Capitulo 30: El lago

Charlotte había corrido hasta que su corazón rezumbara en sus oídos, la pobre se había quedó sin aliento y se escondió dentro de un tronco hueco, escuchó como los pasos de Biel se acercaban, anunciando que él venía y la chica temblando se cubrió la boca y recogió sus piernas para abrazarlas con el brazo que tenía libre. Pudo ver pasar a Biel, ya que el tronco tenía hoyos, que eran lo suficientemente pequeños para que pudiera ver y no ser vista, cuando escuchó que sus pasos se alejaban, cuando finalmente solo escuchaba los sonidos del bosque se soltó la boca. Comenzó a llorar. "¿Quién llora?" Se escuchó una voz de afuera, Charlotte se limpió las lágrimas y levantó la cabeza, se golpeó con el tronco.

La chica abrió los ojos para encontrase con el rostro de Biel admirando su delicada cara bajo la sombra de un árbol en la pradera frente al lago, parpadeó varias veces para poder enfocar su mirada en los ojos del chico. "¿Qué paso?" preguntó Charlotte mientras se levantaba. "Te quedaste dormida."

-"¡Cómo que me quede dormida!"

-"Justo después del desayuno, terminaste de empinarte la taza de té y quedaste profundamente dormida."

Charlotte se sentó junto a Biel y se le quedo mirando un largo rato, él le regresó el gesto tomándola de la mano y llevándola de vuelta a la finca. Parecían campesinos trabajando en el jardín, recolectando frutos y trabajando la tierra, ese día Charlotte aprendió a ordeñar a una vaca. Se acercaba la hora del té, así que Biel invitó a Charlotte a pasar a dentro ya que ella se encontraba en la parte de atrás en donde estaban las colmenas para la producción de la miel. Charlotte se había puesto su máscara protectora junto con el apicultor, quien le enseñaba como tomar el panal con los guantes y cepillarlo sin dañar a las abejas. Cuando la joven entró a la casita de la finca Biel ya tenía lista la mesa con unos panecillos y mermelada, las tazas y la tetera con el té listo para tomar, Charlotte traía un diminuto tarro con la poquita miel que había recolectado ella misma, la colocó en la mesa y la utilizaron en lugar de azúcar para endulzar su té.

El sol comenzaba a ponerse y los trabajadores ya se habían ido, solo estaban Charlotte y Biel en la cocina de la casita, la chimenea prendida en la sala era la única luz que venía de afuera, solamente velas y la luna llena. El cantar de los grillos de campo y la luz de las luciérnagas eran embriagadoramente fascinantes para la joven doncella. "Definitivamente podría acostumbrarme a esto." Dijo casi para sí misma, Biel sonrió y contestó: "Déjame decirte, en realidad no eres muy buena para este tipo de vida, solamente vete las manos y ha sido por el pobre trabajo que has hecho hoy." La chica miro sus delicadas manos que estaban rojas por el "arduo" trabajo que había realizado durante solamente una tarde de la vida en la finca, sus pequeñas manos estaban ásperas y resecas, Charlotte las ocultó y se ruborizó frente a Biel. "Charlotte, no te desanimes, en realidad… Me siguen gustando así tus manos." Dicho esto último el chico se acercó a Charlotte para tomarla de las manos y darles un beso sobre los nudillos. Charlotte atónita y perpleja abrió la boca pero no salió nada, parpadeo varias veces y luego le arrebató las manos a Biel para salir disparada a su habitación. "Buenas noches." Biel no tuvo tiempo de decir nada, la chica ya había cerrado la puerta.

Charlotte recargó su frente sobre la puerta de madera al mismo tiempo que sus palmas reposaban sobre ésta y pudo escuchar como Biel se alejaba y llegaba a la sala de estar, sentándose frente al fuego. Una lágrima trasparente rodó sobre su mejilla mientras ella se volteaba para encender la vela que iluminaría su habitación. Se sentó frente al espejo y miró su reflejo, se preguntó qué pasaría si dejara entrar a Biel a su corazón, pero al mismo tiempo pensaba en Terry, de quien por fin había recordado. "Tengo que ver a Terry… Solo así sabré a quien debo entregar mi corazón." Susurró al momento que se puso de pie y se encaminaba a su cama en donde se recostó para luego apagar la vela de un soplo y dejar entrar la luz de la luna llena.

Terry se encontraba en el balcón de su habitación, recargándose sobre el barandal de piedra, la luna llena y una copa de vino tinto eran su única compañía. Adentro yacía su cama frente al fuego de la chimenea y en medio un sillón, la gran habitación estaba mucho más fría que estar a la intemperie. Jugueteaba con el líquido rojizo en el fondo de la copa, una mueca que se podría interpretar como una sonrisa torcida apareció en su rostro, pero solo por una fracción de segundo. El muchacho suspiró hondo antes de empinarse la copa en los labios, después una ira invadió su pecho y lanzó la copa al piso haciéndola sonar cuando ésta se reventaba en miles de pedazos al chocar contra la piedra, "¿¡Por qué!" se lanzó sobre los almohadones de plumas y lágrimas de cólera inundaron sus ojos azules, intentaba contenerlas apretando fuertemente los ojos pero un par lograron escapar y recorrieron su cara y mojaron las almohadas.

El sol que salía de entre los árboles para iluminar el balcón del castillo, fue recorriendo el piso hasta llegar a la cama en donde comenzó a subir hasta llegar al rostro de Terry, la luz radiante del sol lo despertaron. Al mismo tiempo entró la sirvienta con una bandeja de plata en donde venían unos platos cubiertos, una canastita con pan y mantequilla, un gran vaso de zumo de naranja, la tetera y una taza. La muchachita colocó la bandeja sobre una mesita y descubrió los platos; en el más pequeño había fruta de temporada y en el más grande un par de huevos cocidos y espárragos para acompañarlos. "Bon apetite, Monsieur" dijo la sirvienta para luego salir, el joven estaba hambriento. Gozoso disfrutó de aquel desayuno, hasta la última migaja del más pequeño y hasta la última gota del zumo y del té. Los demás días no había comido más que un par de panes y apenas media taza de té, también había permanecido en su alcoba asomado en su balcón de piedra mirando hacia la nada y hacia el lago. Terry caminó a través de la habitación para llegar a una puerta al fondo, detrás de ésta había un baño preparado, el que habían preparado cada día pero él no había tomado. Tras haberse bañado y puesto una de sus mejores galas que incluían; pantalones azul marino, chaqueta roja y una pañoleta en su cuello color blanca y sus botas negras, salió al establo en donde montó un corcel blanco y salió de la propiedad para encaminarse al lago.

Charlotte estaba desayunando un pedazo de bizcocho y un vaso de leche de la que había ordeñado el día anterior con un toque de miel que ella misma recolecto también. Mientras masticaba el trozo de bizcocho leía la nota que Biel había dejado sobre la mesa. Decía que había ido al pueblo cercano para vender las cosas en el mercado, ya que era sábado y ese día les tocaba ir al puesto, finalmente decía que regresaría después de anochecer. Eso significaba que Charlotte era libre de hacer lo que quisiera, así que una vez que se terminó el bizcocho se cambió su ropa de campo por uno de sus vestidos que solía vestir en Utrecht, el vestido era fresco y de color blanco con mangas cortas y un decorado en el cuello que terminaba con un moñito de listón, su cintura resaltaba pues había una cinta justo en donde estaba ésta, rodeando el vestido y del lado derecho un adorno discreto de una flor, la falda caía hasta sus rodillas. Zapatitos blancos hacían juego y una flor acomodaba su lacio y largo cabello, con éste atuendo iba una sombrilla pues iba especialmente para una fiesta de té en el jardín. La chica se puso sus guantes blancos antes de salir de la finca y abrió la sombrilla una vez habiendo cruzado la puerta, comenzó su caminata al lago.

Al llegar al lago se encontró con un bote y los remos, así que se subió y comenzó a remar hasta que llegó al centro del lago, el sol del medio día no era problema para su sombrilla, donde se cobijaba de los rayos ardientes de aquel día caluroso de primavera. Del otro lado del lago estaba Terry reposando bajo la sombra de un árbol y su caballo pastaba no muy lejos de él, le había quitado la silla. El chico pudo ver el bote y la sombrilla de aquella joven, era una hermosa imagen, tan pintoresca y perfecta. La chica volteó la cabeza para poder apreciar al caballo y un destello dorado llegó a los ojos del muchacho. "Imposible…" Se dijo así mismo cuando se ponía de pie y lentamente caminaba hacia la orilla del lago. La chica así mismo vio la silueta del joven de cabello obscuro y trató de enfocar la mirada pero no logró reconocer al muchacho, para no ser descortés alzó la mano y gritó muy fuerte; "¡Buenas tardes!" Cuando la dulce voz de aquella criatura llegó a los oídos de Terry, una radiante sonrisa blanca apareció en su rostro y fue como si de pronto se hubiera curado de aquella enfermedad que le estaba matando lentamente. "¡Charlotte!" Comenzó a gritar mientras agitaba sus brazos, "¡Charlotte vuelve!" sus ojos azules como el cielo brillaban como el reflejo del sol en el lago, "¡Charlotte!" la chica no reconocía la voz, pero de pronto fue como si ese susurro que venía a ella todas las noches la jalara de vuelta a la orilla, era Terry. "¿Terry? ¡Terry!"

El bote llegó a donde estaba Terry y una vez que estaba lo suficientemente cerca de la orilla Charlotte dio un salto a los brazos del muchacho. La chica abrazó fuertemente al muchacho al mismo tiempo que las lagrimas invadían sus ojos verdes que brillaban como esmeraldas, él la sostenía fuertemente y no podía dejar de sonreír, el olor de su cabello dorado era el mismo dulce aroma que invadió su nariz aquella vez que se vieron por primera vez en el restaurante de Utrecht. La suave piel de la joven y sus rozadas mejillas junto con las pecas en su nariz parecían no haber cambiado nada, el cabello de Terry había crecido y sobrepasaba sus hombros, sus brazos seguían sintiéndose fuertes y su aroma era el mismo que Charlotte recordaba, los ojos del muchacho ya no eran una memoria más…

"Terry… ¡Oh Terry" Dijo Charlotte mientras acurrucaba su cabeza sobre el pecho del muchacho, estaba parada de puntitas y lo sostenía rodeándole el cuello con sus brazos mientras él la abrazaba sosteniéndola por la cintura. "¿Cómo nos hemos encontrado?" Preguntó él. "No lo sé… Quizá solamente, solamente lo sabemos."

-"¿Cómo es que te acuerdas de mí?"

-"Eso también lo ignoro, siento como si siempre lo hubiese sabido pero no quería darme cuenta."

-"¿Por qué no querías?"

-"No quiero que te vayas otra vez…"

-"No volveré a irme… Lo prometo."

-"¡Oh Terry!"

Se sentaron a la orilla del río y mientras Charlotte le platicaba todo lo que había pasado a Terry, él la veía fijamente a los ojos y de vez en cuando le acariciaba la mejilla para acomodarle los cabellos dorados que se venían a causa del viento. Pasaron todo el medio día conversando bajo el árbol, y al cabo de unas horas ya no había nada más que contar. "Entonces mi abuela dijo que "para saber mandar hay que saberlo hacer" y me mandó a la finca que tiene para aprender a trabajar y eso." Terry sonrió; "No creo que tu debas trabajar en eso, en una fincha… ¿Sabes? Si de mí dependiera, te apoyaría en lo que quisieras hacer, aunque no había escuchado nunca que una chica quisiera trabajar." Charlotte se quedó pensante unos segundos; "Posiblemente es porque siempre has estado rodeado de ese tipo de chicas que nunca trabaja, de esas que solo esperan desposar al mejor prospecto y no se preocupan de nada más que verse bonitas. ¡Tontas!" Terry soltó una carcajada al ver la cara de indignación que había hecho Charlotte al decir lo último y respondió; "Tienes razón, por eso es que me gustas… No eres como las demás muchachas. Hay algo en tus ojos, es un amor… Un amor y una pasión que jamás había sentido ni percibido en nadie más en la vida."

-"Pues, gracias." Charlotte se había sentido sumamente elogiada y por esa razón se sonrojó.

La tarde comenzaba a caer y el abrumador calor inundaba el ambiente, Terry intentaba acercarse más a Charlotte pero ella se movía cada vez que él lo hacía también. "Hace un clima hermoso y muy caluroso, ¿no crees?" Preguntó Terry, "¿En serio? ¿Me hablas del clima?" preguntó Charlotte decepcionada, "¿Tan nervioso te pongo?" el muchacho se sonrojó. Charlotte soltó una risita y se levantó del pasto, caminó con los pies descalzos hasta la orilla del lago y volteó la cabeza para ver a Terry sonriente justo detrás de ella reposando sobre el pasto. "Creo que me voy a lanzar."

-"¿Sabes nadar?"

-"¡Por supuesto! Pero hace tanto que no lo hago…"

-"Charlotte no creo que deberías… ¡Charlotte!" la chica había brincado al lago y Terry corrió a la orilla pero no vio nada más que el agua y nadie en la superficie, se quitó la chaqueta roja para solamente quedar con su camisa blanca y se quitó las botas también para aventarse al rescate de la chica.

Terry salió a la superficie y vio a Charlotte flotando riendo frente a él, nado para acercarse a ella y la tomo de la mano por debajo del agua. "Prometí que no volvería a dejarte."

-"Entonces yo prometo no volverme alejar de ti." Una vez dicho esto, Charlotte estrechó fuertemente la mano de Terry. El pecho de Charlotte volvía a sentirse tibio después de mucho tiempo y su corazón acelerado ansiaba estar junto al de Terry, así mismo él sentía una felicidad y sentimiento de tranquilidad que hacía tanto que había desaparecido en sí mismo. Terry se acercó a Charlotte y le acarició el rostro suavemente con la yema de sus dedos hasta llegar a sus labios en donde paro para solo pasar la yema de su dedo pulgar sobre el labio inferior de la joven. "Eres realmente hermosa…" Charlotte quitó la mano de Terry y lo besó en los labios mientras los dos se sumergían bajo el agua cálida del lago.

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