El cielo gris.
Un espléndido olor a canela, especias y coco invadía el cálido ambiente de la habitación, la seda naranja y carmín decoraba la cama y los almohadones eran verde esmeralda. El rojizo sol entraba por el balcón anunciando la llegada de un nuevo día, el aire era caliente y el olor a café llenaba poco a poco los pulmones del chico que apenas abría los ojos al nuevo amanecer. Mary estaba sentada en la mesa del balcón frente a una mesa con manjares majestuosos, frutas exóticas y el delicioso café indio; su cabello rizado caía por sus hombros desnudos, su vestido azul turquesa y sus zapatos en punta la hacían parecer una princesa hindú. Ben sonrió al ver el hermoso paisaje con el Taj Mahal iluminado por el sol de la mañana y el perfil de su hermosa esposa esperándolo, se levantó de la cama y caminó hasta llegar junto a Mary: "Buenos días, cariño mío." Una vez dicho esto recogió el cabello de Mary detrás de su oreja y le plantó un beso en la mejilla. La chica volteó la cabeza hacia él y, con las mejillas ruborizadas, le devolvió la sonrisa.
La comida era exquisita, la fruta era la más dulce y el sabor del café era una experiencia única, Ben no podía pedir más. Tenía una bella esposa y se encontraba en uno de los rincones más hermosos que había en el mundo, solo con ella, amándose y dejándose cautivar por las maravillas de esa tierra misteriosa. Llamaron a la puerta, la pareja se extraño pues no esperaban a nadie, Ben se puso de pie y abrió la puerta. Un joven de uniforme y ojos grandes le entregó un sobre a Ben y le dijo que era un telegrama que habían enviado en calidad de urgente, el chico agradeció al uniformado y cerró la puerta. "¿Qué sucede, Ben?"
-"Alguien nos ha enviado un telegrama urgente…" Mary se puso de pie y entro a la habitación e intercambió con Ben una mirada de ignorancia. Ella tomó al chico de las manos y tomó el sobre, lo abrió y comenzó a leer el contenido. Un hueco gemido entrecortado salió de los labios de la joven mientras se llevaba la mano a la boca y los ojos se le inundaban de lágrimas. "¿Mary?" La pobre dio unos pasos lejos de su esposo y puso sobre la mesita del té el telegrama, se había privado por la noticia. Ben, preocupado, tomó la hoja de papel y leyó:
Queridos Ben y Mary,
Una tragedia obscurece éste día a la familia Corpseblue. Daisy murió durante la madrugada en un accidente. Intentó matar a Charlotte, la hirió de gravedad. Les deseo una excelente luna de miel. Daisy será sepultada en Londres junto con William en el cementerio familiar y Charlotte ha salido de peligro.
Los quiere,
Diana Marbleutter.
Ben respiró profundo y volvió a colocar la hoja sobre la mesa, Mary corrió a su lado y sollozando abrazó a su esposo, él con el corazón lleno de sentimientos sostuvo a la chica y dejó salir cristalinas lágrimas de sus hermosos ojos.
Terry caminaba por los corredores de mármol y el único sonido que se escuchaba en todo el castillo eran los pasos del muchacho, todas las cortinas habían sido cerradas y los muebles cubiertos para protegerlos del polvo. El muchacho llegó a la gran puerta principal y volvió la mirada hacia el obscuro interior, suspiró y salió a la brillante luz del día. Cerró la gran puerta y continuó su camino hasta llegar a la reja principal donde estaba su auto del otro lado, los fierros de la reja hicieron un poco de ruido al cerrar y el chico no volteó la mirada hacia la majestuosa construcción, finalmente se subió al auto y encendió el motor.
Terry llegó a la Casona de Thérèse, bajó del auto y corrió hasta la habitación de Charlotte. Respiró profundo y con los nudillos tocó la puerta y la fue abriendo de par en par. Al entrar se encontró con la dulce joven parada junto a la ventana, vestida con un hermoso vestido color azul cielo, el brillo del sol coloreaba su cabello de color oro; ella volteó y le dio la bienvenida con una tierna sonrisa y, con la gracia de una bailarina, camino hacia él. "¿Qué vamos hacer ahora?"
-"Primero, pecas, quiero que me des un beso." Terry tomó a Charlotte del rostro y le plantó un suave beso sabor miel en los labios. "No pienso robarte y ya, Charlotte."
-"Pero me vas a robar, lo has confesado." El chico rió: "¿No deberías estar en cama?"
-"No quiero atarme a esa cama, solo me siento más enferma… Además no mejoraré mi estado ahí acostada, nunca mejoraré, nunca me voy a curar." Los ojos de Charlotte se tornaron oscuros y se llenaron de lágrimas. "Charlotte, por favor no digas eso… Tú eres maravillosa, hermosa, inteligente…"
-"¡Pero jamás podré hacer lo que todas las mujeres hacen! ¡No te podré dar ese regalo de vida! ¡No puedo!" Charlotte comenzó a llorar y se cubrió la boca con el dorso de la mano, mientras caminaba a grandes zancadas hasta la puerta, Terry le tomó el brazo antes de que abriera la puerta: "Por favor Charlotte… Por favor." Ella tiró de su brazo y salió de la habitación.
Charlotte azotó la puerta en la nariz de Terry y puso una mano sobre su vientre mientras sollozaba y caminaba por el pasillo. El chico salió de la habitación y la alcanzó: "¡No entiendes que eso no me importa!"
-"¡Pues a mi si me importa!" Charlotte le espetó a Terry, él intentó tocarla y ella dio un paso atrás: "No podre tener una familia… Daisy lo logró al final, se llevó mi felicidad a su tumba."
-"¡No digas eso! ¡No te permito…!"
-"¡No te atrevas, Terrence! ¡Yo puedo sentirlo, puedo sentir lo que yo quiera!" El chico se quedó frío al escuchar su nombre salir de los labios de Charlotte. Ella volteó la cabeza y respiraba profundo, Terry dijo: "Yo sí creía que nuestro amor podía con todo… Solo eso te iba a decir." Se volteó y caminó por el pasillo hasta que desapareció.
Mary se miró en el espejo para acomodar su sombrero de viaje, se puso sus guantes blancos y el hermoso vestido azul había sido remplazado por un traje gris y un collar de perlas. Suspiró frente al espejo y se alejó de su reflejó, Ben estaba parado en la puerta esperándola con una melancólica sonrisa. Era muy triste tener que dejar ese paraíso, pero era como si de pronto se hubiera nublado y el cielo amenazara con tormenta; ambos salieron del hotel y partieron en un auto hacia el muelle para regresar a Inglaterra.
Ben no podía dejar de sentir la tristeza en su pecho, ahora solo quedaba él, el hijo que no estaban esperando, el hijo menor, el hijo del que nadie esperaba nada. Algo se había roto en su corazón, una parte de él se había quedado en la India, un nuevo Ben llegaría a Inglaterra, listo para demostrar que él, el último descendiente Corpseblue, podría superar el dolor y seguir adelante. Mary sujetaba fuerte la mano de su esposo mientras subían a cubierta, con el corazón destrozado dejaba atrás su luna de miel y la inocencia de que el amor podía con todo, realmente se empezaba a preguntar cómo lograría sanar el corazón partido de su Ben; ella comenzaba a sentir ese cambio en él y en lo profundo de su ser ahora veía algo denso, algo misterioso, dolor que no comprendía. "Todo va estar bien, querido."
-"Ya nada es igual, Mary… Ahora todo el mundo estará viéndome a mí y esperar que fracase, todos los ojos de Inglaterra y los comerciantes del mundo sobre nosotros." Al decir esto último, a Mary le recorrió un escalofrío. "Claro que nada será igual, mi cielo, pero juntos podremos salir adelante y demostrarles a todos lo fuerte, valiente y poderoso que eres."
-"De verdad agradezco que sigas a mi lado, ahora más que nunca, digo; mis dos hermanos han muerto apenas en un año, quién no te garantiza que me tocará a mí." Los ojos de Mary se llenaron de lágrimas y ella bajó la mirada a sus zapatos, Ben le acarició la mejilla sintiendo y limpiando sus lágrimas. "No lo tomes en serio, mi perla, mi princesa, mi cielo, mi amor eterno." Ben besó los ojos de Mary, que escurrían lágrimas, la beso tiernamente para luego apretar su cuerpo contra el de ella y darle un beso lleno de pasión y deseo en los labios. La niebla del océano comenzaba a desvanecer ésta escena en la cubierta y la temperatura se sentía bajar mientras el barco entraba a mar adentro.
El reloj de la biblioteca marcaba las cinco en punto y el auto que llevaría a los demás a la estación del tren partía por la puerta principal de la casona de Thérèse, la familia de Mary iría a rendir respeto al funeral de Daisy, Dorian y Diana estaban decididos acompañar a la familia en su dolor, sin embargo tanto Thérèse como Biel se habían quedado en la casa, no irían pues aún resentían mucho el daño que Daisy había causado a Charlotte y además debían cuidarla mientras guardaba reposo. La campanita del reloj sonó 5 veces y después tocó una canción dulce, Frederick interrumpió la melodía al entrar a la estancia para encontrarse con Terry. El joven se recargaba sobre la pared mirando por el ventanal, viendo cómo desaparecían los autos por el horizonte.
Frederick traía consigo una bandeja de plata con un servicio de té y un plato lleno de macarrones recién hechos por la cocinera, Terry volteó la cabeza al escuchar el ruido y miró al mayordomo: "¿Monsieur, también tomará té? Iré por una taza más."
-"No, Frederick, no te molestes, nunca he disfrutado la hora del té." Dijo Terry agradeciendo al señor que colocaba la bandeja sobre la mesa principal de la biblioteca, junto al piano. "¿Entonces tampoco tomas té? Pero eres inglés, ¿cierto?" Una voz profunda y fuerte sonó desde la puerta. "Madame Thérèse…"
-"Gracias, Frederick, eso es todo."
-"Si señora, soy inglés. Pero me temo que en este momento tengo preocupaciones más importantes que decidir si tomaré mi té con limón o leche."
-"No te burles, muchacho."
-"Le aseguro, señora, que esa no es mi intención, hablo muy en serio."
-"Y yo también. El arte del té, es como el amor, querido. Tú siendo inglés deberías saberlo muy bien. Esos ojos azules que me miran con intriga saben muy bien de lo que estoy hablando; tú amas demasiado, un amor puro como un delicioso té Earl Gray en una tarde de otoño. Sin embargo, ese sabor puede ser mejorado, se toma de distintas maneras, unos lo toman solo, con leche, miel, azúcar, en fin… Pero el verdadero arte es saber reaccionar ante la temperatura, la ocasión y la compañía. Como el amor, yo pienso que en este momento es cuando más importante debe ser para ti, decidir si lo tomas con leche o con limón, querido Terry." Mientras la señora iba hablando, al mismo tiempo iba sirviendo el té para Terry, le había colocado los terrones de azúcar, el tarro de miel, y la leche en frente, junto a su platito con un macarrón y al final sirvió té en su taza y le sonrió. "Recuerda que todo buen té se lleva su tiempo, todo buen té sana el corazón, todo buen té calienta por dentro… A mí me gusta con dos terrones de azúcar." Terry sonrió a Thérèse y justo cuando ella iba a tomar un terrón de azúcar él la tomó de la mano, su vieja y suave mano, y la miró directamente a los ojos. Ambos sonrieron y Terry dijo en una voz fuerte y directa: "Gracias." Se levantó y salió de la estancia.
La señora continuó bebiendo su té y enseguida salió Biel de atrás de un librero y él la acompaño en la mesa: "¿Entonces, ambos hemos dejado ir a Charlotte?" La abuela suspiró: "Solo si ella quiere irse…" Sonrió y le acarició la cabeza al chico con mucha ternura como si estuviera mimando a su nieto. Terry subió de nuevo a la habitación de Charlotte y entró sin tocar, la chica estaba dormida sobre su cama, volteando hacia la ventana. Entonces, Terry se acercó a ella muy despacio, intentando hacer el menor ruido posible y cuando estuvo junto a su cama, se subió y la abrazó por detrás. "Charlotte, sé que estás ahí adentro y me escuchas. Solo quiero decirte que quiero que estés conmigo y quiero que me dejes estar contigo, no me importa lo gris que se ponga el cielo… Solo quiero ser yo, toda mi vida, solo yo y solo tú. Déjame volar contigo."
