Capítulo 37: Vuelve a mí.

Era una noche obscura, las cigarras no hacían ruido ni los búhos se escuchaban ulular; había un silencio que inundaba cada respiración y hacía el tiempo correr lentamente. El frío lograba colarse por las ventanas y meterse entre las sábanas de la cama, los edredones de plumas no eran suficientes para guardar calor, hacía falta abrazar un cuerpo cálido para sentir tibio el pecho. Terry estiró su brazo para abrazar a Charlotte, la cama era bastante grande así que inclinó su cuerpo para estar más cerca de ella. Sin embargo, su mano solo sentía el frío de la seda y la ausencia del cuerpo de Charlotte, Terry abrió los ojos para encontrar la obscuridad que envolvía la habitación y entonces llamó a Charlotte entre las penumbras, pero no obtuvo respuesta más que el duro sonido del hueco del techo que regresaba su voz a sus oídos.

Terry se levantó de la cama y encendió la vela que yacía sobre el buró, tomó la base de plata y caminó hacia la puerta con la luz guiándolo hasta el pasillo, por donde la luz de la luna daba un tono blanco a los ventanales y al corredor mismo. Sintiendo el frío del piso de mármol recorrerle el cuerpo hasta la cabeza, Terry bajó las grandes escaleras que lo llevaban al recibidor llamando a la chica por su nombre: "Charlotte… ¿Dónde estás?" llegó hasta el salón que daba al jardín y mientras abría la puerta rechinar pudo ver las cortinas volaban con el viento. El chico pudo ver como al borde de la sala había un bulto en la obscuridad tumbado en el suelo, se acercó a éste con la vela en mano para ver qué era; se tumbó de rodillas ante el cuerpo de la chica para sentir como su ropa se empapaba con un líquido denso, Terry no se atrevía a tocar a Charlotte, la sangre provenía de una herida en su vientre que había manchado la ropa de la joven y corría sobre el mármol como un río que busca el mar. "'¡NO CHARLOTTE! ¡NO!"

-"No quería que vieras esto Terry…" Un escalofrío recorrió la nuca del chico, haciendo que el frío de su cuerpo lo abandonara como si también su alma se estuviera esfumando de su cuerpo, volteó la cabeza hacia atrás y pudo ver a Daisy de pie junto a él y el cuerpo yacente de Charlotte. "¡Tú! ¡Tú has hecho esto!"

-"¡Claro! ¿¡No entiendes!?" Dijo la chica y se incoó junto a Terry, acercando sus manos al rostro horrorizado del chico dijo: "Es la única manera de estar juntos… Es la única manera de que me ames… Es la única manera de que seas MIO."

-"¡ESTÁS LOCA! ¡AUNQUE FUÉRAMOS LOS ÚLTIMOS HUMANOS SOBRE EL PLANETA… ESTARÍA CONTIGO!

-"¡Ya olvidarás a Charlotte! ¡Así como ella ha olvidado a mi hermano, William! ¡Ella nunca debió haber sido tuya, no, solo yo puedo ser tuya!

-"¡BASTA!" Terry gritó cuando Daisy le tocó el rostro que estaba cubierto de lágrimas. "No lo entiendo… Terry, como es posible… ¡Qué prefieras a un cadáver que a mí!"

-"Todavía respira…" El chico tomó la cabeza de Charlotte y la puso sobre su muslo, intentó no moverla para no lastimar su herida. "No por mucho tiempo…" Escupió Daisy mientras se ponía de pie, y con su falda manchada con la sangre de Charlotte, caminó hacia la chimenea de la estancia, donde sobre de ésta había un escudo con un par de espadas; comenzó a tirar del mando de una pero estaba atascada, entonces tiró como más fuerza, era tal su rabia que tiró lo más fuerte que pudo, con el impulso cayó al suelo de sentón y el escudo comenzó a tambalearse, ambas espadas cayeron, de la que tiraba Daisy cayó a su lado pero la otra espada salió disparada del escudo como una flecha de un arco y cayó al piso también. La espada quedó clavada sobre el mármol, manchándolo de sangre fresca, roja y densa sangre del pecho de Daisy, había llegado al piso, si, pero también había llegado al hueco vacío de la chica, su ronco pecho donde su putrefacto corazón dejaba de latir junto con los últimos gemidos y lágrimas de dolor que dejaban el cuerpo de la chica.

Terry llegó a la casona de madame Thérèse con Charlotte en la carreta, comenzó a gritar auxilio y entonces el mayordomo Frederick fue el primero en aparecer por la morada. "¡Es Charlotte! ¡Está mal herida!"

-"Veamos, muchacho. ¡Calma que ya no estás solo!" Entonces, el mayordomo tomó a Charlotte entre sus brazos y la llevó a la enfermería mientras bajan los invitados junto con Thérèse a ver qué sucedía. "¿Frederick, es Charlotte? ¿Terry, qué ha sucedido?" La voz de la señora comenzaba a quebrarse y al ver a su nieta cubierta en sangre estalló un grito de dolor y miedo, desvaneciéndose sobre los brazos de Biel.

Pronto amanecería y todos estaban en la sala esperando a que Frederick volviera con noticias buenas o malas, todos los presentes estaban muy nerviosos. Terry se acercó a los señores Corpseblue y con lágrimas en los ojos les contó en silencio que era lo que había ocurrido, explicó como no pudo salvar a Daisy y como su muerte había sido instantánea, la señora Corpseblue quedó atónita y boquiabierta, se puso de pie y así como su cuerpo se movía el color de su rostro desapareció. "Lo lamento mucho, de verdad." Su esposo le dio la mano y la señora dejó caer su cuerpo sobre el sillón y abrazó a su esposo dejando salir un áspero ruido de su garganta, entre cortado y hueco, para luego gritar de dolor. Todos en la estancia volvieron sus cabezas hacia el trío que estaba en el rincón de la habitación y llenos de sorpresa y curiosidad comenzaron a preguntarse qué sucedía. La señora Corpseblue salió de la estancia junto con su esposo y Terry detrás. "¡Por favor! ¡Les ruego no regresen ahí!"

-"¿Y dejar que el cuerpo se quede ahí?" Refunfuño el señor Corpseblue y dejaron a Terry en el corredor solo.

Por fin salió Frederick de la habitación y así informó a todos que Charlotte estaba delicada pero fuera de peligro. Un alivio se suspiró en la sala y la abuela se acercó al mayordomo. "¿Puedo verla?"

-"Mi señora, será mejor hablar en privado. También usted debería venir Señor Shinemoon." Terry caminó junto con ellos y fueron a la biblioteca para tener privacidad. "¿Qué pasa Frederick? ¿Charlotte ya no está en peligro, qué sucede?"

-"Lamento mucho esto, pero debo informarles que la señorita Charlotte, bueno, tuvo mucha suerte de sobrevivir, sin embargo, me temo que no podrá dar frutos en el futuro."

-"¿Frutos?" Dijo extrañado Terry. "Si señor, bebés. La inserción del arma fue hecha sobre el vientre de la chica, provocándole una hemorragia y daño interno. Lamento mucho decirles que el producto no pudo ser salvado, era imposible."

-"¿Producto, Frederick?" preguntó Thérèse mientras su mano temblaba junto a sus labios. "Si, mi señora, la señorita Charlotte estaba en espera de un bebé, pero era tan pequeño, tan poco tiempo, que no se podía hacer nada al respecto. Lo siento mucho, pero ahora ella ya no cuelga de un hilo de vida, hizo todo lo posible por salvar a la señorita."

-"¡Un bebé! ¿Cuánto tiempo Frederick?" preguntó la señora. "Menos de un mes, madame." Terry sintió un frió en el pecho que crecía con cada respiración, no sabía que pensar, sentía como su cuerpo se volvía de piedra mientras escuchaba todo lo que decía Frederick. "No es posible." Dijo, y la abuela se volteó y con ojos llorosos le contestó severamente, sin alterarse pero profundamente enojada. "Claro que es posible. Dime, ¿no llevaban mucho tiempo juntos ya? ¿No mi niña se escabullía a tu castillo siempre que podía? Claro que han manifestado su amor, así que no digas que no es posible. El amor da frutos, el amor de una pareja da felicidad, los niños nacen del amor." Terry se quedó secó sin saber qué decir, la fría mirada de la abuela lo había penetrado y dejado estupefacto. La abuela se volvió de nuevo al mayordomo y preguntó si podía ver a Charlotte. "Pase, seguro está dormida todavía."

Terry estaba en la terraza mirando al cielo y el bosque, no podía evitar sentir una culpa, por su culpa Charlotte había sido herida, por su culpa Charlotte ya no podría tener hijos, por su culpa Charlotte ya no era una doncella y por su culpa Charlotte estaba inconsciente todavía. El chico encendió un cigarrillo y comenzó a fumar, al exhalar ese humo esperaba que también saliera de él ese horrible sentimiento de culpa. "¿Puedo un poco?" Una voz provino del ventanal por donde Terry había salido, él volteó la cabeza para encontrarse a Diana en el marco, que caminaba hacia él junto al barandal de la terraza. Terry le ofreció el cigarrillo y la chica sonrió: "En realidad no fumo, solo quería hacer una entrada." Terry carraspeó un intento de risa. "¿Qué sucede Terry?"

-"Diana siento que estoy a punto de perder a Charlotte. Todo esto es mi culpa ¿sabes? No sé qué decirle cuando despierte… ¿El amor es siempre tan egoísta?"

-"No Terry, no. Cuando Charlotte despierte le dirás que pasó, le dirás que ya no podrá ser madre y le tendrás que decir qué perdió también. Pero nada de esto es tu culpa, ni de Charlotte, todo fue obra de una mala jugada del destino, de una maniática ex novia y el descuido. Nada más. Tú y Charlotte solo quieren estar juntos y no debe importarles otra cosa, debes ser fuerte por ella y por ti, deben ser uno mismo como la espuma y el agua del mar. Como siempre lo han sido." El chico se había terminado su cigarrillo y sonrió a Diana por sus amables palabras, la tomó del hombro y caminó hacia adentro de la casona una vez más.

Charlotte estaba reposando en su habitación y la abuela se había aferrado a su lado para sus cuidados mientras no despertara, estaba sentada junto a su nieta con un libro entre las manos y leyendo en voz alta a su niña dormida. Alguien tocó la puerta, la abuela alzó la vista del libro y preguntó quién era, Terry abrió la puerta y entró a la habitación. "¿Podría estar con ella un rato, por favor?" Thérèse cerró de un movimiento el libro y detrás de sus lentes sus ojos verdes miraron fijamente al muchacho. "¿No has hecho suficiente?"

-"No creo que esto sea mi culpa, madame. Solo quiero estar con Charlotte ahora, ahora y siempre." La señora se puso de pie y caminó hacia el chico, susurró: "Diez minutos." Cerró cuidadosamente la puerta y los dejó solos. Terry se sentó en la silla de la abuela y se inclinó sobre Charlotte para sostener su mano en las suyas, le dio un beso en los nudillos para luego acercarse más a la chica; pasando su mano sobre su cabello, descubrió su frente y sus labios tocaron la piel de Charlotte. "Vuelve, vuelve a mí." Suspiró el chico una y otra vez al oído de Charlotte con los ojos llenos de lágrimas. Charlotte respiraba suavemente y comenzó a mover la cabeza lentamente. "Vuelve a mí." Una voz tierna y suave recorría su mente y la atraía hacia la luz, una luz brillante y hermosa. Charlotte se sentía muy feliz y no sabía por qué, la voz y la luz la atraían con fuerza. La chica se dejó ir y abrió los ojos. "Vuelve a mí." Terry estaba junto a ella llorando y entonces Charlotte le acarició el rostro. "No me iré sin ti." El chico alzó la vista y vio a su Charlotte sonriéndole, él también sonrió y le dio un beso en los labios, la abrazó y le dijo: "Siempre vuelve a mí. No importa lo que pase, yo estaré aquí para ti."

-"Así como yo lo estoy aquí, por ti, mi amor."

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