Capitulo 32: El caballero, guardián y amante.

Charlotte estaba perdida en los ojos de Terry, la luna se reflejaba perfectamente en sus negras pupilas. La noche era cálida, en su pecho y en ambiente: aún así una suave brisa soplaba y jugueteaba con los cabellos semi-rizados de la cabellera dorada de Charlotte. Las palabras de Terry aún resonaban en sus oídos, como el viento que se cuela por la ventana, en una tarde de otoño. El recuerdo del ser amado ahora estaba grabado eternamente, dentro de su pueril mente. Charlotte se sentía inmensamente feliz, nada podía ser mejor y justo iba a regresar la mirada hacia el cielo para ver que era real todo lo que estaba sucediendo. Las estrellas adornaban aquel manto que la dama de blanco traía consigo cada vez que se asomaba a este mundo mortal, la belleza de aquella descripción solo era comparable a la de él. Terry sostuvo a la chica por la barbilla para hacerla volver su cara hacia él, sus labios entre abiertos para besarla ansiaban el dulce tacto de Charlotte, ella comenzó a cerrar sus hermosos ojos y sus pestañas largas como la noche acompañaron la caída del párpado de la chica. Los grillos cantaban el dulce encuentro y las luciérnagas en el bosque alumbraban, hasta la misma naturaleza adoraba esta memorable reunión.

Un susurro invadió la mente de la chica, que fuertemente sonó dentro de su cabeza, era solo una pequeña palabra que alguna vez hizo que su piel se erizara al escucharla: Petita… Charlotte se apartó de Terry al mismo tiempo que abría bruscamente los ojos y volteaba su cabeza hacia abajo y sus ojos se inundaron de lágrimas. "¿Qué te pasa, Charlotte?"

-"Biel ha sido muy bueno conmigo…" Terry la miro serio, tragó en seco y dijo: "¿Tienes sentimientos por él?" Charlotte dudó un instante y luego comenzó a vacilar. "¡No! ¡No lo sé! Es solo que pues Biel… Él ha sido, es como si, tu sabes Terry, el dice que nosotros…"

-"¡Solo dímelo Charlotte!" Terry alzó la voz. "Solo dime, dime si sientes algo por él y te prometo, por lo que siento por ti, que me haré un lado para que puedas…"

-"¡Terry no!" Los ojos de Charlotte brillaban por las lágrimas que habían llenado el verde azulado que habitaban alrededor de la pupila. "¿Dudas de lo que sientes por mí, Charlotte?" Ella negó firmemente con la cabeza, aún sentada sobre el pasto. "Entonces, ¿por qué mencionas a Biel?" La joven lo miró con ojos inocentes, realmente ignoraba los motivos por los cuales ella había siquiera mencionado aquel nombre. "No nací ayer, solamente vi tus ojos brillar al verlo a él, dieron un brillo que solo había visto una vez antes… Cuando me viste a mí en Utrecht la primavera pasada."

-"Creo que será mejor que te vayas… Terry." El joven se puso de pie con un dolor en el pecho. "Si eso es lo que quieres, Charlotte. Solo déjame decir, me duele que me haya tardado en volver a tu memoria, ahora ya no eres solo mía, y pensar que debo compartir tu cariño… ¡Me lastima y me ahoga la agonía de solo imaginarlo! Búscame cuando aclares tu mente, no quiero que termine esto así…" Charlotte no levantó la vista para verlo sumergirse en el bosque, cuando supo que estaba sola se puso de pie y se encaminó a la Casona de vuelta.

La chica no quería volver a entrar aquella casota, ya que sola sabía que se perdería. Antes de atravesar la gran puerta de madera cambió su rumbo por el sendero de piedras, llegó a las caballerizas en donde solo unos cuantos quinqués alumbraban la estancia. Una figura perfectamente hecha acariciaba un caballo pinto, Charlotte sintió su piel erizar y aun así dio un paso más. "Hola Biel." El muchacho se volvió y sonrió a la joven. "¡Ah Charlotte! Dime, ¿se ha ido vuestro amigo?" Charlotte se cogió de hombros. "Sé que no te agrada nada." Biel no pudo evitar sonreír y mirando hacia el suelo dijo; "Entonces, se ha ido." La chica caminó hasta donde estaba el muchacho y también acarició al corcel que asomaba su cabeza desde su caballeriza, con sus dedos recorrió el rostro del animal. "Me hubiera encantado conocerte antes, Biel."

-"¿Y por qué no ahora?" El chico dejó caer su mano y miro con angustia a la dulce joven a quien le brillaban los ojos bajo la tenue luz de la estancia. Charlotte suspiró hondo y sintió su corazón palpitar agitadamente, la corriente sanguínea subía a sus mejillas haciéndolas verse de un color perfectamente rosado; la chica alzó la mirada para encontrarse con esos ojos castaños de Biel y sus hermosas pestañas acompañadas de su gesto angelical. "Biel…"

Todo era perfecto, aquél momento era eterno y la suave esencia a vainilla que desprendía el cabello ondulado de Charlotte impregnaba de felicidad el pecho de Biel. "Te amo." Las pupilas del muchacho eran inmensas, su corazón corría y sus labios añoraban tocar la piel rosada de Charlotte. Ella Lo miró estupefacta y se le hizo un nudo en la garganta, le costaba trabajo respirar y sintió como palidecía su piel e incluso sus labios, rojos cual carmín, perdían su encanto. Su vista comenzó a nublarse y sintió como se tambaleaba, logró aferrarse a la puerta de la caballeriza de donde salía la cabeza de aquél caballo pinto, Charlotte parpadeó rápidamente para intentar enfocar su mirada, Biel se acercaba y comenzaba agitarla. "¡Charlotte! ¡Charlotte qué te sucede! ¡AUXILIO!" Charlotte sentía como si su cabeza fuera a explotar, sus oídos le zumbaban y los gritos de Biel hacían que su corazón se alborotara como el diminuto corazón de un pequeño ratón de campo que está a punto de ser devorado por una serpiente salvaje. Charlotte junto todas sus fuerzas restantes intentando abrir los ojos, sus piernas no le respondían y apenas pudo levantar su mano y acarició la mejilla de Biel; "Quédate conmigo, Charlotte… No cierres los ojos." Los ojos de la chica brillaban y cada vez que ella pestañeaba una lágrima transparente recorría su piel y su rostro, su boca entre abierta logro articular una palabra antes de que la joven finalmente se desplomara… "Terry."

Terry estaba sentado sobre la rama más alta de un árbol admirando la luna llena que alumbraba en el cielo alto, hacía mucho que no fumaba un cigarrillo y había pasado ya varios minutos jugando con uno entre sus dedos. La noche era cálida y aún resentía en su pecho la discusión que había tenido con Charlotte no hacía mucho, lamentaba haberse marchado sentía que debía volver y disculparse pronto. Lanzó el cigarrillo lejos y bajó del árbol, comenzó su caminata de regreso a la casona de la abuela de Charlotte. Caminando por el sendero llegó rápidamente y visualizó la hermosa casona, de pronto escuchó un grito: "¡AUXILIO!" el grito provenía de las caballerizas. Terry corrió con todas sus fuerzas, sentía que algo malo estaba sucediendo y fue entonces cuando llegó a la puerta y se sujetó de ésta para recobrar el aliento. Respiró profundamente y miró hacia adentro; vio a Charlotte tumbada en el piso y a Biel sosteniéndola de la cabeza, él le dijo algo y ella llorando le acarició la mejilla y antes de desplomarse escuchó perfectamente como Charlotte decía su nombre, "Terry."

La joven abrió los ojos y se quedó perpleja al descubrir que yacía en unos aposentos que no eran de la finca. Los edredones eran de seda, no de algodón y había un ventanal por donde entraban los rayos del sol y no una pequeña ventanilla que daba al huerto. Traía puesto un camisón y extrañada recorrió la habitación con la mirada, su abuela estaba dormida sentada sobre el sillón que estaba junto a la cama. Charlotte le tocó la mano y sintió como su abuela estaba helada, sacudió su mano y dijo en voz baja; "Abuela…" La mujer parpadeó varias veces y luego abrió completamente los ojos y volteó la cara a su nieta para sonreírle. "Mi niña." Charlotte abrazó a su abuela y mientras ella la sujetaba fuertemente le preguntó qué era lo que había sucedido. "Mi retoño, sufriste un ataque a los nervios. Frederick, el mayordomo, por suerte fue el médico local en su pueblo natal y fue él quien pudo atenderte y evitó que esto pasara a mayores… Pidió que guardaras reposo."

-"¿Cuánto tiempo he estado dormida?"

-"Un día entero."

-"¿Quiere decir que hoy es lunes?"

-"Hoy ya es martes, Charlotte."

La chica no podía creer que se hubiera quedado dormida por tanto tiempo y sobre todo con la situación que tenía, de decidir entre Terry o Biel.

Charlotte se puso de pie y caminó hasta el gran ventanal para encontrarse con la hermosa vista al jardín, pudo ver a Ben y Mary caminando cerca de los rosales. Su cabello era lacio nuevamente, el peinado se había deshecho y se sentía hambrienta dado que no había ingerido alimento alguno desde la cena sorpresa. "¿Abuela, dónde está Biel?" Preguntó Charlotte al mismo tiempo que volteaba la cabeza para ver de reojo a su abuela, quien todavía estaba sentada sobre el sillón. "Se regresó ayer. Yo no quería apartarme de tu lado y él insistió en que me quedara… Solo hemos estado esperando a que te repongas para regresar a Paris lo más pronto posible."

-"¿Abuela, podría quedarme? Siento que debo meditar unas cosas antes de volver a la ciudad… Necesito descansar un poco más pero no sería justo que te obligue a quedarte cuando tú tienes demasiadas ocupaciones en Paris con tu restaurante estrella…"

Thérèse se levantó y abrazó fuertemente a Charlotte, y le dijo: "Mi amor, mi niña; he vivido angustia y dolor desde que te dejé hace años… Pero ahora que te tengo junto a mí, siento en mi pecho que así será por mucho tiempo más. ¡Quédate el tiempo que necesites! Vendré todos los fines de semana como siempre y disfrutaremos juntas nuevamente."

Thérèse partió a Paris antes del medio día y dejó a Charlotte junto con Ben y Mary en la Casona, volvería el próximo sábado para verlos nuevamente. Después de despedir a la abuela todos juntos fueron a una de las terrazas a tomar té. Ben y Mary estaban enamorados con la Casona. "Definitivamente deberíamos hacer aquí la boda" dijo Mary, "¡No, no! ¡Imposible! ¡Ésta es una residencia privada, Mary." Respondió Ben muy apenado con Charlotte, la chica soltó una risita y le contestó; "No veo ningún problema, además las flores están hermosas y el jardín es muy grande… Perfectamente pueden celebrar la boda aquí. Además hay demasiadas habitaciones disponibles para sus invitados." Mary sonrió complacida mientras Ben apenado aceptaba la propuesta de Charlotte. El chico muy amable y educado como siempre se retiró de la estancia con un gesto caballeroso, dejando a solas a Mary y Charlotte. "Cuéntalo todo, Charlotte." Charlotte suspiró hondo y bebió un sorbo de su té antes de comenzar a platicar con Mary. El sol comenzó a caer cuando ya se habían terminado todos los emparedados de pepino y las galletas, el té estaba frío y a la tarta ya le rondaban las moscas. "Lo último que recuerdo es que dije "Terry" luego me desmayé y desperté en la habitación." Mary suspiró y se quedó un momento en silencio mientras reflexionaba todo… "¡Lo sabía! ¡Siempre supe que tú y Terry terminarían juntos! ¡He dicho!" Charlotte se sonrojó como un tomate. "No estás siendo de mucha ayuda, Mary."

-"Yo creo que mi opinión si ayuda, porque solo confirma lo que tú ya sabes muy dentro de ti: estás loca, perdidamente, profundamente, eternamente, apasionadamente enamorada de Terrence Shinemoon, hijo del Duque de Shinemoon."

-"Tengo que verlo, tengo que pedirle disculpas…"

-"¡Tú tranquila, qué el te va a perdonar!" Mary se puso de pie y miró el cielo. "¡Vaya, qué se nos ha ido la tarde charlando de muchachos!" Ben entró de nuevo a la estancia, saludando cordialmente a Charlotte y besando la mejilla de su prometida. "Creo que han estado demasiado tiempo encerradas, deberíamos ir a caminar un poco antes de la cena y que el sol se ponga. ¿Qué dicen?" Charlotte se puso de pie e hizo un gesto para que Ben y Mary salieran antes que ella de la terraza.

Una vez abajo, comenzaron a caminar alrededor de los jardines, recorriendo todo desde los rosales hasta donde comenzaba la parte boscosa de la propiedad. El sol pintaba el cielo con tonos naranjas y en lo alto se distinguían tonos morados, se veía hermoso… Charlotte perdió a Ben y Mary, se metió a la parte boscosa para trepar un árbol y estar a solas un rato. Ya estando trepada en la frondosa copa de un árbol, miró al cielo y justo a tiempo para ver al sol meterse por el horizonte. Las luciérnagas comenzaban a brillar y los grillos frotaban sus patitas haciéndolas sonar, Charlotte respiró hondo y se sintió tranquila a lo lejos se veía el castillo de piedra en donde Terry estaba. Charlotte escuchó un silbido que venía del otro lado del bosque, bajó del árbol y siguió el sonido. Caminó entre la melaza, y arruinó su vestido, mancho sus zapatillas y despeinó su cabello; continuó hasta que se topó con el lago en frente, vio a un muchacho tirando piedras al agua. La chica se sacudió las hojas que traía sobre la ropa y a paso lento se movió hasta que junto al chico detuvo su andar. Terry volteó a verla, sonrió "¿Así mugrosa vienes a pedir disculpas?" Charlotte frunció el seño y dijo; "No. No vengo a disculparme ni a pedir perdón, solo me escapé de mi casa."

-"Y has venido a verme… ¿No?"

-"¡No! Es solo que siempre has de estar a donde yo voy… No eres tan importante como para seguirte a todos lados." La muchacha se cruzó de brazos y alzó la mirada orgullosa y algo obstinada. Terry lanzó la última piedra al agua haciendo que saltara tres veces antes de hundirse, soltó una carcajada y respondió a la chica; "Eso yo ya te lo había dicho antes a ti, si no mal recuerdo. Necesitas buscar otras frases, pequitas, antes de declararme tu amor." Diciendo esto último se volvió hacia Charlotte y la tomó de la cintura, acercándola más a él; sus narices se tocaban y las mejillas de ella se pusieron rojas, los ojos de Terry nadaban en los de ella y antes de que Charlotte se soltara… Sus labios se tocaron entre sí, entonces un beso rompió con toda la tensión y Charlotte se derretía en los brazos de Terry, se separaron y ella suspiró. "Me quedaré contigo por siempre, ahora lo entiendo bien… Eres mi caballero, guardián y amante, no me dejes nunca porque te amo, te amo tanto como tú me amas a mi…" Las estrellas brillaban fuertemente, llenando de fulgor esa noche tan hermosa mientras Charlotte y Terry se besaban junto al lago. Todo es perfecto otra vez.