Hola queridos Lectores, ya había pasado algun tiempo desde la última vez que les escribí. Solo deseo que me hagan saber ¿Qué les parece? Recueden que Reviews are Love
Nuevamente a tu lado
Charlotte miró extrañada al muchacho, arqueando la ceja al mismo tiempo que arrugaba su naricita para contestarle; "¿Y quién desea saberlo?" El chico dio un paso atrás sintiendo el tono de hostilidad con el cual Charlotte le había contestado; "Disculpa, me llamo; Biel Cardona. Vivo con Madame Garibay." La chica continuaba con ese gesto de desconfianza en su rostro al mismo tiempo que Biel estiraba su mano para sujetar la de Charlotte y justo antes de tocarla volvió a preguntar; "¿Te llamas Charlotte?" El roce con la piel de Biel fue como sentir un toque eléctrico, Charlotte sonrió y apartó su mano para sujetársela con la otra a sus espaldas. "Creo que confiaré en ti, Biel. Sí, me llamo Charlotte, Charlotte Ryefume. "
Llegaron a una casa que estaba rodeada por todo el perímetro por una reja negra de donde crecían unas enredaderas que se aferraban al hierro como si fueran uno. Todo estaba cubierto por las plantas excepto la puerta, que también era hierro, por donde entrarían los tres. Aunque solamente la luz de la luna que lograba traspasar las nubes del grisaseo y azul marino del cielo, era su única iluminación hacia el camino a la puerta principal de la casa; se podía ver perfectamente el gran jardín lleno de flores pues ya toda la nieve se había derretido con el sol durante ese día. Charlotte abrió la boca en señal de sorpresa por el encantador jardín, al mismo tiempo su aliento se encontró con el frío provocando que a contra luz de la luna, el vapor de agua se viera perfectamente, como si fuera un dragón al exhalar. Natallie no soltaba su valija a pesar de que Biel se había ofrecido ayudarla, de igual manera observaba el hermoso jardín y la casa que también estaba cubierta por enredaderas excepto por las ventanas y puertas, en la planta alta había ventanales con un pequeño balcón cada uno donde se podía ver que había un par de macetas con flores. Al continuar con el techo, que era de teja roja, tanto Natallie como Charlotte pudieron observar la chimenea y como de ésta salía una débil línea de humo que se desvanecía al mismo tiempo que subía hacia el obscuro cielo.
Biel abrió la puerta de entrada y dejó pasar primero a las dos jovencitas, en el mismo instante en el que pusieron los pies dentro de la casa, el olor a madera y aceite para ésta llenó los pulmones de las chicas, acompañado por el aroma de limpio pero sobre todo ese exquisito y distintivo olor… Madera. La casa estaba tibia, el rozar de los olores con las mejillas de las chicas se sentía como entrar a una cocina, Biel cerró la puerta tras haber metido la valija de Charlotte. El chico condujo a Charlotte y Natalie hasta la cocina, donde finalmente encendió la luz, la preciosa cocina tenía una isla justo en medio; donde estaba el horno y la parilla donde cocinaba Thérèse, a un costado estaba una mesa de desayunador con vista al jardín trasero a través de un ventanal, detrás de la isla, a un lado de la puerta por donde habían entrado, estaba la alacena que era un pequeño closet y continuaba una gran barra y el fregadero. Biel hizo que las chicas tomaran asiento en la mesa, a continuación les ofreció algo de beber; "Me encantaría una taza de té." Dijo Natallie, justo antes de que Charlotte pudiera decir algo, Biel sonrió; "Àvia me ha contado que te gusta la leche, con un toque de azúcar y canyella, la especia favorita de àvia."
-"¿Canyella?" Charlotte dijo mientras se acomodaba el vestido para sentarse junto a Natallie, Biel volvió a sonreír al mismo tiempo que sacaba una olla de las puertas que estaban junto al horno, vertiendo un poco de leche de una de las botellas de cristal. "Es Catalán para canela, si os molesta que hable catalán puedo dejar de hacerlo." Charlotte negó con la cabeza, "No, no es eso… No te preocupes, de hecho suena muy bien… cuando hablas en Catalán." Se sonrojó.
El chico le sirvió un té de jazmín a Natallie en una taza de vidrio donde había metido una flor de jazmín para decorar, a Charlotte le había servido su leche caliente en una taza convencional. Antes de darle un sorbo a sus bebidas amas soplaron y luego saborearon. "Oh Lord! Esto esta delicioso y huele divino…" Dijo Natallie acercando su nariz al borde de la taza para sentir el humo que desprendía el té en su cara. Charlotte había quedado estupefacta al haber saboreado su leche, hacia más de diez años que ese cosquilleo de sabor no recorría su boca. "¡Me da gusto que las bebidas sean de vuestro agrado!" Natallie volvió a dar otro sorbo, más grande, a su té. Charlotte seguía concentrada en el cosquilleo que había dejado la canela en su boca tras haber tragado el sorbo de leche. "Iré por àvia…" Biel se desapareció tras el marco de la puerta. Ambas chicas estaban agotadas y el calor que recorría desde sus bocas hasta sus estómagos hacía que fuera muy difícil permanecer despiertas.
Biel volvió a entrar a la cocina y de tras venía una mujer en bata y el cabello plateado sostenido por un chongo detrás de su cabeza. Charlotte volteó hacia Biel y la mujer, al mismo tiempo que ponía la taza sobre la mesa tras haberle dado un sorbo a la leche tibia. Sus ojos chocaron con la mirada miel de la señora, volviendo a sentir toques eléctricos, como cuando Biel la había tocado, un susurro en su mente; "Si no me olvidas, nunca te dejaré." Habían pasado años desde la última vez que Charlotte había escuchado esas palabras en sus oídos, era la voz de Thérèse. Al mismo tiempo una voz volvía a los oídos de la mujer, pero ésta voz era aguda como de una niñita de siete años; "¡Abuela!" Charlotte se llevó una mano a los labios para ocultarlos tras ésta pues estaba a punto de romper a llorar, de igual manera Thérèse se acercaba lentamente a la chica con los ojos llenos de lágrimas. Petrificada, Charlotte observaba como la señora se aproximaba hasta que se incoó justo enfrente de sus piernas y estiraba una mano para alcanzar la mejilla de Charlotte, así mismo ella fue capaz de ver perfectamente a través de esos ojos color miel casi verdes, en donde pudo ver su rostro reflejado, su de rostro hacia más de diez años. "¿Retoñito?"
-"Abu… Abuela…" Charlotte comenzó a sollozar, su abuela le limpio las lágrimas que escurrían de sus bellos ojos verdes rodando por sus rozadas mejillas hasta toparse con la mano ya con la piel manchada y arrugada por la edad de Thérèse. Finalmente Charlotte se lanzó a los brazos de su abuela para seguir llorando en su hombro y de igual manera la señora no se pudo controlar y comenzó a regar lágrimas de felicidad. "¡Abuela!"
-"Mi niña… Ma petite Charlotte… Mi retoño…"
Natallie estaba muy conmovida, ya que durante casi medio año no había visto a Charlotte tan feliz o llorar de alegría, siempre había dicho que ella era una buena chica y que merecía un final feliz; ya lo había encontrado, un perfecto reencuentro feliz. Descubrió el sabor salado en su boca, una lágrima había brotado desde su ojo color azul, como el cielo de día, habiendo recorrido su mejilla hasta llegar a sus labios. Natallie era una persona muy fuerte y era muy difícil verla llorar, pero incluso este momento tan emotivo había llegado a tocar su corazón. Biel estaba muy contento, pues la felicidad de la abuela era la felicidad de Biel, era como su propia abuela y la única persona que le quedaba. Charlotte se separó de su abuela para que ella le pudiera ver el rostro; "¡Pero que linda te has puesto, mi cielo, eres tan bonita como yo a tu edad! ¡Esos hermosos ojos; cómo los de mi padre! ¡Mi retoño, por fin te he encontrado!" Volvió abrazar a su querida nieta para sollozar un poco más. Charlotte seguía llorando sin poder parar, ese sentimiento de estar a salvo, la invadía en todo su ser, después de tantos años de haber aguantado esa horrible separación; de la persona que más quería en toda su familia, después de haber sufrido el dolor de la muerte de un ser querido y sobre todo el terrible dolor del desamor y la soledad, por fin se había recuperado.
Al mismo tiempo que Charlotte suspiraba en el hombro de su abuela comenzó a sentir un dolor punzante en la cabeza… Estaba leyendo Edgar Allan Poe, El gato Negro, la puerta de aquel restaurante se abría para dejar entra un comensal más, éste había sido sentado justo enfrente de ella, dejando al libro como barrera de separación. Un cosquilleo recorrió la espalda de la joven, al alzar la vista por el libro se topó con unos ojos azules que la veían de regreso… El dolor en cráneo de Charlotte provocó que la chica se separara del hombro de su abuela, se llevó ambas manos a la cabeza y cerró los ojos; "¿Charlotte?" El dolor atravesó el cerebro de Charlotte recorriendo desde la nuca hasta llegar a su ojo derecho… Los labios del muchacho se movían pero no salía sonido alguno de su boca, incluso una sonrisa iluminó su rostro pero nada más. El chico era muy apuesto, ojos azules, cabello negro que sobrepasaba su barbilla, una exquisita sonrisa y una nariz perfecta junto con todo su ser, unas manos grandes junto a las de ella y su tez blanca. "¿Cómo te llamas?" Finalmente salía sonido de los labios del muchacho y ella le contestó, "Charlotte" su propia voz había dejado un eco que rezumbaba en los oídos de la joven, aun no desaparecía esa voz de los oídos de ella cuando el chico y su voz ya habían llegado a sus orejas; "Me llamo… Terry." Una sonrisa apareció en el rostro del muchacho… Charlotte ya no se sentía con fuerzas, mientras apretaba sus manos y cerraba los ojos con gran fuerza el mismo dolor punzante desapareció dejándola sin energía. Sus ojos se pusieron en blanco al mismo tiempo que sus manos caían y su cabeza también, "¡Charlotte!"
Charlotte había vuelto en sí, estaba recostada en un sillón y lo primero que vio fueron las caras de Biel y Natallie junto con el techo de la sala de estar; "¡Se ha despertado!" El seductor acento de Biel había llegado hasta los oídos de Charlotte, quien al intentar incorporase se dio cuenta de que un trapo húmedo cubría su frente; "¿Qué paso?"
-"Tuviste un episodio de recuerdos y te desmayaste, después de todo no habíamos comido en todo el día… No te preocupes, ya le explique a tu abuela y a Biel por lo que has pasado."
-"¿Cuánto tiempo me ausenté?" Biel consultó el reloj de la sala, marcaba las tres de la mañana con quince minutos; "Como dos horas." Charlotte se sentó al mismo tiempo que acomodaba la falda de su vestido para poder reincorporarse, al estar sentada se volvió hacia Biel y se disculpó; "Lamento las molestias, ¿Dónde está mi abuela?" Biel señaló la cocina, Charlotte se puso de pie y caminó por el obscuro pasillo hasta toparse con el marco de la puerta que conducía al interior de la cocina, "Ma petite tienes que descansa. Me da mucho gusto que finalmente nos hayamos reencontrado pero me gustaría platicar contigo mañana por la mañana, ahora creo que debes dormir unas diez horas, eso será lo mejor."
-"Abuela…" Charlotte abrazó a la mujer para regar una lágrima más, sonriente agradeció a su abuela; "De verdad, no sabes que feliz me pone finalmente poder estar contigo, aquí." Thérèse sonrió igualmente y besó la frente de Charlotte, "Ahora todos vamos a dormir."
Charlotte y Natallie dormirían en habitaciones diferentes, que estaban justo una enfrente de la otra, la habitación de Charlotte era la más grande de las dos, con una vista hacia el jardín principal y así mismo a la calle. Justo en medio de la habitación había una mesita frente a la chimenea y a un costado la gran cama junto a la ventana, una puerta al final que era el baño individual y un librero para decorar junto con un armario blanco, con detallados de flor y enredaderas al igual que toda la demás madera de la habitación, incluyendo su cama. Su valija ya estaba dentro, Charlotte se volvió hacia Natallie y tras una seña de mano cerró la puerta para poder finalmente descansar. La chica estiró los brazos y así mismo sacudió la cabeza tratando de recordar lo que había soñado despierta antes de desvanecerse en la cocina, los ojos azules volvían a su mente pero le costaba volver a figurar la cara del muchacho en su mente. Hizo una mueca frente al espejo antes de comenzar a desvestirse para ponerse el camisón, desabotonó su vestido y lo colocó en una de las sillas de la mesita, volvió al espejo para ver su figura en esas prendas blancas, se admiró un momento antes de volverse hacer muecas. Tocaron la puerta al mismo tiempo que ésta se abría, era Biel con una taza de leche tibia; "Te he traído otra taaa… Taaa… zzza." Charlotte sonrió amable y cogió la taza de la bandeja en la que la traía Biel, él estaba sonrojado pero aun así no salía de la habitación, la chica agradeció y al notar que Biel no la veía a la cara bajó la mirada para encontrarse que estaba en ropa interior, soltó un grito; "¡Largo Biel! ¡Vete!" el chico rojo como un tomate salió disparado por la puerta mientras Charlotte seguía gritando y agitando los brazos en el aire. Antes de ponerse el camisón se miró al espejo y ella también estaba tan roja como un tomate.
Habiendo apagado la luz y tras haberse echado las sabanas en la cabeza, Charlotte recordó nuevamente el rostro de Biel, se sonrió así misma antes de acomodar la cabeza sobre la almohada. Loso ojos de Biel, con la pupila dilatada, fueron la primera cosa que apareció en la mente de Charlotte después de haberse quedado profundamente dormida.
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