¿Felicidad?

Las manos de Charlotte todavía se movían torpemente mientras tocaba el piano, intentando coordinar ambas manos, pero el flujo de la música casi no se veía alterado, a pesar de la falta de práctica se escuchaba bien. Solamente un buen conocedor se daría cuenta de que Charlotte ya estaba algo oxidada, pero precisamente para eso eran las clases; para recordar. El despacho se llenó con la música mientras Edward negaba con la cabeza; "¡Para! Espera, escucha." Las grandes manos de Edward desplazaron a un lado las manos de la joven, comenzando a tocar; movimientos firmes pero a la vez fluidos y precisos, la música le salía del pecho e incluso cerró los ojos dejando que la melodía lo envolviera. "Así es como debe sonar."

-"Pero la canción es nueva para mí."

-"¡No! ¡Eso no importa! Si lo sientes, lo sientes. Debe salir de tu corazón, ¡ánimo Charlotte!"

La chica comenzó de nuevo, se arriesgo y cerró los ojos, comenzó a sentir ese flujo musical en sus venas que le recorrían todo el cuerpo hasta llegar a sus manos, sonriente terminó la pieza. "Mucho, mucho mejor. ¡Pero debes sentirlo más!" Charlotte se sintió alagada con la primera frase de Edward pero al escuchar la segunda todo ese ánimo se desplomó, solamente incitándola a mejorar y seguir intentando. Cada vez la pieza musical salía con mayor fluidez, después Edward comenzó a exigirle a Charlotte que se la aprendiera de memoria; "¿Y tú crees que todavía no me la sé? ¡Llevamos horas practicando!"

-"Y vamos a seguir… ¡Hasta que te salga!" dijo Edward en un tono algo retador, Charlotte suspiró y dejo colgar sus brazos; así mismo las manos cayeron del piano; "¡Quiero descansar! ¡Ya me aburrí! ¡Quiero comer mi bastón de caramelo!"

-"¡Eres peor que una niña de cinco años!" Charlotte se volteó a ver a Edward con una mirada retadora, también compartiendo el sentimiento de "ofendida", le sacó la lengua y al mismo tiempo Edward dijo soltando un suspiro mientras llevaba su palma a su frente; "¡Por favor!"

Al salir del despacho de Natallie escucharon ocho campanadas que provenían del pequeño reloj de la sala de juntas, Edward ya tenía puesta su gabardina y su bufanda solo se estaba poniendo sus guantes; "¡Vaya qué es tarde!" Charlotte soltó una risa entre burlona y I told you so. "Bueno Charlotte, hasta mañana." Una vez dicho esto, Ed hizo un pequeño gesto antes de retirarse, Charlotte lo abrazó antes de que se diera media vuelta, "Adiós, Edward. Gracias por ser paciente conmigo." El chico al principio algo sorprendido por el gesto, pero después sonriente le dio unas palmaditas en la cabeza a Charlotte como si fuera un cachorrito. "Eso intento… Eso intento." La chica lo vio irse, algo cansada se dirigió a su habitación mientras soltaba un gran bostezo y estiraba los brazos. Finalmente cerró la puerta de su habitación al mismo tiempo que con la otra mano se tallaba los ojos, en la mesita que había en el centro de la habitación estaban un plato y un gran vaso de leche, junto había una notita; "Mary y yo estábamos aburridas, preparamos unas galletas y aquí está tu porción. Bon appétit." Charlotte sonriente leyó la nota, al finalizar tomó una galleta y la saboreo hasta la última migaja. Con otra galleta en mano se acercó a su gran ventanal en donde solo pudo ver blanco y una que otra luz, se volteó a ver su pequeño arbolito de navidad en donde había unos cuantos regalos que le habían estado dejando. Recordó el paquetito que Terry le había dado y así mismo comenzó a buscarlo en el fondo de su bolsillo, sus dedos se encontraron con la cajita, Charlotte sacó el paquetito y de un bocado se comió el resto de su galleta.

Lentamente abrió el paquetito y dentro había una cartita pero nada encima de ésta, la pequeña nota decía; "Para Charlotte, la chica que espero jamás me olvide, pues yo nunca la olvidaré." Charlotte metió sus dedos en la cajita y con la yema de éstos sintió algo duro y frío. Al sacar el objeto y finalmente poder verlo; Charlotte lo encontró fascinante, era un guardapelo. Con un detallado que parecía ser una enredadera y en el centro una pequeña flor, era de oro al igual que la delgada cadena que lo acompañaba. Por detrás tenía grabada una inscripción; "Tu vivras dans ma mémoire toujour, ma petite Charlotte." Charlotte recordó el otro regalo que había recibido no hacía mucho; su pulsera de plata, la había escondido. Pronto encontró la otra carta y comparó la caligrafía, eran la misma. Charlotte colocó sobre la mesa el guardapelo, la pulsera y las dos cartitas. Se volvió hacia el árbol de navidad y tomó el paquete con el moño coqueto que le había dado Natallie. Le arrancó la envoltura y descubrió lo que yacía dentro del paquetito era un cuaderno. Al principio no lo reconoció pero se dio cuenta después de qué era; su diario.

En busca de respuestas por los dos regalos recibidos comenzó a buscar fechas, nombres, todo. Las fechas ahí estaban pero los nombres, nada. En el instituto habían comenzado una costumbre ella y Diana junto con Mary y Natallie; nombres clave. Pero todo el diario estaba lleno de nombres clave, por supuesto no tardó nada en reconocerse a sí misma y a sus amigas y amigos pero había unas cuantas personas que no tenía ni idea de quienes eran. Pasaba las páginas tratando de hacer conexiones pero no lograba nada, el diario terminaba a principios de junio, finales de mayo de 1920. Desesperada soltó unas lágrimas de coraje, torció la boca y tomó la pulsera y el guardapelo, en su diario metió las cartitas y lo colocó en el librero, tomó un libro; "The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde." Por Robert Louis Stevenson y lo envolvió haciendo un señuelo para el paquete que había destrozado.

Al otro día entró Diana a la habitación y despertó a Charlotte, quien se había quedado dormida con la ropa puesta y el guardapelo y la pulsera bajo la almohada. "Charlotte… Despierta; adivina que día es hoy…" Diana picaba a Charlotte con su dedito mientras intentaba despertarla, la chica abrió lentamente los ojos y tras un gran bostezo dijo; "¿Qué día es hoy?"

-"24 de Diciembre de 1920, afuera hace fío, hay nieve y hoy en la noche llega Santa Claus. ¿Qué más quieres saber? ¡Anda levántate qué tu clase comienza en diez minutos!" Charlotte sin ánimos y algo cansada se preparó para su clase, se lavó la cara y fue al baño a cepillarse los dientes. Al volver a la habitación se encontró con Diana y una barra para hacer ballet, era de madera y era de esas que eran "portátiles" Charlotte sonrió; "¿De dónde la has sacado?"

-"Me la prestaron, ahora; ¡a trabajar!"

Diana hizo trabajar el gramófono, la música comenzó a sonar e inició la clase. Para comenzar; estiramientos. Diana era más flexible que Charlotte así que le exigía más, ambas parecían contorsionistas de circo mientras hacían calentamiento, ahora que tenían la barra era mucho más sencillo. Se abrían de piernas y luego echaban el torso hacia enfrente, con los brazos estirados; con la finalidad de que su frente tocara el piso. Luego sentadas con las piernas estiradas hacían first position and elevation, el ejercicio consistía en elevar la pierna en primera posición y apuntar mientras bajabas, Diana cantaba; "Pico, pico, perico." Charlotte comenzaba a reírse, entonces Diana comenzaba a exigirle más. Tras un par de horas de clase de danza clásica en zapatillas suaves, Diana se acercó al gramófono que habían estado utilizando para la clase y colocó otro disco, sacó las puntas, y dijo; "Vamos a bailar." A Charlotte nunca le habían gustado las puntas y por supuesto no eran su fuerte pero las palabras motivacionales de Diana hacían que no se rindiera, pues bailar en pointes era todo un arte. "No aprendiste a bailar en cualquier academia, era una academia afiliada al método de Vaganova, de en asociación con The Imperial Ballet School. ¿Qué crees que pensaría Agrippina Vaganova si te viera? ¡Ella pudo, entonces tú puedes! ¡Hazla orgullosa del baile clásico, vamos Charlotte!" las dos chicas bailaban un fragmento de Lebedínoye óziero (El lago de los cisnes.) Una gota de sudor bajaba por la cien de Diana mientras Charlotte se estiraba más y más como si quisiera que su cabeza tocara el techo. Finalmente ya no salía más sonido del gramófono. Ambas yacían en el piso de la habitación, jadeantes por el esfuerzo. "Muy buena clase, Lottie."

Terry estaba en la recepción del hospital buscando a Charlotte, vio a una enfermera y le preguntó; "Disculpe señorita, usted sab…"

-"¿Terry? ¡Terry!"

-"¿Ca… Can… Candy?" La enfermera ya se había lanzado a los brazos del chico, mientras él sumamente desentendido y perplejo se había quedado congelado ante el totalmente inesperado encuentro. "¡Oh Terry!" Los ojos de Candy se llenaron de lágrimas que rodaban por sus mejillas e inundaban sus ojos verdes. "¿Qué sucede Candy?"

-"Déjame abrazarte, Terry."

El chico dejó que Candy llorara un poco mientras recargaba su cabeza sobre su pecho, él intentaba abrazarla también pero ella lo tenía sujetado del torso y de los brazos, sosteniéndolo muy fuerte. Entre sollozos y sonrisas Candy se despegó lentamente de Terry, él la sujetó de la barbilla y le sonrió; "Aun sigues enamorada de mí. Lo veo en tus ojos." Candy se apartó inmediatamente, mientras se sonrojaba y se cubría los labios para ocultar esa gran sonrisa reveladora en su rostro. Terry no pudo evitar reír un poco a causa de reacción de Candy, ella al notarlo arrugó la nariz haciendo así mismo un énfasis en sus pecas que yacían sobre ésta, Terry rió un poco más. "Mejor dime Terry, ¿Qué haces aquí?"

-"Vengo a visitar a una muy querida amiga." Candy se sintió alagada pues pensó que era ella, pero al notar que Terry no había reaccionado ante su mirada coqueta, quitó ese ridículo gesto de su cara y no pudo evitar preguntarle a Terry por su amiga; "Se llama Charlotte, lleva aquí varios meses. ¿Sabes de casualidad cuál es su habitación?" Candy no pudo evitar sentir celos mientras su estomago se hacía pequeño suspiró hondo y le respondió; "Lamentablemente las horas de las visitas se han terminado, pero yo tengo dos horas libres. ¿Vendrías a comer conmigo, Terry?" La decepción de Terry fue algo obvia en su rostro al escuchar que ya no podría ver ese día a Charlotte, ahora frente a él estaba Candy y le ofrecía comer juntos, para no ser descortés accedió a la invitación de la chica.

Ambos salieron del hospital y comenzaron a caminar por la nieve hacia la calle principal en donde Terry tenía estacionado su auto. Candy le pidió que por favor no usaran el auto, que prefería ir caminando al restaurante, sabía que así Terry la tomaría del brazo y la calentaría con su aliento; si tenía suerte. A pesar de que algunos años habían pasado, Candy seguía sintiendo nervios al estar junto a Terry. "Terry, ¿puedo tomarte del brazo?" El chico le ofreció su brazo, como el caballero que era pero se dio cuenta de que Candy cada paso que daban más se le acercaba y los latidos de su corazón eran tan rápidos como los de un ratón y tan ruidosos como un gran tambor.

Rápidamente llegaron al restaurante y tras una silenciosa comida, Terry pidió un té y Candy una taza de café. "¿Terry?"

-"¿Si, Candy?"

-"¿Por qué vas a buscar a esa chica?" Terry soltó una risita y luego subió la mirada, que antes tenía clavada sobre su té, para ver directamente a los ojos verdes de Candy, y contestó; "Porque estoy enamorado de ella." A Candy se le llenaron los ojos de lagrimas y la boca le comenzó a saber amarga, no era porque el café estuviese malo, aun quería un poco a Terry y el haberlo visto hoy en el hospital la había hecho tan feliz y ahora todo eso se esfumaba como el humo que salía de su café y lentamente se consumía en el frío del ambiente.

Después de eso, terminaron el postre en silencio, Terry en realidad no había querido decirle esto a Candy pero de otro modo sabía que si ella se llegara a enterar de otra manera nuevamente rompería su corazón, como alguna vez lo hizo cuando apenas eran un par de estudiantes. Terry recordaba aquellos días en el colegio y sin nostalgia los dejaba atrás, podía ver por el rabillo de su ojo que Candy dejaba rodar un par de lágrimas sobre sus mejillas. Para hacer el proceso de separación más sencillo; Terry pidió la cuente y se llevó a Candy a pasear al parque, esta vez no la tomó del brazo. Comenzaba a nevar y hacer un poco de viento, el abrigo de Terry lo protegía perfectamente del frío pero la gabardina blanca de Candy y su bufanda color morada no la protegían del todo bien, de vez en cuando temblaba un poco. Se sentaron en una banca sin dirigirse la mirada, Candy soltaba suspiros que se convertían en vapor de agua al encontrarse con el frío. "Tengo que irme Candy…"

-"¿Te volveré a ver?"

-"Nada me gustaría más, eres una gran amig…" Candy no podía soportar escuchar que Terry la llamara amiga, por lo menos no en ese momento, que su corazón aun latía un poco por él. Para callarlo había plantado en sus labios un dulce y tierno beso, sellando su último encuentro para así mismo dejar a Terry dentro de sus memorias nada más. El beso fue breve pero tan dulce y cariñoso como la misma Candy, Terry se apartó y acarició la mejilla de Candy. "Adios, Candy." Se levantó y despareció entre la nieve y el viento de aquel 24 de diciembre.

Candy observó como su caballero se alejaba y sentía un poco de frío por dentro al dejarlo ir, pero comprendió una vez más que si él así era feliz así debía estar. Lentamente el frío despareció de su pecho mientras el viento se llevaba sus risos doraros y chocaba contra sus mejillas. Poco a poco la nieve invadió sus pies, su cabello y su ropa, Candy dejó la nieve en donde estaba, se levantó y lentamente ésta fue despareciendo, como el pequeño dolor en su corazón, por el chico que alguna vez amó.