Quedirods lectores, una vez más: gracias por su apoyo y su paciencia. Ya es verano y prometo terminar la historia para ustedes, espero disfruten mucho y continuemos juntos por mucho más tiempo.
Capítulo 34: El ruiseñor.
"¡Demonios!" Chilló la chica de cabello rojizo, ya que sus zapatos caros y su vestido de tela fina se habían arruinado al pisar el fango del campo. Fruncía el seño y malhumorada intentó sacar su ya hundido pie del fango denso; mientras, todos en la estancia la veían con horror. "¿Da…Daa… Daisy? ¿Qué haces aquí?" preguntó Ben un poco asustado. Daisy, rechinando los dientes, frunció el seño y volvió la mirada hacia el grupo que yacía a la entrada de la Casona, "¡Ayuda!" chilló de manera tan aguda que de prisa se le acercaron Dorian y Ben para auxiliarla, Mary la llevó a la sala de estar y pidió que trajeran té para todos, quienes cuchicheaban a las espaldas de Daisy y Mary. Pronto llegó el té y un par de tartas para todos, quiénes ya estaban acomodados, muy alejados de Daisy, en la salita de estar; Mary preguntó: "Daisy, me da gusto verte, pero ¿qué te trae tan pronto a…?"
-"¿¡Pues tú boda, qué más!?" Interrumpió la chica, para a continuación beber un sorbo de té. "Ew, no tiene la temperatura adecuada y no es muy buena combinación con el tipo de tartas que serviste, querida Mary." La otra muchacha no hizo más que sonreír amablemente mientras desviaba la mirada hacia otro lado que no fuera la cara de "oliendo a mierda" que tenía Daisy. "Uno, dos; por dos, son cuatro, cinco… ocho y nueve. ¿Dónde está nuestra adorada Charlotte?" La estancia se sumergió en un profundo silencio.
Charlotte se asomó por el balcón y pudo ver los últimos rayos del sol meterse por el horizonte, el reflejo rojizo sobre el lago parecía como si desde las profundidades de éste naciera fuego sobre el agua, era una ilusión espectacular. Una suave brisa, que amenazaba con llovizna, se coló por el vestido de Charlotte, haciendo que se ondeara como las olas de espuma del mar azul; su perfil era perfecto y ese vestido marcaba perfectamente sus curvas de los pechos y la cintura, el blanco se reflejaba en el guardapelo que colgaba del cuello de Charlotte. Charlotte respiró hondo sintiendo el viento frío entrar en sus pulmones, llenándolos de una sensación única; ella se sentía libre, confiada, como si pudiera volar. "Es muy bello todo lo que ves desde aquí, Terry."
-"Puede ser, pero me pareces más bella tú, Charlotte." La chica se apartó del barandal de piedra y se cubrió la cara con la mano, sus mejillas se habían tornado ligeramente rozadas ante el elogio de Terry. Con su elegante andar, de bailarina, Charlotte caminó de vuelta a la habitación y se paró de puntitas justo en frente de Terry, rozando su nariz: "Debo irme ahora, honorable caballero, me esperan para la cena." El chico sujetó a Charlotte por la cintura, acercándola a él y le dijo: "Señorita mía, no sería digno de hacerme llamar caballero si no la acompañara hasta su morada."
-"No sea payaso, señor, que no vivo más allá de la Borgoña." Charlotte se alejó lentamente mientras tomaba un chal que yacía sobre el sillón de la habitación. Se disponía a salir del cuarto pero se volvió y dijo: "No sea tan serio, acompáñeme a la entrada… Por lo menos." Terry sonrió y sujetó del brazo a Charlotte y ambos salieron de la habitación.
Una vez en la entrada del castillo, Terry besó la mano de Charlotte y la ayudó a montar su caballo. El animal comenzó a trotar y se sumergió en el bosque, la chica sujetó fuerte las riendas para poder tirar de éstas si era necesario, para evitar otro percance. Se perdió entre la melaza y el cielo gris de aquel anochecer. Pronto llegó hasta la Casona y bajó del caballo, se encaminó hasta el establo y ahí lo dejó. Charlotte iba caminando por el pasillo que conducía a la Casona cuando sintió una sombra detrás de ella y se volvió, gritó. "¡Charlotte! ¿Dónde habías estado?" Era Mary que la había sorprendido, Charlotte se calmó enseguida, pues se dio cuenta que solo había sido su amiga. "¡Oh Mary, he pasado una tarde maravillosa!"
-"Si, si, señorita, pero ahora debemos entrar que ya está lloviznado." Ambas entraron a la Casona y Charlotte seguía con su aíre maravillada, intentó contarle a Mary lo que había pasado y dónde había estado pero ella la interrumpió: "Charlotte, Daisy llegó esta tarde." La chica se detuvo en seco, sintió un escalofrío recorriendo su espalda y el frío de un chuchillo atravesándole el corazón. "¿Qué cosa?"
-"Como lo has escuchado, ha preguntado por ti y eso. Supongo que estuviste con Terry, además ya no traes la ropa de montar." Charlotte se intentó cubrir el vestido. "Bueno, por lo menos es lo suficientemente lindo para ir a cenar, vamos."
Charlotte continuó caminando a lado de Mary en silencio hasta que llegaron al comedor; donde ya todos estaban sentados, al abrir la puerta todos giraron la cabeza y recibieron con una sonrisa a Charlotte. Daisy miró de pies a cabeza a la chica y solo hizo una mueca, de esas desagradables que eran tan suyas. "Charlotte, Daisy ha pedido que te sientes con ella." Dijo Mary y la pobre joven no hizo más que mover la cabeza y dirigirse a su lugar. "¡Qué peculiar atuendo Charlotte!"
-"Pues a mí me gusta mucho, fue un regalo." Charlotte pinchó el tomate de su ensalada y sin más se metió el gran trozo a la boca. "¿Acaso un regalo de aquél muchacho… El protegido de tu abuela?" Charlotte tomó otro pedazo de tomate y se rellenó la boca con éste, sus mejillas se habían tornado tan rojas como la fruta que mascaba lentamente. Daisy suspiró con desdén y vaciló un poco, quería presionar a Charlotte pero Ben levantó su copa y dijo: "Bueno, ya que todos estamos aquí… Me gustaría hacer un brindis." Todos elevaron sus copas alto y Charlotte seguía masticando su gran bocado; Ben bajó la vista hacia Mary, que estaba sentada junto a él, la tomó de la mano mientras sus ojos azules se iluminaban y brillaban al tocar a su prometida: "A la mujer más hermosa, inteligente y encantadora que es dueña de mi corazón. ¡Por Mary!"
-"¡Por Mary!" Respondieron todos en coro, un breve silencio se inició cuando todos dieron un sorbo a sus copas, después aplaudieron porque Ben se había inclinado y había besado tiernamente a su hermosa prometida. Las mejillas de Mary se notaban más rosadas y una picara sonrisa de culpable se hallaba plasmada en su rostro.
Al terminar la cena se dirigieron a la terraza de juegos. La mayoría jugaba cartas mientras Mary cantaba la dulce melodía que tocaba Edward en el piano, Charlotte, Natallie y Ben observaban. Aislada de todos, en un rincón, Daisy estaba bebiendo una taza de té y comiéndose todos los bizcochos, fulminaba con la mirada a Charlotte. Mary terminó la canción con una larga y aguda nota que atrajo la atención de todos, casi sin aliento logró finalizar y todos aplaudieron; Henry se burlaba de las caras que había hecho por llegar aquella nota, Angela le dio un codazo y luego se abrazaron. Diana se levantó de la mesa y corrió junto a Edward: "¡Oh por favor tienes que tocar nuestra canción preferida!"
–"¿La qué solían cantar en el Instituto?" Diana asintió varias veces con una gran sonrisa en el rostro. "En ese caso necesito que Charlotte y Natallie también canten, es un canon."
-"¡De ninguna manera! ¡Hace años que no entreno la voz!" Dijo Natallie sonrojada. "Además prefiero tocar el piano…" Agregó Charlotte. El grupo de amigos hizo un poco de escándalo antes de que aceptaran finalmente a entonar su canción: "¡De acuerdo!" dijo Natallie muy apenada. "Viendo que no hay salida…" Dijo Charlotte entre dientes. Edward les dio la nota y ambas chicas carraspearon, Mary sujetó fuerte la mano de Charlotte y Diana se colocó junto a Natallie con la cabeza en alto. El cuarteto de chicas se veía realmente glorioso, como ninfas del bosque a punto de encantar los oídos de todos los presentes. Sin más la música llenó la estancia acompañado de la voz armoniosa de las muchachas y la hermosa letra:
I have a million nightingales, on the branches of my heart.
I have a million nightingales, on the branches of my heart.
Singing freedom! Freedom, freedom, freedom. Freedom, freedom!
Todos los amigos aplaudieron e incluso Henry chifló junto con Dorian, Angela y Ann aplaudían fuertemente, Ben corrió hacia Mary; la cargo y le dio una vuelta haciendo que su vestido volara junto con el viento haciéndola ver como una hermosa flor. En ese instante todos se hundieron en un sublime silencio, era tan tranquilo estar reunidos; la segunda familia de Charlotte era ese grupo de gente (excepto por Daisy, claro) porque desde que había abandonado América ellos la habían acompañado en ese viaje y remolino que se había convertido su vida. Si tan solo su abuela estuviera ahí con todos, la escena sería perfecta; aún así todos se sentían contagiados por ese aire de tranquilidad que desprendía la grandiosa Casona. Las gotas que caían del cielo como diminutas agujas, empujaron a los huéspedes a entrar a resguardarse, porque una brisa acompañaba la llovizna, haciendo que se sintiera frío.
Adentro de la Casona, todos volvieron a dispersarse, la lluvia los había obligado a entrar y así había hecho que la casa se tornara un tanto fría, por lo que varios decidieron ir a sus habitaciones a dormir. "En efecto, ya son un poco más de las diez, deberíamos descansar…" Dijo Mary al grupo que se alejaba por los amplios pasillos de la casa hacía el ala oeste, donde estaban sus habitaciones. La joven se volvió para darse cuenta de que estaban Diana y Charlotte, junto con Natallie esperándola. "¿No te irás a la cama todavía o si, Mary?" Preguntó Diana con una dulce voz. "Lottie quiere contarnos algo." Agregó Natallie. "De acuerdo, supongo que tiene que ver con Terry… El brillo en tus ojos te delata." Respondió Mary tomando de la mano a Charlotte como una madre a su hija. Las cuatro chicas decidieron ir a la habitación de Charlotte para conversar, ya que consideraban demasiado arriesgado reunirse en la biblioteca con Daisy merodeando la Casona.
Charlotte fue la última en entrar y tras de ella cerró, con el menor ruido posible, la puerta. Las demás muchachas la veían expectantes, ansiosas y con una sonrisa llena de curiosidad. "Bueno, chicas… Es que pasé la tarde con Terry."
-"Eso ya lo sabemos tontuela." Dijo Diana. "Lo que queremos saber… Es si lo besaste." Pregunto Mary con ambas manos sobre su pecho. "O si, ha pasado algo más entre ustedes." Suspiró Natallie con ojos grandes llenos de interrogación. Charlotte respiró hondo y sacudió las manos, ya que sabía que sus amigas probablemente pensarían mal de ella, o tal vez no… Se arriesgó y les dijo: "Ha pasado mucho más." Diana soltó una risita pícara, Natallie se quedó boquiabierta y Mary atónita. "Ya no eres una señorita." Dijo, fulminando a Charlotte. "¡No tiene nada de malo!" Le espetó Natallie, "Edward y yo…" calló de inmediato y Diana soltó una carcajada, Natallie muy apenada tartamudeó: "E… Est… Estamos a… aquí popopo…. por Charlotte."
-"No creo que tenga nada de malo, pero me preocupa ese muchacho." Dijo Mary con cariño a Charlotte, Diana se torno un poco seria y dijo: "¿No fuiste tú la que apostó 40 florines a que Terry se quedaba con Charlotte?" sus ojos se habían puesto sobre Mary. "Si si, pero no me agrada nada que Daisy ande por aquí, ¿sabes? Siento como estuviera dispuesta a todo y Terry se pone algo inestable cuando ella anda cerca." Respondió la muchacha, pero Charlotte respondió: "¡Nada de eso! Yo soy un ruiseñor, en el corazón de Terry…"
-"Singing freedom…" Susurró Natallie, se volvió hacia Diana que también la había volteado a ver e intercambiaron una mirada tierna. "Eso es muy hermoso Charlotte." Dijo muy bajo Mary, "Solo espero que él también sienta eso." Algo había golpeado el cristal, y no habían sido las gotitas de lluvia. Las chicas voltearon a ver el ventanal: "Ya no llueve." Dijo Natallie. "¿Qué golpeó entonces?" Preguntó Mary, Diana corrió hacia la ventana para ver a través de las cortinas, "Charlotte… Alguien te busca." Fue suficiente decir eso para que las otras tres jóvenes se aproximaran al ventanal. Efectivamente, en el jardín estaba Terry. "¿Qué otra prueba necesitas, Mary?" Dijo Natallie, la otra chica levantó la mirada y suspiró: "Lo siento, algunas veces se me olvida que solo soy su amiga, no su madre."
-"¡Oh Mary!" Suspiró Diana mientras le acariciaba la cara a su amiga, sintió algo mojado, una gota cristalina como la lluvia había recorrido la mejilla de la joven. Charlotte se lanzó sobre ella y la abrazó fuertemente: "No eres solo una amiga, eres más… Mucho más, eres lo más cercano que tengo a una familia. Son, todas lo son." Natallie se limpió las lágrimas que estaban en su barbilla y Diana suspiró, todas se miraron y rieron juntas. "Anda Charlotte, ve con tu príncipe y cántale como el hermoso ruiseñor que eres."
-"No regreses muy tarde."
-"Espero un informe detallado en la mañana." Dijo Diana y le guiño un ojo a Charlotte.
Charlotte abrió las puertas del ventanal y con elegante caminar salió y dijo: "Mi cabello no es lo suficientemente largo para dejarlo caer."
-"Las de cabello largo no son mi tipo de chica." Ambos se sonrieron, Charlotte negó con la cabeza al ver que Terry miraba su alrededor para buscar la manera de subir hasta su balcón. "Es suficiente por hoy Terry. Buenas noches." Volvió la mirada hacia las enredaderas que llegaban al barandal y tomó una flor, la besó y la dejó caer para que Terry la atrapase y sin más se volvió a su alcoba. "Esa pecosa." Dijo Terry para sí. Sonriendo se disponía a volver por el bosque, pero escuchó como las puertas se abrían nuevamente. El muchacho se volteó muy entusiasmado pero el sentimiento se desvaneció así como apareció, Daisy estaba asomada en otro balcón.
El joven se quedó quieto, como un animal que está siendo amenazado por un depredador, dio un paso para atrás y fue cuando Daisy lo llamó: "¡Pero qué sorpresa el encontrarte aquí, Terry!" Sin más remedio él le contestó: "No estoy aquí por ti, Daisy, que te quede claro." La chica soltó una risotada y mirándolo, como una pitón, sus ojos fijos y duros, entre dientes como silbido de serpiente dejó salir: "Charlotte." Era una aparición horrible, como si el hecho de que estuviera en camisón no fuera suficiente, Daisy tenía un gesto de muerte y la vena que cruzaba su frente se había hinchado, daba miedo, punzaba. "Será mejor para tus nervios que te mantengas al margen, adiós." Sin más Terry se dio media vuelta y dejó a la chica asomada, viéndolo partir, con la cara petrificada llena de odio. "Pronto, Terry, pronto serás solo mío."
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