Capítulo 36: Oscuridad.

Los primeros rayos de sol se asomaban por las lejanas colinas del valle, el agua cristalina del lago deslumbraba como si diminutos diamantes estuvieran flotando en la superficie, el rocío sobre el césped brillaba y el barandal de piedra perdía su frío nocturno. Terry miró a Charlotte, que yacía profundamente dormida a su lado, sobre los almohadones de plumas y las sábanas de seda. El sol comenzaba a escalar por la cama hasta que llegó al rostro de Charlotte, iluminándola con ese fulgor dorado que hacía que su cabello brillara como estrella y su piel, su hermosa piel, se hiciera como de porcelana. La joven apretó los ojos al sentir la luz, poco a poco los fue abriendo para encontrar el azul, profundo y cautivante, de los ojos de Terry que la veían y esperaban pacientes a su despertar.

Charlotte sonrió y volvió a cerrar los ojos, estiró sus brazos y soltó un gran bostezo. Terry recargó su cabeza sobre su mano y se le quedó mirando a Charlotte: "¿Buena fiesta, eh?" Entre bostezos la chica asintió con la cabeza mientras se sentaba sobre la cama, jugueteando con su cabello mientras estiraba los brazos volvió la mirada a Terry: "¿Qué hora es?"

-"Temprano."

-"¿Mary y Ben, ya se han ido?" Terry asintió con la cabeza para luego tomar a Charlotte por la cintura y jalarla de nuevo a su lado, ella soltó un gritito de sorpresa y luego una carcajada porque Terry estaba pasando su mano sobre su vientre, ella le tomó las manos y le pidió que parara, él se puso serió y sostuvo sus manos en las de Charlotte para luego sujetarlas fuerte y ponerse sobre ella; su cabello negro caía como cascada cubriendo ambos lados de la cara de Charlotte, sus ojos eran seductores y por fin sus labios se tocaron.

La casona estaba totalmente silenciosa, era como un suspiro largo y profundo, todos dormían aún después de una larga noche de baile, alegría y sueños cumplidos. Edward fue el primero en despertarse y bajo hasta la cocina, pues tenía mucha sed y se le antojaba una sabrosa fresada con agua mineral y unas hojas de menta. La casona estaba tan calmada que ni siquiera las pisadas de Edward causaban mayor sonido, arrastrando los pies por fin llegó a la puerta de la cocina; en donde, para su sorpresa, estaba Natallie sentada bebiendo café. "Hello stranger." Natallie sonrió: "¿Quieres café?"

-"Preferiría un gran vaso de fresada… No te molestes, que yo la hago." Dijo esto último al ver como Natallie despegaba su cuerpo de la silla de madera.

Se sentaron un largo rato para verse el uno al otro beber lentamente sus respectivas bebidas. Natallie puso la tacita del café sobre la mesa y sus ojos se clavaron en ésta. "¿Pasa algo?" Preguntó Edward mientras estiraba su mano para tocar la de la chica. "No quiero que te vayas."

-"No me iré a ningún lado… No sin ti."

-"¡Cielos!... ¿Es… Es en serio?" Edward sonrió mientras apretaba la mano de Natallie con la suya, ella devolvió la sonrisa y se levantó de su silla para acercarse a Ed, él hizo lo mismo y se besaron para luego abrazarse fuertemente, pues ya no se dejarían ir el uno al otro. Edward se levantó de la mesa y jaló a Natallie, sosteniéndola de las manos, para luego tomarla de la cintura y pegarla a su cuerpo. "¿Sientes ese vibrar?" La joven asintió con la cabeza, mientras sus ojos azules como el cielo embriagaban a Edward con ese brillo de cielo de primavera; "Eso que vibra siempre ha estado dentro de mí, cada vez que te veo, te siento, te respiro… Es algo que me llena de energía, fluido vital que me excita y me intoxica. Eres mi peor debilidad y mi mejor medicina. Es inexplicable pero, oh Natallie, siempre ha sido así."

-"Edward…" Los ojos de Natallie se llenaron de lágrimas de felicidad, no podía dejar de sonreír, su pecho crecía y sentía que flotaba. "Edward, yo… Nunca he sido buena para decir estas cosas… Pero, quiero que sepas que siempre, siempre desde el internado, he sentido cosas muy fuertes y hermosas por ti… Así como me lo dices, hoy, es perfectamente hermoso…" Edward sostuvo la cara de Natallie por la barbilla, aún consumiendo el azul de sus hermosos ojos de cielo, ojos de luz, ojos de amor, ojos de su todo. Le beso un ojo, luego el otro ojo, paso sus delicados labios por la suave piel, blanca y tersa, del rostro de Natallie; sus mejillas estaban calientes y rozadas, terminó sobre sus labios rojos cual carmín, dándole un beso exquisito y ella le rodeó el cuello con sus brazos para colgarse de él mientras se ponía de puntitas.

Ann entró a la cocina y se encontró con sus amigos desayunando, desayunándose más bien, y carraspeó mientras entraba con su aire solemne como si no hubiera visto nada. Los chicos se separaron rápidamente, ambos rojos por haber sido sorprendidos y un silencio filoso invadió la cocina. "Por favor, no se preocupen… Digo, ya me iba, vine por leche nada más." Dijo Ann aguantando la risa burlona que se atoraba en su garganta. "No se preocupen, yo…" Edward tosió un poco, "Si, ya me voy a preparar mis maletas que debo de partir pronto a Estocolmo… Así que las dejo para que charlen, Ann, Natallie." Al decir el nombre de la última la tomó de la mano y le dio un beso en los nudillos para luego salir rápidamente de la cocina.

-"Tienes que explicar... ¡Ahora!" Ann soltó la carcajada que la había estado asfixiando por los últimos segundos. "Bueno, este… Edward y yo… ¡Edward me ha pedido que me vaya con él!" Ann casi se ahoga con el sobro de leche, dejando salir un poco como fuente por su boca y tal vez por la nariz. "¿Qué? ¡Debes hacerlo! ¡Natallie, debes irte con él a Estocolmo!"

-"Ann, no puedo dejarlo todo… Digo, es mi soul-mate, pero debo dejar todo atrás y vivir con él y moverme con él y ser parte de él… Y, y… ¡Dios!" Ann tomó de la mano a su amiga y sonrió para decirle: "Son el uno para el otro, debes irte con él y aprender a llevar una vida con él, no debes dejar ir otra vez a esa persona que te complementa." Natallie suspiró y le dio un abrazo fuerte a su amiga, asintió con la cabeza y sollozando un poco le agradeció por abrirle los ojos. La chica salió de la cocina para correr a su habitación y hacer sus maletas, quería ir a ver a Charlotte antes de irse y, desde luego, despedirse del resto de sus amigos.

Al caer la tarde todos estaban en la puerta principal despidiendo a Natallie y Edward mientras las maletas de ambos eran acomodadas en la cajuela del auto de Edward. "Agradezco tanto su hospitalidad, Thérèse, agradezco su casa y a su nieta por haberme invitado con ustedes."

-"Siempre serán bienvenidos aquí." Dijo la abuela mientras abrazaba a Natallie, quien después fue con Lily para despedirse: "Prometo que escribiré, les mandaré fotos de todos los lugares que visite."

-"Me dio gusto verte de nuevo, Natallie, tu madre debe estar muy orgullosa de tener una hija tan inteligente y hermosa. ¡Cuídala bien Ed, esperamos verlos en Barcelona para el cumpleaños de tu madre en Mayo!" Edward asintió con la cabeza para luego ir a estrechar manos con el padre de Mary, quien también les deseó buen viaje.

Todos estaban en la puerta, Dorian, Diana, Angela, Henry, los padres de Mary y su hermano, Charlotte, Terry, Biel, Thérèse y los Corpseblue. Daisy estaba con los brazos cruzados en segunda fila, viendo como todos lloraban y se daban abrazos y besos, su ceño fruncido con esa mueca de oliendo a mierda que incomodaba a cualquiera que la viera. "¡Natallie! ¡Oh, Natallie! No puedo dejar de agradecerte por ayudarme en mi obscuridad, gracias por ser mi luz, gracias por ser mi amiga y hermana. Te quiero mucho y espero que pasen una hermosa temporada juntos, por fin, en Estocolmo." Charlotte tenía los ojos llorosos y la voz se le comenzaba a cortar, abrazó a sus dos amigos y los dejó ir para que subieran al auto. Todos movían sus brazos en el aire para que la pareja los viera desde el horizonte mientras les decían adiós. Así, como el sol se iba, ellos también, emprendiendo una nueva aventura juntos por fin.

Los chicos entraron de nuevo a la casona, un poco melancólicos por haber despedido a sus amigos, también porque Mary ya no estaba y porque pronto acabarían las vacaciones de primavera. Terry quiso animar al grupo y, cuando los padres de Ben y Mary se fueron con Thérèse a jugar póquer antes de cenar, los invitó a su castillo a pasar el rato junto al lago. "¡Excelente idea!" Dijo Diana, quien junto con Angela y Ann dieron saltitos en la estancia. Así, emprendieron su caminata por el bosque que los guiaba hasta el castillo y el lago; para sorpresa de todos, incluso Charlotte, Terry había preparado una estancia rodeada de velas colgando de los árboles y una mesa lista para sentarse a cenar bajo la luz romántica del cielo nocturno. Era hermoso, la mesa blanca estaba junto al lago, la comida olía deliciosa, jabalí asado era el plato principal. De pronto la tristeza que se asomaba en los corazones de los amigos se esfumó y todos muy alegres compartieron la mesa.

Se terminaron el jabalí entero, el vino y la tarta de manzana; todos estaban llenos, incluso Henry se había dormido en su silla, Dorian y Diana se levantaron y se fueron, claro agradeciendo a Terry por la cena; Ann ayudó a Angela a despertar a Henry y llevarlo de vuelta a la casona, Terry ofreció una carreta, donde las chicas, con ayuda de un mozo, subieron a Henry y se volvieron a paso lento con la mula que Terry les prestó. Así sin más, con los estómagos llenos se olvidaron de sus pesares por un rato, se quedaron Terry y Charlotte solos después del gran festín. "No sabía que comieras tanto, debería pensar en un nuevo apodo para la pecas, pecas comelona o algo así."

-"¡Hey, eso es muy descortés de tu parte! Además no he comido más que tú."

-"Si, pecosa pero yo soy hombre. ¡Eres una pecas insaciable!" Charlotte cruzó los brazos y se levantó de la mesa con la nariz hacia el cielo, Terry había herido su orgullo, caminó hasta la orilla del lago y se quedó ahí parada mirando hacia el cielo. El chico soltó una risa fuerte y siguió a Charlotte para animarla de nuevo. "¡Glotona!" Charlotte se volteó para darle una bofetada pero Terry le paró la mano en el aire; "¡Qué chica tan ruda!"

-"¡Suéltame Terry!"

-"Solo si me das un beso."

-"No te voy a dar nada, las chicas glotonas no andan besando a cualquiera."

-"¡Lo has admitido! ¡Eres una glotona!" Comenzaron a jugar con sus brazos, pero finalmente Terry, que por supuesto era más fuerte que Charlotte, logró rodearla con sus brazos y pego su rostro lo más cerca del de ella y respirando su aliento le dijo: "¿Te rindes?" Ella arrugó la nariz, haciendo que sus pecas se marcaran y dijo: "Nunca." Terry sonrió de una manera tan suya, pícara e irresistible a la vez, hundió sus pupilas en las de Charlotte y la besó fuertemente, lleno de pasión hasta que ella dejó de poner fuerza sobre su cuerpo y se dejó ir con los suaves labios de Terry.

Después de cenar Charlotte se fue a poner el camisón y cuando regresó a la habitación Terry estaba recostado sobre la cama leyendo un libro pero cuando Charlotte entró lo puso sobre el buró que estaba junto a la cama. Charlotte se metió a la cama y se acurrucó en el pecho de Terry exhausta. "¿Estarás conmigo hasta que nos hagamos un par de ancianos Terry?"

-"Eso es poco tiempo. ¿Qué te parece para siempre?"

-"Eso es mucho tiempo… ¿Y si me dejas de querer?"

-"¿Por qué habría de hacerlo?"

Charlotte no contestó porque ya estaba profundamente dormida Terry acomodó a Charlotte en su almohada para poder apagar la luz. Estaba exhausto, se quedo profundamente dormido también. Charlotte se levantó a la mitad de la noche por un vaso de agua, bajo a la cocina cuando escuchó que un perro afuera ladraba. Siguió los ladridos hasta un salón que daba al jardín, los ventanales estaban abiertos y la brisa nocturna se colaba dentro de la casa, haciendo que las cortinas bailaran a contra luz de la luna. Charlotte se acercó lentamente hacia la luz, sintiendo el frío del mármol subir porl la planta de sus pies, escucho unos pasos que venían desde atrás de ella; Charlotte se volteó espantada y ahí estaba Daisy sujetando una daga en la mano. "Buenas noches."

-"Daisy…"

- "¿Qué qué hago aquí, no?"

-"¿¡Te has vuelto loca!?" Daisy sonrió llena de orgullo mientras daba pasos lentos directo hacia Charlotte. "Solo lo suficiente." Sus ojos se tornaron negros y sombríos, la luz que venía de afuera se volvió fantasmal y fue como si el sonido desapareciera a cada paso que daba. Charlotte sintió como sus rodillas temblaban, su garganta se apretaba y no podía tragar saliva, todos los vellos de su cuerpo se erizaron a la vez y el frío del mármol alcanzó su cabeza, volviéndola inmóvil como una estatua.

Los corazones de Daisy y Charlotte se sincronizaron al ser el único sonido en la habitación, el de Daisy comenzó a correr y el de Charlotte desaceleraba, cuando Daisy estaba lo suficientemente cerca de Charlotte el mundo se paró. "Adiós, estorbo." Con una mirada llena de odio y repugnancia Daisy introdujo la daga en el vientre de Charlotte, ella sintió el calor de Daisy, su odio y su rencor, su ira y su fuerza contra su cuerpo; la daga entro y Charlotte sintió el frío de la plata en su interior, sus ojos se llenaron de lágrimas y sintió como la vida dejaba su cuerpo, la vida se iba y la sangre comenzó a salir de su vientre junto con el filo de la daga que Daisy. Una vida dejaba su cuerpo y ella la veía desvanecerse en la obscuridad.