes pero… Bueno me sentía muy culpable por no dárselo."

-"¿Todavía está cerrado?" preguntó Dimitri, Natallie asintió con la cabeza. "Pienso que deberías dejarme leerlo para así ayudar a Charlotte." Dijo Dimitri mientras caminaba hacia el despacho de Natallie. Antes de entrar se detuvo pues escuchó que alguien tocaba el piano. "¿Charlotte?" Dijo Mary. "Esa pieza de Bach apenas la estaba aprendiendo en casa de los Elric, dijo que era la primera vez que la practicaba… ¿La estará tocando de memoria?"

-"Si es así, ¿saben que significa?" dijo Dimitri mientras abría lentamente la puerta y se asomaba para ver a Charlotte, Mary también se asomó y arriba de la cabeza de Mary estaba la de Edward observando. "¡Si está tocando de memoria! Bueno no está tocando, tocando pero es la melodía de memoria…" dijo Edward. Candy se volteó al oír rechinar la puerta y se puso de pie, pues estaba sentada sobre el escritorio de Natallie mientras escuchaba a Charlotte tocar. La joven dejo de Tocar el piano al notar la reacción de la enfermera. Se volvió hacia la puerta y vio a los cuatro parados justo afuera de la oficina. "Lo siento ya sé que no debí salir de mi habitación." Nadie podía evitar tener cara de sorpresa. "¿Qué pasa?" Preguntó Charlotte. "Estabas tocando la canción de Bach, la que querías aprender en casa de los Elric… Sin partituras." Respondió Mary sonriendo. "No entiendo…"

-"¡Qué lo hiciste de memoria!" Gritó Edward para a continuación abrazar a Charlotte y ella después soltara un gritó de emoción.

Una vez en su habitación junto con Mary y Natallie, Charlotte danzaba alrededor del cuarto pues estaba llena de alegría. "¡Puedo recordar! ¡Puedo recordar!" Pirouette, pirouette y finalmente terminó en un four position and fondue derriere. Mary aplaudió y después Charlotte retomó una postura normal, con la gracia de una bailarina, Natallie sonrió y dijo; "Pero debes seguir trabajando, Charlotte." Ella asintió con la cabeza mientras caminaba hacia su escritorio, iba abrir el cajón cuando de pronto vio un extraño paquetito sobre el escritorio. Era una cajita verde obscuro, Charlotte pregunto, "¿Quién dejó esto aquí?"

-"No es mío, ¿es tuyo Natallie?"

-"No. No lo es, Mary." Charlotte lo abrió entonces, adentro de la cajita había una cartita y sobre ésta reposaba una pulsera, la chica la sacó y pudo ver su detallado con piedritas negras y el colguije de corazón, que también era de plata. Lo miraba extrañada y luego lo puso sobre el escritorio para sacar la cartita, la abrió y leyó en voz alta; "Para mi Charlotte, mi dulce y bella Charlotte."

-"Parece ser de un admirador secreto." Charlotte tomó la pulsera y se la puso, aun la miraba pero al mismo tiempo en su corazón algo le decía que aquel admirador secreto yacía en un recuerdo de su mente y que pronto su imagen llegaría a sus ojos como lo hizo la pieza de Bach durante la tarde, entonces sonrió y se dijo así misma; "Un admirador… ¿El poseedor de los ojos azules?"