El verano se acercaba, y por ello, el calor empezaba a ser bochornoso. Ni una pequeña ráfaga de viento traía ese cielo azul, que sin pudor alguno, no mostraba ni una sola nube, que pudiera cubrir esa gran y ardiente sol.
Pájaros cantando, las chicharras sonando, el aire ondeándose y miles de estudiantes, vestidos con los uniformes de verano, compuestos de camisas de manga corta blanca y pantalones azulados para ellos, y la misma camisa blanca y la falda corta con media que sólo iba un poco más abajo de las rodillas, para ellas, se mantenían escondidos bajo la sombra de los árboles en esa ardua hora de descanso.
Un gran edificio se alzaba tras ellos, era el instituto Konoha. Un instituto simple, antiguo y lleno de estudiantes de todo tipo de ciudades. Muchas aulas, una piscina, gimnasio...un instituto normal con alumnos normales de entre 14 y 20 años.
Uno de esos alumnos en ese instituto era el que se encontraba precisamente en la aula de profesores, supuestamente siendo regañado por uno de los tantos profesores que enseñaban.
Kakashi-sensei, un hombre de 48 años, vestido con una simple camisa blanca remangada y unos pantalones negros, de cabello plateado, alto y a la vista muy, muy atractivo era uno de los profesores de ciencias, y por cierto, el tutor principal de una clase en especial. La clase de 2C.
Este, alzó la mirada hacía su alumna, al parecer, preocupado.
-¿Qué ha ocurrido Hinata?-
La nombrada en cuestión, bajó la mirada, totalmente sonrojada mientras sus mano, juntas sobre su falda, se apretaban con nerviosismo. Con su largo cabello azulado agarrado en una cola alta, su uniforme escolar, también arremangado y su mirada casi violeta, observó de reojo ese papel sobre la mesa del profesor. Un papel que llamaba la atención por ese número rojo en una de sus esquinas, un número que jamás pensó ver.
15
Desvió la mirada, queriéndose olvidar de esa nota. ¿Cómo había podido ella sacar una nota tan baja?
-Lo siento- susurró ella, avergonzada, sin saber que más añadir. Y es que, nada más podía añadir. Con una nota así, no había excusas algunas.
Suspirando, Kakashi observó la hoja, la agarró y la releyó, incapaz de creerse eso. Hinata bajó su cabeza.
-Me parece algo...extraño que siendo la mejor estudiante de la clase, hayas sacado esta nota- volvió a mirarla, esperando encontrar algo en su mirada que le delatara una respuesta- ¿Ha ocurrido algo que deba saber?
Los ojos violetas de Hinata se abrieron por completo mientras sus mejillas se sonrojaban furiosamente. Ciertas imágenes pasaron por su cabeza.
Una visita, una habitación, dos personas, una cama...
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Calor. Pensó Hinata, tumbada en la madera que daba a su jardín, con un pequeño abanico dándose aire, una bandeja con un plato lleno de trozos de sandía comida y libros de Anatomía a su alrededor. Fijó la mirada en el cielo, tan azul, entrecerrando la mirada ante ese ardiente sol que parecía burlarse de ellos al verlos sufrir. Sin una nube, con esas pequeñas e insignificantes ráfagas de aire, que movía el móvil colgado con un pequeño cascabel que sonaba a cada entrada pequeña de aire.
Ese debía de ser el verano más caluroso en Konoha
-Hinata-sama-
Una de las sirvientas entró, arrodillándose en el suelo e inclinándose para saludarla. Hinata se sentó, sonrojándose al verla. Le costaba todavía ver a las sirvientas arrodillarse ante ella, que no la miraran directamente a los ojos. No era ella la jefa de la casa, no era ella la rica, todo eso pertenecía a sus padres, tan sólo era la hija de un hombre mundialmente famoso por sus negocios y una madre ex cantante, que en su tiempo, había sido una de las mejores voces de todo Japón.
Ella era una chica normal
-Tiene una visita-
Se asombró de repente, una visita, un domingo, ¿y para ella?
-¿Para mi?-
-Si señorita- Hinata se extrañó
-Y...¿quien...?-
-Me dijo que no le dijera nada. Que que quería darle una sorpresa-
-¿Sorpresa?-
La sirvienta hizo una reverencia y salió de la habitación. Hinata repasó mentalmente quien podría ser esa persona que la vendría a ver a ella.
¡No esperes y ves a mirar, baka!
Se reprimió ella misma, sonrojándose ante su lentitud. Se levantó y con abanico en mano, salió de la sala, sin dejar de pensar quien podría visitarla.
Sus padres no estaban, y no creería que si se hubieran dejado algo la avisarían, su primo había llevado a Hanabi a uno de los campeonatos de natación, Kiba estaría seguramente vagueando en la playa con Shino, e Ino, Tenten y Temari estaban con sus familias, pero no pensaría que fuera una de ellas, puesto que no les daría una sorpresa.
Y de pronto, al final del pasillo se detuvo, abriendo sus ojos por completo, dejando que el abanico cayera de su mano. Su camisa blanca medio desabrochada, con una corbata mal colocada, sus pantalones elegantes de color azul oscuro, sus zapatos pulidos, su porte, su cabello peinado hacía atrás, su piel morena, su sonrisa...
Boqueó, intentando dejar salir las palabras de su garganta, que parecían negadas a hacerlo.
El hombre parado en la entrada de la puerta, sonrió zorrunamente al verla. Se quitó de su cara las gafas oscuras, y unos ojos tan azules como el mismo cielo en verano se dejaron ver con un especial brillo.
-Sorpresa- dijo este, observando a la figura parada al final del pasillo, que parecía incapaz de pronunciar palabra- al parecer lo he conseguido. Ha sido una gran sorpresa- guardó sus gafas de sol en el estuche apropiado, volviéndolo a meter todo en la maleta que llevaba y la dejó en el suelo, cruzándose de brazos tras ello- sabes, todavía estoy esperando que vengas y...-
-¡Naruto!-exclamó Hinata corriendo hacía él y saltando a sus brazos, envolviéndolo con piernas y brazos en un abrazo muy afectuoso.
Naruto la rodeó con lo suyos, sonriendo ampliamente.
-Te echado de menos- susurró ella, con lágrimas asomando por sus ojos- mucho, mucho-
Sus brazos la estrujaron, sin poder dejar de sonreír.
-Yo también conejita- cerró sus ojos, aspirando el dulce aroma que desprendía el pequeño cuerpo en sus brazos.
Pero Hinata separó su rostro, mirándole con las mejillas infladas y la mirada entrecerrada. Naruto alzó las cejas sin comprender, o haciendo ver que no comprendía. Su sonrisa lo delataba.
-Odio que me llames así- masculló
-¿Así como? ¿Conejita?- ella le golpeó en el hombro, molesta y sonrojada- ¿Qué? No me digas que no es lindo- bromeó él, riendo- además, es el mote perfecto para...-pero, tomándole por sorpresa, la peliazul juntó sus labios, ahuecando las manos en sus mejillas, con sus ojos cerrados.
En su interior sonrió, observando las mejillas sonrojadas de la chica. Hinata se separó un poco, abriendo sus ojos, pero sin atreverse a mirarle a la cara.
-Te amo-
Con la frente apoyada contra la de ella, Naruto volvió a sonreír, cerrando sus ojos.
-Me encanta oírte decir eso- susurró él, abriendo sus ojos para observar los de ella y fijar la mirada en sus labios, que, ahora él beso.
Suave, lento, separándose y volviendo a juntarlos. Un beso que únicamente demostraba cuanto se amaban.
Hinata se separó, observando con una sonrisa a esa persona que tanto amaba. Esa persona, que a pesar de quien era, la amaba tanto como ella a él.
Uzumaki Naruto, un hombre de 26 años, rico, con un trabajo que le aportaba millones, un hombre de negocios que trabajaba para una gran empresa, la empresa Hyuuga.
Y para su buena o mala suerte, era la mano derecha de su padre.
Su padre hacía tiempo que sabía sobre su relación, de hecho, se enteró de la peor forma, besándose en el salón, con Naruto sobre ella, en el sofá. Al principio, y como pensó, no se lo tomó nada bien, y por ello, su padre la castigó y a Naruto estuvo apunto de despedirle. Por sus millones de disculpas, Hinata consiguió de que lo despidiera y a cambio ella prometió ponerse a estudiar seriamente, dejando para siempre a Naruto.
Por supuesto, eso no funcionó.
Tanto ella como Naruto, sin poder evitarlo, caían en la tentación. Sabían que tenían prohibido verse, pero su corazón era más fuerte que su razón, y Naruto, sin poder aguantar más. Se presentó en casa de su padre y durante horas y horas estuvieron charlando en su despacho.
No supo de que se hablaba ahí, pero en cuanto la puerta y salió Naruto con una sonrisa, ella se levantó y acercó preocupada. Naruto sólo apoyó la mano en su cabeza y le guiñó el ojo, provocándole un ligero sonrojo.
-Nos vemos mañana- y tras unos golpecitos en su cabeza, se alejó y salió de la casa. Hinata entró corriendo al despacho y murmuró preocupada a su padre. Este la miró con el ceño fruncido y ella se temió lo peor.
-Papá que...-
Pero Hiashi suspiró de repente, frotando con sus dedos el puente de su nariz.
-Nunca he perdido ante nadie...-la miró y Hinata sintió ganas de llorar, al notarlo, Hiashi sonrió y ella se extrañó- pero creo que esta vez, aceptaré la derrota-
Sin comprender, se acercó lentamente la mesa
-Q-que quieres...- Hiashi apoyó los brazos en la mesa, juntando sus manos.
-Alguien como él...-sonrió incrédulo, mirando a su hija- Hinata, ve por él-
Quedó boquiabierta, mirando a su padre incrédula. Eso que le estaba diciendo significaba lo que estaba diciendo.?
-Eres libre de amar a quien quieras, hija-
Y con una sonrisa radiante iluminando su cara, salió de ese despacho a prisa, y sin ponerse los zapatos, con tan solo los calcetines, salió corriendo a la calle, pisando la nieve fría. Abrió la puerta de su jardín, mirando a ambos bandos de la calle, con el vaho saliendo de su respiración y sus mejillas sonrojadas.
Al final de la calle lo vio y de nuevo echó a correr.
-¡Naruto!-
El rubio se detuvo y volteó, asombrándose y cogiéndola al vuelo. Hinata enredó piernas y brazos, sin dejar de sonreír.
-Hinata que...? podrías resfriarte si...-
-¡Te amo!- exclamó con sus ojos cerrados y sus mejillas encendidas, estrujando su abrazo.
Sonrió momentos después, devolviéndole el abrazo con la misma intensidad.
Él también estaba contento.
-No creo que más de lo que lo hago yo-
Por supuesto, al día siguiente, pilló un resfriado.
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Y perdida en sus recuerdos, siguió mirando los ojos azules de esa persona que tanto amaba y sin dejar de sonreír, acercó sus labios y lamió sus labios, como si de un perrito se tratara cuando besaba a la persona querida.
-¿Y eso?- preguntó él, extrañado pero divertido
-Es un beso de lengüita- dijo ella con tono de niña pequeña, haciéndole sonreír y provocando que la abrazara de nuevo.
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Y minutos después, los dos volvieron a sitio donde ella había estado tomando el fresco. Hablaron, comieron más trozos de sandía, se besaron... y todo ello, sin separarse ni un momento. Naruto sentado tras ella, con su camisa arremangada y su corbata mal puesta, con el cabello empezando a revolverse, mientras que ella, delante de él y apoyada contra su pecho, le explicaba todo lo que había estado haciendo en los tres meses que él había estado en el extranjero.
Sin poder dejar de sonreír, y si seguramente parecería un idiota, Naruto apoyó sus manos sobre la madera, contento, feliz de estar junto Hinata. Ese chica que pese a la diferencia de edad que les separaba, amaba más que a nada en el mundo. Esa chica que sin saber como había robado su corazón como antes nunca lo había conseguido.
Dios, se estaba volviendo un cursi
Bajo su mano entonces, notó algo y viró el rostro, agarrando ese libro y poniéndolo delante de ella.
-¿anatomía?-
Hinata asintió, agarrando el libro con una mueca.
-Kakashi-sensei nos puso un examen para mañana- pasó las páginas, frunciendo los labios. Odiaba las ciencias. Eran tan aburridas- no me gusta- masculló, mirando todo lo que tenía que aprenderse.
Naruto miraba cada página que pasaba, fijándose en cada dibujo, en cada título en cada...una sonrisa ladina curvó sus labios cuando una brillantisima idea llegó a su cabeza. Miró a Hinata, que se había detenido a mirar una de las fotos con fijeza.
-Quizá yo pueda ayudarte-
Hinata le miró con una gran sonrisa y una mirada de súplica, a lo que él, sonriendo, le quitó el libro y lo cerró. Se levantó y agarrando su pequeña mano, la levantó a ella también.
-Naruto-kun...-
Los dos salieron de la sala y subieron las escaleras. Naruto la introdujo en su cuarto y tras él, cerró la puerta...con llave.
Hinata se volteó, extrañada al verse en su habitación.
-Naruto-kun, ¿porque estamos aquí?-
-Vamos a estudiar- respondió él, parándose a un paso de ella para observarla detalladamente. Con esa camisa de tirantes mostrando parte de sus pechos y ese cuello tan delicioso, junto con ese pantalón corto.
-Pero los libros...-
-No nos hacen falta los libros-
Y con la misma sonrisa, empezó a desabrochar los botones de su camisa, casi tirando de ellos. Hinata se sonrojó cuando vio su torso desnudo, y se retiró un par de pasos.
-N-Naruto.. qu-que estas...porque...¡kiiah!-
Cayó sobre la cama y Naruto se colocó sobre ella, una pierna a cada lado y una mano a cada lado de su cabeza.
-Na-Naruto...-
Sonriendo con malicia, uno de sus dedos recorrió desde su cuello, acariciando por su clavícula y rozando su pecho, tirando de la camisa hacía abajo.
Sus mejillas enrojecieron furiosamente mientras sus manos se agarraban con fuerza a la sábana. Naruto acercó su rostro hasta su cuello y ahí, aspiró su aroma, deleitándose con él. Con su lengua lamió su cuello, provocando que Hinata cerrara sus ojos.
Su corazón latía muy acelerado.
-No sé si te lo había dicho...-susurró Naruto en si oído mientras que una de sus manos agarraba y enredaba el cabello entre sus dedos. No pudo verlo, pero una sonrisa socarrona surcó su rostro- pero en cuanto a anatomía se refiere...soy el mejor-
Y tras esas palabras, y con el corazón latiendo a mil por hora, dejó que él se ocupara de enseñarle la lección.
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-¿Hinata?-
La peliazul despertó y volvió a sonrojarse furiosamente al haberse visto perdida en esos recuerdos. Kakashi la miró extrañado.
-¿Estás bi...-pero ella le miró y se inclinó a modo de reverencia.
-¡L-lo siento! Le prometo que me esforzaré la próxima vez-
Y a prisa salió de esa aula, sin detenerse hasta el baño, donde se paró delante de los espejos. Se miró. Sus mejillas sonrojadas, su mirada brillante, sus labios secos y su piel ardiendo de calor. Alzó su mano y tiró de esa camisa un poco hacía abajo. Sobre su pecho, una marca roja destacaba sobre su blanca piel. Cerró sus ojos, recordando ese momento bajo su piel, sus manos, sus besos, su cuerpo...
Abrió sus ojos, mirándose en aquel gran espejo. Su mirada había cambiado, brillaba más y parecían más oscuros. Desvió la mirada, avergonzada.
Se estaba volviendo una pervertida
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A la salida de clases, Hinata vislumbró en la entrada a Naruto, esperándole con su elegante coche y vestido de traje. Se encaminó a él, totalmente sonrojada y se montó sin dirigirle palabra. Naruto arrancó el coche y cuando ya se encontraron más alejados del colegio, él fue el primero en hablar.
-Suspendiste-
Ella viró a verle al momento, asombrada, con sus mejillas sonrojadas. Sin apartar la mirada de la carretera Naruto continuó.
-Pensé que después de la clase que te di aprobarías pero...-sonrió ladino- creo que te di información de más-
Hinata bajó su mirada, mordiendo su labio, totalmente sonrojada.
Paró en un semáforo y la gente pasó de un lado a otro. Suspiró de repente.
-Tendré que darte clases extras- Al momento ella le miró, sorprendida. ¿Clases extras? Con ello se refería a...volteó a mirar hacía delante, sintiendo sus mejillas ardiendo.
Apretó las manos unidas sobre su mochila, con su corazón acelerado.
El semáforo cambió y Naruto volvió al camino, sonriendo socarrón.
-Tus padres no estarán este fin de semana, tampoco Neji, y Hanabi puede quedarse perfectamente sola en casa. Están los miles de sirvientes que cuidarán de ella. Así que, pasarás la noche en mi casa-
Abrió sus ojos violetas al completo y viró lentamente su rostro a él. Naruto volvió a sonreír, mostrando su sonrisa maliciosa.
-Y dime, conejita- volvió a coger un semáforo y en ello la miró. Sus ojos azules brillaban de travesura y esa sonrisa en sus labios parecía no querer desaparecer-¿tienes algún otro examen para mañana?-
Le guiñó el ojo y boqueando, Hinata viró su rostro, sintiendo sus mejillas sonrojadas fuertemente y su corazón latir a mil por hora. Naruto volvió a mirar la carretera, arrancando y girando el auto por el camino que los llevaría hasta su piso.
Era un lunes cualquiera, el día había terminado y él acabado con sus quehaceres en el trabajo. Había decidido ir a buscarla, pues tenía interés por saber cual había sido la "nota" de Hinata en el examen. Cuando se encontró con su anterior profesor, Kakashi, sabiendo que ahora era el de ella, le preguntó por su nota. Se llevó una gran sorpresa al saberla.
-No lo entiendo- dijo Kakashi frotando su mentón- Hinata es la mejor estudiante que tengo en clase, pero sus notas en ciencias últimamente son muy bajas-
Naruto sonrió, dejando a Kakashi algo extrañado
-¿Que ocurre?-
Naruto le miró, sin dejar de sonreír.
-No te preocupes Kakashi. Haré que Hinata-sama vuelva a subir sus notas-
Kakashi se marchó no muy confiado por esas palabras ni por esa sonrisa. Todavía conocía a su alumno y sabía que algo bueno no se tramaba en esa cabeza.
-La reproducción sexual- respondió Hinata casi en un murmuro, mirando un punto del coche totalmente abochornada.
¡Eres una pervertida!
Con una sonrisa zorruna, Naruto cambió las marchas de su coche y pisó el acelerador.
-En eso...también soy el mejor-
=FIN=
¿Merezco Reviews?
Gracias a todos y siento la tardanza, pero estoy en época de exámenes.
Hasta la vista!
