El viajero
Era víspera de año nuevo y todos se encontraban en la misma habitación donde habían celebrado navidad, ésta vez diana había cocinado un guisado sencillo de carne de res y champiñones en salsa de tomate que sería servido con pasta. Charlotte había preparado un delicioso postre, un mousse de chocolate con almendras y fresas decorativas, cocoa espolvoreada y azúcar molida. La velada pasó lentamente y todos comieron y bebieron hasta tarde. El frío de la habitación no impedía la celebración de la llegada de un año nuevo, apenas unos minutos para las doce, Charlotte y Mary sirvieron el postre mientras Edward deleitaba a todos tocando una esplendida pieza de piano, la cual acababa de improvisar. Natallie conversaba con Ben y Dorian, para conocerlos mejor, pero a pesar de conocerse de hacía poco la estaban pasando muy bien. Era una hermosa noche para la víspera de año nuevo, aquel salón estaba lleno de alegría y luz, el estar con sus amigos hacia que Charlotte pareciera nunca haber sufrido ninguna pérdida de la memoria.
El frío de la cabaña apenas era soportable ya que ni una taza de chocolate suizo hacía que éste desapareciera por completo. Los olores morían lentamente con el frío, apenas era perceptible el olor a cedro y piel, la humedad había opacado por completo al esquicito olor a esencia de eucalipto que tanto adoraba Joe, tras la puerta de pino los perros gozaban de su último gran festín, finalmente la carne se había acabado. Era hora de partir, apenas se había comido su rebanada de pan tostado, todo ya estaba listo. Ahora tendría que desaparecer en el tiempo al igual que su alguna vez amada Caroline.
No sentía lastima ni tristeza, solamente se encontraba en paz, ahora que había recolectado todas sus pertenencias y toda su fortuna emprendería un viaje a la tierra que siempre había soñado visitar; La tierra del sol naciente. Echó una última mirada hacia atrás para ver la pequeña cabaña, testigo de lo que en noviembre había pasado, soltando un suspiró cerró la puerta de pino para dejar atrás todo eso, incluso a sus amigos, a quienes sabía que no volvería a ver. La noche anterior había escrito una carta que enviaría a casa de los abuelos Elric, pues era la única dirección que se sabía, la carta iba dirigida a Mary y Charlotte, con quienes se disculpaba y les decía adiós, aunque el mensaje era para todos.
En sus ojos negros azabache se reflejaba el fuego que ahora consumía la pequeña cabaña, Joe hacía un esfuerzo para no voltear hacia atrás una vez que ya les había dado la orden a los perros para marcharse al sur de la montaña. Su gran abrigo lo cubría perfectamente del frío pero sabía que extrañaría aquel calor de la extraña soledad que tanto gozaba, mientras leía Edgar Allan Poe y tomaba una taza de chocolate suizo acompañado por un pan tostado a la chimenea. Solamente sentía nostalgia por aquellos días, solamente quería olvidar y así mismo encontrar algo nuevo que le brindase esa sensación de la que le causaba gran deleite. Ahora sería un viajero, uno que nadie noto, uno al que nadie extrañaría, uno que nunca existió
Terry se encontraba reposando en su habitación mientras tomaba una copa de vino recostado frente al gran ventanal del hotel, que daba una vista espectacular del cielo nocturno, acogido por el calor de la chimenea que de vez en cuando crujía al consumir la madera. Un año nuevo estaba comenzando frente a él con una bella luz de luna, que solo podía significar éxito. Sonriente se terminó la copa, empinándola hasta beber la última gota de aquel líquido rojizo, saboreando el delicioso licor se recostó en la gran cama que había justo enfrente de la chimenea.
En un parpadear de ojos ya había amanecido, la mucama lo había despertado; "Disculpe señor, aquí está su desayuno."
-"No se preocupe, gracias." La joven algo tímida ante tan apuesto muchacho apenas si podía hablar, estaba ruborizada y se ruborizó más al verlo directamente a los ojos, a sus ojos azules y profundos como el cielo. "Llegó una carta señor…" Terry disfrutaba de la reacción de la mucama, le fascinaba que le recordasen lo galán que era. Tomó la carta de las manos de la joven y al mismo tiempo ésta salió disparada de la habitación. Terry rió, abrió la carta mientras servía té negro y agregaba un poco de leche y miel, comenzó a leer y dio un sorbo al té. Había una invitación anexa a la carta.
"La Casa Real de Inglaterra esta complacida en invitarle a la casa de Sandringham, para celebrar el nuevo portador del ducado; Terrence Greum Shinemoon."
El té de Terry se enfrió pues no pudo darle otro sorbo más, la carta y la invitación eran para pasar el señorío de su padre a él. La carta era de su padre, quien lo felicitaba por las fiestas en primer lugar, le pedía que regresase a Inglaterra lo más pronto posible… "La invitación que te hemos mandado es solo la preliminar, puesto que necesitamos que estés aquí para poder comenzar con todos preparativos del evento." Concluía con felicitarlo por su grandiosa actitud, aludía su gran perseverancia en su búsqueda de la felicidad, pero al mismo tiempo demandaba su presencia en Inglaterra. Terry comenzó todos los preparativos para regresar a Inglaterra, pues a pesar de todo el ducado era parte de él. Aunque los últimos años había huido de aquel titulo, muy en sus adentros ansiaba el momento de portar el título de Duque. Dimitri daría pronto de alta a Charlotte y planea llevársela de todos modos, solo que ahora tendría que apresurar el proceso.
Una vez todo listo para partir se dirigió a la puerta del hotel donde había un auto esperándolo para ir por Charlotte al hospital. Terry vestía con un abrigo negro y una bufanda pues el frío de la mañana llenaba la recepción del hotel.
Charlotte bostezaba mientras abría lentamente sus ojos, había dormido toda la noche tranquilamente y ahora los pocos rayos de sol que lograban colarse por las espesas nubes de enero habían logrado despertarla. Su cabello largo y lacio caía sobre sus hombros cubriendo un poco de su espalda, su cabellera había crecido bastante. Sonreía mientras se acercaba al gran ventanal para abrirlo y sentir la fría brisa de la mañana en su rostro, a pesar de tener la tez blanca; Charlotte tenía siempre las mejillas rozadas, no importaba si hacía frío ella siempre estaría llena de color y de alegría. Su camisón blanco se ondeaba por el viento que se colaba por la ventana al igual que su hermoso cabello dorado.
Terry interrumpió en la habitación de Charlotte, quien se cubrió al ver al chico entrando por el marco de la puerta. "¡Vámonos Charlotte!" El joven alcanzó la valija de Charlotte que yacía sobre el armario, abrió las puertas de éste y comenzó a guardar los vestidos y zapatos de la chica. Charlotte totalmente sorprendida caminó hasta donde estaba su bata, mientras caminaba por la habitación cubriéndose como si estuviera completamente desnuda y su gesto también mostraba esa sensación de incomodidad total, se sentía completamente expuesta ante Terry. Una vez que tenía la bata puesta se puso sus zapatos de dormir que hacían juego con todo y su camisón, se acomodó el cabello detrás de las orejas y aclaró su garganta, hizo un intento de vos firme y dijo; "No." Terry paró de empacar las prendas, "¿No? ¿No sabes quién soy? ¿No sabes que…?" Charlotte interrumpió; "¡No Terrence! ¡No! ¿Pero quién te has creído? ¿Quién crees que es lo suficientemente impertinente como para entrar en la habitación de una dama?"
-"Charlotte yo he cérido decirte toda la verdad… Yo soy…" Dimitri interrumpió la escena junto con Natallie, quienes entraron. "¡Terrence!" Charlotte corrió a los brazos de Natallie mientras una lágrima corría por su rozada mejilla. "Me voy a llevar a Charlotte. En primer lugar, nunca debieron haberla encerrado; no es un paciente más a quien pueden examinar."
-"Fue Diana quien tomó la decisión, además nadie más que yo podía cuidarla… ¿No lo entiendes verdad? ¡Eres tan egoísta!" una vez que Natallie había dicho esto, Charlotte se aferró aun más a los brazos de Natallie. Charlotte no podía ver la cara de Terry, "Me siento tan expuesta Natallie, él sabe tanto de mí… ¿Por qué? ¿Por qué me siento así cuando está él?"
-"Charlotte no debemos decirte, Diana…" Terry interrumpió a Dimitri. "¿Vas a continuar escuchando a Diana o harás lo correcto y le dirás a Charlotte la verdad?" La mirada retadora de Terry se reflejaba en la medalla de plata que colgaba del cuello de Natallie, era ahí donde Charlotte veía la silueta de Terry. "Solo quiero saber la verdad…" Suspiró Charlotte. "No ha querido hablar con nadie más que con Diana." Dijo Dimitri con una voz serena.
Terry enojado porque Charlotte aun no lo reconocía se acercó a Natallie y jaló a Charlotte del brazo, al mismo tiempo los ojos de la chica desbordaban lágrimas. "Charlotte, por favor veme a los ojos." La chica alzó lentamente la mirada hasta toparse con los ojos de cielo, y vio su rostro reflejado en las pupilas de Terry. "Gino…" Suspiró Charlotte, para luego desvanecerse en los brazos de Terry. "¡Charlotte!" Chilló Natallie. Antes de caer profundamente inconsciente Charlotte logró escuchar la voz de Natallie, finalmente cerró los ojos para encontrarse con los de Terry, en donde aguardaban muchas respuestas a las preguntas que Diana no se había atrevido a contestar. Una vez más suspiró; "Gino…"
