Un nuevo amigo

A pesar de la nieve y el frío, Charlotte disfrutaba de ir a un parque cerca del hospital, pues afuera de éste todo estaba lleno de vida y color por las fiestas decembrinas. La ciudad estaba decorada con coronas navideñas, esferas y luces; todos los locales tenían colores y decoraciones. Una vez que se ponía el sol, era como si la luz nunca se hubiera ido, pues todo estaba lleno de color y mucha comida; cómo pasar por alto lo que más disfrutaba Charlotte: los dulces de caramelo. Esa tarde Charlotte terminó sus lecciones de piano que Edward había preparado; desde ejercicios básicos, hasta llegar algunas sinfonías simplificadas como la 9° de Beethoven, entre otras obras que Edward preparó para su clase; incluyendo a Brahms, Schubert, Chopin, Schumann y, por supuesto, Bach.

Edward llevaba del brazo a Charlotte, pues era su responsabilidad sacarla a la calle y debía cuidarla en todo momento. Charlotte tenía puesto un simpático gorrito de piel de mink que hacía juego con su abrigo, Edward vestía con una gabardina gris y una bufanda roja que podía llegar a confundirse con su nariz que también estaba roja por el frío. Antes de entrar al parque, había un hombre vestido como Santa Claus tocando una campana y diciendo "¡Jo, jo, jo!" Pedía donaciones para un orfanato; a Charlotte se le hizo chiquito el corazón y le dio al hombre todo el cambio en monedas que traía consigo, el hombre, muy agradecido por el gentil gesto de la chica, le dio un bastón de caramelo antes de que se fuera, en forma de agradecimiento; "Un dulce para un dulce. Feliz navidad, señorita." Charlotte sonrió y recibió el caramelo en sus manos. El dulce era gigantesco paras sus manitas, tenía una envoltura brillosa y lo decoraba un moño color verde navidad. Edward volvió a ofrecerle su brazo a Charlotte para luego quitarle el dulce y decirle amablemente; "Yo te lo guardo hasta que regresemos al hospital."

-"¿Cómo sé que no te lo comerás antes?"

-"La cuota es de un pedacito. Además, si lo piensas bien, Dimitri no te deja comer dulces, y si yo te lo guardo te lo puedo dar después."

-"Buen punto, pero un pedacito pequeñito. No quiero que te lo comas todo." Edward asintió con la cabeza mientras entraban al parque y se guardaba el caramelo en el bolsillo de la gabardina.

Charlotte admiraba sonriente a los niños jugar mientras iba agarrada del brazo de Edward, ansiaba tanto poder ir a correr y jugar también, alimentar a las ardillas que había en el parque y tal vez después ir a tomar una taza de té. Edward se burlaba en silencio de la actitud infantil de Charlotte, pero aún así gozaba de verla contenta, le recordaba los viejos buenos tiempos cuando su mayor preocupación era simplemente pasar aritmética. Charlotte se dio cuenta de que Edward la observaba y por el borde de su ojo le echó un vistazo; él estaba serio. "¿Pasa algo malo?" Ed negó con la cabeza, "Solo un poco de nostalgia, ¿sabes? Me estaba acordando de nuestras viejas aventuras en el Instituto." Charlotte sonrió y continuaron caminando por el parque que estaba todo pintado de blanco, incluso las bancas estaban cubiertas por la nieve. "Quisiera poder lanzarme a la nieve y hacer un ángel de nieve…" Una vez dicho esto, Charlotte le dio un codazo a Edward, quien la soltó del brazo, y una vez libre la chica comenzó a correr en dirección a una montaña de nieve, pero justo antes de lanzarse chocó con una persona, haciéndolos caer a ambos directamente en aquel montón de nieve. "¡Charlotte! ¿Estás bien?" Gritaba Edward mientras acudía auxiliar a Charlotte, el hombre ayudaba a la joven a ponerse de pie; "Mil disculpas, no lo vi señor. Simplemente quería correr hacia esa montaña de nieve y yo…" Charlotte se quedo observando al joven. "Yo… Quería pero usted, est…"

-"No hay problema, Charlotte." Edward reconoció al joven y se quedó petrificado. "¿Cómo sabe mi nombre, señor?"

-"Tu amigo lo acaba de decir y por favor no me llames señor, mi nombre es Terry." A pesar del clima frío Charlotte no podía evitar sentir calor en sus mejillas y así mismo no podía evitar que se ruborizaran. "¿Nos podemos volver a encontrar, Charlotte?", preguntó Terry con una sonrisa coqueta en su rostro pues se había dado cuenta de que, a pesar de que Charlotte no lo reconociera, había hecho calentar su pecho. "Sí, sí, claro…Terry. Estoy en el hospital que está a tan solo unas cuadras de aquí."

-"¿El hospital psiquiátrico? ¿Qué hace una bella dama como tú ahí?" Charlotte no supo que decir, Edward había despertado de su trance; "Charlotte, debemos irnos." La joven asintió con la cabeza mientras tenía clavados sus ojos sobre los ojos del muchacho, esos ojos eran realmente hermosos. Comenzaba a nevar. "¿No nos conocemos?", preguntó Charlotte. Terry volteó a ver a Edward antes de contestarle a la joven, que lo veía con una mirada más fría que la misma nieve y comprendió perfectamente; "No, no tenía el placer, hasta ahora; Charlotte."

-"¡Charlotte, es hora de irnos!"

-"¡Sí, ya voy, Ed! Dame un minuto, por favor." Terry soltó una simpática risita. "Entonces, Lottie, te iré a buscar al hospital." Antes de irse Terry besó la mano de Charlotte en forma de despedida. La chica se quedó pensando en cómo la había llamado e igualmente continuó con su camino. Iría de vuelta al hospital.

Cuando entraron Edward y Charlotte al estudio de Natallie, se encontraron con Mary quien estaba sonriente y traía una charola con una tetera y dos tazas para el té. Charlotte ya se había quitado los guantes y su gorrito de mink, Edward se quitaba la bufanda y comenzaba a desabotonarse la gabardina mientras regañaba a Charlotte; "¡No debes decirle en donde vives a los desconocidos!"

-"¡No sé por qué lo hice! Simplemente se me salió de la boca, como vómito verbal." Mary seguía sonriente. "¡Qué bueno que han llegado!"

-"¿Qué sucede Mary?" preguntaron los dos en coro, "¡Ha llegado Ben!" Charlotte se quedo viendo de manera extraña a Mary, quien de inmediato comprendió que Charlotte no tenía ni idea de que hacia él aquí. "Es una historia larga Charlotte… Pero pronto, espero, recordarás todo."

Ben estaba sentado en la mesa de juntas, al igual que Natallie, Dimitri y los Marbleutter. "¡Diana!" Charlotte corrió a los brazos de su amiguita quien vestía con un abrigo de piel y una bufanda y gorro de zorro. A pesar de traer tacones, no era más alta que Charlotte, olía a perfume dulce como rosas y un poco a fresas, en su piel había un poco de maquillaje y se veía muy bien, su cabello era lacio y le llegaba debajo de los hombros, casi llegando a los codos. Charlotte no pudo evitar soltar una lagrimita, "¿¡Por qué me mandaste lejos!" Diana no dejaba de abrazar a Charlotte cuando escuchó ésta frase; sintió algo frío en el pecho, a pesar de traer casi tres kilos de abrigo de piel encima. "Lamento mucho eso, Charlotte… Pero no sabía qué hacer… Qué hacerte." Ben se puso de pie y corrió para abrazar a Charlotte, la sujetó de la cintura y se la arrebató a Diana, la cargó mientras giraban. "¡Oh Ben, bájame!"

-"Lo siento, es la emoción de volver a verte, no te veía desde… em, tu boda."

-"¿Qué?" respondió Charlotte sorprendida, "Digo, digo; su boda, la boda de Diana. Ya han pasado; Julio, Agost… ¡Seis meses!" Ben logró distraer a Charlotte, la verdad no es que distraerla fuera muy difícil.

Cenaron todos juntos en un restaurante, lo que a Charlotte le fascinó. Estaba muy contenta de haber salido nuevamente del hospital y volver a la cuidad llena de color. El restaurante tenía una corona con muérdago en la entrada principal y dentro había guirnaldas de navidad, con moños rojos decorando y campanitas colgando, un gran árbol de navidad en una esquina del restaurante lleno de luz y color, todo el establecimiento se inundaba con el olor a pino y a pie de manzana, al entrar todos sintieron esa sensación cálida en las mejillas junto con el dulce y tibio aroma de comida que llenaba sus pulmones. Antes de que todos pasaran a tomar su asiento en la mesa Charlotte jaló a Edward y le dijo; "Primero que nada; mi caramelo." Charlotte abrió las palmas de sus manos; "¡Pero Charlotte!" La chica lo siguió viendo, "De acuerdo." Ed puso el gran bastón en las manos de Charlotte que aun tenían los guantes puestos. "Segundo; prométeme que no le diremos a nadie sobre el extraño en la calle. Con suerte tal vez jamás me vuelva a buscar."

-"Lo prometo, pero debes de darme la mitad de tu bastón entonces."

-"¡Que caro me salió tu silencio!" Charlotte rompió el caramelo por la mitad y guardó el resto en su bolsillo.

Edward llegó muy temprano a la habitación de Charlotte junto con Diana y Natallie, ésta última traía consigo el paquete que había enviado antes Diana, solo que ahora estaba envuelto con papel de regalo y tenía un moño azul cielo muy coqueto. "¿Qué se traen entre manos?" Dijo Charlotte mientras también sonreía de manera coqueta, Diana soltó una risita, su cabello era nuevamente chino, Edward habló; "Hoy tendrás muchas clases, Charlotte."

-"Dimitri y yo estamos de acuerdo en que solamente tengas terapia una vez a la semana, haz avanzado bastante y creemos que lo que más te ayudará ahora es practicar lo que ya sabías. Es un estimulante a la memoria, y que mejor forma que tocar el piano o dibujar o…" Diana interrumpió; "¡Bailar ballet!" Charlotte no pudo evitar sonreír, "Esta es la mejor terapia de todas." Natallie continuó; "…o ballet. Gracias, Diana. Debes recordar que si esto falla volveremos a los métodos de Dimitri, esperemos que eso no pase," dijo Natallie mientras compartía con Charlotte una sonrisa. "Bueno entonces, los dejo. Tengo trabajo pendiente…. ¡Ah! Lo olvidaba; arréglate para la noche, cenaremos todos juntos nuevamente, Dorian y Ben quieren verte. Y feliz navidad." Una vez dicho eso último, Natallie le entregó a Charlotte el paquete y antes de salir de la habitación le dijo; "Recuerda que solo lo puedes abrir hasta navidad." La chica asintió con la cabeza mientras Natallie cerraba la puerta.

Comenzaron con las clases de Ballet, en las cuales Diana fue la maestra, desde plies, hasta pointes, Solo faltaba el tutú rosado para tener un recital en la habitación de Charlotte. Un pequeño receso y Charlotte comió un pan tostado con mermelada para luego continuar con la clase de pintura. La enfermera de la otra vez se iba a asomar algunas veces a la habitación y observaba todo lo que hacían, desde el ballet hasta la pintura y los dibujos, que iban desde bocetos y carboncillo hasta ejercicios en óleo y un poco de escultura con masa. Todo era de maravilla y Charlotte, junto con Diana y Edward, se estaban divirtiendo, decían que todas las manualidades y dibujos serían regalos de navidad. Entre risas y platicas se pasó la hora de comer, llegó la enfermera Candy y los interrumpió; "Disculpen, pero la hora de comer ya se pasó y ya cerraron la cafetería."

-"Eso no es bueno, mi estomago gruñe," repuso Diana. "Pero no se preocupe, señorita, logré sacar tres menús. Es sopa de papá, guisado de pollo con papá y calabaza, agua y un pedazo de flan."

-"No cabe duda que es comida de enfermo," dijo entre dientes Edward, Charlotte le dio un codazo y él se quejo. Charlotte sonrió amablemente a la enfermera y le dijo; "Gracias Candy, eres muy amable y considerada, ¿no lo es, chicos?"

-"Sí, sí. Gracias," respondieron Edward y Diana con poco ánimo, pero eso le bastó a la chica enfermera. Dejó las tres charolas de comida sobre la mesa y salió con una sonrisa en el rostro.

Después de comer Diana se fue a lavar y Edward le pidió a Charlotte que se bajara al piano pues la clase iba a comenzar, Ed iba a ir a la habitación de Dimitri por las partituras y enseguida bajaría con Charlotte. La joven se sacudió el vestido al ponerse de pie y salió de la habitación, corrió hasta el estudio y cuando abrió la puerta de éste vio a un muchacho, quien vestía gabardina negra, dejando algo sobre el piano. "¿Disculpe?" El joven sorprendido se volteó a Charlotte; "¡Eres tú! ¿Terry, verdad?" El chico sonrió y enseguida se lanzó sobre Charlotte para darle un abrazo fuerte mientras le susurraba al oído; "Sí te acuerdas de mi nombre."

-"¡Cómo no me iba acordar del nombre de mi nuevo amigo!" Charlotte sonrió y se soltó de Terry. "Me da gusto volver a verte, Terry. Sinceramente no creí volver hacerlo."

-"Te dije que vendría a verte, ¿no es así?" Charlotte asintió con la cabeza. "Y dime; Terry, ¿Qué es eso que dejaste sobre el piano?" el chico se ruborizo; "Es un regalito para ti." Charlotte también enrojeció. Se le quedo viendo al chico fijamente a los ojos mientras el tomaba el paquetito que estaba sobre el piano y lo colocaba en las manos de la joven. "Es un detallito para que jamás me olvides." Charlotte sonrió y aun roja de las mejillas dijo; "Prometo no hacerlo." El corazón de Charlotte latía velozmente como si quisiera correr fuera de su pecho, la piel se le había erizado en el momento en que tocó la mano de Terry con la suya y una sonrisa de oreja a oreja estaba estampada en su rostro.

Diana entró al despacho y vio a Terry con ojos totalmente llenos de duda, "¿Qué hace… Por qué… Quién te dij… Quién es este hombre, Charlotte?"

-"Es mi nuevo amigo Terry." El chico estrechó manos con Diana como si fuera la primera vez que se veían. "Terry, creo que no deberías estar aquí, Charlotte está a punto de comenzar su clase de Piano y no creo que sea apropiado que…" Terry interrumpió; "Podría quedarme."

-"¡Sí!"

-"¡NO!" Respondió Diana. "No Terry, tú tienes que irte… antes de que lleguen los demás." Esto último lo dijo entre dientes y casi como un susurro. "Entiendo." Respondió Terry y antes de irse se volvió hacia Charlotte, la abrazó nuevamente pero ella se quedo inmóvil sosteniendo en sus manos el paquetito que le había dado; "No dejes que lo vean los demás, te lo quitarán… Guárdalo bien." Una vez escuchado esto Charlotte echó al bolsillo de su vestido el paquete para a continuación abrazar a Terry y susurrarle al oído; "Gracias." Se separaron y diana dijo; "¡Ya es suficiente! ¡Te tienes que ir!" Charlotte vio a Terry irse y con la mano le hizo una seña y cuando finalmente había desaparecido de su vista dijo para sí misma; "Adiós, mi nuevo amigo."