ATT: mundo alterno.
Aquí Tsunade tiene un papel importante.
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La muerte ¿Qué representa la muerte para un shinobi?
Todo. Desde el momento en que nace, experiencias, circunstancias… hasta el día de su juicio final. La muerte acompaña siempre a cado uno de los ninjas existentes en la tierra. Misiones peligrosas, guerras sangrientas, asesinatos, sabotajes y traiciones; dolor, sufrimiento y lágrimas… ¿No son esos motivos suficientes para odiarla? ¿Para desear vivir, para enfrentarse a ella sin miedo?
Quizá sí, quizá no…
Porque, ¿Qué culpa tiene ella del destino elegido por los mismos? No, ninguno. Porque los únicos que deciden cruzar el río sobre la parca de madera podrida hacia el otro lado, los únicos que persiguen y siguen el camino a la mismísima muerte son ellos, los ninjas.
Porque ellos así lo decidieron.
Un ninja existía para proteger a su aldea, para cumplir con la justicia, para ayudar a cuanta persona lo necesite. Un ninja existe para poder vivir. De no ser por ellos, ¿Quién protegería a los aldeanos, quien protegería al altísimo cargo? No, cada una, cada pequeña y gran aldea, húmeda y desierta, rocosa y ardiente, oculta o poderosa, cada aldea cuenta con más de mil ninjas, mil personas dispuestas a dar la vida por su hogar. Dispuestas a jugar con la muerte por las personas que querían.
Por esa sencilla razón, por querer proteger, por decidir jugar con la muerte, a los ninjas se les prohibía amar.
Amar era una de las principales razones por las que miles de ninjas morían. Porque sin querer, sin poder darse cuenta, sin poder llegar a frenarlo, se habían enamorado. Y enamorarse comportaba una debilidad. La debilidad de querer proteger únicamente a esa persona, de mandarlo todo al mismísimo infierno y darlo todo por la persona amada.
Sin embargo, ¿Qué culpa podían tener ellos? Aquello surgía como de la nada, sin llegar a pensarlo. Los corazones latían acelerados, aparecían los temblores, las mejillas sonrojadas, los roces, las sonrisas, el compañerismo…todo comportaba una irresistible atracción- y todos sabemos que los ninjas, aquello que se les prohíbe, se les hace más apetitoso- Pero, ¿Qué podían hacer ellos para evitar tal sentimiento?. Ellos no lo pedían, ellos sabían que debían comportarse como los ninjas fríos, obedientes y sin sentimientos tal y como les habían enseñado, pero… ¿qué culpa tendrían ellos de enamorarse?
Por ello, por sentir, por enamorarse, Hyuuga Hinata y Uzumaki Naruto se encontraban ante la Hokage de la aldea oculta de Konoha, Tsunade Senju.
De ojos profundamente castaños, la rubia Hokage miró a cada uno de los chicos que se encontraba ante ella, separándolos por la gran mesa de madera. Hyuuga Hinata, la heredera del clan Hyuuga, de curvilínea figura bajo el uniforme Anbu, de largos cabellos oscuros que llegaban hasta sus pantorrillas, de ojos gatunos y orbes blancos poseedores del Byakugan. Carácter problemático, pues su timidez había sido muy difícil de superar, al igual que esa poca confianza en sí misma.
Tiempo y entrenamientos habían sido necesarios para transformarla en la shinobi por la cual su padre ahora estaría bien orgulloso.
Y Uzumaki Naruto. Posó su mirada en el rubio y una sonrisa leve curvó sus labios. Ese chico había sido muy problemático, por el simple hecho de poseer en su interior al demonio de nueve colas, Kurama. Fue odiado, repudiado y también entrenado de la forma más dura para que aprendiera a controlar y medir su fuerza.
Era otro de los mejores ninjas con los que aldea podía contar.
Un joven guapo, atractivo, de increíbles ojos azul y cabello rubio. Tan parecido a su padre…
Observó a ambos, sin borrar la pequeña sonrisa. Una fuerza que podía matar al enemigo en cuestión de segundos y otra que era capaz de traer la tragedia a la aldea. Byakugan y Kyuubi unidos. ¿Era eso de temer?
-Escuchadme los dos- los ojos de ambos se pusieron en contacto con los suyos y ella, sin poder aguantar más, mostró una gran sonrisa, divertida, socarrona- ¿De verdad que os han cogido haciéndolo en el bosque?
Hinata enrojeció y miró a un lado, las mejillas del rubio también se sonrojaron, aunque no tanto, además, Tsunade pudo apreciar una pequeña sonrisa ladina.
Ahora sabía quién tenía la culpa
Suspiró, pensando divertida en que eran todavía muy jóvenes, que esas cosas no podían evitarse…pero lentamente fue borrando su sonrisa. Era cierto que no podía evitarse. Estar enamorado no hacía daño a nadie. Pero para ellos, amar era algo prohibido. Una debilidad a los ojos del enemigo, algo que no podían permitirse.
Volvió a mirar a la pareja, sintiendo verdadera lástima.
-Lo siento, pero a partir de ahora iréis en escuadrones diferentes.
La miraron con los ojos bien abiertos, asombrados.
-Naruto no es la primera vez, y debo recordar que te lo advertí-alzó la mano, evitando de ese modo que él se quejara-Hinata, tu irás con el escuadrón de Sasuke, Naruto…
-No-adujo él de forma cortante. Hinata empuñó sus manos, con su mirada puesta en la superficie lisa de la madera. Tsunade elevó una ceja-Vieja, no puedes separarnos. Sabes que Hinata y yo manejamos bien el escuadrón. Juntos somos buenos.
-Sé que sois buenos Naruto, pero…-miró a Hinata- tal y como se presentan las cosas, no podéis seguir juntos- le miró, pero Naruto rehuyó de su mirada, apretando fuerte su quijada-los sentimientos nublarían la vista del otro.
-¡Eso no es cierto!-gritó él, furioso- ¡Sabemos cuál es nuestro destino! por mucho que nos queramos tenemos presente cada jodido segundo del día que no podemos permanecer juntos. Nacimos para obedecer órdenes, para matar y hacer cuanto se nos pida. Los ninjas tienen prohibido tener sentimientos. Deben ser fríos y calculadores. Para un ninja está prohibido amar…porque eso significaría…debilidad ante el enemigo.
Hinata mordió su labio tembloroso, Tsunade siguió observando a Naruto sin alterarse mientras él empuñaba sus manos con tanta fuerza que temblaban.
-¿Crees que algo como eso se puede olvidar?-relajó sus puños y su rostro, su expresión pasó a ser terriblemente devastadora, angustiosa, dolorida…Tsunade fijó la mirada en la acción de la muchacha. Hinata había estirado su mano y sujetado la misma de Naruto. Este entrelazó los dedos con ella.- Es como un puñal para mí…-susurró, con la mirada perdida en algún lado.
Miró a ambos, sintiéndose repentinamente la mala en la película. Suspiró, frotando el puente de su nariz. ¿Qué culpa tenía ella de que las leyes fueran así? ¿Qué los más altos así lo mandaran? Ella también obedecía órdenes.
-Amo a Naruto, Tsunade-sama- la voz de Hinata la sacó de sus malos pensamientos, pero no la miró- y-y pienso yo…que sepárame de él no resolverá nada. Es más...c-creo…que eso lo empeorara todo.
Ahora Tsunade volteó a mirarla, extrañada. Y ahí tenían de nuevo a la tímida Hinata, sonrojada hasta las orejas.
-E-estar separado de la persona que amas causa todavía más preocupación…y menos concentración en el trabajo- sus blanquecinos orbes se toparon con los castaños de ella- separarme de Naruto sólo causará que me preocupe de más…-y miró a un lado- y olvide mis obligaciones.
Elevó una ceja Tsunade
-Hinata, estás tratando de chantajearme con tus palabras ¿verdad?
Hinata no respondió, pero sus mejillas cogieron más color y ella sonrió.
-O sea, que si yo te separo de Naruto no piensas cumplir con tus obligaciones…-se apoyó contra el respaldo de su silla, mirando la situación con diversión-jamás pensé eso de ti Hinata- miró a Naruto, que volvía a sonreír levemente- ¿tú qué opinas Naruto?- el rubio la miró con determinación- ya veo…lo mismo…-volvió a suspirar, negando-entonces, me veo obligada a escoger la peor de las opciones.
Hinata estrechó la mano de Naruto con fuerza cuando la Hokage se alzó de la silla, mirando a ambos con seriedad.
-Huid.
-¿Qué…
Naruto y Hinata se miraron asombrados, volviendo a mirar la rubia, que le sonrió.
-Si de verdad os amáis tanto como presumís, huid de la aldea, del país, marchad los más lejos posible de aquí. Convertiros en simples campesinos…pero bien lejos de todo lo que tenga que ver con ninjas…-y bajó su mirada al vientre de Hinata- creo que ese niño merece vivir alejado de la muerte.
Naruto miró a Hinata, a la vez que ella ponía una mano en su vientre, sonrojada.
-P-por eso te desmayabas y…no comías…-balbuceó él, bien asombrado-Hinata-chan…e-estás…
Hinata asintió y él abrió bien grande sus ojos. Miró a Tsunade, que le sonreía, a Hinata de nuevo, que mantenía su mirada baja, y al vientre plano que todavía estaba por abultarse. Sonrió, lentamente, una sonrisa fue apareciendo en su rostro. Su respiración se aceleró, acompañado de los latidos de su corazón, sus mejillas se sonrojaron ligeramente, sintió emoción, alegría, felicidad…miró a Tsunade, que asintió de nuevo, confirmándole así que estaba embarazada.
Miró a Hinata
-V-voy a ser…papá…
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Recordó el efusivo abrazo del rubio hacia Hinata, el beso, incluso las lágrimas que salieron de ambos ojos, azules y blancos. Las palabras de amor, las sonrisas…
Juró que ella también había llorado un poco.
Arrebujada en su asiento, la anciana Tsunade de sesenta y dos años, observaba la fotografía que en su mano parecía nueva ante su piel arrugada. Acarició a los jóvenes que ahí se encontraban. Una alegre Hinata vistiendo un lindo vestido blanco corto, con su largo cabello cayendo sobre su brazo y un vientre abultado, en los brazos de un sonriente Naruto, vestido con camisa negra de manga corta y unos pantalones anaranjados. En su hombro, una niña de cuatro años de cabello oscuro como el de su madre y ojos de un color azul cielo muy pálido, sonriendo zorrunamente mientras tenía alzados dos de sus dedos, en señal de victoria.
Esa, y más fotos que habían sido enviadas secretamente a ella, era las que conservaba Tsunade con mucho amor.
Una familia. El clan Uzumaki había vuelto a renacer. Y ella estaba orgullosa de haber sido participe de esa unión.
Ahora, siete años después de que Hinata y Naruto fueran asesinados por un escuadrón Anbu a nombre del emperador, su hija Natsuki de doce años, su pequeño hijo condenadamente parecido a Naruto y su hermana gemela, Haruhi, se encontraban bajo su tutela.
-Abuela Tsunade.
Natsuki, apoyando sus manos en el brazo de la silla miró el montón de fotografías que había desperdigadas en la mesa.
-Mamá y papá fueron felices, ¿verdad?- sus ojos de aquel color tan claro la miraron y ella le pareció estar viendo a Hinata, con su cabello corto, cuando era pequeña.
Los dos gemelos, sobre la mesa también la miraron. Por favor, esos eran como dos gotas de agua clavadas a Naruto.
Sonrió, mirando el montón de fotos.
-Por supuesto.-y agarró una de las fotos que más le gustaban-me alegro de haber tomado aquella decisión…
La foto era de Hinata y Naruto, tomada a discreción, cuando eran Anbu e iban sujetos de la mano, mirándose con una sonrisa, con las mascaras de animales tras su cabeza, con el sol de poniente frente a ellos...
Si, fue la decisión correcta, ¿verdad Naruto?
-¡Yo seré el mejor ninja de todos, igual que papá!-exclamó Haruto
-¡Haruto-baka, estás pisando las fotos!-gritó Natsuki acercándose a él mientras la pequeña Haruhi murmuraba algo de ramen.
Tsunade sonrió, mirando a los niños.
El sol se ponía, el cielo se veía naranja y los pétalos de Sakura revoloteaban al movimiento del viento.
Es cierto que la destituyeron de su puesto y que la expulsaron de su aldea, pero no se arrepentía, había hecho una buena obra. Había aportado la felicidad a dos de sus más queridos alumnos.
Y se sentía bien
-Porque ese era mi camino ninja…-repitió, mirando la fotografía enmarcada en su mesa, donde salían todos juntos.
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La muerte, fiel compañera de aventuras peligrosas, amante del miedo, la sangre, el dolor y el sufrimiento, es la compañera que nunca te abandonará.
Un ninja debe aprender a convivir con la muerte, a superar sus miedos, a ser frío y calculador, a no tener sentimientos ni debilidades, a no amar...posiblemente, ellos fueron los primeros en romper con el yugo que les impedía amarse.
Porque Naruto y Hinata nunca vivieron con la muerte, sino...que vivieron hasta la muerte.
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¡Lo terminé!
La verdad, algo extraño este fic, pero hacía tiempo que tenía pensado subir algo sobre la muerte y la relación que tenían con los shinobi.
Espero que os haya gustado y oh! deciros que aprox. Naruto y Hinata tendrían como veinte años. La primera parte es una especie de introducción sobre los ninjas en general, más adelante, el recuerdo de Tsunade.
¡Nos vemos en el próx.!
