Queridos lectores, lamento la demora pero ahora los recompenso con otro dulce episodo de las aventuras de la dulce Charlotte y Terry.


Capitulo 31: La dama blanca.

El sol estaba desapareciendo entre los árboles de aquel paisaje pintoresco con el cielo rosado, el bochorno desaparecía poco a poco dejando entrar una suave briza acogedora para refrescar el abrumador calor de aquella tarde, los tonos del atardecer adornaban el cielo y un bello resplandor en el agua del lago deslumbraba los ojos azules de aquel muchacho, el cabello dorado de la chica que nadaba en aquellas aguas tibias inundaban las pupilas del chico. Finalmente ella salió del agua y con el vestido empapado se acercó a Terry, se sentó junto a él sobre el pasto de la verde pradera para a continuación recargar su cabeza en el hombro de él. Tras un silencio embriagante, ambos se voltearon a ver a las caras, caras de satisfacción y alegría, los dos se sonrieron para luego fijar su vista al cielo violeta.

Charlotte estaba cansada y toda empapada, después de estar un rato sentada junto a Terry se puso de pie y estiró los brazos tras soltar un ligero bostezo; "¡Qué cansada estoy!" después se volvió hacia él girando como una bella bailarina con movimientos finos y graciosos. "Insisto en que me acompañes a cenar."

-"No podría…. Yo…"

-"He dicho que insisto, Charlotte." La chica se quedo mirando los ojos profundos y azules de aquel muchacho y negó con la cabeza mientras decía; "Lamento no cumplir su demanda, señor, pero me esperan en casa."

-"Entonces he de acompañarte."

-"No puedo oponerme a eso, pero disculpe la pregunta tan tonta pero, ¿acaso irá a la casa de una dama a cenar en tales fachas?" Terry se miró la vestimenta que aún seguía mojada por haber seguido a Charlotte al lago. Él sonrió pícaramente y asintió la cabeza al ritmo que contestaba la pregunta de su amada; "Pues, señorita, usted tiene la boca llena de razón. ¡Cómo podría yo hacer tal cosa!" Charlotte soltó una risita encantadora, Terry se puso de pie rápidamente y a grandes zancadas se acercó a esa bella criatura. "Entonces, bella dama, ¿la veo a las ocho?"

-"Ni un minuto antes, ni un minuto después."

-"Hasta entonces…" Terry sujetó la mano de Charlotte y la alzó hasta que ésta se encontró con sus labios, plantó un beso sobre los nudillos de la chica y luego lentamente dejo de sujetarla hasta que ésta volviera a su lugar. Charlotte se despidió agitando la mano mientras se alejaba dentro de la melaza… "Espera un momento", pensó, "no sabe donde vivo." Para ese entonces el caballo de Terry junto con su jinete ya estaban lejos de ella.

Charlotte caminaba por el sendero de tierra hasta llegar a la puerta de la finca, atravesó el jardín principal y llegó a la casita en donde ella y Biel se estaban quedando. La joven pudo ver a través de las pequeñas ventanas de vidrio un resplandor amarillo que parecía ser la luz de una vela, corrió de inmediato hacia la puerta de la casita, Biel había regresado. Charlotte abrió la puerta lentamente y vio la espalda perfecta de aquel joven de cabello castaño, él se volteó al escuchar el rechinido de la madera y sonrió a Charlotte mientras ella entraba. "¡Pero dónde te has metido!" la chica lo miro con ojos de sorpresa mientras buscaba una explicación, "No puedo decirle que estuve nadando con un muchacho, además el patán ni siquiera me preguntó donde vivo… Así que no se presentará a cena." Charlotte abrió la boca para comenzar a explicar, "Yo… estuve, mira es que lo que pasó…"

-"¡Seguramente has querido andar en el bote tu sola y te has caído!"

-"¡Exacto! ¡Eso pasó!"

-"¡Ay Charlotte! ¿Qué le voy a decir a àvia cuando te vea así?"

-"¿Àvia, está aquí?" Charlotte estaba confundida. "¡Pero por supuesto que está aquí ella! Todos los fines de semana la pasa aquí, es su descanso de la ciudad… Se ha regresado conmigo tras haberme alcanzado en el mercado esta mañana." Charlotte seguía llena de preguntas, "¿Dónde está ella?"

-"Ella está en la casona, ¿creíste que solo ésta parte era toda la propiedad?" Charlotte asintió, seguía intentando procesar toda la información. "Entonces, ¿abu está en la casona? ¿Ahí vamos a cenar?"

-"Àvia te ha traído ropa formal para estar en la casona, será mejor que te arregles pronto que ya casi son las ocho, déjame decirte que a Thérèse no le gusta esperar…" Decía Biel mientras empujaba a Charlotte dentro de su habitación. "Tienes pocos minutos." Biel azotó la puerta.

Charlotte se encontró nuevamente sola, pensamientos inundaban su mente, el encuentro con Terry y la visita repentina de su abuela, respiraba rápidamente. Sobre su cama estaba su valija grande que había dejado en Paris, ahí dentro estaban sus más hermosos vestidos, se miró al espejo y su cabello un poco ondulado por el chapuzón de la tarde y su piel seca la tomaron por sorpresa. Tomó un vestido blanco; éste tenía justo debajo del busto un adorno de rosas que se concentraban en mayor parte del lado derecho y dejaban caer un listón, haciéndolo ver muy elegante, los tirantes delgados y el corte de la tela remarcaba la cintura de Charlotte, la caída del vestido hacia resaltar las piernas de bailarina de la chica, claro sin sobrepasar la rodilla.

Una chalina de ceda combinaría perfecto para cubrir el pecho de la joven al salir de la casita. Charlotte acomodó su cabello de manera en que su lacio cabello se tornara aun más ondulado por la nadada de esa tarde, casi parecían chinos los que nacían de su cabeza, pasadores con una orquídea de oro blanco, que habían sido regalo de Diana para su cumpleaños número 18, adornaban la cabellera dorada. Charlotte encontró un pequeño frasco pequeño al fondo de su maleta, era una crema que había adquirido en chicago, hacía que su piel se hiciera suave y aun más blanca. Se peinó las pestañas con un rizador y escogió un rosa muy tenue para darle color a sus dulces labios, finalmente se dio unas pellizcaditas en las mejillas para tornarlas rozadas. Finalmente tomo el frasquito con el líquido dorado y se lo untó en las muñecas y detrás de las orejas para darse un toque dulce a vainilla.

El reloj marcaba las ocho en punto cuando Charlotte abrió la puerta y deslumbró a Biel con el rápido cambio de chica mojada a la dama de blanco. Él estiró su brazo para que Charlotte lo tomara y juntos se encaminaron hacia la casona, que Charlotte aún desconocía. Salieron de la casita y Biel encaminó a Charlotte a la parte de atrás del granero en donde las vacas dormían, ahí había un carruaje sencillo que era tirado por un caballo pinto. Biel sostuvo la mano de Charlotte hasta que ella se sentó en la parte del pasajero, Biel tomó las riendas y gritó para que el caballo avanzara.

Comenzaron a circular por un camino distinto al que normalmente Charlotte tomaba para salir de la "finca" éste camino era mucho menos terroso y tenía piedras, no levantaba polvo, no había hiervas y estaba en general en mejores condiciones. La luz de la luna iluminaba el camino junto con los quinqués que yacían de cada lado del carruaje. "Ya vamos retrasados." Dijo Biel entre dientes. "Lo siento, pero creo que debo lucir bien para mi abuela." El camino continuaba a través de una parte poblada por árboles grandes, parte del bosque, mientras más se adentraban más se obscurecía. Al cabo de unas milésimas la luna desapareció entre los árboles y Charlotte sujetó fuertemente sus manos, pero al cabo de unos segundos entre los árboles se colaba una gran fuente de luz. Salieron de la parte boscosa y ante los ojos de Charlotte la casona de Thérèse se hizo presente.

Hecha con ladrillos beige y piedras grises y cafés claras, ventanas de madera negra y barandales también, techo de tejas y todas las habitaciones iluminadas. La gran casona deslumbraba la vista nocturna, perfectamente detallada y sobre todo con un exquisito toque elegante que solo podría ser producto de la creación de la abuela. Pronto llegaron a una gran puerta de madera negra y Biel ayudó a Charlotte a bajar, a continuación el muchacho abrió y dejó entrar a Charlotte a un jardín donde en medio había una hermosa fuente de mármol, un cuadrado de portales y arcos de piedra rodeaban ese hermoso jardín. Ambos caminaron hasta el otro lado del cuadrado por debajo de los arcos cruzando el jardín y llegando a otra puerta negra, la atravesaron y llegaron a un vestíbulo. "¿Qué esta casa nunca termina?"

-"¿Qué parte de casona no entiendes, Charlotte?" Biel dijo burlón mientras ofrecía nuevamente su brazo a la joven, caminando a través del vestíbulo que estaba decorado con esculturas de piedra, perfectamente hechas y cuadros hermosos. Se encontraron con el arco que daba paso al comedor principal y juntos entraron. Aquel estaba vacío y entonces Charlotte miró confundida la mesa sin arreglar, "Creí que cenaríamos…" Biel interrumpió, "Así es, pero lo haremos en la sala informal." Biel abrió una puerta que dio paso a un comedor con vista al jardín trasero, donde estaba el bosque que atravesaron, el gran balcón y una mesa para 10 personas, la chimenea y una mesa para jugar cartas junto a los sillones para que los hombres tomaran brandy después de cenar, un piano sin cola y la hermosa sonrisa de Thérèse.

Charlotte saludó energéticamente a su abuela adorada y ella de igual manera regresó el saludo, se abrazaron por unos largos segundos. "¡Abuela no tenía idea de que ésta es la finca!"

-"Era una sorpresa, mi retoño, para que juntas la pudiéramos disfrutar. Además traigo conmigo un par de sorpresas, mi cielo." Charlotte esperaba regalos de París pero en vez de eso, Thérèse aplaudió y entraron, por la misma puerta que Charlotte cruzó, Ben, Mary y Edward. Las chicas al verse gritaron de emoción al tiempo que se abrazaban fuertemente y daban de brinquitos, después Charlotte se lanzó a Ben quien alegremente la atrapó y levantó para darle una vuelta mientras le besaba la mejilla, Edward se encorvó para abrazar a Charlotte y le susurró; "Te dije que volvería antes de que lo que esperabas."

-"Más pronto y con una gran sorpresa, querido Ed." La abuela rio y dio una palmadita en la espalda a su nieta, la hizo acercarse a la chimenea junto a los sillones para los caballeros y pudo ver una figura de cabello negro. "¿Terry?" El joven se puso de pie y con una sonrisa coqueta dijo, "Yo he llegado a las ocho, como hemos quedado, pequitas."

-"De haber sabido que vendrías no me hubiera vestido así." Charlotte cubrió su vestido como si trajera puestos harapos viejos. "Pero si te ves hermosa." Charlotte sonrojó.

Pronto pasaron a cenar y durante toda la cena Mary y Ben describieron su viaje a España para pedir la mano de Mary. "Yo juré que mi padre lo mataría, pero no fue así. Me abrazó fuertemente y me dio su bendición, creo que mi madre está más que satisfecha, por fin." Charlotte bebía lentamente de su copa de vino al escuchar atenta a Mary. Ben se metió una patata a la boca y se sonrojaba mientras su prometida daba los detalles de su propuesta. Charlotte miró a Biel un par de veces de reojo para darse cuenta de que él veía atentamente a Terry, quien estaba sentado junto a la abuela. Biel miraba receloso al otro muchacho cuando éste le hablaba a su àvia. Charlotte intentó evadir esa sensación incomoda.

Terminaron la cena y se pasaron a la mesa de juego en donde se sentaron Biel, Terry, Ben y la abuela. Charlotte permaneció de pie para poder admirar adecuadamente la mano y la sortija de Mary. Thérèse sacó las cartas y comenzaron a jugar póker, Mary y Charlotte conversaban, "Creo que está muy silenciosa la noche, El grillo è buon cantore…" Mary comenzó a entonar una dulce melodía de música renacentista, con aquella voz tan entonada que tenía. "¡Mary baja la voz!"

-"¡Vamos Charlotte, si te acuerdas!" Charlotte aclaró su garganta con un suave carraspeo y cantó; "El grillo è buon cantore. Che tiene longo verso." Soltó una carcajada y los personajes del juego de póker aplaudieron, Charlotte ruborizó. Mary invitó a su amiga a terminar la canción.

El grillo e buon cantore
che tiene longo verso
dalle, beve, grillo, canta

ma non fa come gli altri uccelli
come li han cantato un poco

quando fa maggior il caldo
allor canta sol per amore

Al terminar todos aplaudieron, fue entonces cuando Edward comenzó a tocar el piano suavemente para continuar inundando la habitación con música. "Fue un placer, señorita Mary."

-"El placer fue mío, señorita Lottie." Tras una reverencia Mary se sentó junto a Ben en la mesa de juego. Las miradas entre Biel y Terry se tensaban cada vez más y más. Tras un rato de juego Charlotte pudo ver que solo quedaban ellos dos en la mesa, la abuela estaba junto a Edward viendo como tocaba el piano, los novios en el balcón admirando la noche y Charlotte sola. Los muchachos sentados en la mesa difundían una sensación de competencia brutal, nadie se daba cuenta claro excepto Charlotte. Finalmente se levantó Biel de la mesa y bruscamente se apartó de ahí, se acercó a Charlotte y no dijo nada, solo se le quedo mirando y luego se fue. La chica, paralizada por la mirada que le había lanzado Biel, sintió un frío en el pecho al ver partir aquel muchacho por la puerta; nadie más había notado lo sucedido.

Se acercó Terry a Charlotte y le acarició el brazo, "¿Todo bien?" la chica asintió pero no logró convencer al muchacho. "Ven, vamos a caminar." Terry abrazó a Charlotte por los hombros y la escoltó hasta el jardín, la chica no estaba segura de cómo habían llegado ahí tras atravesar puertas y puertas. El obscuro bosque estaba de fondo tras la figura de Terry, Charlotte dejó caer su chalina al suelo y se paró de puntitas, luego se dejó caer y comenzó a correr hacia el bosque. Terry corrió tras Charlotte, y la alcanzó de un brazo, ella se dio la vuelta y lo abrazó fuertemente. "¡Oh Terry!"

-"¿Qué sucede Charlotte?" La chica se soltó del muchacho y se sentó sobre el pasto, se desató las zapatillas y las lanzó lejos. "No sé, no sé que siento." Terry se incoó junto a ella y le acarició la mano, ella se volteo para verlo y sus ojos azul claro tenían el reflejo de la luna en sus pupilas. "Yo solo sé que te amo." Él se acercó tanto a ella que sus narices se rosaban, sus labios casi se tocaban y lo hicieron, pero al simple toque de los labios entre abiertos de Terry, Charlotte volteó la cara. "¿Cómo saber qué realmente me amas?"

-"Porque, a pesar de que me habías olvidado, a pesar de que tu corazón estaba lastimado… Me he quedado aquí para ti, me he desvivido por ti, me he enfermado de tu escancia. Te he dado un hermoso guardapelo que sé que usas siempre, colgando en tu dulce pecho, sé que todas las noches sueñas conmigo como yo lo hago contigo. Realmente siento que no puedo alejarme de ti, a pesar de todos los males y todas las adversidades, siempre he regresado a ti. Me convertí en una memoria y luego en un sueño, ahora vengo ante te ti y te digo, mi cielo, que te adoro y que te aprecio. Solo me he desvelado por dos bellas cortesanas; La luna y tú, mi dama blanca.


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