Ya sé que me había tardado M U C H O en volver a escribir. Por razones personales no había podido continuar con nuestra historia, gracias por seguir aquí. Espero les guste mucho, espero tambien comprendan que era un poco necesario hablar más sobre éste tema. Los quiero, ésto es para ustedes... Disfrutenlo.


El cuadernillo

Thérèse entró a su habitación, que solamente estaba alumbrada por el último pedazo de carbón que estaba en la chimenea a punto de consumirse, tuvo que encender la luz para poder ver por donde pasaba. En su habitación todo estaba perfectamente acomodado y un aroma a limpio se sentía invadir la nariz de cualquier persona que entrase en ésta. Todos los muebles, desde el escritorio y el librero hasta la cama y las mesas de cama eran de madera, todos con un detallado elegante que hacía juego con las figuras de la colcha que yacía sobre la cama, junto con los almohadones de colores; así mismo, éstos combinaban perfectamente con los colores de las cortinas.

La señora al entrar, tras haber cerrado la puerta, se quito la bata de dormir y la colocó en el perchero junto al closet, para acto seguido sentarse en el pequeño sillón que estaba junto a su librero; en ese librero guardaba todas sus fotos, cartas, recetas y libros favoritos. Una vez sentada, colocó la mano sobre el brazo del sillón para rosarlo hasta llegar a la parte de abajo, en dónde había un botón, lo apretó. Un hueco "plac" resonó en la habitación mientras la señora sentía sobre la yema de sus dedos el polvo, un compartimiento se había abierto justo en el costado del sillón, del mismo lado del botón. Thérèse metió la mano dentro de dicho compartimiento para sacar un librillo cubierto de polvo, sopló suavemente sobre la libreta haciendo volar toda partícula que estuviese sobre ésta. Nostálgica abrió el cuadernillo para comenzar a hojearlo…

Julio 1902- La llegada de nuestra pequeña bebé, nuestra primera hija, la llamaremos Charlotte, el femenino del nombre de su padre, Charles. Sus hermanos están muy contentos por la llegada del nuevo miembro de la familia Ryefume. Mi pequeña ahora duerme después de que le di de comer un rato. Tiene los ojos de mi abuelo, el cabello de mi madre y la sonrisa de un ángel. Es una buena niña, me deja descansar por las noches y es muy querida, muchos han venido a verla desde lejos y todos dicen que es hermosa, mi pequeña Charlotte. Lamento mucho que Charles no deje a mis padres visitar a mi pequeña Charlotte, sé que la adorarían.

Septiembre 1902- Realmente había pensado que sus hermanos se pondrían celosos, Charlie siendo el mayor, no tuvo problemas con la aceptación de la bebé, pero Cameron los primeros días estaba un poco irritable, no quería ni ver a la bebé pero ahora ya la quiere mucho. Charles, no ha cargado a Charlotte, ayer me hizo llorar diciendo que esa bebé no era de él, que en su familia nadie era rubio, mi madre le dijo que su padre era rubio pero aún así Charles sigue dudando de mí. Solo espero que Charlotte no se sienta mal por la ausencia de su padre.

Éstos eran unos fragmentos de unas hojas arrancadas del diario "secreto" de la madre de Charlotte, Marie. Thérèse la había obtenido junto con algunas fotografías, ya que Charles no la dejaba ver al bebé cuando recién había nacido, fue Cameron quien le entregó las hojas a su abuela. Anexa a las hojas, había una foto de una pequeña bebé de ojos grandes y profundos que veía directamente al fotógrafo, estaba vestida como muñequita de porcelana recostada sobre el regazo de su madre. En la siguiente página la diminuta criatura sonreía, y mostraba sus encías, su manita se veía borrosa, como si la bebé se hubiera movido.

Toda la libretita estaba dedicada a Charlotte, eran páginas y páginas con fotografías de la niña, siempre luciendo hermosa frente a la cámara, como una muñequita, sus rozadas mejías y una alegre sonrisa preparada para jugar. Thérèse llegó a una sección en donde había flores secas pegadas al papel, eran florecillas del campo que Charlotte le traía cada vez que iba a visitarla, la señora las había guardado todas y las coleccionaba. Margaritas, flores moradas silvestres y rosas, componían la colección que yacía dentro de la libreta, una lágrima recorrió la mejilla de la mujer. Su niñita adorada por fin había regresado a sus brazos. Desde que Charlotte era muy pequeña, su madre siempre iba a dejarla con su abuela, después de Charles se lo permitiese, junto con Charlie y Cameron. Mientras estaban en la casa de los Garibay, tanto el abuelo como la abuela les enseñaban a sus nietos música, arte y por supuesto francés. Al doblar la página Thérèse se encontró con una fotografía de su difunto esposo sujetando a Charlotte y sus hermanos abrazándole las piernas, uno de cada lado, detrás de ellos se podía ver un piano. Detrás de la fotografía estaba un papelito minuciosamente doblado, ayudándose con las uñas la mujer logró sacar el papel y lo desdoblo cuidadosamente como si se tratara de una tela fina. Era la letra y partitura de una canción que su esposo y sus nietos le habían escrito;

Pajarillo, pajarillo. ¡Pajarillo allá en el cielo!

¡Qué bonitos ojos tienes, lástima que tengas sueño!

¿Qué pajarillo es aquel, que canta en aquella lima?

Anda y dile que me cante que mi corazón la estima.

Pajarillo, pajarillo. ¡Pajarillo allá en el cielo!

¡Qué bonitos ojos tienes, lástima que tengas sueño!

¿Qué pajarillo es aquel, que canta en aquella higuera?

Anda y dile que me cante que espero yo que me quiera.

Entre sollozos, Thérèse comenzó a taradear la melodía, que su difunto amado interpretaba en el piano mientras sus nietos cantaban los coros y él los versos, había muchas más estrofas pero solo se encontraban estas dos que habían sido las primeras. Con el sentimiento en el pecho, dobló el papelito para colocarlo nuevamente en su lugar. Pudo recordar en su mente los hermosos momentos que había pasado junto a sus nietos en su casa, conviviendo con su amado esposo, mientras tomaban el té que Margaret había traído junto con tarta; Margaret era la ama de llaves que había estado con el matrimonio desde que se habían mudado al campo. A continuación pasó la página, en la parte superior decía; Abril 1905, era Charlotte sentada junto a una bebita de no más de 2 meses, la pequeñita tenía el cabello más obscuro que Charlotte y lo tenía rizado, pero los mismos ojos, solo que igualmente más obscuros; era Casandra, la hermana menor de Charlotte. Thérèse solo había convivido con Casandra por menos de dos años, no la veía desde entonces. En la próxima fotografía estaban su marido y sus nietos con la bebé, todos sonriendo a la cámara menos la pequeña Casandra quien tenía fruncido el seño.

La señora suspiró hondo antes de continuar en la libretita, que había conservado en secreto añorando a su nieta. Se fue encontrando con los dibujos de Charlotte, de lo que su esposo le enseñaba hacer; primero con colores de madera dibujos de garabatos, iban evolucionando hasta llegar a pintura de agua, creando flores y mariposas, había varios bocetos a lápiz intentando hacer sombreados, pero Charlotte era muy pequeña cuando había hecho esos dibujitos. Entre los dibujos salió otra fotografía en donde salía Charlotte, Thérèse y una mujer a lado, era su prima Josefine, con quien habían mandado a Charlotte a vivir en Inglaterra después de la muerte del abuelo. Thérèse estaba decepcionada de su prima quien se había puesto en su contra y había ocultado a la niña como el resto de la familia. Finalmente la última hoja del álbum, 1907; Charlotte vestía un lindo vestido azul, sus pies descalzos, el último día que había estado con su nieta. Ahí terminaba, no había más, ni cartas, recuerdos, nada.

Entonces todo volvió a su memoria, todo lo que sucedió ese terrible día. Después de haber estado en el jardín, Charlotte y Thérèse se habían ido a casa de los Garibay para cocinar un pay de manzana para la madre de Charlotte quien se había enfermado de gripe y había contagiado a Casandra. La abuela y su nieta fueron a recolectar las manzanas del árbol que estaba en el patio de atrás de la casa de los Garibay, durante la tarde prepararon el pay para llevarles a las enfermas. El abuelo de Charlotte se encontraba en la sala de lectura junto con Cameron.

Antes de que se pusiera el sol Cameron había partido de regreso a casa de los Ryefume, en cambio Charlotte se quedó para merendar en casa de los abuelos. Ya se había ocultado el sol cuando Charlotte se dio cuenta de que era muy tarde. La pequeña tenía miedo de que Charles hubiera llegado ya, pues él siempre la había tratado diferente a sus hermanos, temía que la regañaran por haberse quedado a merendar. Therése decidió acompañar a Charlotte de vuelta a su casa para explicar a Charles la tardanza, tomaron el pay y se fueron caminando. Justo antes de que cruzaran el jardín de enfrente el abuelo las detuvo y dijo que las acompañaría también, Charlotte caminaba en medio de sus abuelos. La finca de los Ryefume quedaba muy cerca a pie, la luna comenzaba a brillar en el cielo junto con las estrellas que llenaban el manto azul que los cubría al caminar por el sendero.

Ya estaban dentro de la pequeña propiedad cuando algo hizo ruido dentro de un establo, sonaba como si algo se hubiese caído. El abuelo decidió acercarse para ver que sucedía, dejando a Charlotte con la abuela atrás. "¡Charles!" Se escuchó y tras estas últimas palabras un sonido hueco invadió los oídos de Thérèse. "Quédate aquí, mi cielo." Ordenó a la pequeña Charlotte. La mujer entró también al establo y descubrió al cuerpo yacente de su marido tumbado sobre la paja. No había nadie más en aquel lugar, del pecho del abuelo nacía una mancha roja que crecía empapando su camisa. Thérèse comenzó a gritar y con el dolor en su pecho se lanzó sobre el cuerpo de su amado.

Después de eso todo empeoro, la policía local llego de inmediato y se la llevaron ya que no pudo decir nada en su defensa y no había nadie que testificara en su favor; la habían culpado a ella por el asesinato de su esposo. No volvió a ver a Charlotte es noche, Charles llegó a la comisaría en donde estaba Thérèse encerrada, venía junto con su esposa quien no paraba de llorar; "¡Asesina!" gritaba Marie desconsolada. "¡Por favor deben creerme! ¡Traigan a Charlotte ella sabe la verdad!" gritaba Thérèse desesperada sujetándose de los barrotes de su celda, nadie jamás le hizo caso. "¿Y mi retoñito? Ma petite! ¡Charlotte!"

-"¡No quiero que te le vuelvas acercar! ¡Asesina! ¡Tu mataste a mi padre!" chilló Marie.

Sacaron a Thérèse de la celda al otro día, ya que Charles lo había demandado, llevaron un par de oficiales a la mujer hasta su casa en donde se encontró con todos los Ryefume excepto Charlotte. Charlie y Cameron estaban llorando en el regazo de su madre mientras ella así mismo sostenía en sus brazos a la pequeña Casandra, junto a ellos estaba de pie Charles con un vaso de brandy en la mano. Thérèse tenía los ojos hinchados por haber pasado la noche en vela, su cabello estaba despeinado y estaba sucia, incluso se podía apreciar en la falda de su vestido un poco de paja. "Te largarás de aquí." Soltó de sopetón Charles. "¡Esta es mi casa! ¡No te permito que uses ese tono conmigo aquí, menos en frente de tus hijos Charles!"

-"Ésta ya no es tu casa. Me he encargado de que no te quedaras con nada, asesina. Todo esto le pertenece a Marie, así mismo como a mí." Esto último lo dijo de una manera muy sombría, causándole un escalofrío a la pobre mujer. "Tienes veinticuatro horas para irte."

-"Eres un hombre muy malo Charles… Y un día…"

-"¡No me quieras dar clases de moral! ¡Vieja!" Marie chilló; "Vete, solo vete. No eres una buena mujer…"

-"¿Y mi Charlotte? ¡No puedo dejarla con ustedes!"

-"Somos sus padres y no hay mejor lugar para ella que estar lejos de ti, la mandaremos lejos de ti…" Respondió Charles, "La mandaremos a Londres, con mi tía Josefine, ya le he notificado a toda la familia de lo sucedido. Nadie te dará asilo nunca." Los ojos de Thérèse comenzaban a brillar pero no se iba a dejar vencer frente a ellos dos, respiró profundamente para evitar romper a llorar y dio un amargo trago de saliva para continuar; "Necesito mis cosas." Los Ryefume salieron lentamente por la puerta principal dejando a Thérèse en la casa. Antes de que Charles cruzara la puerta dijo; "¡Ah! Todo aquí también es mío ahora, así que solo te puedes llevar tu ropa." Azotó la puerta al salir.

Thérèse se incoó en el piso y comenzó a llorar amargamente, en seguida salió Margaret de la cocina y se sentó en el piso para consolar a la señora. "Yo le creo, sé que amaba a su esposo. Usted es una buena mujer, pero ese hombre Charles… Da miedo, vino aquí de noche y esculcó los cajones del cuarto de lectura hasta que se llevó todos los documentos del señor." Thérèse estaba desconsolada, y no podía parar de llorar.

El reloj de la sala comenzó a sonar, ya eran las siete de la noche y Margaret le había traído de merendar un pan con mermelada y una taza de leche con canela. Sus maletas ya estaban listas, partiría en la madrugada. Esperaba paciente a la hora de dormir, tenía un plan.

Thérèse salió de su casa a las doce de la noche en punto y se volvió para ver su propiedad a obscuras. Una lágrima rodó sobre su mejilla, mientras se daba la vuelta sosteniendo sus valijas, comenzó a encaminarse a casa de los Ryefume. Cuando entró a la propiedad se veía que la casa estaba a obscuras, ya todos dormían, se siguió hasta la parte de atrás donde había una casita diminuta como de muñecas, ahí era en donde Charles encerraba a Charlotte. La mujer dejó las valijas y se incoó junto a la minúscula ventana que tenía la casita y con su mano golpeó suavemente el vidrio. Charlotte abrió la ventana y sacó sus manitas por los barrotes para acariciarle el rostro a su abuela. "Creí que no te volvería a ver abu."

-"¿Qué te pasó mi niña? ¿Por qué te encerraron ahora?"

-"Dijo que porque me había quedado a merendar con los abuelos. ¿Cómo esta mi abuelo?" Los ojos de Thérèse se llenaron de lágrimas. "El está en un lugar mejor."

-"¿Mejor que tu casa? ¿Iremos a visitarlo?" Thérèse tragó saliva, "Cuando sea el momento. Me temo, ma petite, que no podremos vernos en mucho tiempo." Charlotte jugaba con la piel de Thérèse y con ojos tristes preguntó; "¿Pero por qué no? Prometo portarme bien para que él me saque…" Thérèse sonrió para no dejar que las lágrimas salieran. "No es eso mi retoñito, pero toma." Entregó un papelito a Charlotte, "Cuando sea tiempo búscame ahí." la pequeña tomó el papelito y lo metió a su casita, Thérèse besó a la pequeña en la frete que estaba recargada en los barrotes. "Adios, mi cielo."

Thérèse había vuelto a colocar el cuadernillo en su lugar y se había arropado en la cama, se limpió la última lágrima que había dejado brotar de sus ojos. Ahora tenía a su pequeña Charlotte a dos habitaciones de la suya y no iba a permitir que las volvieran a separar. Sonrió hasta quedarse dormida, soñando con el día soleado y la limonada en el jardín, su esposo en la sala de lectura y su nieta Charlotte jugando. Ese era el mejor recuerdo, la memoria más feliz y la más hermosa.


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