Sinopsis: No era extraño que Naruto le observara fijamente, tampoco que deseara abrazarle, besarle y achucharle. Él tan sólo quería estar a su lado. Jugar, reír e incluso llorar. Compartir todo cuanto pudiera. Tanto conocimientos como experiencias le haya traído la vida. Todo. Porque sabía que él sería el mejor, no sólo en cuanto a ninja, sino también como persona. Haruto Uzumaki Hyuuga, el orgullo de la familia.


Capitulo 25

Haruto

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Le observaba fijamente. Sus ojos azules se centraban únicamente en el pequeño bulto durmiente sobre el colchón de su cuna.

No podía tocarle, pero en realidad estaba deseando hacerlo. También besarle, abrazarle, oler el dulce aroma que desprendía, mirarle… mirarle durante horas y horas, sin pensar que pudiera llegar a cansarse. Algo erróneo, puesto que nunca se cansaría de hacerlo. Poder ver otra de sus sonrisas, escuchar su risa, darle de comer, cambiarle, jugar con él…en fin, estar con él es cuanto más deseaba.

Estiró su brazo, metiendo la mano en la cuna de madera color azul fuerte y, con mucho cuidado, acarició una de las mejillas de ese niño. Una sonrisa lenta y boba curvó sus labios al sentirla cálida, suave y con tres marcas rectas.

Kyuubi…pensó, apartando su mano, volviendo a apoyar sus brazos sobre el barandal de madera y apoyar su cabeza sobre los mismos, observando al pequeño bebé de apenas un año de vida.

Era moreno, bueno…tenía un color de piel algo más clarita que la suya, pero a fin de cuentas, moreno. Los poco pelitos que había sobre su cabeza eran de un rubio dorado, muy suave. Una nariz pequeña y algo respingona, carita redonda y a veces dos mejillas coloradas de un tono rojizo muy suave. Dos mejillas poseedoras de las marcas del Kyuubi. Pero ante todo, aparte de lo lindo que era- porque sí, a Naruto le parecía muy lindo- eran esos dos grandes ojos de espesas pestañas negras que cuando se abrían mostraban el azul más claro, bonito y transparente que hubiera visto en su vida.

Una mezcla de azul y blanco, que como resultado, proporcionaba los ojos más peculiares de toda la aldea.

Volvió a sonreír. Porque sabía que cuando ese niño creciera, sería muy atractivo. No tanto como él, pero si igual que su madre. Sería valiente, fuerte, le enseñaría todas las técnicas necesarias para aprender a manejar al Kyuubi. A pelear, a descubrir nuevos estilos de Taijutsu, ninjutsu…en fin, todo lo que había aprendido él.

Le enseñaría a ser el mejor de todos los ninjas para que un día, pudiera ser el sucesor.

Y decía sucesor porque, creo que se ha notado durante toda la explicación, que se estaba tratando de su claramente primogénito hijo Haruto.

Todo un orgullo para su familia…y para él.

-Haruto-chan- susurró, colocando su manta de ranitas sobre el bebé, que durmiendo boca arriba, abría y cerraba sus manos, posiblemente, soñando con algo. Sonriendo, Naruto acercó su mano y el bebé agarró uno de sus dedos, gimiendo bajito, frunciendo el ceño con esas cejas rubias, para volver a relajarse, en cuanto él le habló suavemente.

Era temprano, las seis o siete de la mañana, no estaba seguro. La luz del día entraba por la ventana, iluminando la habitación, pintada de azul cielo, con diferentes nubes haciendo una fila por todo alrededor. Dibujos colgados en la pared, miles de juguetes esparcidos por el suelo, cubos de ropa llenos de juguetes, peluches, un armario con más dibujos y ropa, una alfombra que podía desmontarse como un puzle, cerca del suelo y pintado en la misma pared, ranas, platos de ramen, incluso había lo que era un intento de persona…cuando Naruto miró la rana verde, o lo que aquello iba a ser, sonrió, recordando que había estado con él, dibujándolo y que, después de varios intentos de querer borrarlo, quedó algo arrastrado y muy feo, completamente diferente a una rana.

Rió suavemente, volviendo a poner la mirada sobre su bebé, que se asombró cuando vio sus ojitos abiertos. Naruto le miraba sin poder creer que se hubiera despertado sin llorar.

-¿Qué haces despierto?-le preguntó sonriendo- supongo que te habré despertado...- y movió su dedo, todavía sujeto a la mano del bebé.- Mamá se enfadará si se da cuenta de que te he despertado.

Y sonrió, acompañando ese gesto con una risita suave que llegando a oídos de Naruto no pudo provocar otra cosa más que una sonrisa amplia.

-Eres malo- apartó su dedo y lo agarró, pasando sus manos bajo sus brazos. Cuando lo tuvo bien sujeto, lo cargó contra sus brazos y le observó. Vestía un lindo pijama que tenía la forma de un zorro. De un color rojo y naranja, con una cola peluda y una cabeza con dos orejitas.

Haruto estiró sus brazos para tocar el rostro de su padre, riendo cuando quiso intentar comer su mano. Naruto lo alzó, dejándolo cerca de su rostro. Le observó con detalle, sonriendo, abrazándolo, frotando la mejilla a la de él, besándole, haciendo todo lo que había estado deseando hacer desde que llegó.

Terminó sentado en sobre la alfombra, jugando a cuanto juguete le tiraba Haruto en la cara.

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Despertó temprano. Pues esa noche para ella fue imposible dormir. Sin su abrazo, Hinata Hyuuga ya no podía conciliar tranquilamente el sueño.

Cuando su imagen pasó ante el espejo, se sonrojó. Tenía el cabello muy revuelto, unas ojeras que empezaba a formarse y la camisa de dormir de Naruto subida hacia arriba, mostrando sus braguitas. Enseguida se la bajo, pero al tirar de la tela hacia abajo, sonrió y volvió a alzarla. Frente al espejo, un redondeado vientre empezaba a crecer.

Se lo acarició tímidamente. Nuevamente estaba embarazada, y no de uno, sino de dos. Dos gemelos estaban creciendo en su interior.

La reacción de Naruto al saberlo al sonrojó. Pues que la besara delante de todos en el hospital cuando se desmayó podía ser pasable, pero que aquella misma noche, de la misma ilusión y emoción…

Meneó su cabeza, bien sonrojada. No debía pensar en eso.

"Haruto"

Y se dirigió a la habitación de su pequeño hijo. Sin embargo…

No se lo esperó, pero tampoco le sorprendió ver que, al llegar a la habitación de su hijo, éste estuviera durmiendo sobre su padre, sobre esa alfombra en forma de puzle y todos los juguetes esparcidos por el suelo.

Sonriendo, Hinata se adentró en la habitación con sigilo y se agachó, observando a la pareja. Apartó su largo cabello azul metalizado sobre su hombro y apoyó sus manos sobre sus rodillas. Naruto, aun con su capa y su ropa ninja, dormía profundamente, teniendo los brazos estirados a ambos lados. Haruto, acurrucado en su pecho, se chupaba un dedo y la otra manita sujetaba el mismo chaleco.

Estuvo ahí varios minutos sin poder dejar de sonreír. Ver a las dos personas que más quería en el mundo juntas era otro de los regalos más hermosos que la vida podía otorgarle.

Casarse con Naruto y tener a Haruto, eran los primeros. Esperar la llegada de sus dos bebes, otro. Vivir todo con ellos, el mejor de los regalos.

Entonces, vino a su cabeza algo y corrió hacia su habitación para volver en sus manos con una pequeña cámara. Volvió a agacharse y enfocar a la pareja, sonriendo.

"click"

Apartó la máquina y de nuevo, continuó mirándolos, feliz, orgullosa, amada, resplandeciente…

Otro recuerdo más para su álbum de familia.

Familia Uzumaki Hyuuga.

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FIN


Oooooh! Me ha gustado este capi. Romántico, tierno y muy achuchable X3 (un capitulo rosa para todas las sensibleras/os que les gusten las cosas dulces)

Lo que dije, Naruto será un buen, buen papa. Hinata ya, ni digamos jeje. Todo el cariño fraternal que a ellos les faltó será remplazado por el amor incondicional de los mismos.

Jeje, siento la tardanza, pero ando sin inspiración y las cosas me vienen así y asá... ¡cuando quieren! :p

¡Nos vemos en el próximo!